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Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 61

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61: 61 Fin de la persecución 61: 61 Fin de la persecución El caos urbano era una sinfonía de sirenas, motores rugientes y pasos sobre pavimento húmedo.

Entre los callejones, Kiana —o más bien, Yami disfrazado— corría con un maletín al hombro y Path, medio inconsciente, rebotándole a la espalda.

—Podrías cargarme con un poco más de cariño… —gruñó Path, la voz ronca.

—Silencio.

La basura no da consejos —replicó Yami sin mirar atrás.

Al final del callejón apareció Yixuan, con talismanes ardiendo entre los dedos.

—Alto ahí.

No sé quién eres, pero ese sujeto está bajo investigación —dijo con calma cortante, como si el aire mismo obedeciera su tono.

Yami frenó apenas un instante, calculando rutas y probabilidades.

Un silbido cortó el aire: una cuchilla demoníaca rozó el suelo en un arco rojo.

Miyabi cayó desde un tejado con la elegancia de un zorro entrenado para matar.

—Yo me encargo —dijo Miyabi.

—Él es mi objetivo —respondió Yixuan sin apartar la vista de Kiana.

Los talismanes chispearon.

La espada rugió.

Yami-Kiana suspiró.

—Qué fastidio… Sacó los guanteletes y desvió el primer tajo de Miyabi con un golpe seco.

El impacto resonó entre los muros.

Path salió rodando entre cajas.

—Eso dolió… —se oyó débilmente.

La persecución estalló.

Sellos, talismanes y acero cruzaron el aire en una danza caótica.

Kiana esquivaba, saltaba, rodaba entre destellos, cada movimiento fluido y medido.

Yami-Kiana frenó un microsegundo, lo justo para analizar el entorno: una salida a la izquierda, tres talismanes activos al frente y un zorro homicida a la derecha.

Un nuevo silbido.

Una cuchilla rozó el suelo levantando chispas rojas.

Miyabi se movía con precisión quirúrgica, las orejas atentas a cada sonido.

Un puñetazo rápido desvió la espada lo justo para que Kiana tomara impulso y escapara hacia otro callejón.

Yixuan reaccionó, lanzando talismanes que se incrustaron en paredes y suelo, formando un campo de sellos.

Kiana saltaba entre los huecos, empujando contenedores, rodando por barandillas, mientras la alarma de la zona retumbaba.

—¡Dejen de perseguirme!

Solo soy una rescatista —gritó Yami-Kiana, con una teatralidad que nadie compró.

Desde atrás, Miyabi blandió su espada una vez más.

Yixuan estampó un talismán en el aire; el papel ardió y de él emergió un pájaro espiritual negro que chilló como una sirena enojada antes de lanzarse tras ella.

Kiana ya trepaba por una escalera de incendios, sujetando el maletín y arrastrando a Path por el pie.

—¿De verdad sabes a dónde vas?

—preguntó Path, cabeza abajo.

—Claro —respondió Yami-Kiana, saltando al siguiente edificio.

El dúo se internó en la zona ruina, donde los etéreos surgían del pavimento como insectos con mala actitud.

Uno bloqueó el paso y fue devuelto al abismo con una patada tan limpia que hasta el aire pareció aplaudir.

Cuando las fuerzas especiales cerraron el perímetro cerca de una grieta principal, Yami-Kiana sonrió.

Ese no era su destino.

Fingió dirigirse a la salida y, en el último momento, giró hacia una grieta artificial: un pasaje clandestino preparado por Path.

Adentro, el aire olía a ozono y metal.

El escenario ya estaba montado: una zona bajo control del Culto del Eclipse.

Kiana tiró a Path al suelo con un golpe seco.

—Hasta cuándo piensas aprovecharte de mí.

La señorita Ben no lo permite.

Path resopló.

—Digo… anciana canosa, ¿podrías ser más amable?

Estoy a punto de sacrificarme heroicamente.

—Tú elegiste tu final —dijo Kiana sin emoción—.

Yo solo soy la escolta.

Antes de que la grieta terminara de sellarse, Yixuan y Miyabi irrumpieron.

—¿Por qué abandonaste el templo?

¿Por qué te persiguen?

—preguntó Yixuan, apuntando un talismán.

Path soltó una risa seca: —Todos tenemos nuestro camino.

Me niego a ser otra pieza en esta partida rota.

No busques hacerme regresar… el templo ya cobró su deuda.

El aire se tensó.

Luego, el caos regresó.

El choque entre los cuatro fue inmediato: golpe, talismán, tajo, esquiva.

El suelo vibraba, las luces parpadeaban.

