Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 54
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- Capítulo 54 - 54 54 tres nada
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54: 54 tres nada 54: 54 tres nada Después de declarar su intención, quizás por pena o por despecho, liberó una presión abrumadora que aplastó a Yami, dejándolo inconsciente.
El proceso de refinamiento se detuvo a la fuerza, pero antes de que todo se fuera al desagüe, una vasta energía mental tomó el control, dominando el flujo del refinamiento con brutalidad y precisión.
Lo primero que hizo fue aplastar las voluntades de las tres armaduras.
Una llama distinta surgió entonces: no era la llama celeste del refinamiento, sino una flama forjada en su propio origen, que se elevó como guardián, protegiendo el exceso de material que aún amenazaba con estallar.
En cuanto a Yami, todavía inconsciente, aquella voz resonó con severidad: —Pequeño, normalmente no haría esto… pero tu linaje te ha convertido en algo imposible de matar.
Un insecto inmortal, fuerte solo por accidente.
La voz se endureció: —Primero, es demasiado estúpido que tu linaje despierte en esta etapa.
Solo dañará tu potencial.
Con esas palabras, una matriz misteriosa descendió y se incrustó sobre el cuerpo de Yami.
Bajo su influencia, runas arcanas comenzaron a tallarse en su carne y en su espíritu, dividiendo lo indivisible.
Las runas se fundieron con el mundo espiritual y enlazaron los mares internos, formando un puente imposible de romper.
Una a una, las fuentes de linaje fueron arrancadas del cuerpo de Yami.
Al final, solo quedaron seis: el humano, el Qilin, la extraña forma morada que él mismo había nombrado por capricho, y el Ojo Ancestral de los Sueños, el linaje inmortal y el eliatrope.
Los demás linajes no pudieron ser separados por completo.
La vena del dios maligno que los había fusionado protegía su integridad con fiereza.
Lo mejor que se pudo hacer fue reducirlos a simples residuos de linaje, fragmentos debilitados que ya no dominaban su cuerpo.
Sin embargo, este resultado ocultaba una ventaja: esos restos facilitarían que el linaje humano absorbiera sus habilidades poco a poco, en lugar de quedar sometido a la tiranía del linaje divino.
Cuando la estabilidad del vínculo estuvo asegurada, la matriz no se detuvo: giró una vez más, y entonces comenzó la parte más cruel del proceso… el desgarramiento del alma.
El espíritu de Yami fue destrozado en incontables fragmentos.
Cada rasgadura era un tormento indescriptible, más allá de lo humano, más allá de la resistencia de un cultivador.
El dolor lo hacía despertar solo para volver a desmayarse, atrapado en un ciclo de agonía interminable, incapaz de hallar alivio.
Al final, las conciencias fueron divididas.
La principal quedó separada de las secundarias, una medida desesperada para evitar lo peor: que alguna de ellas devorara la esencia de Yami y usurpara su lugar.
No obstante, no se cortó por completo el lazo.
Se dejó un vínculo tenue, una hebra de esencia compartida entre todas, de modo que, cuando esas conciencias despertaran, lo hicieran con el instinto de buscar la integración, deseando volver al origen.
¿Creará eso problemas de personalidad?
¿Confusión de identidades?
Tal vez.
Tal vez no.
Pero esa duda no le importaba en lo más mínimo.
Ya le estaba concediendo al pequeño bastardo un favor inconmensurable.
Al terminar con Yami, regresó su atención al artefacto a medio coser.
Comenzó a eliminar los elementos inútiles, recuperando los materiales efectivos.
Bajo su guía, las matrices rotas y dispersas fueron purificadas y fusionadas, creando un solo sistema adaptable a múltiples caminos de poder.
Incluso corrigió un error en el que Yami había tropezado antes.
Finalmente, su mirada se posó sobre uno de los pequeños mundos que Yami había creado por accidente —curiosamente, el más completo—.
Era aquel donde había practicado la visualización de las cinco bestias.
En ese espacio, las runas flotaban como respiraciones vivas, y fueron absorbidas por la nueva matriz refinada tras la fusión.
De las diez plataformas de aquel mundo, ninguna fue descartada.
Nueve de ellas se transformaron en gemas, cada una marcada con la silueta de una bestia primordial.
La décima, sin embargo, se fundió con la gema del Qilin, convirtiéndose en su reflejo.
Allí, en el centro, un pequeño Qilin bebía de un lago cristalino, y en la superficie del agua danzaban dos diminutos peces —uno oscuro y otro claro— girando en eterno equilibrio.
Era el punto donde convergían todos los elementos: el origen y el fin, el movimiento y el reposo, la fuerza y la compasión.
