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Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 72

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72: 72 nuevos cambios parte dos 72: 72 nuevos cambios parte dos En el dantian superior, el mar espiritual se mantenía estable, vasto y silencioso.

Allí residía el espíritu, el origen de su conciencia y el lugar donde las leyes nacían.

Las cinco bestias supremas continuaban dominando sus respectivos palacios, sosteniendo el equilibrio del pequeño cosmos interno.

El Qilin, en el centro, actuaba como eje absoluto, regulando el flujo de todas las leyes y evitando que una sola dominara sobre las demás.

Cada ley que se manifestaba en el mar espiritual no lo hacía de forma caótica.

Era creada, ajustada y refinada por la voluntad de Yami antes de descender.

El dantian superior no almacenaba energía común; allí solo existían principios, orden y control.

Era el dominio del espíritu, el lugar desde donde se decidía qué podía existir y bajo qué reglas.

Desde ese plano elevado, las leyes descendían lentamente hacia el dantian medio.

El dantian medio era el punto de conversión.

Allí, la esencia comenzaba su verdadera transformación.

La energía proveniente del dantian inferior perdía su forma original al atravesar ese espacio, despojándose de su naturaleza cruda para convertirse en sustancia estructural.

Bajo la guía de las leyes del dantian superior, esa esencia dio origen a un pequeño mundo.

Aún era incompleto.

En la superficie se extendía un páramo silencioso, sin vida visible, sin cielo definido ni estaciones claras.

Sin embargo, no estaba muerto.

En su interior, el mundo se mantenía activo, ajustándose constantemente para no colapsar bajo el peso de leyes que aún no podía sostener del todo.

El Wakfu fluía como una corriente invisible, reflejo directo del flujo vital del dantian superior.

Mientras ese flujo se mantenía en movimiento, el mundo conservaba su flexibilidad y su potencial creador.

Pero allí donde el Wakfu se acumulaba y dejaba de fluir, surgía inevitablemente su opuesto: la Stasis.

Una energía rígida, oscura y cristalina que detenía el crecimiento y destruía lo que había alcanzado su límite.

No era maligna; era necesaria.

Sin ella, el mundo habría sido devorado por una creación descontrolada.

Sobre ese equilibrio fundamental se superponían otros principios.

La Espiral empujaba al mundo a evolucionar, a crecer más allá de su estado actual, incluso cuando aún no estaba preparado.

En respuesta, la Antiespiral imponía límites, suprimiendo el exceso y evitando el colapso.

Ambas fuerzas no actuaban por voluntad propia, sino como mecanismos derivados de las leyes superiores.

Las piedras elementales se manifestaban como núcleos latentes, incrustados en el terreno árido, incapaces aún de formar biomas completos.

Las piedras cosmos orbitaban el núcleo del mundo como semillas selladas, conteniendo leyes mayores que aguardaban el momento adecuado para desplegarse.

El Yin y el Yang, proyectados desde el lago del reflejo del dantian superior, establecían ciclos rudimentarios que impedían que el mundo quedara atrapado en un único estado.

Los tallos celestiales descendían desde un cielo aún informe, mientras las raíces terrenales se extendían desde el núcleo hacia la nada, anclando el mundo a la existencia.

La Trinisette actuaba como un principio invisible, regulando nacimiento, desarrollo y extinción.

Este pequeño mundo no creaba leyes, las recibía y acataba, asi como en este se encontraba el núcleo de la técnica “Flujo Interno Qilin del Fin de la Ley”.

Debajo de todo aquello se encontraba el dantian inferior, la base material de su existencia.

Allí, el qi y la sangre ya no estaban fusionados como antes.

Tras la destrucción y reconstrucción de su cuerpo, las energías se habían separado nuevamente, adoptando una forma más primitiva y estable.

En el centro del dantian flotaba un diminuto punto gris, del tamaño de un grano de arroz, era el origen de todo, tambiénconocida como verdadera fuerza caitica, aunque era extremadamente impura y llena de defectos.

A su alrededor giraban dos tornados de energía.