Yami-Kiana y Path peleaban como un reflejo distorsionado; Miyabi y Yixuan como cazadoras en sincronía.

El aire chispeaba con energía espiritual.

Lo que las dos chicas no se dieron cuenta o ignoraron inconcientemente es que estaban en la zona profunda de la grieta, la energía eterea superaba con creces lo que las personas podrían soportar.

Entonces todo cambió.

Los Hollows empezaron a reunirse.

Primero decenas, luego cientos.

Un enjambre gris rodeando a los cuatro.

Los bandos se disolvieron.

Solo quedaba sobrevivir.

Miyabi respiraba con dificultad, la espada marcada de grietas.

Yixuan tenía las palmas entumecidas.

Aun así, ambas se mantenían firmes.

El enjambre se detuvo.

El silencio se hizo.

La grieta detrás se deformó y del vacío surgieron las figuras del culto de los exaltados.

Uno levantó la mano.

Círculos rúnicos se expandieron bajo los pies de todos.

Dos etéreos colosales emergieron, miradas fijas en Kiana y Path.

—Parece que nos quieren con cariño especial —murmuró Path, apretando la mandíbula.

—Muévete, idiota —respondió Kiana sin inflexión.

Path sonrió con cansancio.

—Entonces… un saludo a los difuntos.

Sacó una jeringa, se la clavó en el cuello y dejó que el líquido oscuro se mezclara con su sangre.

Kiana abrió el maletín, le entregó un pequeño dispositivo y presionó el botón rojo.

Los símbolos se encendieron, y lo adhirió a la espalda de Path.

Entonces comenzó la transformación.

Cruel, ruidosa, imposible de mirar sin sentirse incómodo.

El sonido de carne perforándose, huesos quebrándose y cristales etéreos creciendo por todo su cuerpo llenó el aire.

Tal cambio alertó a Miyabi y horrorizó a Yixuan.

Ella solo quería saber por qué los había dejado y se había unido a un grupo terrorista.

Todavía recordaba su carácter amable, y cómo juntos se mantenían en el templo junto a su hermana.

Ahora estaba a punto de perder a su amigo… igual que perdió a su hermana.

—Kiana —dijo Yami con calma—.

Todos tenemos la libertad de elegir nuestro camino.

Cómo vivimos y cómo morimos… también es nuestra libertad.

Él eligió este destino, no llores por él.

—Kiana —repitió—.

Ese tipo empezó.

Pronto tendremos que irnos.

Dicho esto, dejó caer la maleta negra al suelo y presionó un botón.

—¿Qué es eso?

—preguntó Miyabi.

—Sistema de plegado espacial —respondió Yami.

Mientras hablaban, varios cañones repletos de racimos de misiles comenzaron a disparar a todo lo que se movía… excepto a Path, que aún luchaba con su vida.

Yami se quejaba para sus adentros.

Este idiota preparó un maldito arsenal, pero solo se inyectaba agua con colorantes y pigmentos de neón… Aunque bueno, tengo que elogiarlo.

Como se esperaba de mi pedazo.

Cuando tenga tiempo te regalaré un hombrecito dorado.

Al parecer, lo que Path había hecho era usar el flujo del Qilin interno para absorber energía etérea y, en lugar de transformarla, almacenarla directamente en su cuerpo sin control ni restricción.

Eso promovía su mutación física hacia un ser etéreo.

Después de quejarse, el humor de Yami mejoró, y comenzó a cantar.

Entre los gritos y las explosiones, una melodiosa voz empezó a sonar: —Bum…

cómo me gusta el Bum…

hermoso y alegre Bum…

Miyabi permaneció en silencio.

Yixuan, con el ceño fruncido, murmuró: —¿Su estado… no era similar al nuestro?

Miyabi hizo una expresión seria, ladeando la cabeza de forma adorable.

—Ahora que salieron —dijo Yami—, ya no necesito fingir debilidad.

—¿Dijiste que se sacrificó?

—preguntó Miyabi.

—Sí.

Dijo que, si debía morir, esa sería la mejor opción.

La chica energética que solía actuar con ternura hablaba ahora con una frialdad aterradora.

Eso enfureció a Yixuan.

Al notar su ira, Yami suspiró con impotencia.

—Lo que sucedió hoy fue el deseo de ese tipo.

Quería eliminar algunos de los tentáculos de los Exaltados al menor precio posible… y obligar a la Serpiente a volver a las sombras.

Señorita Yixuan, no tengo nada que ver con su decisión.

Como compañera, solo puedo respetar su estupidez.

