Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 23
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
23: 23.
El pequeño discipulo barato refina el epitelio y los huesos.
23: 23.
El pequeño discipulo barato refina el epitelio y los huesos.
Bajo la vigilancia silenciosa de la pequeña bestia, el niño dio su primer paso en el camino del cultivo.
Pero no fue como en las leyendas.
No hubo estrellas cayendo ni qi iluminando el cielo.
Solo tierra dura, dedos temblorosos y una respiración irregular.
Durante los primeros tres años, su mundo fue lo más básico: alimentación regulada, descanso estricto, meditación para fortalecer la percepción.
Bajo la tutela de la joven -de apariencia casi humana, pero con una mirada tan antigua como las eras mismas-, el niño no aprendía técnicas, sino fundamentos.
Cada día era repetición.
Cada semana, castigo o recompensa.
-Antes de hablar con los cielos, aprende a escuchar tu cuerpo -le decía ella, con un tono sin emoción, pero nunca sin propósito.
Fue después del primer invierno que Yami, aún atrapado como espectador en ese sueño, notó algo: las enseñanzas que ella impartía no eran comunes.
Eran refinadas, meticulosas, basadas en campos de conocimiento que él conocía.
Campos que él mismo le había entregado antes de ser expulsado del sueño anterior.
-¿Ella…
los perfeccionó?
-susurró Yami, mientras observaba con una mirada crítica y pensativa, la pequeña bestia uso la herencia y conociendo que adquirió para mejorarlo e incluso optimizarlo.
Era cierto.
Las disciplinas que antaño fueron apenas comprensibles para ella formación de matrices, herboristería elemental, estructura espiritual de las bestias, caligrafía, y refinamiento corporal intermedio- ahora eran transmitidas con precisión quirúrgica.
Como si no solo las hubiera aprendido…
más allá del nivel original.
Y mientras el niño respiraba según el ritmo de las estrellas, cultivaba hierbas siguiendo la lógica del yin y el yang, e inscribía sellos rudimentarios con trazos que resonaban con el espíritu del plano…
Yami comprendió: Ella no solo sobrevivió.
En silencio, perfeccionó lo que se le dio.
Se convirtió en una maestra capaz de plantar la semilla en proxima era.
-Suspiro….
el pequeño repollo que crié a crecido- Fue en su tercer año, cuando su cuerpo dejó de ser débil, cuando los meridianos empezaron a vibrar por sí solos, que ella le dio un nombre: -Puedes llamarme Xuán Jiāo.
El niño que crecía, paso a paso, podría ser el inicio de algo que Yami aún no era capaz de ver…
pero que ya estaba cerca de adivinar la verdadera identidad del joven, pero lo que lo desconcertó era su apariencia, su cabello era marrón y sus ojos verdes.
A partir entonces…
Cada día, sin falta, antes de que el sol quemara las primeras capas de neblina, el niño se sentaba al borde del risco, envuelto en una manta raída, el rostro bañado por la brisa fría del alba.
Solo podía practicar un par de horas.
Más allá de ese límite, su cuerpo temblaba, su carne ardía y su conciencia comenzaba a desvanecerse.
El refinamiento del epitelio no era algo que pudiera apresurarse.
Guiando su qi y sangre, los hacía fluir por cada poro, cada vena bajo la piel.
Con paciencia, los fusionaba con el tejido superficial de su cuerpo, templándolo.
El proceso era sutil, pero implacable.
A medida que avanzaba, las impurezas alojadas en su piel se agitaban con violencia.
Y cuando el epitelio comenzaba a tensarse, como una cuerda bajo presión, todo cambiaba.
Su qi y sangre se alborotaban, vibrando con fuerza desde lo más profundo.
Una oleada caliente recorría sus extremidades, y pequeñas manchas oscuras emergían de sus poros: impurezas: residuos de la carne mortal, toxinas de años de miseria, frustración acumulada y debilidad genética.
Estas se deslizaban por su piel en forma de neblina turbia o gotas oscuras, desapareciendo con el viento.
Durante el día, cuando su cuerpo ya no resistía la práctica directa, se entregaba a las disciplinas complementarias: Cocina espiritual: cultivaba hierbas básicas y aprendía a combinarlas para fortalecer el cuerpo sin generar desarmonías.
Farmacia elemental: elaboraba tinturas simples que aliviaban el dolor post-templado.
