Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 38
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38: 38.
entrenamiento 38: 38.
entrenamiento Yami cayó una vez más en un sueño profundo.
No, no era lo mismo que antes.
Esta vez, su conciencia no se dispersó entre recuerdos y vacío, sino que quedó encerrada en un cuerpo que ardía.
Desde el exterior, las venas de su pequeño cuerpo se hinchaban como si fueran a estallar.
Sus huesos crujían con fuerza, como si miles de martillos lo golpearan desde dentro.
Los meridianos y canales de qi eran destruidos…
y reconstruidos al mismo tiempo.
En lo más profundo de su mar espiritual, las Cinco Bestias Elementales, antes dormidas, comenzaron a brillar.
Sus cuerpos inertes vibraron con fuerza, recobrando vitalidad como si hubieran despertado del letargo de siglos.
El dolor era inimaginable.
Cada célula parecía querer morir…
pero no moría.
Seis horas después…
-¡¡¡Estoy vivo!!!
¡AHAHAHAHA!
El grito resonó con una risa demente, medio eufórica, medio histérica.
El pequeño Yami, de cuerpo débil y rostro infantil, se inflaba una vez más como un pez globo rabioso, con ojos desorbitados y venitas saltadas por el esfuerzo.
Mientras tanto, Yin, que estaba organizando las ganancias del gacha, percibió un extraño estremecimiento.
Se quedó quieta por unos segundos.
Yin (con expresión contemplativa): -Aunque nos dividimos…
en esencia seguimos siendo uno.
-Y ahora…
algo está naciendo en mí…
¿Un nuevo Yang?
Miró su propia mano.
Una calidez opuesta al Yin natural que la formaba comenzaba a gestarse muy dentro de su centro espiritual.
-Yin y Yang…
uno no puede existir sin el otro.
-Cuando ambos se estabilicen en mí…
¿me convertiré en algun nuevo ser?
– no eso es imposible.
– El origen es el mismo, siempre tendremos que integrarnos.
Mientras reflexionaba, una figura sombría emergió del suelo, envuelta en una bruma negra.
Llevaba un antiguo pergamino sellado, sus pasos eran silenciosos como el humo.
Yin soltó un suspiro de fastidio.
-Maldito capitalista…
-murmuró con desdén, y sacó un espejo pequeño de su espacio personal.
Se miró con detenimiento.
-Uff…
no soy negra de piel, menos mal.
-respiró aliviada, como si eso le evitara una crisis de identidad.
Desvió la vista hacia el ninja de las sombras que aguardaba frente a ella.
Su piel era oscura como la obsidiana, ojos rojos brillando como brasas.
-Ajá…
ahora sí, así debería verse un trabajador esclavo de verdad.
Pov: Yami -Parece que tengo que cerrarme nuevamente.
-Mi cuerpo aún no está listo.
Sin perder tiempo, Yami sacó la Habitación del Tiempo Mejorada del sistema.
Una esfera translúcida se expandió suavemente en el suelo, conectándose a la matriz.
-Todo aquel que vio Dragon Ball sabe para qué sirve esta cosa -dijo con media sonrisa, antes de entrar en ella sin mirar atrás.
-Mierda!
..-El feroz entorno hizo tambalear a Yami.
Decidió restar importancia a su entorno y centrarse en si mismo.
-Sigo siendo humano -me dije mientras me sentaba en silencio con gran dificultad-.
algo cambió.
Mi compatibilidad con el mana o mejor dicho diversos poderes mejoro.
Las venas del Dios Maligno no mostraban rechazo ni conflicto, después de todo el contenido de oro de este linaje es que puede alvergar varios linajes sin conflicto alguno.
Esta vez decidí integrar el Ojo de los Sueños.
Del sistema almacen del sistema un hermoso ojo como una gema fue extraído, antes que pudiese hacer algo este se alboroto y se integro con su ojo izquierdo …
¡Peh!
¡Peh!
¡Peh!
¡Peh!…
El sonido retumbaba como un latido profundo, reverberando desde mi ojo izquierdo.
No dolía.
De hecho, había algo familiar y cálido en él, como si me llamara por mi nombre verdadero.
¡Silencio!
Cerré los ojos y enfoqué mi conciencia en ese punto exacto.
Y, de inmediato, fui absorbido.
¡Auge!
Mi mente fue sacudida, como si me partieran el cráneo desde dentro.
Cuando volví a abrir “los ojos”…
ya no estaba en el mundo real.
Me encontraba en una dimensión completamente oscura.
-Este lugar…
No había suelo ni cielo.
Solo un vacío sin forma ni fin.
Pero en el centro…
flotaba una luz verde tenue, girando lentamente como una espiral viva.
Esa luz…
estaba viva.
Lo supe apenas la vi.
Era como observar una estrella anciana que nunca había dejado de brillar, incluso en la muerte.
Mi conciencia fue arrastrada hacia ella.
Y mientras mi mente se fundía con esa luz, una voz antigua susurró en la oscuridad: “Lo Antiguo está roto, y los Dioses Antiguos asesinados se convertirán en un billón de polvo…” Un escalofrío recorrió mi alma.
-veo robe la oportunidad del protagonista de Kingston of gods!
No hubo respuesta.
El sonido no venía de ningún lugar en concreto.
Venía del espacio mismo.
“¿Hay un alma en el universo que esté en perfecta sincronía conmigo?
¿Es esto el destino…?” La voz hablaba sola.
Como si recordara algo perdido hace eones.
“Para continuar con mi linaje del Ojo…
gobernarás a todos.
Controlarás todas las razas.
Joven afortunado…
no me decepciones.” Y entonces, todo terminó.
La voz desapareció.
El vacío dejó de latir.
El mundo se volvió silencioso.
