Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 69
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- Capítulo 69 - 69 Otra metida de pata 69
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69: Otra metida de pata 69 69: Otra metida de pata 69 Durante un mes y medio, Yami se mantuvo aislado del mundo, sin ver el sol ni escuchar otra voz que no fuera la suya.
Su respiración, su pulso y el sonido tenue de su qi circulando eran los únicos testigos de las horas interminables dedicadas al proceso de forjar e integrar los tres artefactos restantes.
El primero en completarse fue el Escudo Abisal del General Xuanwu.
Cuando el artefacto se fundió con su brazo izquierdo, la integración no fue una simple absorción: una oleada de presión fría subió por los meridianos hasta su mar espiritual.
Allí, las aguas oscuras comenzaron a agitarse como un océano respondiendo al llamado de un rey perdido.
La pequeña bestia del norte —antes inmóvil y silenciosa— abrió los ojos.
El ambiente tembló.
Desde las profundidades del abismo interno emergió lentamente un palacio de piedra negra, cargado de una majestuosidad pesada y antigua.
Cada bloque parecía contener eras de paciencia, resistencia y silencio.
El palacio ascendió hasta ocupar el extremo norte del cielo interno, fijándose allí como un pilar de estabilidad absoluta.
La llegada de la Lanza Qinglong provocó un despertar muy distinto.
Cuando la punta afilada se hizo una con su brazo derecho, un pulso expansivo salió disparado hacia su alma.
En el este de su mar espiritual, el diminuto dragón azure —enroscado alrededor de un árbol marchito— levantó la cabeza con elegancia.
Solo ese gesto bastó para que todo cambiara: el árbol reverdeció al instante, como si hubiese esperado siglos por ese momento.
Su tronco se expandió, las ramas se llenaron de hojas jóvenes, y desde su base surgió un palacio de jade verde, translúcido como una esmeralda viva.
El viento sopló alrededor de él, suave y constante, trayendo movimiento, flujo y vitalidad.
El qi dentro del mar espiritual, antes denso y turbulento, comenzó a fluir con dirección clara, como ríos encontrando al fin su cauce.
El Arco Bermellón fue distinto a todo lo anterior.
A diferencia del frío del norte o del viento del este, lo que nació en ese instante fue un calor dulce, envolvente, purificador.
Al integrarse, un temblor recorrió el cielo y el pequeño Zhuque abrió sus alas.
Las llamas suaves que lo rodeaban no quemaban, sino que iluminaban.
Su canto —agudo, puro— hizo vibrar la bóveda espiritual y desde las brasas se formó un palacio rojo, brillante, ascendente como un sol naciente.
Con él llegó una claridad mental que Yami no recordaba haber sentido desde que su alma se fracturó.
Cada pensamiento adquirió nitidez, cada emoción se volvió más transparente.
Con los palacios del norte, este y sur en sus posiciones naturales, las energías comenzaron a confluir inevitablemente hacia el centro.
Allí, la montaña del Qilin —la esencia pura de tierra, origen y destino— tembló.
La piedra gris, agrietada por las divisiones del alma y los procesos de refinamiento previos, volvió a cobrar vida.
La hierba revivió como un soplo de primavera; las flores renacieron como si jamás hubieran sido arrancadas; y el Qilin, que había dormido en silencio durante tanto tiempo, abrió los ojos.
Cuando lo hizo, una llama dorada nació bajo sus pezuñas.
El corazón del Qilin latió.
Ese latido no pertenecía al plano físico, sino al destino mismo del Yami original.
La llama que surgió —un fuego de vida, muerte, renacimiento e inmortalidad— encendió su qi y su sangre.
Lo obligó a moverse como si siguiera un mapa antiguo, una rutina sagrada inscrita en la memoria de los grandes refinamientos.
El qi descendió al hígado, despertando el verde de la madera.
Se elevó al corazón, avivando el rojo profundo del fuego.
Cayó al bazo, generando la fuerza amarilla de la tierra.
Fluyó a los pulmones, activando el blanco puro del metal.
