Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 29
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29: 29.
estoy de vuelta 29: 29.
estoy de vuelta En lo profundo de su verdadero espacio mental, la voluntad de Yami regresó con emoción a su cuerpo.
Estaba a punto de celebrar… pero entonces sonó el timbre del sistema.
Ding…
“Debido a la exposición a leyes extrañas y al tamaño descomunal de la conciencia del anfitrión, existe riesgo de explosión corporal.
El sistema activará el protocolo de seguridad.” Sin embargo, antes de que el sistema pudiera ejecutar cualquier acción, Yami tuvo un presentimiento.
Se adelantó sin vacilar y activó dos técnicas consecutivas.
Primero, la Técnica del Doble Yin-Yang, dividiendo su alma en dos mitades opuestas.
Su corazón, antes completamente petrificado, comenzó a resquebrajarse.
Una única gota de sangre emergió de la grieta, y al tocar la nueva alma dividida, comenzó a formar un capullo etéreo.
Luego, activó la Técnica de los Doppelgängers.
Runas antiguas se manifestaron detrás de su cuerpo, y la piedra que lo cubría empezó a deshacerse lentamente.
Ding…
“Anfitrión, si no buscas la muerte, no morirás.
Lo sabes, ¿verdad?” —No digas cosas obvias, sistema.
Un predecesor que amaba tentar a la muerte dijo una vez: “Imprudente…
pero no más de tres veces”.
Así que puedo tentar al destino, pero solo tres veces por evento.
¿Cierto?
Mientras hablaba, su alma comenzó a fragmentarse aún más.
Una segunda gota de sangre emergió.
En su espalda, una gran matriz se grabó, repleta de cientos de imágenes.
A diferencia de Lang Xing, que solo podía usar criaturas comunes como base, Yami estuvo presente cuando la pequeña bestia recolectó bestias antiguas.
Aunque solo podía formar cerca de 50 tipos, eran más que suficientes.
En su mar espiritual, la semilla condensada floreció como un loto.
Sus pétalos se abrieron lentamente, revelando la imagen de su verdadero yo, aún en proceso de formación.
Indistinto, aún moldeándose.
Desde el centro del loto, emergió el primero: el joven Qilin.
Majestuoso y apacible, sus escamas blancas brillaban con runas doradas, su melena relucía como oro, y sus ojos ámbar contenían una calma antigua.
Le siguieron las otras cuatro bestias sagradas: Bai Hu, Xuanwu, Qinglong y Zhuque.
Rodearon el loto formando los polos cardinales, creando un sello espiritual que evitaba la dispersión del poder.
En el centro, el pequeño Qilin mantenía el equilibrio.
Desde el corazón de Yami, los otros órganos comenzaron a liberarse de la petrificación.
Tan pronto se activaron, funcionaron a su máxima capacidad.
El Qi y la sangre, antes congelados, ardieron como gasolina encendida.
Las piedras que lo encerraban se resquebrajaban desde adentro.
El Qi y la sangre de los cinco elementos circularon violentamente, erosionando la prisión pétrea como ríos furiosos contra roca.
Los huesos dorados empezaron a agrietarse y revelaron el jade que yacía dentro.
Un crujido resonó: su médula ósea, habiendo superado el límite, comenzó a expandirse.
Del dorado pálido pasó al jade cristalino.
El flujo de Qi y sangre aumentó.
Exteriormente, su cuerpo volvió a un estado casi cadavérico: piel y huesos, venas marcadas, un ceño levemente fruncido.
Pero internamente, tras alcanzar el estado de médula de jade, su Qi y sangre, antes agotados, se expandieron con una nueva intensidad.
En su mar espiritual, las cinco bestias que suprimían las leyes comenzaban a mostrar fatiga.
-Parece que no me queda mucho tiempo…
-susurró Yami, sin perder la calma.
Confiaba en el sistema como último recurso.