-¡Ja!
Respiro con fuerza y abrío los ojos.
Estaba de vuelta en la habitación del tiempo.
Pero un ardor insoportable me atravesó el ojo.
Yami toco su rostro con fastidio, sin decir nada saco un espejo sus ojos ya no eran amatista, el izquierdo era de un tenue color verde, el derecho de un color negro profundo.
Al sentir su cuerpo se dio cuenta las venas del dios maligno, el gen spiral, linaje de demonio inmortal(slaugther god), one for all, espíritu marcial misterioso y el linaje ancestral se fundieron perfectamente con el humano, mientras que todos los demás linajes se convirtieron en ramas de la bestia de las 72 transformaciones.
Tardo dos meses en adaptarse a sus cambios corporales,especialmente al entorno de esta habitación.
La Habitación del Tiempo (o Sala del Espíritu y el Tiempo) en Dragon Ball tiene una gravedad de: 10 veces la gravedad de la Tierra.
Otros datos relevantes de la habitación: 1 día afuera = 2 año dentro.
Temperatura extrema: puede variar desde -40°C hasta más de 50°C.
El aire es más denso, y la atmósfera es más delgada que la de la Tierra.
Es un entorno ideal para entrenamiento intensivo, pero muy exigente física y mentalmente, pero para Yami fue extremadamente difícil adaptarse.
Aunque otros habrían colapsado bajo la presión, Yami no necesitó tanto esfuerzo.
Gracias a su avanzado refinamiento corporal, su cuerpo -templado hasta el nivel de huesos de plata- soportaba la gravedad multiplicada sin grietas ni espasmos.
Cada uno de sus golpes superaba los 2,500 kilogramos, y aún así sus pasos eran firmes, su silueta inmóvil como una montaña.
Pero no todo en él era fortaleza.
Sus órganos internos seguían siendo un punto débil.
El corazón latía con un ritmo errático, bombeando sangre a una presión desigual.
Los pulmones luchaban por llenarse en una atmósfera delgada, como si cada bocanada de aire fuera un intento desesperado.
El hígado, el estómago, los riñones…
todos trabajaban al límite, como piezas mal calibradas dentro de una máquina Entonces inició el verdadero ajuste.
Activó la Técnica de Refinamiento Corporal del Baluarte de la Bestia Divina.
Se colocó en el suelo, su mano izquierda apoyada firmemente, y su mano derecha cerrada en un puño detrás de la espalda.
Solo tres dedos formaban un trípode de apoyo, manteniéndolo suspendido.
La tensión era absoluta, pero su cuerpo no temblaba.
Comenzó a respirar en un ritmo específico, ancestral, medido con la precisión de un tambor de guerra sagrado.
Y mientras lo hacía, recitó los mantras heredados del tótem del Qilin.
No eran palabras.
No eran fórmulas esotéricas.
Era una melodía primigenia, una rima que parecía cantada por el mundo mismo.
Para cualquiera que la oyera, era un canto pacífico, casi tranquilizador.
Pero para él, era otra cosa: Una rima que encendía el corazón.
Y en ese instante, Zhu Khe, el pajaro bermellon que dormitaba en lo profundo de su conciencia, despertó.
Su corazón se convirtió en una llama viva.
El qi y la sangre comenzaron a fluir como un río desbordado.
La temperatura en su interior subió de golpe.
Y las otras tres bestias -Xuanwu, Baihu y Qinglong- también despertaron, alineando sus respectivas energías con sus órganos.
Uno a uno, los cinco órganos vitales de Yami -corazón, pulmones, hígado, bazo y riñones-recuperaron su funcionamiento perfecto.
Desde fuera, el cambio era evidente.
Yami sudaba en silencio.
Todas sus venas se hinchaban y palpitaban al compás de su corazón.
Cada músculo se expandía y contraía con precisión, como si respirara por sí mismo.
Y el fuego nacido en su corazón no se apagó.
Se expandió lentamente, alimentando cada célula con calor, fuerza y vida, a través del qi y la sangre, como si cada parte de su cuerpo cantara la misma melodía ardiente.
El fuego nacido en su corazón no cesó.
Se amplió, expandiéndose a través del qi y la sangre, como una ola ardiente que recorría cada órgano, cada vena, cada célula de su cuerpo.
Pero toda esa fuerza ardiente, ese caos elemental al borde de desbordarse, se mantuvo a raya por la presencia del Qilin.
Fue él -el tótem- quien armonizó a las bestias y sus elementos, equilibrando el poder de Zhuque, Baihu, Qinglong y Xuanwu en perfecta sincronía.
Sin esa intervención, el fuego habría consumido su interior desde adentro.
Durante los primeros quince minutos del día, Yami se sumía en el entrenamiento más peligroso de su rutina: el Refinamiento Corporal de las Cinco Bestias Divinas.
Cinco posturas.
Cinco respiraciones.
Cinco ritmos del alma.
Zhuque, la bestia ígnea, inflamaba el corazón, haciendo hervir el qi y la sangre con una llama abrasadora.
Qinglong, el dragón de madera y trueno, estimulaba los pulmones, haciéndolos expandirse con chispas internas y vibraciones que recorrían las costillas como raíces vivas electrificadas.
Baihu, señor del metal y del viento, afilaba el hígado como una hoja de acero, y lo hacía vibrar con impulsos de aire que tensaban cada fibra muscular.
Xuanwu, el guardián de agua y hielo, enfriaba los riñones, ralentizando el flujo de qi hasta volverlo denso y profundo como una corriente subterránea helada.
Y al centro de todo: el Qilin, bestia de la tierra absoluta, quien armonizaba sus elementos, equilibrando calor y frío, electricidad y acero, madera y roca.
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