Terminó en los riñones, donde el agua negra y profunda se hizo más densa y viva.
Al mismo tiempo, su columna —eje espiritual, sostén cósmico del cuerpo interno— comenzó a brillar con patrones solares y lunares.
Dorado y plateado.
Yin y Yang.
Día y noche.
Cada vértebra se transformó en un sello viviente, encargado de equilibrar esas fuerzas opuestas, expandiendo un pequeño mundo interno que antes colapsaba cada vez que intentaba formarse.
Esta vez… no colapsó.
La presencia conjunta de las cinco bestias estableció la autoridad del origen.
Sus huesos de jade actuaron como pilares del plano naciente, mientras el flujo elemental, ya corregido y estabilizado, se convirtió en una malla de leyes internas que sostuvo la estructura del pequeño mundo.
Un horizonte se manifestó.
La luz y la sombra dejaron de oponerse y comenzaron a entrelazarse según el ritmo del Yin y el Yang.
El aire interno circuló de forma autónoma, completando el ciclo de respiración del plano.
En ese instante, aquel espacio dejó de ser una construcción incompleta y adquirió las características fundamentales de un mundo vivo.
Al mismo tiempo, el patio donde residía el reflejo del Verdadero Yo se reconstruyó desde su esencia.
El mural del dragón no solo resurgió, sino que se volvió tridimensional, impregnado de intención y voluntad.
En el fondo del lago, las dos carpas reaparecieron, nadando en trayectorias complementarias, manteniendo el equilibrio perpetuo del Yin y el Yang.
Cuando el proceso alcanzó su culminación, los palacios flotaban en perfecta armonía dentro del espacio mental.
El pequeño mundo giraba lentamente dentro del punto de acupuntura del corazón, que actuaba como núcleo y eje de resonancia.
En ese momento, el sello que lo mantenía restringido se disolvió por completo.
El corazón fue liberado.
Al despertar, Yami percibió con claridad el colapso y la reconstrucción de múltiples etapas de cultivo.
La primera en romperse fue la etapa de Huesos de Jade: la estructura ósea emitió un sonido profundo, similar al choque de metales divinos, mientras cada hueso se refinaba hasta alcanzar una dureza y conductividad espiritual perfectas.
Sin transición alguna, el refinamiento de las vísceras se activó de forma simultánea.
Los cinco órganos internos resonaron entre sí, generando qi elemental puro —madera, fuego, tierra, metal y agua— que se integró directamente en las vísceras.
El proceso, que normalmente requería largos ciclos de consolidación, se completó en cuestión de segundos bajo la autoridad conjunta del pequeño mundo interno y las cinco bestias.
Con ello, se desencadenó la verdadera resonancia del temple corporal.
El qi y la sangre abandonaron su estado ordinario y entraron en un ciclo de circulación mayor, conectando piel, músculos, huesos y vísceras en una sola unidad.
El cuerpo entero se transformó en un campo de batalla interno: el qi y la sangre rugían como un mar embravecido, donde tigres y dragones se manifestaban como fenómenos de intención marcial.
Cada latido del corazón era un tambor de guerra; cada impulso, un relámpago atravesando los meridianos.
Este estado no era una simple acumulación de poder, sino una unificación completa del cuerpo, la energía y la voluntad.
Cuando la resonancia alcanzó su punto máximo, el punto de acupuntura del corazón se abrió por completo.
El qi dejó de estar confinado al ciclo corporal ordinario y comenzó a interactuar directamente con las leyes internas del pequeño mundo.
En ese instante, Yami cruzó el umbral.
Abandonó definitivamente el dominio mortal y entró en la Primera Etapa Más Allá de lo Mortal.
> Yami suspiró y se levantó para salir… pero antes de reaccionar, su cuerpo se impulsó con demasiada fuerza y terminó estrellándose de frente contra la pared.
Se quedó quieto unos segundos, con la frente apoyada en el frío muro.
—Tch… —chasqueó la lengua con fastidio—.
Debo controlar mejor mi fuerza.