Dirigió su Qi restante a nutrir sus vísceras.
Aunque sabía que apresurarse solía ser un error -algo aprendido con Lang Xing- también entendía que, en momentos críticos, el apuro podía activar un potencial oculto.
Fue brutal: quemó sus vísceras y luego las reconstruyó usando el Qi de los cinco elementos.
El proceso fue desgarrador… pero funcionó.
Cuando integró el epitelio, los huesos y las vísceras, su cuerpo se estabilizó.
Gracias a las experiencias acumuladas en sus sueños, todo fue más fluido.
Finalmente, completó su refinamiento corporal.
No se apresuró más.
Dejó que su Qi y sangre fluyeran, reforzando cada célula, preparándose para lo que vendría.
Entonces habló al sistema: -Sistema, la siguiente operación será complicada.
Necesito saber qué acciones contempla el protocolo de seguridad.
Ding…
*“Opciones disponibles: Absorber las leyes e integrarlas al sistema, permitiendo su actualización.
Integrar las leyes directamente en el cuerpo, elevando su nivel de vida.”* -Absorbe las leyes -ordenó sin dudar-, pero necesito que cada una pase primero por mi cuerpo.
Sin esperar más, activó nuevamente ambas técnicas.
Las proyecciones previamente visualizadas cobraron forma.
A sus pies apareció un símbolo de bagua.
Si tuviera los ojos abiertos, habría visto la proyección de una joven.
Su figura era etérea, pero real.
Lo más llamativo: un punto rojo en su pecho comenzaba a tomar forma de corazón.
Las runas se activaron, preparándose para lo que vendría.
Cuando el sello de las cinco bestias falló, la explosión fue silenciosa pero devastadora.
Si no fuera por su poderosa conciencia, habría colapsado.
Un dolor atroz desgarró su cuerpo.
Cada músculo.
Cada hueso.
Cada nervio.
Todo fue pulverizado.
Pero no murió.
Su voluntad actuó como un pegamento invisible que mantuvo su cuerpo unido.
El Qi de los cinco elementos se impregnó en cada partícula.
Mientras su cuerpo era rehecho, una parte del Qi y la sangre, fragmentos de carne, huesos y médula, fue atraída hacia la proyección de la joven.
Solo una porción menor se dirigía a los patrones de bestias que lo rodeaban, salvo uno… uno que Yami protegía especialmente.
En él depositó algo único: una parte de su linaje demoníaco, separado con precisión.
Allí, dentro de ese doppelgänger, inyectó la voluntad nacida del linaje de Yabuto.
Solo la mitad de su origen demoníaco fue transferida.
El caos aún reinaba mientras el cuerpo de Yami se reconstruía entre dolor y voluntad.
El Qi de los cinco elementos, la sangre ardiente, los fragmentos de hueso de jade y las fibras de médula comenzaron a congregarse en un solo punto: el espacio vacío donde antes había estado la mitad de su cuerpo destrozado.
Allí, en medio de las runas giratorias y las proyecciones de ley, algo comenzó a latir.
Un punto rojo brilló en el aire.
Era apenas una chispa al inicio, pero al integrarse con los fragmentos vitales dispersos, tomó forma.
El corazón fue lo primero.
No uno simbólico, sino uno verdadero, nacido de su sangre y médula, alimentado por su esencia Yin.
Desde ese núcleo, una membrana translúcida se extendió.
Un capullo se formó, creciendo con cada pulso.
Dentro, un cuerpo pequeño empezó a moldearse.
No era una creación ajena.
Era él.
O mejor dicho…
ella.
Su mitad Yin, su esencia complementaria, emergía por primera vez en forma física.
Una figura infantil, femenina, con rasgos suaves y reflejos apagados de lo que una vez fue su rostro.
Sus ojos estaban cerrados aún, como en un sueño profundo.
Su cuerpo, apenas de unos ocho años, flotaba dentro del capullo mientras se ensamblaba con cada respiro energético.