Dicho esto, sacó un pequeño dispositivo negro.

Al presionar un botón y lanzarlo al suelo, una grieta se abrió frente a ellas.

Antes de que pudieran reaccionar, ambas fueron arrastradas hacia el portal.

—Si hay una próxima vez, prometo invitarlas a comer.

Lo último que vieron, antes de que la grieta se cerrara, fue al clon siendo alcanzado por una explosión devastadora.

Por su parte, Yami abrió otro portal y escapó de la grieta, dejando los cañones en modo de sobrecarga: seguirían disparando hasta atascarse o quedarse sin munición.

Cada uno, al estallar, provocaría una explosión pseudo-nuclear.

Yami.- digo bastardo es nesesario tanto drama?, despues de la pregunta la voz regreso a su cabeza.

Path.- la verdad no, simplemente quería alejarme de todo, ya sabes no me gusta la política…

Al hacer esto me alejo de todo, esa chica Yixuan, no me molestara para encargarme del templo, y mis futuras acciones se desvincularon del templo de suibian.

Yami.- …

Han pasado una semana desde la redada y el supuesto sacrificio de path.

El templo Suibian respiraba en silencio.

El viento de la tarde arrastraba hojas secas a lo largo del sendero de piedra, haciendo que las campanas colgadas en los aleros tintinearan suavemente.

Una joven de aspecto tímido avanzaba con una pequeña caja en brazos.

Sus pasos eran cortos, medidos.

Cada crujido de la grava bajo sus sandalias resonaba más fuerte de lo que debería.

Alzó la mano para tocar la campana de entrada.

Pero antes de hacerlo, una voz la sobresaltó.

—¡Eh, eh!

¿Y tú quién eres?

No pareces visitante del templo.

La dueña de la voz se acercó con pasos ágiles.

Su expresión era viva, los ojos brillando con curiosidad.

—M-me enviaron a entregar esto… —respondió la joven en voz baja—.

Dijeron que debía dárselo al jefe del templo Suibian.

—¿Ah, sí?

—La otra ladeó la cabeza, observándola de arriba abajo—.

¿Y qué tiene esa cajita tan misteriosa, hmm?

—N-no lo sé.

Solo me pagaron para traerla.

La guardiana soltó una risa ligera.

—Tranquila, no voy a comerte.

Aunque si sigues temblando así, vas a parecer un ratoncito.

—¿R-ratón?

—Sí.

Y ya sabes lo que los tigres hacen con los ratones.

La joven se encogió, más confundida que asustada.

—¿T-tigre?

—Exacto.

—La otra infló el pecho con orgullo—.

Tigre de pura sangre, rayas naturales, rugido auténtico.

Y antes de que lo digas… no soy un gato.

—…¿no?

—¡NO!

—respondió, mostrando su cola con indignación—.

¿Ves esto?

¡Cola de tigre!

El silencio que siguió fue roto solo por el suspiro nervioso de la mensajera.

—S-sí, tigre.

Por supuesto.

—Eso está mejor —dijo la guardiana, con una sonrisa satisfecha—.

Bueno, ¿cómo te llamas, ratoncito?

—Airi.

—Airi, ¿eh?

Bonito nombre.

¿Y no te gustaría unirte al templo?

Podrías llamarme hermana mayor.

Airi se sonrojó ligeramente.

—E-en realidad solo vine a entregar esto… —Fufu, no molestes a los invitados.

La voz provino del corredor.

Una mujer con una convinacion de ropa moderna y tradicional avanzaba con calma, los talismanes colgando a su cintura emitiendo un leve resplandor.

Su presencia imponía una serenidad difícil de describir.

Yixuan se detuvo frente a ambas, sus ojos deteniéndose en la caja.

—Disculpe —dijo Airi, inclinando la cabeza—.

Una chica de cabello blanco y ojos azules me pidió que la entregara.

Dijo que usted entendería si mencionaba que era un regalo de… Daoxu.

El aire se volvió denso.

El viento pareció detenerse.

Fufu parpadeó, sin comprender del todo, mientras Yixuan extendía lentamente la mano.

—Entendido —murmuró con voz suave—.

Gracias por traerlo.

Tomó la caja con sumo cuidado y se giró hacia el interior del templo.

Fufu la observó alejarse, su expresión tornándose seria por un instante.

—“Regalo de Daoxu”, huh… —susurró para sí misma—.

Hermano mayor… realmenteestas muerto?.

El sonido de las campanas acompañó su voz, difuminándose entre los pabellones.

— [Salto de escena] La habitación de Yixuan estaba sumida en penumbra.