Era el núcleo del Yin y el Yang, el corazón donde todo el ciclo se cierra y vuelve a comenzar.
Cada una de las gemas que lo rodeaban irradiaba el poder de una bestia sagrada: 1.
Zhuque – El Pájaro Bermellón (Fuego) Ave fénix de plumas rojas y anaranjadas, rodeada de llamas que nunca la consumen.
Simboliza la vida que renace tras la destrucción.
2.
Bai Zhao – El Pájaro del Juicio (Luz) Ave de plumas doradas y blancas, cuya mirada disipa toda sombra.
Representa la verdad y la conciencia pura.
3.
Qinglong – El Dragón Azul (Madera) Dragón esbelto de escamas verde esmeralda y melena que se mece como hojas al viento.
Simboliza el crecimiento y la renovación de la vida.
4.
Lei Niao – El Pájaro del Trueno (Trueno) Ave celestial de plumas azul oscuro y plata, rodeada por relámpagos.
Encarna el despertar y la energía del cambio.
5.
Bai Hu – El Tigre Blanco (Metal) Tigre majestuoso de pelaje blanco y marcas argentadas.
Su mirada es tan cortante como su aura.
Representa la justicia natural y el poder del orden.
6.
Feng Po – El Espíritu del Viento (Viento) Tigre alado formado de bruma y corriente.
Simboliza la libertad y la fluidez del destino.
7.
Qilin – La Bestia Terrenal (Tierra / Núcleo del Dao) Criatura sagrada con cuernos dorados y escamas de dragón.
En su reflejo, los dos peces Yin-Yang giran en un lago de esencia pura.
Representa la armonía, el equilibrio y la unión de todas las fuerzas.
8.
Xuanwu – La Tortuga Negra (Agua) Tortuga negra gigantesca con una serpiente blanca enroscada sobre su caparazón.
Simboliza la resistencia y la memoria eterna.
9.
Wu Hei Long – El Dragón Negro del Vacío (Oscuridad) Dragón colosal de escamas negras y reflejos azulados, cuyos ojos parecen contener galaxias.
Simboliza el descanso antes del renacer: el fin que devuelve todo al origen.
10.
El Lago del Reflejo (Yin-Yang / Integración) La unión de todas las fuerzas, el espacio donde la creación se refleja en sí misma.
Simboliza la totalidad, el equilibrio y la eterna danza entre la luz y la sombra.
Nueve pequeñas y hermosas gemas de distintos colores se integraron lentamente en lo que parecía una corona.
A medida que la energía convergía, la estructura comenzó a transformarse: de la superficie emergieron nueve puntas, curvadas como cuernos de dragón, cada una pulsando con un brillo etéreo.
—Qué feo… —murmuró con una mezcla de fastidio y curiosidad.
Apenas lo dijo, el artefacto pareció responder.
Las puntas se disolvieron y se replegaron sobre sí mismas, fusionándose con el cuerpo del objeto.
Su color cambió: un negro azabache profundo cubrió la superficie, surcado por delicados patrones dorados que fluían como ríos de energía.
Eran nueve trazos, uno por cada bestia, y en el ojo de cada silueta quedó un pequeño hueco donde reposaban las gemas, ahora reducidas al tamaño de la punta de un lápiz.
El resultado final fue una pequeña corona del tamaño de una palma, aparentemente modesta, pero cargada de una presencia antigua e insondable.
A simple vista parecía una pieza metálica de tono oscuro, con intrincados grabados dorados que evocaban runas vivientes.
Sin embargo, su poder era tan vasto que tuvo que sellarse gran parte de él.
Suspiró.
—La persona que creó esa torre… es un verdadero genio.
Capaz de integrar, analizar y reconstruir materiales más allá de cualquier lógica.
Finalmente, volvió su atención al tipo inconsciente.
Esta vez no era el cuerpo lo que le importaba, sino el sistema.
Sacó un pequeño ataúd de cristal y un huevo cubierto de patrones extraños.
—Este clon no aguantará mucho —murmuró—.
Esa cosa te facilita demasiadas cosas.
Déjame… saboteo, digo, mejorar esa cosa.
Una alarma chasqueó, aguda y mecánica: —¡Alerta!
¡Alerta!
Se ha detec…— Se detuvo al instante.
Con un gesto rápido dejó todo a medio aviso y extrajo del ataúd una pagoda de nueve pisos.
La sostuvo como si fuera una ficha de juguete y la integró al sistema, dejando el ataúd en el primer piso de la torre.
—Veamos —susurró mientras revisaba parámetros invisibles—.
