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Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 46

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46: 46 46: 46 Yami aprovechaba cada segundo de su encierro para visualizar y perfeccionar múltiples técnicas: la Técnica de Manos Santas, las Agujas de Caos, el Método de Invocación de la Antigua Llama Primordial Yin-Yang, y la Técnica de la Visión Celestial.

De vez en cuando, su conciencia se difuminaba y voces lejanas se colaban en su mente.

Lan (distorsionada).– ¿Crees q$^ se ×^#ge…?

Voz misteriosa.– Es casi %$ mismo… A veces las escuchaba tan débiles que dudaba si eran reales o simples ecos de su imaginación.

Así pasó el tiempo… hasta que se cumplió un año entero en la Habitación del Tiempo.

Fue entonces cuando Lan, usando la conexión de alma que compartía con él, alcanzó su conciencia y lo arrancó bruscamente de aquel profundo letargo meditativo.

-Digo… señorita, ¿tenías que ser tan brusca?

-gruñó Yami, frotándose la cabeza.

Lan sonrió con descaro.

-Jejeje… llevas meses como una marioneta: entrenar, comer, entrenar, dormir… repetir.

-… -Deberías olerte -añadió ella con un tono travieso.

Yami se quedó quieto.

-… sniff, sniff… ¡huelo peor que la mierda!

Media hora después… -¡Sobreviví!

-exclamó Yami, saliendo del baño con el cabello aún goteando.

-Pareces de mejor humor.

Incluso diría que tu temperamento cambió -comentó Lan, ladeando la cabeza.

-… -Pareces más gentil -insistió ella.

-No lo soy.

No lo hago.

No me calumnies… sigo siendo una persona feroz -replicó, cruzándose de brazos.

-Claro, te creo.

Muy feroz… y muy valiente -dijo Lan con una sonrisa cargada de sarcasmo.

-¿Estás siendo sarcástica, verdad?

Mientras conversaban, Yami comenzó a observar el lugar.

Era la primera planta de la Torre del Mago desplegada.

Por ahora solo podía acceder a la planta baja y a la fragua.

-Parece que te estás recuperando bien.

¿Sabes?

No deberías encerrarte siempre en el anillo o la torre… otras personas también tienen derecho a apreciar tu belleza.

-No creas que no sé lo del librito amarillo.

-Pero igual te conmoviste -respondió Yami con una sonrisa ladina.

-Si sigues hablando así, nunca conseguirás novia.

-Tengo a Su, Hua… y tú también, ¿verdad?

-Hablas como un cabrón.

-Soy cariñoso y amable.

Darles un hogar cálido es prueba de mi noble carácter.

Lan soltó una risa ahogada entre quejas.

-Bastardo de piel gruesa.

-Por cierto… ¿por qué me despertaste?… y, ¿cómo manifestaste la torre?

Creí que necesitabas un géiser de maná.

-Yami arqueó una ceja.

-Los clones completaron la formación -respondió Lan-.Usaron materiales extraídos del Palacio Ephan.

Después de todo, ese castillo tiene el tamaño de una ciudad, y cuando despliega la Gran Muralla puede cubrir todo un país.

Fue construido como un muro para proteger el mundo de invasiones extraterrestres.

-¿Desmantelaste la muralla?

-Solo una pequeña sección.

Esta cosa está hecha con los recursos mágicos de un mundo entero.

-¿Era tan grande?

-La razón por la que no te diste cuenta es que el palacio tiene una barrera inherente.

Lo sacaste, te diste la vuelta y te enfocaste en otras cosas.

-¿Y no afectará su funcionamiento?

-No pasará nada.

Solo removimos una parte de la capa externa.

Cuando Yami salió de la torre, se llevó una sorpresa.

Lan se negó a sincronizar su memoria con lo que había ocurrido durante todo ese tiempo.

-¿No crees que es más interesante explorarlo por ti mismo?

-dijo ella con una sonrisa misteriosa.

-Bueno… -aceptó Yami con resignación.

Antes de salir, comenzó a revisar sus cambios, empezando por su altura: apenas había variado.

Sus facciones se habían afinado, sus hombros lucían más firmes y su mirada, más profunda.

Ahora había en él una presencia que antes no existía.

Lo que más le llamó la atención fueron los nuevos rasgos no humanos: un par de cuernos nacidos de su frente, semejantes a los de un pequeño dragón, aunque más parecidos a los de Hua.

Sin embargo, a diferencia del carmesí profundo de Hua, los suyos brillaban con un tono violeta dorado.

Su cabello, negro profundo, estaba atravesado por mechas en degradado violeta-dorado que caían hasta su cintura.

De su espalda se extendía una cola que combinaba rasgos de mono y serpiente, rematada en una punta de lanza.

