Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 71
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71: 71 Nuevos cambios 71: 71 Nuevos cambios Esta vez, cuando salió, había un grupo de chicas con las manos en la cintura y el pecho inflado, como un cardumen de peces globo listos para explotar.
—Eto—, ¿conoces tu error?
Yami la esquivó con naturalidad mientras respondía: —Error sería decirle a tu amo que está equivocado.
—¡Sinvergüenza, lólicon!
—gritó Yaya, furiosa—.
¿¡Qué le hiciste a la pequeña Kaede!?
Yami volvió a apartarse con calma.
—Solo le di una probadita.
—¿De verdad vas a dar ese paso…?
—intervino Bai Heng, observándolo con atención—.
¿Dejarás de ser un niño?
Yami se escabulló entre ellas.
De la nada sacó un libro grueso y lo alzó con solemnidad.
—Pequeño zorro, conoce el poder de la sabiduría.
Plop.
La chica cayó de cuclillas, sujetándose la zona golpeada con una expresión mezcla de dolor y humillación.
—Si realmente quieres dar ese paso… —dijo Eto, entornando los ojos— ¿por qué no me buscas a mí?
¿Es por mi linaje?
Esta vez Yami no esquivó.
Usó la técnica definitiva: una palmada letal en la cabeza.
—No te preocupes.
Tu turno llegará —dijo con tranquilidad—.
Todas tendrán su parte, pero deben esperar.
No te pongas celosa como Yaya… o como Rongrong, que usa a Yaya para tantear el terreno.
—…¿Espera, qué?
—balbuceó Yaya.
Detrás de una puerta, un par de orejas de zorro asomaron tímidamente.
Era Rongrong, quien acababa de ser apuñalada sin piedad por las palabras de su maestro.
Una vez más, Yami avanzó, deteniéndose frente a Kaede.
—¿Ya no te escondes?
Inflando tiernamente las mejillas, la joven negó con la cabeza.
—Nunca me escondí.
Solo notaron mi rareza… y caí en la trampa de Rongrong.
Ella adivinó algo, y aquí estamos.
Yami volvió a usar la palma “matadora”.
Con habilidad, tomó la barbilla de la joven y le dio un ligero piquito.
Yami volvió a usar la palma “matadora”.
Con habilidad, tomó la barbilla de la joven y le dio un ligero toque en la frente.
—Más tarde te daré una recompensa.
Me ayudaste mucho, mi pequeña sirvienta.
Ignorando a la chica completamente sonrojada y a las demás —que claramente querían asesinar al descarado—, Yami se marchó con total gracia.
Ding.
Felicitaciones al anfitrión por obtener el título: 《Maestro del Crisol Rojo》 Efectos: +30 % de afinidad con entidades de apariencia infantil −10 % de afinidad con figuras tutelares Ligero aumento en la especialidad de refinamiento de materiales metálicos Yami …..
Follame!
Sistema de mierda Ding.
Se han detectado blasfemias reiteradas.
Reactivando función de castigo.
Sorteando penalización… Ding.
Resultado confirmado.
El anfitrión será transportado a un barril de excremento durante 15 minutos.
—Yami—.
Espera… ¿qué?
—3… 2… 1… Yami reaccionó al instante y cerró la boca.
—¡Mmmp—!
Su figura se desdibujó y reapareció en un espacio oscuro, estrecho y nauseabundo.
…… Quince minutos después, Yami volvió a materializarse en su habitación, cortesía del sistema.
Antes de que el hedor pudiera extenderse, controló su qi y su sangre.
En su mar interno, la pequeña tortuga rugió.
El atributo de qi y sangre se transformó abruptamente en hielo.
Una capa cristalina cubrió la superficie de su cuerpo.
Con un movimiento seco, el hielo se pulverizó.
Con otro gesto, una ráfaga de viento se elevó, formando un pequeño tornado que arrastró el polvo helado contaminado.
Yami sacó una vasija, selló el contenido y se deshizo de ella sin la menor vacilación.
El entorno volvió a la normalidad, como si el episodio nunca hubiera ocurrido.
Yami permaneció inmóvil unos segundos más, regulando su respiración hasta que el pulso recuperó un ritmo estable.
—Sistema —dijo con voz calmada—.
No esperabas que conociera la Técnica de Respiración de la Tortuga, ¿verdad?
Ding.
—Debi— —¿No dije nada?
—interrumpió Yami, sin elevar la voz pero con urgencia.
…… El sistema guardó silencio.
Al darse cuenta de que no sería castigado, se infló, adoptando la misma expresión que tenían las chicas cuando lo rodeaban.
Era el típico pensamiento de “ya fui golpeado; las nubes se despejan, el sol sale por el oeste y puedo hacerlo de nuevo”.
—Supongo que es hora de probarlo —se dijo a sí mismo.
Entonces comenzó a expandir su poder mental.
Diez metros.
Cien.
Mil.
Diez mil.
Hasta alcanzar un diámetro de quince mil metros.
Cuando concentraba su atención en una sola área y condensaba su poder mental en una línea, esta se extendía cinco veces más lejos.
