Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 50
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- Capítulo 50 - 50 50 Preparativos para el gacha
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50: 50 Preparativos para el gacha 50: 50 Preparativos para el gacha Después de activar la Torre de Refinamiento, Yami llevó a las dos jóvenes a otra zona.
Allí ya lo esperaban los otros Yamis.
Yami mago.- ¿No se supone que resucitaste al tercer día?
Stark.- Esta es la versión latina del Mesías…
Yami de pelo tonto.- Al menos vino.
Yami.- Fue un honor conocerlos, chicos.
Stark, Mago y Pelo Tonto lo miraron en silencio.
Uno por uno, cada clon empezó a desaparecer.
Los cientos de duplicados que habían creado siguieron su propio camino, desvaneciéndose en fragmentos de luz y polvo espiritual.
Los recuerdos comenzaron a invadirlo sin piedad.
Esta vez, Yami soportó el dolor de cabeza sin problemas.
Necesitó alrededor de una hora para absorber todas esas memorias, y aún más tiempo para asimilarlas por completo.
Requería práctica, calma y paciencia: integrar cientos de experiencias no era algo que se lograra de inmediato.
Luo y Hei, que lo seguían de cerca, tenían expresiones complejas y preocupadas, aunque Luo lo ocultaba mejor.
-Ambas hicieron un buen trabajo durante este tiempo -dijo Yami, mientras su mirada descendía hacia los aros en los muslos de las jóvenes.
El principio de los aros era sencillo: estaban en un área donde la gravedad base era diez veces la normal.
Los aros servían como reguladores, capaces de aumentar o disminuir la carga gravitatoria en un rango de una a cinco veces.
De esta forma: Si reducían al mínimo, la presión bajaba a cinco veces la normal.
Si intensificaban al máximo, la carga podía elevarse hasta cincuenta veces la normal.
Eso ocurría en la Habitación del Tiempo, pero dentro de la pintura la gravedad era normal.
Sin embargo, esas chicas estaban usando cinco veces la gravedad para templarse.
Al notar la mirada, Hei se sonrojó y Luo fingió no verlo, aunque por el leve temblor en sus ojos no estaba tan tranquila como aparentaba.
Una expresión de iluminación apareció en el rostro de Yami.
De un momento a otro, su semblante se volvió serio.
-Chicas, ayúdenme a realizar un pequeño experimento -dijo con firmeza.
Unos minutos más tarde, las dos estaban sentadas en sillas altas con taburetes que las levantaban del suelo, dejando sus delicados pies de jade colgando a una altura en la que Yami podía observarlos con gran detalle.
Luo, incómoda, murmuró: -¿…Esto es necesario?
Yami, con expresión estoica, respondió: -Es un pequeño experimento mío.
Solo esperen unos minutos.
Mientras sostenía un pequeño cuaderno, empezó a tomar apuntes en voz baja, murmurando cosas como: -Esto no es normal…
¿Por qué es así?
Hei, un poco inquieta, preguntó: -¿Pasa algo malo?
Al notar la mirada avergonzada de Hei, Yami cerró el cuaderno de golpe y suspiró.
-Simplemente se me ocurrió investigar a los LSP.
Siempre me consideré un verdadero LSP, pero parece que no lo soy…
tengo carencias en el gusto exquisito y en la apreciación del arte y la belleza.
Tras decir esto, Yami empezó a acariciar los pies de jade con sumo cuidado.
-Para esta situación tengo dos teorías.
Primero: soy demasiado joven y mi subconsciente aún está influenciado por mi cuerpo.
Segundo: no tengo ojos para la belleza, y soy incapaz de apreciar el verdadero arte.
Sin pensarlo dos veces, se sentó entre las dos jóvenes, sin un atisbo de vergüenza.
Luo intentó mantener la compostura: -Maestro…
tenemos que seguir con nuestro entrenamiento.
Pero antes de que terminara la frase, Yami ya había pasado un brazo alrededor de la cintura de Luo y el otro alrededor de los hombros de Hei.
Perfecto.
A continuación, te presento una charla informal, íntima y cálida, que encaja con el contexto: las chicas son jóvenes, sus hogares fueron destruidos, han vivido aisladas entrenando cuerpo y mente, y ahora tienen un momento de respiro con su maestro, Yami, que abre la puerta a una conversación honesta.
Yami se acomodó mejor entre ellas, su tono de voz bajó, más suave, como si no quisiera romper la quietud del momento.
-Traten de descansar.
Se han esforzado bastante…
Aprovechemos este momento para una pequeña charla -dijo mientras miraba al cielo a través del techo abierto del pabellón-.
Quiero que me hablen sobre su tiempo aquí, sobre la vida en este pequeño mundo aislado.