Su textura no era de pelo, sino de suaves escamas negras con bordes dorado-violeta.

Lo sabía porque podía controlarlas: con solo pensarlo, los mechones se comprimían y fusionaban, transformándose en esa cola escamada.

Su ojo derecho tenía un violeta profundo, mientras que el izquierdo era de un azul cristalino, enmarcado por un sombreado púrpura.

Al examinarse más a fondo, descubrió tres fuentes de energía distintas, además de las venas del dios maligno: La dorada: al enfocarse en ella, su apariencia cambió.

El tótem del Qilin resonó y, al mirarse en el espejo, comprendió: “Soy la versión masculina de la oveja de coco.

Parece que, dentro del linaje de la bestia de las 72 transformaciones, el Qilin tiene gran importancia”.

La negra: correspondía al linaje del perro lobo.

Su cabello se tornó blanco, sus ojos dorados, y dos colas peludas surgieron a su espalda.

La verde: al tocarla, todas sus características extrañas desaparecieron.

Su cabello volvió a ser negro y su altura se expandió de la de un niño pequeño a la de un joven de alrededor de 1.70 metros.

Sus rasgos faciales apenas variaron, pero él notó ciertas facciones de su vida pasada.

Sus ojos ya no eran negros, sino marrón oscuro, casi negros, y su rostro mostraba una mezcla de rasgos orientales.

Además, había otra energía: la del gen espiral.

Al intentar movilizarla sintió un bloqueo, pero sus ojos brillaron de verde.

Sin embargo, el resplandor se desvaneció con demasiada rapidez.

Después de pensarlo detenidamente regreso a la forma del pequeño mono dragon, lo que lo molesto fue que cuando se transforma es como si su cuerpo se comprimida.

Cuando Lan volvió a su forma de anillo y se acomodó en la mano de Yami, este ya estaba mirando hacia el cielo del cuadro.

En lo alto, el Palacio Ephan comenzaba a despertar.

Primero lo vio como una masa oscura y distante, casi flotando en la lejanía.

Luego, los rayos del sol reflejaron sus torres doradas, revelando que no era solo un castillo, sino un complejo de palacios encadenados, con una zona central del tamaño de una ciudad entera.

Sus murallas internas eran tan altas que parecían cortar las nubes.

Pero lo que realmente le robó el aliento fue lo que ocurrió después.

Desde los bordes del complejo, segmentos ciclópeos de piedra rúnica y metal encantado empezaron a moverse, como si un titán milenario se desperezara de un largo sueño.

Cada bloque tenía el grosor de una montaña y se articulaba con un sonido grave, profundo, como si la tierra misma gimiera ante su despertar.

La Verdadera Gran Muralla comenzó a desplegarse.

Primero se expandió en un círculo perfecto, abrazando al palacio como un anillo indestructible.

Luego, sus secciones se elevaron y abrieron hacia el cielo, revelando intrincados grabados que destellaban con un fulgor dorado-azulado.

Las runas latían como un corazón vivo, conectando torres centinelas y nodos defensivos.

En cuestión de minutos, aquella muralla dejó de ser un muro… y se transformó en alas mecánicas colosales.

Cada “pluma” era una sección móvil del tamaño de un distrito entero, capaz de adaptarse al relieve que protegía.

Colinas, valles, ríos y llanuras quedaron bajo su sombra, mientras la estructura completa se extendía hasta cubrir una región del tamaño de un país.

El aire vibraba con la fusión de energía del cielo y de la tierra.

Corrientes de maná ascendían en espirales, mientras engranajes invisibles -forjados en materiales raros-ajustaban la posición de cada segmento como si la formación respirara.

-¿Tiene ese tamaño?

¿Cuánto desmantelaron?

Lan: Una de las plumas… alrededor de 45 km².

-¿Y cuánto usaron?

Lan: Solo se pudo procesar una parte.

La capacidad de los clones es limitada.

La pluma se encuentra en una de las cordilleras más adelantadas; actualmente estamos dentro de la formación.

Está siendo abastecida por la energía de las piedras espirituales doradas.

-¿Por qué es tan grande?

Lan: Fue idea de los clones… más específicamente de Yami Stark.

Él, junto con el mago, usaron el hechizo de Extensión sin Rastro, reforzándolo con materiales especiales de naturaleza espacial.

Al decir esto, Lan parecía nerviosa.

-¿Cómo conseguiste esos materiales?

Lan: Debido a nuestro vínculo puedo comprar ciertas cosas, pero estoy limitada a la segunda etapa.

También tengo acceso a tus recompensas, aunque no puedo extraer las más valiosas… el sistema es demasiado tacaño.

Yami no respondió.