Luego, volvió su atención a la sala donde aparentemente lo estaban esperando.
Fijó su mirada interior en el pequeño patio donde se encontraba el Verdadero Yo, y después regresó su atención al mural del dragón, donde estaban señalados los ocho meridianos del dragón y los posibles caminos.
Allí, tallado con claridad, se encontraba su patrón de mago.
—Parece que es hora —se dijo.
Una vez más activó el patrón de mago.
Usó su poder mental para controlar el Wakfu y, esta vez, decidió armonizar sus energías.
Especialmente porque había tomado la decisión de que el camino del mago y el Wakfu sería uno de sus senderos principales.
Comenzó a integrar el Wakfu previamente sellado en su qi y su sangre.
Este empezó a circular por su ser, ciclo tras ciclo.
El cuerpo comenzó a cambiar.
La energía espiral, previamente integrada, empezó a manifestarse.
El Wakfu era una forma de energía vital, un aura en constante cambio.
La energía espiral, en cambio, era una voluntad que buscaba la trascendencia consciente: empujaba y guiaba el cambio de acuerdo con la voluntad de su portador.
Cuando cada parte del cuerpo fue bañada por estas energías, Yami activó el Flujo Interno Qilin del Fin de la Ley, ubicado en el corazón.
En ese instante, el corazón albergaba un pequeño mundo, un reflejo del estado actual de su mar espiritual.
Dentro de ese mundo comenzó a aparecer una pequeña chispa: la manifestación de la técnica.
Como una ballena que abre la boca para absorber agua, el sello empezó a devorar el qi y la sangre.
Una vez más, se sentó con las piernas cruzadas.
El qi y la sangre de todo su cuerpo —excepto la porción integrada en el dantian inferior junto a las diez pequeñas llamas y los dos remolinos— comenzaron a fluir hacia el centro.
Se desató una extraña competencia entre los dos dantians por el control del qi y la sangre.
Esta vez, no hubo preocupación.
Yami sabía lo que venía.
El Yami actual parecía una momia.
Si no fuera por el brillo antinatural de sus ojos, cualquiera pensaría que se trataba de un cadáver reseco.
Entonces ocurrió.
Los dos remolinos, uno dorado y otro incoloro, comenzaron a fusionarse y condensarse en un único punto.
Luego, fueron seguidos por los demás fuegos fatuos.
Todas las energías convergieron y fueron devoradas por la llama incolora, que las condensó en un pequeño círculo.
En el punto de acupuntura del corazón, el dantian medio —donde mente y cuerpo se fusionan— ocurrió algo similar.
Todo el pequeño mundo fue devorado.
En lugar de una llama, lo que quedó fue un grabado de yin-yang.
En el dantian superior, donde residen la ley y la mente, los cinco pequeños mostraron emociones de preocupación.
Los tres dantians formaron una resonancia, estableciendo un vínculo profundo.
Primero fue el corazón.
Los dos grabados comenzaron a girar cada vez más rápido, buscando integrarse y fusionarse.
Cuando el yin y el yang se unieron, nació el caos.
Antes de que algo saliera mal, la mitad de las gotas de sangre inmortal que no habían sido absorbidas fueron expulsadas del cuerpo de Yami.
Estas formaron runas extrañas que, poco a poco, dieron lugar a un capullo de sangre y símbolos, pero antes de que el sello se complete cierto pequeño dragón que acababa de nacer se escabulló y se recostó sobre las piernas cruzadas de yami.
En el dantian superior, el mar espiritual donde dominaban las cinco bestias inició un nuevo ciclo.
En el pequeño patio donde descansaba el reflejo del Verdadero Yo, la conciencia de Yami se fusionó con ese reflejo.
Se formó otro capullo, resguardado por las bestias.
En el dantian medio, donde esencia y espíritu se mezclan, el pequeño mundo se contrajo y comprimió hasta que apareció un condensado de energía.
Entonces sucedió.
La sangre inmortal fue completamente drenada.
Con un crack, los dos primeros puntos explotaron.
Corrientes de energía se liberaron en dos pequeñas explosiones.
Todos los órganos, e incluso los huesos de jade, fueron destruidos.
El trabajo de Yami consistía en controlar esa energía e integrarla.
Debía soportar la destrucción y la reconstrucción.
Y no ocurrió una sola vez.
Como una onda que iba y venía, el proceso se repitió una y otra vez.
Debido al capullo de runas, la energía no podía escapar.
La Cadena del Cielo, que había permanecido oculta en su cuerpo, fue forzada a manifestarse y corrió la misma suerte que su cuerpo y los otros cinco artefactos y el pequeño dragon.
Pasaron varias horas hasta que todo terminó.
Cuando Yami abrió los ojos, dos rayos de luz turquesa salieron disparados de sus pupilas.
—¡Mierda!
Yami gritó del susto.
La pequeña Cintia casi fue asesinada; si no se hubiese agachado en el momento correcto, habría muerto atravesada por los dos rayos de energía.
Al ver la mirada resentida y asustada de la pequeña, Yami se rascó la cabeza con vergüenza.