Cuéntenme sus dudas, sus preocupaciones…
sus sueños para el futuro.
Hizo una pausa y sonrió con cierta melancolía.
-Después de todo, aunque sean mis sirvientas, no planeo encadenar sus ambiciones ni deseos.
No están aquí para servir sin pensar…
sino para vivir.
Luo se quedó en silencio por unos segundos, como si las palabras de Yami tardaran en asentarse en su mente.
Al final, habló sin mirarlo.
-Nunca pensé en el futuro, maestro…
Desde que perdimos nuestros hogares, todo ha sido sobrevivir, entrenar y seguir órdenes.
A veces…
ni siquiera estoy segura de quién era antes de todo esto.
Hei, con la mirada baja, jugaba con un mechón de su cabello.
-A mí me pasa igual…
pero últimamente he empezado a pensar en cosas pequeñas.
Como…
¿cómo sería vivir sin estar siempre alerta?
Tener un jardín, tal vez.
Cocinar.
No tener que cargar una espada todo el tiempo.
Luo soltó una risa leve, casi imperceptible.
-Tú cocinando…
acabarías incendiando la cocina antes de calentar el agua.
-¡Mentira!
¡Una vez hice sopa!
-se defendió Hei, inflando las mejillas.
Yami las miraba a ambas sin decir nada, pero sus ojos estaban más suaves que nunca.
-Sopa de agua no cuenta -dijo con una sonrisa divertida.
Hubo un breve silencio después de las risas, un silencio distinto: más cómodo, más humano.
-No me molesta entrenar -dijo Luo-.
Pero me gustaría…
elegir por qué y para qué entreno.
No solo por obligación o por miedo a perderlo todo otra vez.
Hei asintió.
-Y me gustaría aprender cosas que no tengan que ver con matar o proteger.
Quiero leer libros tontos.
Tal vez hasta escribir uno.
Aunque sea malo.
Yami dejó escapar una exhalación lenta, como quien intenta guardar las palabras que siente demasiado grandes para el momento.
-Ambas han crecido más de lo que imaginan.
No soy un buen ejemplo de nada, pero…
sé reconocer cuando un alma empieza a buscar algo más que poder.
Se incorporó un poco y les dio una mirada sincera.
-Cuando llegue el momento, si desean irse de este lugar y buscar su propio camino, no lo impediré.
Pero mientras estén aquí, hablaré con ustedes como personas, no como armas.
Hei bajó la cabeza, sus mejillas ligeramente sonrojadas.
-Gracias, maestro.
Luo, más orgullosa, asintió lentamente, como si esas palabras fueran más importantes de lo que dejaría ver.
Yami las miró a ambas, aún con los brazos rodeando sus cuerpos: una en la cintura de Luo y otra sobre los hombros de Hei.
Las chicas eran al menos dos cabezas más altas que él, con cuerpos esbeltos y cultivados con años de entrenamiento, mientras él…
seguía pareciendo un niño de no más de 1.05 metros, con rostro suave, mirada brillante y esa voz grave que no coincidía del todo con su apariencia.
-A veces me pregunto si todo esto se ve tan ridículo como lo siento -dijo de repente, sin previo aviso, con una sonrisa entre divertida y resignada-.
Un mocoso que parece de ocho años, rodeado por dos bellezas como ustedes, hablando como si tuviera cien años de sabiduría a cuestas.
Hei se giró hacia él con una sonrisa suave.
-Maestro…
a veces parece más nuestro hermano menor que nuestro maestro.
Luo asintió, apoyando una mano en la cabeza de Yami con cierta ternura fingida.
-Un hermano pequeño con el alma de un viejo gruñón que carga con el peso del mundo.
Yami soltó una pequeña risa nasal.
-Qué irónico.
Me veo como un niño, actúo como un padre y ustedes me abrazan como si yo fuera el que necesita consuelo.
Sin romper el abrazo, Luo lo apretó un poco más contra sí.
-A veces lo necesita, aunque no lo diga.
-Y nosotras también -agregó Hei.
Y así, en medio de aquella escena absurda y entrañable, un maestro con cuerpo de niño y dos discípulas con pasados rotos compartieron un momento de calidez.
El tipo de momento que no se entrena, ni se planifica.
Solo se vive.
Y por un rato, los tres se quedaron en silencio.
No por incomodidad, sino porque a veces el simple acto de estar…
también es suficiente.
Las chicas descansaban tranquilas; Yami, en cambio, tenía otros asuntos pendientes.
Lo recordó de pronto: tras abrir el mar espiritual de las jóvenes, el mago les había entregado la técnica para crear un espacio de doma de bestias.
Y, entre sus campos de investigación, había aparecido también el grimorio.