Mientras caminaba tranquilamente, observó su entorno.

Estaban en el núcleo, pero no era lo que había imaginado.

Este debía ser el centro de la formación, y sin embargo, no había qi terrestre fluyendo como debería.

En su lugar, se extendía una niebla de aura densa, brumosa y pesada, que reducía la visión.

Solo al alzar la mirada podía contemplar el cielo despejado.

Primero se mostró pensativo, pero al igual que Lan, bloqueó sus pensamientos.

Una sonrisa de logro se dibujó en sus labios mientras comenzaba a poner en práctica lo aprendido durante su reclusión.

Activó entonces la Técnica de Visión Celestial.

El hilo de qi dorado recorrió sus meridianos hasta llegar a sus ojos.

A diferencia de cuando meditaba profundamente y podía manipularla con soltura, esta vez tardaría en familiarizarse con la técnica.

Y entonces lo vio.

Lo que estaba oculto se reveló: caminos de runas, tallados con el mismo estilo que los de la madriguera.

El terreno era de aproximadamente diez hectáreas, delimitadas por zanjas artificiales que formaban un sistema de autocirculación.

El agua que recorría esas zanjas no se generaba de manera natural; ingresaba desde el norte y mantenía activo el ciclo.

Cada dirección tenía su propio elemento, convergiendo todos en esta zona central: Sur: fuego y luz.

Norte: agua y oscuridad.

Este: madera y trueno.

Oeste: viento y metal.

Tierra: lo abarcaba todo, fortaleciéndose en el centro, siendo el núcleo más sólido de la formación.

Por lo que se podía observar, aquel espacio había sido ampliado de una manera… poco elegante, casi bastarda.

Las capas Yami frunció el ceño, contando con los dedos.

-¿Quién en su sano juicio usaría un hechizo de extensión… dentro de otro hechizo de extensión… ¡y encima dentro de un tercero!?

Tres capas de plegado espacial.

La segunda, dividida en nueve-secciones para portar los elementos…-se interrumpió de golpe, parpadeando-.

Espera… ¿es mi clon el que hizo esto?

Se cruzó de brazos, esbozando una sonrisa orgullosa.

-Bueno, como se esperaba de mí… tan guapo, tan inteligente.

Lan chasqueó la lengua.

-Si vas a pensar de forma narcisista, al menos bloquea tu mente para que yo no tenga que escucharlo.

-Pero si no puedes oír mi narcisismo, ¿quién más lo hará?

-replicó Yami con descaro.

En fin… ahora mismo solo tú puedes ayudarme.

Lan lo miró de reojo, pero no respondió.

En lugar de eso, dejó que sus ojos recorrieran el entorno inmediato.

Había lagos por todas partes.

No eran charcos comunes, sino espejos de agua poco profunda, rebosantes de vida.

Tallos verdes de arroz flotaban en plataformas de bambú, y bajo ellos, bancos de peces plateados se deslizaban en silencio.

Era un equilibrio extraño, pero perfecto: las raíces bebían los nutrientes que los peces soltaban, mientras los peces encontraban refugio entre las plantas.

-Esto… -murmuró Yami, acercándose a la orilla-.

Es el método de cultivo que se usaba en China, antes de que yo cambiara mi carrera a la de transmigrante.

Cavaban lagos, sembraban arroz en plataformas flotantes, y al mismo tiempo criaban peces… El agua, la tierra y la vida formando un solo ciclo.

Después de la novedad, Yami siguió avanzando.

A cada paso, sus ojos recorrían los campos circundantes: hileras de granos de distintos tipos ondeaban con la brisa espiritual, y entre ellos se alzaban uno que otro árbol frutal que le resultaba familiar de su vida pasada.

Aquella mezcla de lo conocido con lo imposible le provocaba una extraña sensación de nostalgia.

Pero lo que realmente llamó su atención fue una zona apartada, en lo alto de una pequeña colina.

Allí no había arroz ni trigo, sino varios lagos artificiales, perfectamente circulares, como espejos tallados a mano.

Desde lejos ya se percibía que eran distintos: no reflejaban el cielo, sino que brillaban con un resplandor interior.

Al acercarse, Yami notó cómo la piel le hormigueaba.

La superficie del agua no era agua, sino una sustancia espesa, casi gelatinosa, que fluctuaba con oleadas de luz tenue.

No era líquido común: se trataba de energía espiritual condensada hasta el punto de adquirir forma material.

Movido por la curiosidad, extendió la mano y la sumergió lentamente.

La sensación fue extraña: al principio fría como el jade, luego cálida, un extacis y euforia inundaba sus sentidos.

Lan.- sabes para que son?

Yami.- estafa para el cultivo de plantas especiales.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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