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Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 35 Libera a las esposas
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35: 35 Libera a las esposas 35: 35 Libera a las esposas Pasaron 7 días y Yin y Yami finalmente se recuperaron, Yin fue rápido pero yami todavía estaba herido, sus huesos mostraba claros signos de fractura pero el aura que su cuerpo absorbió se integraba lentamente a su cuerpo.

Yami y Yin decidieron que era hora de que sus pequeñas esposas se liberen, sin pensarlo 2 veces Yami pulso la opción de liberar.

Frente a Yami, el espacio tembló y un vórtice doble se abrió con un chillido sordo.

Como si una grieta en la realidad hubiese sido desgarrada a la fuerza.

De allí fueron expulsadas dos figuras pequeñas, envueltas en hilos de energía .

La primera en caer fue Hua.

Su cabello rosado claro ondeó levemente.

La piel rojo suave de su rostro parecía arder con vergüenza apenas tocó el suelo.

Sus cuernitos cortos brillaban débilmente con el ajuste de energía del sistema.

Y sus pupilas verdes se escondieron de inmediato tras los párpados cerrados.

Se quedó arrodillada, temblando, sin decir nada.

Su cuerpo estaba bien.

Su conciencia, firme.

Pero su silencio…

era puro miedo.

-Mierda…

otra vez esta forma…

-susurró por lo bajo, tocándose la cara, la cabeza, los cuernos-.

¿Por qué justo…

así?

¿Y si me mira…

y se aleja?

No se atrevía a levantar la cabeza.

Ni mirar a Yami.

Ni mirar a Su.

El miedo no venía del dolor.

Sino del posible rechazo.

La segunda en aparecer fue Su.

Aterrizó con elegancia natural, de pie.

Sus ojos azules brillaban con inteligencia y calidez.

El cabello rojo anaranjado le caía suelto por la espalda infantil.

Su expresión era serena, pero al ver a Hua encogida, dio un paso adelante.

-¿Estás bien…?

Hua no respondió.

Entonces Yami se levantó.

Sin una palabra, caminó hacia ella con calma.

Hua quiso alejarse instintivamente, pero sus piernas no respondieron.

Se quedó quieta.

Apretó los puños.

Bajó más la cabeza.

-No mires…

-susurró entre dientes-.

No quiero que me veas así…

Pero él no se detuvo.

Cuando estuvo frente a ella, se agachó con la misma tranquilidad con la que uno alza algo que nunca ha dejado de considerar valioso.

Tomó su mentón con una sola mano.

Firme.

Suave.

Innegociable.

La hizo alzar la vista.

Sus ojos se encontraron.

Ella se tensó, el cuerpo rígido, casi al borde de quebrarse.

Pero Yami solo la observó en silencio.

Detalladamente.

Cada rasgo.

Cada gesto.

Como si nada en ese cuerpo infantil y extraño le causara rechazo.

Como si lo hubiese esperado así.

Y entonces…

Besó su frente, entre sus cuernos.

Después, su mejilla, que ardía de rubor contenido.

Y por último…

Robó sus labios.

Corto.

Directo.

Sin titubeo.

Cuando se alejó, solo dijo una frase: -Esperemos a los dieciséis para casarnos.

Su, sorprendida, abrió la boca para hablar.

-Y-Yami…

Pero él ya estaba frente a ella.

No la dejó terminar.

Sus labios también fueron robados.

Serenamente.

Con decisión.

Y cuando se apartó: -No traje a nadie aquí por error.

Las elegí, como mis esposas de papel, de principio a fin, supe cuales eran sus fortalezas y debilidades, conozco sus lamentos e inseguridades, sus deseos y lamentos, estos años que estuvieron a mi lado las conocí mejor, si quieren irse no las detendré, no soy nadie para retenerlas, pero espero que se queden.

Por un largo momento, nadie dijo nada.

Su, con las mejillas encendidas y los ojos abiertos de par en par, bajó lentamente la mirada.

Sus dedos se entrelazaron nerviosamente frente a su pecho, y murmuró apenas audible: -Y-Yami…

eso fue…

M-muy directo…

Sus mejillas se tornaron aún más rojas.