La técnica del Doble Yin-Yang no solo había dividido su alma y su poder… también había dividido su cuerpo.
Yami, al mirar su propia figura reducida, no se sorprendió.
Lo comprendía: la partición no era parcial.
Había cedido medio ser.
Y por eso, ambos ahora eran más pequeños, fragmentos vivos con plena conciencia.
Alrededor del capullo, el símbolo del bagua giraba lentamente, estabilizando las fuerzas.
Las leyes que su cuerpo no pudo retener fueron absorbidas por la figura femenina, cuyas venas empezaban a trazar delicadas líneas plateadas bajo su piel pálida.
Él no tenia tiempo para observar su trabajo y los resultados por que tenía algo más importante entre las manos.
El pequeño continente que alguna vez sirvió como base espiritual se había desintegrado tras la sobrecarga de leyes y conciencia.
En el centro del vacío flotaba lo que quedaba de la flor de loto: pétalos secos y desgarrados, marchitos como memoria vieja.
Sobre estos, flotaban las cinco bestias divinas -Qilin, Bai Hu, Xuanwu, Qinglong y Zhuque-, no una, sino dos veces, cinco por cada lado.
Todas se hallaban sumidas en un profundo sueño, sus cuerpos inmóviles, como si incluso ellas necesitaran refugiarse de lo que estaba por venir.
El caos interior de Yami alcanzaba su límite.
Su cuerpo, ya fragmentado, no podía contener más.
Su alma, saturada de leyes absorbidas, se agrietaba.
Aunque su conciencia era vasta, no toda era necesaria en ese momento.
Ding…
“Advertencia: la conciencia ha sobrepasado el límite de contención.
Daño espiritual inminente.” El sistema desplegó las opciones.
Yami lo sabía.
El exceso lo destruiría.
No debía cargar con todo.
No ahora.
-Sella lo que no necesito -ordenó con determinación-.
Lo que es irrelevante… al menos por ahora.
Pero deja lo esencial.
No toques mis recuerdos con Lang Xing.
Ni mi comprensión básica de las leyes.
Y déjame conservar las más importantes.
Ding…
“Confirmado.
Iniciando corte selectivo de conciencia.
Advertencia: el proceso provocará daño en la raíz del alma.
Las memorias selladas no serán destruidas, pero permanecerán inaccesibles hasta que el sello sea liberado.” Una hebra espiritual descendió desde el núcleo del sistema y atravesó su alma.
Fue como si una parte de sí mismo fuese filtrada con extrema precisión.
Los conocimientos más profundos sobre leyes -aquellos aún incompletos o innecesarios-fueron separados y encapsulados.
Emociones, recuerdos menores, detalles inútiles… todo se selló en una burbuja espiritual que comenzó a elevarse.
El dolor fue insoportable.
No por la pérdida… sino por la precisión.
Como si le arrancaran trozos invisibles, selectivos, y dejaran abiertas las terminaciones sensibles del alma.
Ding…
“Fragmento sellado.
Conciencia estabilizada.
Memoria funcional preservada.
Núcleo del sistema en proceso de evolución.” Yami respiró.
El mar espiritual dejó de temblar.
Aunque había dolor, su mente ya no era un campo de guerra.
Era como si el ruido se hubiese ido, dejando solo lo necesario: su experiencia con Lang Xing, el conocimiento práctico de las leyes que ya dominaba, y la esencia de las leyes verdaderamente importantes.
Lo demás… esperaría.
Hasta que estuviera listo.
Y entonces, como si respondiera a su decisión, el capullo frente a él comenzó a abrirse.
Desde el punto rojo latiente, el corazón de su otra mitad palpitó con fuerza.
Y la niña de ocho años, pálida, callada, envuelta en energía Yin, abrió los ojos.
Un par de pupilas moradas con un encanto desbordante.
-Finalmente estoy de vuelta- dijo con un suspiro.
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