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Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 65

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  4. Capítulo 65 - 65 65 REunion y recompensa
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65: 65 REunion y recompensa 65: 65 REunion y recompensa Después de arrebatar a Yami de los brazos de Angewomon, Mingxuan, aún sosteniéndolo como a un pequeño príncipe, notó que él tenía el ceño ligeramente fruncido.

—Maestro… —susurró inclinándose un poco—.

¿Por qué su expresión es tan seria?

¿Ha ocurrido algo?

Yami parpadeó despacio, como si reorganizara ideas.

Luego levantó una mano y comenzó a señalar, uno por uno, con total calma: Primero LadyDevimon… después Angewomon… luego Venusmon… Beelstarmon… otra vez Angewomon, con más atención esta vez… y finalmente Lumin, Ikaros, Grayfia e Ingvild.

Todas ellas, cada una tan única como peligrosa, sintieron un ligero escalofrío.

Y entonces habló: —Siempre tuve una duda.

El silencio cayó como una espada.

—Si los ángeles representan la pureza, y los demonios el pecado… ¿por qué los ángeles son más lascivos que los demonios?

Señaló directamente con el dedo.

—Digo, solo mira a Angewomon.

La aludida abrió los ojos como platos, las alas temblando de indignación y vergüenza simultánea.

LadyDevimon soltó una carcajada oscura.

Beelstarmon se tapó la cara de lo mucho que estaba disfrutando aquello.

Venusmon solo suspiró… demasiado acostumbrada a ese tipo de verdad inconveniente.

En la mesa: —Tiene sentido —comentó Kiana, asintiendo con completa seriedad académica.

Kaede, roja como una cereza, miraba a Angewomon… luego a LadyDevimon… luego de nuevo a Angewomon… y sin querer, comparaba proporciones y conductas.

—No… no es mentira —murmuró casi para sí, roja hasta la punta de las orejas.

Angewomon trató de decir algo, pero a cada palabra que intentaba pronunciar, el comentario de Yami resonaba en la sala como un eco insoportable.

Finalmente, Mingxuan solo apretó a Yami un poco más contra su pecho y suspiró: —Maestro… usted… realmente no tiene filtro.

Yami, totalmente serio: —La verdad no necesita filtro, y no me quejo, de hecho es un festín para los ojos, solo encuentro esta pregunta un tanto filosofica.

Era una reunión semanal preparada y todos estaban aquí para dar su informe sobre la situación y verificar su progreso.

Todas habían logrado grandes avances, pero Luo y Hei eran casos aparte.

Ambas dieron un salto mayor.

Luo y Hei intercambiaron una mirada antes de ponerse de pie al mismo tiempo.

La sala se calmó de inmediato: incluso sin liberar aura, su presencia había cambiado.

Luo fue la primera en hablar.

—Maestro… el espacio de doma se abrió tal como enseñaste.

Aprovechamos la completitud de los Huesos de Jade para estabilizar la base, y entonces… simplemente ocurrió.

Su voz era suave y nítida, como el sonido de un cristal siendo tocado con la yema de un dedo.

No necesitaba adornos: la calma con la que hablaba era ya una evidencia de su avance.

Luo fue la primera en hablar.

—Maestro… el espacio de doma se abrió tal como enseñaste.

Aprovechamos la completitud de los Huesos de Jade para estabilizar la base, y entonces… simplemente ocurrió.

Su voz era suave y nítida, como cuando el hielo se fractura lentamente bajo un rayo de luna.

No buscaba llamar la atención, pero la serenidad que emanaba hacía imposible ignorarla.

—Mi talento es… Yin Nutritivo.

Una brisa fría recorrió la sala.

No helaba: era como sumergir la conciencia en agua clara después de un largo día.

Varias chicas parpadearon, confundidas por el súbito orden que sentían en sus pensamientos, como si una idea que llevaba horas atorada finalmente se acomodara por sí sola.

Entonces, detrás de Luo, una media luna escarlata tomó forma.

No ardía.

No devoraba luz.

No proyectaba sombras malignas.

Simplemente existía.

Y aquella existencia transmitía una advertencia primitiva: un recordatorio instintivo de que la luna, por más hermosa que sea, no tolera ser ofendida.

Kaede se estremeció.

—Luna… ¿Carmesí?

Luo llevó dos dedos a su pecho con un gesto medido, casi ceremonial.

—Despertó cuando se abrió mi Mar de Conciencia.

No me domina ni exige nada.

Es… una extensión natural de mi linaje.

Una marca lunar.

Si señalo a una bestia, parte de su esencia responde a mí.

No la reclamo… a menos que me ataque.

Alzó la mano.

Entre sus dedos floreció un resplandor rojo, tenue como una emoción reprimida.

—Esa esencia se condensa en lo que llamo Luz Carmesí.

No cura el cuerpo, sino el alma y la mente.

Restaura claridad, apaga interferencias, calma emociones.

Y si una criatura es hostil… la Luna Carmesí debilita su voluntad.

Solo un instante.