Pero no se apartó.

Dando a entender su decisión.

Solo ladeó un poco la cabeza, y con una sonrisa suave -que no podía evitar aunque quisiera- dijo: -…gracias por…

elegirnos.

Su voz era tímida.

Cálida.

Como un amanecer detrás de una montaña.

Hua, aún de rodillas, lo miraba fijamente.

Sus ojos verdes, antes cubiertos por la sombra de la duda, brillaban ahora como si hubieran sido lavados por una tormenta de emociones.

Tembló.

No por miedo, sino por algo más profundo.

Reconocimiento.

Validación.

Aceptación.

Tragó saliva con fuerza.

-Idiota…

-murmuró, pero sin fuerza, sin veneno.

Sus ojos comenzaron a humedecerse, una lágrima le recorrió la mejilla, y con voz temblorosa agregó: -¿Cómo se supone que te rechace ahora…

después de decir todo eso?

Se frotó los ojos con el dorso de la mano.

Y luego, sin esperar más, se puso de pie con torpeza y se arrojó contra su pecho.

-¡No quiero irme!

¡Nunca quise irme!

Sus cuernitos apenas chocaron con su mentón, y sus bracitos lo apretaron con más fuerza de la que su cuerpo infantil parecía capaz de contener.

-…estúpido.

…pero gracias.

A unos pasos, Su también se acercó, sin palabras, pero con una sonrisa pura que decía más de lo que su voz tímida podía pronunciar.

Yami, por primera vez desde que salió del castigo, cerró los ojos…

y sonrió.

A unos pasos, Su también se acercó, sin palabras, pero con una sonrisa pura que decía más de lo que su voz tímida podía pronunciar.

Yami, por primera vez desde que salió del castigo, cerró los ojos…

y sonrió.

No dijo nada más…

…hasta que las miró a ambas y agregó con una sonrisa torcida: -Querida Hua…

Nunca debes subestimar los gustos de los jóvenes modernos.

Somos L.S.P…

Los verdaderos pervertidos.

A los que no les importa la raza…

…ni el origen.

Hua se quedó helada.

Su rostro rojo por la emoción se volvió rojo por pura vergüenza.

Sus ojos verdes lo miraron como si lo fuese a matar ahí mismo.

Pero no se soltó.

Su, por su parte, dejó escapar una risa tímida…

seguida de un golpecito en el brazo de Yami con su puño cerrado.

-Yami…

eso no se dice en voz alta…

Yami solo se encogió de hombros, satisfecho.

-Yo solo digo la verdad.

Aquí va el cierre extendido de la escena: Hua se quedó helada.

Su rostro rojo por la emoción se volvió rojo por pura vergüenza.

Sus ojos verdes lo miraron como si lo fuese a matar ahí mismo.

Pero no se soltó.

Su, por su parte, dejó escapar una risa tímida…

seguida de un golpecito en el brazo de Yami con su puño cerrado.

Y entonces…

llegó Yin.

Había estado observando todo desde el borde del camino de runas, con los brazos cruzados y una sonrisa inquietantemente amplia en el rostro.

-Estoy de acuerdo con Yami -dijo de pronto, interrumpiendo la atmósfera con total descaro.

Caminó hacia ellos con paso elegante, pero el brillo pervertido en sus ojos y su expresión no dejaban dudas.

-L.S.P.

de alma, mente y cuerpo.

Raza, forma, edad física…

todo es secundario.

¡Lo importante es el alma y la ternura!

-somos caballeros y creemos en la libertad de amar.

Se detuvo junto a Yami, puso una mano sobre su hombro y declaró con solemnidad absurda: -Hermano, lo tuyo me conmueve Hua tembló.

No sabía si esconderse en un pozo o lanzar un rayo.

Sus ojos estaban al borde del colapso nervioso por la vergüenza.

Su solo se cubrió la boca con ambas manos, entre risas pequeñas, contagiada por la absurda espontaneidad del momento.

Así, entre el caos emocional, confesiones sinceras y comentarios cuestionables, el grupo volvió a pensar en el futuro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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