Cuando por fin logro controlar su cuerpo salio de la habitación donde se recluia.
Lo primero que vio fue la espalda de una chica; esta estaba usando su laboratorio para preparar pociones.
A juzgar por los materiales, era una Poción de Vida Ligera.
Cuando se acercó, entonces se dio cuenta de que su altura había aumentado: de un pequeño mocoso de cerca de 1.05 m pasó a 1.42 m, acercándose a la altura actual de Kaede, que rondaba 1.52 m.
Yami no pudo evitar quejarse.
—En mi versión de anime tengo dieciséis y mido uno cincuenta… y aquí, a los diez, ya tengo trece y mido uno cincuenta y dos.
Cuando ella terminó, Yami consiguió un banquito y, a una velocidad que no le dio tiempo de reaccionar, tomó la cintura de Kaede y apoyó la cabeza sobre su hombro.
Si alguien los viera, parecería un marido coqueteando con su esposa Kaede, sobresaltada, al darse cuenta de su posición actual, se sonrojó.
—Maestro… ¿usted está…?
—preguntó, sonrojada y temblorosa.
Mientras prestaba atención al auge sobre su cabeza, que se movía como si tuviera vida, movió su mano desonestamente sobre su abdomen , lo que la puso aún más nerviosa.
—Evalué la calidad del desarrollo de mi pequeña sirvienta… —suspiró—.
Siento que, si sigues desarrollándote así, …suspiro- siento que si sigues desarrolladote asi no tendré que esperar hasta los 18 para comerte.
Kaede, roja como un tomate, había olvidado su propósito y se dejo abrazar.
Yami, por su parte, tuvo una idea.
—Esta chica es un emperador europeo entonces mientras inhalaba con habides la fragancia de la chica abrió el panel del sistema.
Puntos de suerte: Total: 11 950 Entonces vendió 50 puntos de suerte.
Ding.
Puntos de suerte: 11 900 Puntos totales: 25 000 Luego compró 10 sorteos por un valor de 10 000 puntos.
Puntos totales restantes: 15 000 Entonces una de sus manos abandono con delicadeza el menton de la chica, cuando ambos se vieron a los ojos sus labios se tocaron.
Entonces, una de sus manos abandonó el cálido jade y agarro con delicadeza tomó el mentón de la chica.
Cuando ambos se miraron a los ojos, sus labios se tocaron.
La imagen era hermosa pero cómica, el niño que tenia que recurrir al banquito para alcanza a la chica y por su parte la chica tenía el aure tan recto que parecía una antena y su cuerpo estaba tan rígido que parecía una estatua de madera, no fue hasta que La imagen era hermosa, pero también cómica: el niño tenía que recurrir al banquito para alcanzarla y, por su parte, la chica tenía el auge tan recto que parecía una antena, con el cuerpo rígido como una estatua de madera, hasta que la lengua de yami asalto la boca de la niña que esta paso de la rígidas extrema hasta un charco de gelatina que tuvo que ser sostenida para mantenerse en pie.
Unos minutos mas tarde los sus labios se separaron, solo un hilo de plata que conectaba sus bocas fue la prueba de su interacción.
Al ver el delicado rostro sonrojado, con ojos brumosos llenos de encanto que lo tentaban a probar más, este la cargo estilo princesa, la llevó al sofá, donde se sentó con la chica donde este se sentó con la chica en su regazo.
Kaede, todavía como gelatina, no dijo nada y se dejó manipular como un títere sin resistencia alguna.
La postura era sugerente pues él estaba sentado y ella rodeaba su cintura con las piernas.
Entonces Yami regresó la mirada al hermoso rostro de la joven.
Al notar su gesto, la chica, visiblemente nerviosa, cerró los ojos y tensó el cuerpo, preparándose para recibir otro ataque.
Sin embargo, él mantuvo las manos firmes sobre su cintura y no hizo nada más.
El silencio se alargó apenas un instante.
Poco a poco, una sonrisa pícara se dibujó en el rostro de Yami; una expresión difícil de descifrar, mezcla de diversión y curiosidad.