Talismanes rudimentarios: inscritos con tinta de carbón y savia, servían para estabilizar el qi durante la meditación.
Cría de bestias menores: observaba su comportamiento, su forma de absorber la energía del mundo.
Observación silenciosa del entorno: el vuelo de los insectos, el fluir del agua, la presión del viento…
todo era lección.
Xuán Jiāo-lo observaba siempre desde las sombras.
No intervenía, salvo cuando veía desviaciones que pudieran causar daños internos irreversibles.
Sus palabras eran escasas, su exigencia era total, también enseñó como usar su qi y sangre para hacerlo interactuar con hiervas desconocidas e identificar sus propiedades ya sean tóxicas o medicinales.
Así pasaron los días.
Veinte días, para ser exactos, donde el refinamiento se volvía cada vez más profundo.
Y una mañana, cuando su epitelio alcanzó un estado de tensión perfecta, ocurrió: El qi y la sangre estallaron hacia el exterior y regresaron como una marea purificada, llenando su cuerpo con un calor constante, estable, como si su carne ahora respirara.
Un torrente desenfrenado de qi y sangre lleno de vigor recorrió cada poro de su cuerpo llenando de poder y confianza.
Su epitelio fue templado completamente, sin pensarlo 2 veces busco un cuchillo y se apuñaló en el brazo.
El cuchillo se rompió y solo una quedo una pequeña marca blanca,- suspiro, inbulnerables a cuchillos y armas.
Cuando empezó a reír como los 4 uchihas risueños, un puño de hierro del amor dejo una marca humeante en su cabeza.
-Pequeño bicho prepárate, primero te dare el método para refinar los huesos, escucha atentamente.
….
El refinamiento de los huesos comenzaba con el nivel más básico: Hierro.
El proceso era mucho más doloroso.
El qi y sangre, ahora más vigorosos gracias al epitelio templado, eran guiados hacia la médula.
Cada mañana, justo cuando el cielo comenzaba a aclararse, el niño adoptaba la postura enseñada por Xuán Jiāo y comenzaba la circulación interna.
La sangre golpeaba como martillos dentro de sus huesos.
Primero sintió sus tobillos y muñecas crujir suavemente.
Luego, una presión sorda subió por sus extremidades hasta alcanzar su columna.
Era como si su esqueleto entero estuviera siendo sumergido en una fragua invisible.
Xuán Jiāo había advertido: -“No lo apresures.
Si los huesos no se adaptan, estallarán desde dentro.” Por eso, limitaba su práctica a una hora diaria.
El qi y sangre, ahora más densos, comenzaban a “pintar” lentamente sus huesos con una pátina invisible.
Una capa tras otra, templando la médula, forzando la estructura interna a volverse más fuerte, más pesada.
Pasaron los días.
Y con cada sesión, su resistencia mejoraba.
Las prácticas auxiliares seguían firmes: Mejoraba su dieta, combinando raíces, insectos cocidos con sal mineral, frutas amargas y algunos caldos con médula de bestias.
Ejercitaba el cuerpo con posturas rígidas durante horas, aprendiendo a estabilizar su centro de gravedad.
Registraba sus sensaciones en una tablilla de barro: calor, dolor, presión, temblores.
Xuán Jiāo corregía detalles minúsculos, afinando su instinto.
Al cumplirse un mes, algo cambió.
Durante una sesión de refinamiento, una ola de ardor subió por su espina dorsal, y una niebla blanca brotó de su nariz.
Sintió que su cuerpo pesaba más.
Y al golpear el suelo con la pierna, una grieta se formó bajo sus pies.
Su esqueleto había alcanzado el nivel de Hierro.
Su qi y sangre se habían estabilizado a un nuevo nivel.
Su médula producía sangre más rica, más densa.
Y su cuerpo resistía el calor del refinamiento sin colapsar.
Xuán Jiāo lo miró en silencio.
Pero en sus ojos danzaba una chispa de satisfacción.
Prepárate para mañana.
A la mañana siguiente, mientras recogía agua del arroyo, Xuán Jiāo lo detuvo con una sola frase: -“Veamos cuánto pesas ahora tus pasos.” Él no respondió.
Sabía a qué se refería.
Caminó hacia una roca achatada cerca del agua.
La recordaba: antes no podía moverla más que unos dedos.