Ese bastardo ya se ha cargado más de la mitad de su suerte.
Primero aumentaré la dificultad de la mazmorra; luego tocarán los viajes en el tiempo; y, por último, el pergamino del mercenario interdimensional.
Prioridad: mundos de alto riesgo.
Preferencia: que apenas pueda sobrevivir.
El espacio tembló cuando la esencia del alma de Dorian fue dividida.
La mitad se utilizó para dar el toque final al artefacto; el resto, para estabilizar a Yami y sus fragmentos secundarios.
Cuando la silueta estaba a punto de desvanecerse, una grieta apareció de pronto y los fragmentos secundarios fueron expulsados.
Solo uno quedó.
Con expresión pensativa, su mirada se posó en los materiales dejados por las tres armaduras.
Sus ojos se iluminaron; sin pensarlo dos veces, cruzó la grieta, que al segundo siguiente se cerró.
El sistema vibró con un eco metálico.
> Ding.
Error.
Ding.
Se han detectado nuevas actualizaciones.
Ding.
Iniciando carga: 0%… 50%… 99.9% Una luz recorrió la estructura entera.
> Ding.
Sistema reiniciado.
Activando: Paraíso Infinito.
Activando: Función de Mercenario Dimensional.
Activando: Centro de Artes Marciales Infinitas.
Invocando: dos nuevas asistentes espirituales… Advertencia: Esta es la última invocación de IA.
Tras ser liberadas, el sistema creará su propia Hada del Sistema que no podrá ser reemplazada.
Una hora después.
Yami abrió los ojos con expresión tranquila, carente de toda emoción.
—…Techo desconocido.
Médico.
—Tenías que decir eso, ¿verdad?
Yami.
—Es una frase indispensable que todo viajero dimensional debe pronunciar.
Gin.
—El niño que sobrevivió ha despertado.
Tan pronto oyó eso, Yami sacó un pequeño espejo y empezó a revisarse la frente.
Yami.
—Solo para asegurarme de que ese bastardo no me dibujó un rayo en la frente.
Con la orina de perro que usa, sería capaz de hacerlo.
Médico.
—¡Deja de jugar, bastardo!
Médico.
—¿Recuerdas qué pasó?
Yami.
—Estaba refinando mi primer artefacto… luego fui contraatacado por las voluntades internas… y al final quedé inconsciente.
Médico.
—Bien.
Intenta levantarte.
Por primera vez desde que despertó su linaje de bestia, Yami sintió debilidad.
Las piernas le flaquearon, pero siguió al médico tambaleándose.
Gin.
—¿Estás seguro de que no fue una abducción extraterrestre?
Si le revisas el culo, saldremos de dudas.
Médico.
—¿Qué tiene que ver el culo con los extraterrestres?
—preguntó con genuina curiosidad, maravillado por el circuito cerebral retorcido de su compañero.
Gin.
—Es bien sabido que cuando los extraterrestres abducen humanos, usan aparatos raros para… bueno, meter cosas raras en el @#lo o en la va%$&^.
¡A veces incluso tentáculos!
Médico.
—Eso fue un hentai que vimos en la vida pasada, idiota.
Durante todo el proceso, Yami se mostró aún más indiferente.
Mientras los dos discutían sin el menor intento de discreción, él revisaba con calma los cambios del sistema, ignorando por completo las voces que resonaban en su mente.
Esta vez, sin decir palabra, les concedió acceso a sus recuerdos —solo a los relacionados con su vida pasada y con el mundo de Naruto.
Permanecía sumido en un estado contaminado por la divinidad, carente de deseo o emoción.
Sus respuestas eran automáticas, pronunciadas con la cadencia mecánica de su antigua forma de hablar.
Si deseaba volver a la normalidad, debía devorar la divinidad y asimilarla por completo.
Para lograrlo, tendría que absorber el aura de otros humanos y nutrirse de sus fluctuaciones emocionales —ira, miedo, esperanza, dolor— todo aquello que lo mantenía anclado al mundo mortal.
Era un proceso lento, pero necesario.
Tenía a sus nuevas sirvientas, aunque no todas eran humanas.
Algunas poseían esencia espiritual, otras rastros demoníacos.
Al interactuar con ellas, las emociones que desprendían se filtraban en su alma, fragmento a fragmento.
El enojo reprimido, la curiosidad, la lealtad forzada, incluso el miedo… cada sensación lo tocaba de formas distintas.
Médico.
—Mirando el lado positivo, ahora puedes decir tonterías sin cambiar de expresión.
Yami.
—… Gin.
—El tres nada solo es bueno cuando es una pequeña loli, no un mocoso molesto.
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