Después de calmarla —no sin dificultad— y de que Cintia alcanzara un estado juvenil, tras una serie de tratados desiguales, Yami por fin pudo examinar los cambios.
Primero, Cintia.
Había crecido hasta alcanzar un tamaño de diez metros, lo suficiente como para ser montada.
Sin embargo, podía alterar libremente su tamaño y su forma.
Además, había heredado una técnica de cultivo del alma directamente de Yami.
Esta técnica era una de las que se fusionaron para crear el Baluarte Caótico de la Bestia Divina.
Se trataba de las Setenta y Dos Transformaciones del Dragón, una técnica enfocada en el cultivo del alma, donde cada cambio en esta se refleja directamente en el cuerpo físico.
 Su forma principal era la de un dragón esbelto y elegante, con un cuerpo alargado similar al de un Jinglong, cubierto por escamas negras profundas, atravesadas por vetas doradas que recorrían su cuerpo como circuitos vivos.
Estas venas brillaban con mayor intensidad a medida que su linaje se purificaba, revelando la nobleza de su origen sin necesidad de una ostentación excesiva.
De su cabeza brotaban astas de ciervo, suaves y armónicas, irradiando un tenue resplandor dorado en las puntas.
Sus ojos, de un tono ámbar intenso, parecían contener inteligencia y conciencia propias.
Las alas, de estructura claramente occidental, se desplegaban con membranas oscuras surcadas por finas líneas de energía dorada, otorgándole una presencia imponente sin romper la elegancia natural de su figura.
A pesar de ello, su apariencia no se inclinó hacia el dorado absoluto de Jinglong.
Por preferencia personal, optó por una combinación más sobria: negro con dorado, una estética que consideraba más refinada… o al menos, eso fue lo que le dijo a Yami.
Las Setenta y Dos Transformaciones del Dragón eran una técnica profundamente ligada al alma.
No se trataba de un simple cambio físico, sino de una reconfiguración espiritual, donde cada forma era un reflejo directo del estado del alma.
Cuanto más poderosa se volvía el alma, más formas podía sostener sin colapsar su esencia.
En su estado actual, aún limitado por su desarrollo, solo podía adoptar formas pequeñas y de bajo consumo espiritual.
Entre ellas: Un ratón, conejos y pequeña serpiente.
Yami también experimentó varios cambios.
El dantian superior de Yami se manifestaba como un pequeño cosmos interno, estable y jerárquico.
Cinco palacios principales y cinco subpalacios se distribuían en perfecta armonía, sosteniendo la estructura del mar espiritual.
En los palacios centrales residían las cinco bestias supremas: Qinglong, Zhuque, Bai Hu y Xuanwu ocupaban las cuatro direcciones, mientras que el Qilin permanecía en el centro, como núcleo del Dao y eje absoluto de equilibrio.
De ellos emanaba el orden fundamental que regulaba la circulación de todas las energías.
Los subpalacios existían como extensiones subordinadas a ese sistema central.
Bai Zhao, Lei Niao, Feng Po y Wu Hei Long representaban fuerzas especializadas, mientras que el Lago del Reflejo, manifestación del Yin y el Yang, servía como punto de convergencia e integración.
A pesar de la magnificencia del conjunto, el dominio del Qilin —donde se reflejaba el verdadero yo de Yami— seguía siendo un patio sencillo y silencioso.
Allí, el lago ocupaba el centro, rodeado por una colosal estatua de dragón que se enroscaba a su alrededor como un guardián eterno.
Sobre el agua, los dos peces Yin y Yang giraban sin cesar, manteniendo un equilibrio inmutable.
Suspendido sobre el lago flotaba un huevo completamente transparente.
En su interior, un pequeño feto dormía profundamente, ajeno a todo, como si aguardara el momento exacto de su despertar.
Sobre el mar espiritual se extendía una nube incolora, atravesada por destellos de oro negro.
Al percibirla, su conciencia reconocía con claridad su nivel: cinco estrellas, firmes y estables.
Las piedras elementales reposaban en el fondo del estanque, integradas de forma natural al paisaje del alma.
En los confines del dominio, los pilares demoníacos habían sido reconfigurados en estructuras más densas y complejas; cada uno estaba destinado a soportar una Piedra Cosmos.
En el patio interior, siete espadas de distintos colores se alzaban, ya convertidas en pilares de principio: rojo, azul, verde, dorado, plateado, incoloro y gris.
La espada negra, en cambio, permanecía junto al reflejo del verdadero yo, silenciosa, sin integrarse al sistema.
Las masas continentales flotaban a la distancia.
En el mundo opuesto, los siete montículos se mostraban ahora más grandes y definidos.
Sobre cada uno se alzaba una figura ilusoria, atada por cadenas: las mismas cadenas que antes mantenían unidas las cuatro islas flotantes.
Sin embargo, aún no habían sido reconstruidos por completo.
Lo que emergía eran solo proyecciones, recuerdos del mundo que comenzaban a reaparecer, como formas que regresaban lentamente a la realidad mientras el proceso de reconstrucción continuaba.
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