Solo la luz de una lámpara de aceite iluminaba el escritorio, haciendo que las sombras danzaran suavemente sobre las paredes cubiertas de talismanes y libros antiguos.

La caja descansaba frente a ella.

El sello espiritual que la protegía se desvaneció con un leve destello azulado cuando su energía tocó la superficie.

Dentro había un pequeño portátil negro azabache, un cuaderno de tapas desgastadas, dos anillos grabados con inscripciones un pequeño gato naranja y el otro un qingming bird y cinco bolsas selladas con cordones rojos.

Yixuan permaneció inmóvil unos segundos, observando el contenido sin tocarlo, y con calma empezo a leer los cuadernos.

Apoyó la mano sobre el cuaderno.

Su respiración tembló apenas.

—Path… —susurró, casi en un hilo de voz—.

Siempre haciendo las cosas a tu manera.

Sus dedos se cerraron sobre la cubierta, y por un instante creyó oír la risa tranquila de su viejo amigo, mezclada con el murmullo del viento.

Unos días mas tarde.

[Restaurante “Loto Humeante” – Calle lateral de Sixth Street, tarde de otoño] El pequeño restaurante vibraba con el murmullo constante de la ciudad.

El olor a ajo dorado, salsa espesa y vapor recién liberado llenaba el aire.

Detrás del mostrador, Alex, el joven chef de delantal negro, servía ramen con la calma de quien había repetido ese gesto mil veces.

Frente a él, dos oficiales de la Seguridad Pública disfrutaban su almuerzo.

Qingyi, con su cabello en dos coletas y una sonrisa que delataba problemas, miró de reojo al cocinero.

—Jefe, a su edad ya debería estar casado, ¿no?

—dijo con voz juguetona—.

¿Qué opina de mi compañera?

Con ese físico… hasta parece nacida para ser madre.

Especialmente esas caderas que distraen hasta a los drones.

Zhu Yuan tosió con fuerza.

—¡Qingyi!

No hables así en servicio… ni fuera de él.

Alex sonrió con educación, secando sus manos.

—Señorita Qingyi, solo soy un cocinero común.

Compararme con la señorita Zhu Yuan sería como poner un cisne frente a un sapo.

Qingyi se inclinó sobre la barra, divertida.

—Oh, entonces admite que el sapo sueña con el cisne.

Qué honesto.

Luego, con tono más descarado: —Además, uno puede saber por la forma de una mujer si será fértil.

Es puro instinto.

Zhu Yuan se cubrió la cara con una mano.

—Qingyi, deja de decir esas barbaridades… —Vamos, jefa —rió su compañera—.

Desde que lo salvaste de esos ladrones, mínimo debería compensarte.

No me digas que no pensaste en una cita, aunque sea una vez.

Alex alzó la mirada, sorprendido y visiblemente incómodo.

—S-señorita Qingyi, por favor… yo solo soy un ciudadano común.

No tengo nada que ofrecer más allá de un plato caliente.

Hizo una pausa, luego, con un tono entre serio y resignado, añadió: —Además, no quiero ser la esposa que se queda esperando a su marido toda la noche… y menos si hay riesgo de violencia doméstica.

Qingyi se quedó en silencio por un segundo… y luego estalló en carcajadas.

—¡JAJAJA!

¡Zhu Yuan!

¡Dice que teme que le pegues!

¡Este tipo me cae bien!

Zhu Yuan cerró los ojos, completamente ruborizada.

—Qingyi, deja de hablar o te haré escribir el informe de patrulla de toda la semana.

—Uuuh, qué miedo~ —bromeó Qingyi, levantando las manos—.

Aunque admito que harían buena pareja… Mira cómo se te sonrojan las orejas.

Alex trató de cambiar de tema mientras colocaba una olla sobre el fuego.

—¿Les sirvo el especial del día?

Prometo que no muerde.

Ting–ling–ling.

La campanilla sobre la puerta sonó.

Dos nuevas figuras entraron al local, y el bullicio se apagó un poco.

Una de ellas, de llevaba un traje moderno con estilos taoistas y la otra un thiren tipo “tigre” Alex levantó la vista, con una calma forzada.

—Bienvenidas al Loto Humeante.

¿Mesa para dos?

Yixuan observó el lugar con atención, su mirada deteniéndose en el chef por un segundo demasiado largo.

Algo en su presencia… no encajaba con la de un hombre común.

Yami.- oye nos esta mirando, disfraza el aura.

Path.- es intencional, tenemos que dejarle las cosas, y si no ubieses dejado ese mensaje en mis cosas no estaría en este lío.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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