Solo lo suficiente para que retroceda.

La media luna vibró levemente, como aceptando la explicación, y se disipó sin dramatismo.

Yami asintió con calma absoluta.

—Mientras siga siendo tuya, no existe problema.

No expresó sorpresa ni inquietud.

Para él, el poder dependía del portador, nunca al revés.

Y Luo… Luo era la clase de persona cuya compostura era más firme que el propio jade.

Ella inclinó la cabeza con serenidad impecable.

Entonces Hei dio un paso al frente.

Su aura cálida contrastó con la frialdad lunar, como si el amanecer caminara hacia la noche.

—Igual que Luo, seguí el método que nos enseñaste.

Al completar los Huesos de Jade, el yang en mi cuerpo se alineó por sí solo.

Mi Mar de Conciencia se abrió sin resistencia.

Mi talento es… Yang Impulsor.

El aire se volvió más cálido.

Pero no era fuego: era vitalidad pura.

El tipo de calor que hace crecer la hierba, que despierta a las montañas tras el invierno.

—Mi cuerpo reacciona a la agresividad —explicó—.

Cuanto más feroz la bestia, más fuerte me vuelvo.

El yang se enciende.

Mi fuerza aumenta.

Mi resistencia se multiplica.

Kiana silbó, impresionada.

Grayfia observó con ojos fríos y analíticos, como si ya estuviera calculando el potencial marcial de Hei.

Yami las contempló a ambas durante un largo instante.

—Sol y luna —murmuró—.

Yin y yang.

Ustedes dos… avanzaron exactamente como era debido.

Luo, compuesta como una estatua de jade, inclinó ligeramente la cabeza.

Hei sonrió con orgullo silencioso.

El resto del grupo las observaba con respeto contenido.

Después de todo, solo mediante la completitud de los Huesos de Jade, era una proeza que la mayoría de cultivadores jamás alcanzaba ni en toda una vida.

Y ahora Luo, para colmo, portaba una Luna Carmesí cuya presencia no amenazaba, pero tampoco podía ignorarse.

No gritaba.

No pedía obediencia.

No buscaba destruir.

-Ya sea Luo o Hei… ambas son candidatas perfectas para el caldero —se dijo con un pensamiento que rozaba la perversión, aunque acompañado de una alerta interna.

Ambas eran sus sirvientas, y en el futuro podía surgir la posibilidad de que se entregaran a él.

“Parece que debo intensificar su entrenamiento… y, al mismo tiempo, fortalecerme yo mismo”, concluyó, con la cautela y la ambición entrelazadas en su mente.

Aquí tienes una versión corregida, más fluida, más elegante y totalmente acorde al tono xianxia, manteniendo todo el contenido que quieres, pero mejor estructurado y sin errores: El aura que exudaban Luo y Hei era realmente atractiva; cualquiera con sangre caliente habría sentido el impulso.

Y Yami no fue la excepción.

Impulsado por un instinto que no supo contener, saltó de los brazos de Mingxuan.

Una vez más, ante todos apareció el joven shota… pero esta vez no duró.

Antes de que Baiheng pudiera soltar algún comentario burlón, Yami entró directamente en su modo de combate.

Una nube de humo oscuro se expandió desde su cuerpo, densa, viva, cargada de qi.

Cuando se disipó, un joven de diecisiete o dieciocho años se alzó ante sus ojos.

Las chicas se quedaron boquiabiertas.

Solo Luo, Hei y Kaede permanecieron sin sorpresa.

Aun así, incluso ellas sintieron cómo algo en su interior se comprimía.

Porque aunque Yami solo tenía los Huesos de Jade parcialmente transformados, el aura que liberó era demasiado sólida, demasiado estable, demasiado perfecta… un fundamento tan aplastante que despertó en ambas una sensación involuntaria de impotencia.

Y su apariencia no ayudaba.

El propio Yami no era consciente, pero Luo y Hei eran maestras en ocultar sus emociones.

Por fuera estaban tan serenas como siempre; por dentro, el impacto era innegable.

Él, por su parte, simplemente eligió un lugar cómodo y se sentó.

El Yami actual tenía la verdadera imagen de un joven cercano a los dieciocho años: sin rastro de infantilidad, con rasgos definidos y una presencia que ya no podía clasificarse como tierna.

La ternura del shota había desaparecido, sustituida por la vitalidad peligrosa de un adolescente en pleno esplendor.

Esa mezcla despertó instintos que ninguna de las chicas esperaba sentir.

Su temperamento también había cambiado.

Los linajes que cargaba influían directamente en su qi y en su conducta: el Qilin aportaba serenidad; el Jinglong demonio inmortal, ferocidad pura; las líneas sayayin y deviluke añadían una fuerza salvaje y un carisma innato.

Todo eso provocaba un contraste casi antinatural: una calma profunda que ocultaba una brutalidad latente.

Una quietud que podía transformarse en caos devorador en un instante.

Ese choque de naturalezas formó un encanto extraño, imposible de ignorar.