Sin decir palabra, apartó la mirada del rostro de la joven y la dirigió al panel translúcido del sistema que flotaba frente a él.
Con un simple pensamiento, activó la interfaz.
El gacha comenzó.
Una a una, luces de distintos colores empezaron a surgir, girando y superponiéndose en patrones caóticos.
Entonces, Yami frunció el ceño.
—…Mierda.
Yo no fundo cobre —murmuró, desconcertado—.
¿Qué está pasando conmigo?
¿Será que me relajé demasiado?
Su mirada se volvió más profunda, analítica.
Algo no cuadraba.
Ignorando todo lo demás, Yami apartó a Kaede suavemente a un lado.
La ligereza anterior desapareció por completo; en su lugar, una expresión seria se apoderó de su rostro.
—Debo regresar a la reclusión —dijo, con voz baja pero firme.
No hubo dramatismo ni explicación adicional.
Solo una certeza tranquila, pesada como una decisión ya tomada.
Se levantó y regresó al cuarto sin mirar atrás.
Kaede se quedó sola.
Tímida.
Desconcertada.
Por un instante pareció querer decir algo, pero las palabras no llegaron.
Infló las mejillas con un leve resentimiento, un gesto infantil y adorable que contrastaba con el silencio que Yami había dejado atrás.
Entonces, el mundo exterior desapareció.
— Yami se sentó con las piernas cruzadas y dejó que su conciencia descendiera.
No al mar espiritual.
No al núcleo.
Más abajo.
A los meridianos.
Lo que encontró lo obligó a contener la respiración.
Corrientes invisibles de emoción negativa fluían hacia su cuerpo.
No lo hacían de forma violenta, ni caótica.
Era algo peor: una insistencia silenciosa.
Miedo sin dueño.
Resentimiento residual.
Ecos de crueldad abandonados por los muertos.
Todo aquello convergía hacia él… y se detenía.
No era absorbido.
En los puntos donde el Espíritu Marcial Misterioso debería haber devorado esas emociones, una presión distinta se interponía, firme y constante.
El pequeño Qilin.
No estaba actuando con intención.
Solo suprimía, por instinto.
Las emociones se acumulaban en los meridianos, comprimidas, sin salida.
Cada latido hacía que vibraran levemente, como si buscaran una grieta por donde escapar.
No causaban dolor inmediato, pero la presión era clara.
Peligrosa.
Yami permaneció en silencio un largo rato.
Pensó.
Finalmente, decidió intervenir.
Su poder espiritual avanzó con cautela hasta entrar en contacto con el pequeño Qilin.
Era la primera vez desde que lo había visualizado —desde que aquella conciencia había despertado— que Yami tomaba la iniciativa.
El resentimiento lo golpeó de inmediato.
No era odio.
Era reproche.
Un sentimiento nacido de su propia imprudencia, de las decisiones autodestructivas que había tomado una y otra vez.
El pequeño Qilin no quería dañarlo.
Quería protegerlo.
Yami lo comprendió.
—Tienes que aceptar esto —dijo, no con palabras, sino con intención—.
La esencia de todo está en la dualidad.
Nada permanece estático.
Imágenes y conceptos fluyeron hacia el Qilin.
Abundancia… atrae decadencia.
Crecimiento … y desgaste.
Luz… y sombra.
—Después de la abundancia, la tierra debe descansar, sino la tierra perdera nutrientes y traera decadencia —continuó—.
Y la justicia… la justicia sin control puede convertirse en uno de los mayores males.
La represión absoluta no era equilibrio, era negación a la ley natural.
—Reprimirlo todo solo hará que se acumule —concluyó—.
A veces… es mejor soltar que contener.
El resentimiento del pequeño Qilin comenzó a disiparse lentamente.
No desapareció por completo, pero se suavizó, transformándose en comprensión y pensamiento.
Las corrientes emocionales dejaron de vibrar con tanta tensión.
Por primera vez, encontraron una salida, el espíritu marcial misterioso se manifesto en los meridianos..
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