Uno dorado, denso y cargado de sangre refinada y vitalidad.

El otro incoloro, sutil y casi intangible, compuesto de qi puro y esencia refinada.

Ambos giraban en direcciones opuestas, manteniendo un equilibrio delicado.

Más allá de ellos flotaban nueve fuegos fatuos apagados, dispuestos en un anillo irregular.

No representaban elementos activos, sino posibilidades.

Cada uno simbolizaba un tipo distinto de qi o sangre, y también aquello en lo que podían transformarse cuando el sistema lo requiriera.

No ardían con fuerza; aguardaban en silencio.

El dantian inferior ya no era un simple depósito.

Era un almacén de potencial, un cimiento sólido que sostenía todo lo demás.

El dantian inferior no era solo un reservorio de energía: era el cimiento mismo de la materia, el lugar donde todo lo tangible nacía y encontraba sustento.

El dantian medio, en cambio, otorgaba forma y estructura, definiendo cómo esa materia debía organizarse y mantenerse estable.

Y el dantian superior no creaba ni moldeaba, sino que decidía algo aún más profundo: las leyes que aquella existencia debía obedecer.

En condiciones normales, semejante equilibrio habría sido imposible.

Sin embargo, su cuerpo había sido transformado desde la raíz.

La base de huesos de jade actuaba como un armazón absoluto, capaz de soportar fuerzas que ningún cuerpo ordinario podría contener.

Sobre ese soporte coexistían dos linajes que no se rechazaban, sino que se complementaban: el linaje de la Diosa Eliatrope y el linaje Jinglong.

Ambos fueron estimulados por el wakfu, despertando y amplificando los talentos de espacio y creación, hasta convertirlos en instintos casi naturales.

A ello se sumaban los tótems de las cinco bestias, que resonaban con los órganos internos de Yami, estableciendo un flujo interno estable, constante y autorregulado.

La columna vertebral, tallada con símbolos que representaban los ciclos solares y lunares, se convirtió en un eje donde el tiempo fluía de manera ordenada, marcando pasado, presente y devenir.

Y por debajo de todo, silenciosa pero omnipresente, existía la verdadera fuerza caótica: una energía primigenia que no obedecía reglas, sino que las desafiaba.

De esta convergencia nació algo nuevo.

Primero no hubo nada.

Luego nació el caos.

Del caos emergió la división primordial: yin y yang.

Dentro de ese marco dual surgieron tres conceptos fundamentales.

El tiempo, manifestado a través de los ciclos lunares; el espacio, heredado del origen de la Diosa Eliatrope; y la creación, proveniente del linaje Jinglong, capaz de dar forma a lo inexistente.

Estas fuerzas no quedaron libres.

Fueron contenidas y asimiladas por la Vena del Dios Maligno, junto al linaje de la Bestia de las Setenta y Dos Transformaciones, aunque este último se manifestaba de manera más delgada y refinada, como si aún estuviera incompleto.

Finalmente, pero no menos importante, el Ojo Ancestral de los Sueños despertó, extendiendo su influencia sobre el mar de conciencia y complementándolo, permitiendo que realidad, sueño y percepción se superpusieran.

-—Suspiro… soy demasiado poderoso —dijo, inflando el pecho una vez más.

Lo primero que hizo fue poner a prueba su talento recién mejorado.

Comenzó abriendo cientos de portales dentro del limitado espacio de su habitación y se lanzó a atravesarlos uno tras otro.

Al inicio, la falta de adaptación le pasó factura: en más de una ocasión salió disparado contra mesas, paredes y muebles, cayendo al suelo de forma tan torpe como cómica.

Golpe tras golpe, error tras error, su cuerpo y su percepción comenzaron a ajustarse.

El espacio dejó de sentirse hostil, y los portales ya no eran brechas impredecibles, sino extensiones naturales de su voluntad.

Varias horas después, cuando finalmente se detuvo, había logrado adaptarse tanto a su nueva fuerza como a sus poderes.

El desorden de la habitación era el único testigo de aquel entrenamiento caótico… y del precio de ser, según él mismo, demasiado poderoso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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