Sabía que un adulto promedio sin cultivar apenas podría cargarla unos metros.
Pesaba al menos 100 jin -unos 50 kilos.
Tomó aire.
Sintió el epitelio tensarse como si cada célula despertara, canalizando el qi y la sangre con violencia.
Sus brazos se cargaron de calor, las venas vibraban, la piel relucía apenas con un leve tono rojizo.
Alzó la piedra.
No sin dificultad, pero sin pausa.
La elevó a la altura de su pecho antes de dejarla caer con un golpe sordo.
Xuán Jiāo asintió: -“Ahora puedes levantar el peso de un hombre adulto, y algo más.
Esa es tu base.
Tu fuerza real recién ha nacido.” “Recuerda esto: desde aquí, todo se multiplicará.
El refinamiento de cobre te dará diez veces esta fuerza.
El de bronce, cien veces.
Y así, hasta que el cuerpo pueda albergar el jade.” Él no respondió.
Solo apretó los puños.
Sentía el cambio.
En sus huesos, en su respiración, en la forma en que su sombra ya no temblaba.
Ese día, lo comprendió con claridad: El será cada ves más fuerte.
La euforia y la emoción llenaron su conciencia, una ves mas empezo la expresion de pateame volvio a aparecer en su rostro, a lo que Xuán Jiāo respondió con gran júbilo, una patada en las nalgas, que lo mando a volar alrededor de dos o tres metros, con un pequeño aterrizaje de rostro perfecto, si yami no estuviera en el cuerpo del joven probablemente se reiría a carcajadas.
-pequeño bicho la arrogancia es el enemigo del practicante, solo cuando seas capaz de modelarte tu pequeña maestra no tendra que lastimar su frágil corazón al darte lecciones.
Al ver los ojos resentidos del joven esta dijo – pequeño ya se que nombre es bueno para ti.
Gu Lang Xing (孤狼星) – Estrella del Lobo Solitario -suena guapo verdad?……
así que pequeño Lang a demas va deacuerdo a tu constelacion.
Lang ….
– olvídate de tu verdadero nombre es demasiado peligroso hay demasiados métodos para atacarte.
Pequeño descansa por ahora, a partir de mañana seguirás tu entrenamiento.
Durante los primeros días, el refinamiento del hueso de hierro fue lento y rudimentario.
Cada amanecer, el joven se sentaba en postura firme mientras la pequeña bestia observaba en silencio.
Guiaba su qi y sangre como una corriente tibia que recorría sus extremidades hasta empapar sus huesos.
La sensación era extraña: una mezcla de calor, picazón y presión interna.
Como si su esqueleto estuviera siendo martillado desde dentro por una fuerza invisible.
“No apresures el flujo”, decía la pequeña bestia.
“Tu esqueleto debe adaptarse.
Solo cuando lo abraces sin dolor, el hierro se forjará.” Después de un mes, el joven sentía que sus huesos ya no temblaban bajo la presión del qi.
Al contrario, la absorbían.
Su fuerza física superaba por mucho la de un adulto promedio: podía levantar piedras que antes no habría movido un centímetro.
Fue entonces cuando la densidad cambió.
La sangre se volvió más espesa, el flujo más concentrado.
El refinamiento de cobre no golpeaba como el hierro, sino que pulía.
El calor se volvió abrasador, y una leve resonancia comenzó a vibrar dentro de sus huesos cada vez que respiraba profundamente.
Los capilares más profundos ardían, las articulaciones se tensaban y relajaban como si algo se liberara.
El cobre templaba el centro del esqueleto: vértebras, costillas, clavículas.
Los sueños del joven se volvieron más lúcidos, y durante la meditación incluso podía oír el pulso de su propia médula.
Pasaron tres semanas más.
Entonces, un día mientras refinaba en completo silencio, su cuerpo entró en un estado de trance.
El flujo de qi y sangre ya no lo guiaba él: eran ellos los que buscaban los huesos por su cuenta, empapándolos como una marea que reconoce su costa.
Ese fue el umbral del bronce.
Un crujido suave resonó en su interior, seguido de una oleada cálida y brillante.
Sus huesos comenzaron a emitir un leve brillo desde adentro, como si un metal desconocido los recubriera.
No había dolor esta vez, el qi y sangre se multiplico una vez mas, era más vigorozo, más espezo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com