Y así, las jóvenes lo miraban… embelesadas, confundidas, y peligrosamente atraídas.

Ante la confusión de todas, Yami les indicó que se acercaran.

Aunque el cultivo acelerado había desarrollado sus cuerpos más rápido que la media, Hei y Luo seguían siendo las más avanzadas, con figuras que rondaban los diecisiete o dieciocho años.

Poseían un encanto juvenil y atrayente, pero aún no habían alcanzado la plena madurez.

En apariencia, eran casi adultas… y si alguien denunciara esto, nadie sería arrestado por fundición de cobre; su atractivo residía solo en su presencia.

Cuando ambas se acercaron, Yami las tomó del brazo y las atrajo hacia él.

Sus manos se posaron suavemente sobre sus delgadas y esbeltas cinturas.

El contacto hizo que ambas se sonrojaran de inmediato.

Sin detenerse, Yami comenzó a circular su qi y sangre, generando una resonancia con las dos jóvenes.

La energía las relajó y, aunque al principio hubo un ligero sobresalto, pronto comprendieron y dejaron que su propia energía fluyera para armonizar con la de él.

La sincronización no fue perfecta: una ligera decepción recorrió sus sentidos, pero no la notaron conscientemente.

En cuestión de minutos, la tensión cedió y el ambiente se volvió silencioso.

Yami abrió los ojos y las separó con suavidad.

Suspiró.

—Parece que tenía razón —dijo—.

Ustedes dos son verdaderos calderos de alta calidad.

Sus palabras resonaron con autoridad, y la seriedad de su tono hizo que no quedara lugar a malinterpretaciones.

—Bien —continuó—.

A partir de hoy, deberán asistir a mi sala de trabajo al menos dos horas al día.

Además, he decidido que ambas definitivamente formarán parte de mi harem.

No se quejaron del tono autoritario de su maestro; lo sabían.

Él era quien decidía su futuro, y ellas no tenían razón para oponerse.

En el fondo, eran conscientes de que, de alguna manera, formaban parte de su propiedad.

Sin embargo, curiosamente, no sentían resentimiento.

Los años siguiendo a aquel joven las habían llenado de un cierto afecto y apego, y ninguna de las dos objetaba aquel destino que Yami había decidido para ellas.

Aun así, había algo que les provocaba una sonrisa contenida.

Era bien sabido que el temperamento del pequeño maestro era de alto ataque y escasa defensa, o al menos eso creían las chicas.

En cierto modo, era cierto, pero había una explicación que ellas desconocían: Yami era tímido en ciertos aspectos y poseía principios y valores que no estaba dispuesto a alterar, aunque eso implicara exponerse de alguna manera.

A veces, mientras se concentraba, Yami murmuraba para sí mismo nombres y conceptos como: “Mínimo diecisiete o dieciocho años… fuera demonios, inhala, exhala… Amitabha, Buda, Gaotian…”, recordatorios internos que le ayudaban a mantener el control y no sucumbir a la tentación.

Aquí tienes el fragmento con la razón añadida de forma natural y sin romper el estilo: Tanto Luo como Hei se quedaron al lado de Yami, pero este ya había regresado a su estado de pelota caniche, así que volvieron a revisar a las otras chicas.

Todas estaban en nivel Oro, incluso Klee y Lamba.

Eran las hijas predilectas de sus respectivos mundos, dotadas de comprensión y talento.

La única ventaja real de Luo y Hei era que llevaban más tiempo practicando.

Una vez terminada la revisión, llegó la recompensa para las dos chicas que habían roto los huesos hasta el grado de Jade y abierto con éxito el Espacio de Doma.

Para Luo sería un Lunamon, y para Hei un Coronamon, que habían nacido y evolucionado por su cuenta.

—Asia, ¿los veinte huevos de dragón diferentes que te di eclosionaron todos?

Asia pensó un momento antes de responder: —¿Hablas de los últimos que sacaste?

Doce nacieron: tres machos y nueve hembras.

Actualmente se han separado y están bajo el mando de los Salvajebestias.

Los otros ocho todavía no nacen.

Ah, y la razón por la que crecieron tan rápido es la comida de Dragón City que preparaste; con ella su metabolismo se dispara.

Por eso, aunque son jóvenes, las nueve hembras ya están preñadas.

—Bien.

Index, informa a los clones que traigan tres huevos no eclosionados.

—Entendido —respondió la IA.

Index era la inteligencia central de la Fortaleza X.

¿Por qué “X”?

Simple: era la base central, y según Yami, sonaba más guapo.

Ingvild intervino: —Esos dragones son como cualquier otro.

Si quieres fortaleza, los dragones rosa que no has sacado del almacén son más fuertes.

Yami negó: —No son dragones comunes.

Estos están más centrados en la magia y nacen con el poder del contrato.

Cuando eligen a su par o compañero, establecen un vínculo para compartir poder.

Según las investigaciones, ese vínculo no necesita un Espacio de Bestias, y su potencial depende de cómo sean criados y el vínculo con el.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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