-Bueno, primero lo primero…
-murmuró Yami.
Una vez más comenzó a formar sellos con las manos.
Estaba ejecutando el jutsu de multiclones de sombra, pero no la versión básica, sino la mejorada por los clones mismos.
De pronto, una voz conocida resonó en el aire: -Ya llegó el más guapo e inteligente de todo este maldito mundo…
¿me extrañaron?
Yami lo miró con extrañeza.
Luo y Hei hicieron lo mismo.
-¿No estaba muerto este bastardo?
-dijo Yami frunciendo el ceño.
-Se supone que tú lo mataste, yo no sé nada -respondió Hei, encogiéndose de hombros.
Luo, por su parte, solo le dedicó una mirada cargada de desprecio.
Ignorando a ambas, Yami volvió su atención a Stark, quien lo observaba con una mezcla de arrogancia y suficiencia.
-Devuélveme las malditas lágrimas que derramé -le espetó Yami.
-¡Ajá!
Sabía que me extrañabas tanto que hasta lloraste -replicó Stark con una sonrisa burlona.
Yami se quedó en silencio unos segundos.
-…
¿De verdad no entiendes el sarcasmo?
-Sherlok, soy tu versión más guapa, carismática e inteligente.
¿Crees que me importa tu sarcasmo de pica montas?
-Habla ya, ¿qué pasó?
Stark suspiró teatralmente.
-Vaya, parece que nuestra querida ontología perdió la paciencia.
…
-Básicamente, desde que desarrollamos personalidad estamos destinados a seguir existiendo.
Es como cuando entras a páginas para adultos: aunque intentes borrar el historial, siempre quedan rastros.
Y con esos rastros, nosotros podemos volver a formarnos.
…
-Vaya ejemplo explícito -dijo Yami con un tic en el ojo.
-Si te identificas, no es mi problema -respondió Stark con desparpajo.
…
Ignorando otra vez a Stark, Yami activó los clones de sombra.
Uno tras otro, rostros conocidos fueron apareciendo, y junto con ellos se crearon nuevas variaciones.
Algunos se saludaban, otros maldecían, y unos cuantos se enfrascaron en una pelea inmediata.
La escena se volvió extrañamente animada.
Mientras tanto, Luo y Hei se reunían con sus antiguos maestros.
El médico, el alquimista, el herrero y muchos otros se reunieron en círculo.
-¡Bien, empecemos!
-gritó Yami.
Una vez más sacó las ocho cartas de invocación restantes.
Pero antes de que pudiera continuar, varios gritos lo interrumpieron: -¡SSR!…
¡SSR!…
¡Amitabha Buda!…
¡Jesús del Cristo!…
El grupo de idiotas empezó a armar un escándalo.
Yami: «…».
Entonces lo recordó.
Sacó los diez mechones de Sage White.
-¡Cabrón!
-gritó Stark-.
¡Nadie busca la muerte tantas veces como tú!
-¡Bastardo!
-añadió el Mago-.
¡Suelta esa cosa, todavía queremos vivir!
Un Yami de pelo gris, ojos de pez muerto, rascándose la nariz y sin pizca de imagen, gritó: -¡Recuerda que somos vírgenes!
…
…
…
Yami suspiró.
De todas las opciones, tenía que salir un Yami gin, versión Gintama.
-Ejem, ejem…
hijos de perra, recuerden que la fortuna siempre viene acompañada de la desgracia.
Con esa “sabiduría”, buscó en la tienda del sistema.
[Foto autografiada de Sage White] Descripción: foto de Sage White mostrando su encanto diabólico, tomada y adorada por cierta pluma que no quiere ser nombrada.
Precio: 25,000 pts Efecto: al pedir un deseo, existe un 80% de posibilidad de cumplirse, con un 70% de probabilidad de acarrear desgracia.
Consejo: muchas veces la oportunidad viene de la mano con la calamidad.
P.D.: para disfrutar la fortuna, primero debes sobrevivir.
Yami: «…» -Lo compro.
Ding puntos actuales 148000 pts.
Pero para asegurarnos…..
Una hora despues se reunieron en otra zona reforzada por formaciones, en el centro un pequeño altar donde se encontraba la foto del mayor white, con los 10 mechones de cabello cada de alrededor de 1.20 cm trenzados de forma delicada, 3 varillas de incienso estaban en frente de este.
Todos los clones se agacharon y rezaban con expresiones devotas.
Si escuchabas con atención podrías escuchar señor withe concédeme tu gracia,..
ssr, ssr, señor……
little withe, little withe cuando tu cabello llegue a tu cintura te …..
antes que gin pudiese terminar otro le dio una patada en las nalgas.
Bastardo no digas las palabras prohibidas nos matarás a todos.
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