Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 74
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- Capítulo 74 - 74 74 manos a la obra 2
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74: 74 manos a la obra 2 74: 74 manos a la obra 2 Esta vez no entraron directamente al Árbol del Comienzo.
En su lugar, partieron hacia un par de puertas que también funcionaban como portales.
La primera tenía grabada la imagen de un dragón, mientras que la segunda mostraba un árbol teñido de negro.
Eligieron primero el portal del dragón.
Y, apenas cruzaron el umbral, las chicas —incapaces de contener su curiosidad— los siguieron de inmediato.
Tan pronto como entraron, un aura pesada y opresiva cayó sobre ellos como una losa invisible, despertando un miedo instintivo en todas.
Los pequeños dragones recién nacidos reaccionaron de inmediato: en sus ojos se mezclaban temor y deseo primitivo.
Eso incluía a Cintia, a la Luna Carmesí y a Xiao Akatsuki.
Los demás dragones aún no tenían nombre.
Este lugar era especial.
Aquí fue donde Yami, junto con sus clones, había erigido múltiples formaciones de sellado para contener el verdadero cuerpo de Ausra.
Su cadáver era utilizado como núcleo para el cultivo de plantas que requerían energía dracónica, como las originarias de Dragon City y otros materiales.
Aun así, incluso reducida a un cadáver, Ausra conservaba un poder aterrador.
Si se hablaba en términos de cultivo, su nivel aún se encontraba en el rango de un Godking; traducido al sistema de este mundo, equivalía al Inmortal Dorado o incluso a un Rey Inmortal, considerando el plano del que provenía y el nivel que poseía antes de ser asesinada por su propio esposo.
La presión no golpeó a Yami de inmediato.
Al principio, su linaje Jinglong reaccionó con desprecio.
La sangre del Dragón Dorado de la Creación se agitó dentro de él, emitiendo una arrogancia natural, una certeza grabada en lo más profundo de su existencia: todos los dragones eran inferiores.
Durante un breve instante, Yami se irguió sin darse cuenta.
Pero ese instante fue suficiente.
El aura que impregnaba el lugar no respondió con furia ni desafío.
Simplemente existió.
En su mar de conciencia, la estatua que rodeaba el lago comenzó a temblar, como si algo en su interior intentara emerger.
Antes de que aquello pudiera manifestarse, el pequeño qilin reaccionó.
La llama dorada en su cuerpo se encendió de inmediato y, sin transición alguna, su forma humana dio paso al estado qilin.
Su aura cambió por completo: ya no había presión ni amenaza, solo una serenidad profunda y estable.
Comenzó a asimilar aquella aura filtrada y, al hacerlo, la suya propia también se volvió pacífica, extendiéndose como un manto protector que cubrió a las chicas.
 El joven presenta una apariencia serena y etérea, como si no perteneciera del todo al mundo mundano.
Su cabello es de un tono rubio muy claro, casi dorado pálido, suave y ligeramente despeinado, con mechones que caen de forma natural alrededor de su rostro.
Dos pequeñas protuberancias curvas, similares a cuernos delicados, emergen entre su cabello, aportándole un aire místico y no humano sin resultar amenazante.
El cabello largo fluye por detrás de sus hombros como hilos de luz, mecido por una brisa suave.
Su rostro es fino y armonioso, de facciones juveniles y tranquilas.
La piel es clara y luminosa, con un brillo cálido que refleja la luz ambiente.
Sus labios se curvan en una leve sonrisa apacible, transmitiendo calma y una gentileza innata.
Sus ojos son particularmente llamativos: El ojo derecho brilla con un tono dorado intenso, profundo y cálido, como una llama contenida o un sol al atardecer.
El ojo izquierdo, en contraste, es de un azul aguamarina cristalino, claro y sereno, evocando aguas tranquilas y profundas.
Esta heterocromía refuerza la sensación de equilibrio entre dos naturalezas distintas, pero en perfecta armonía.
—Mierda… ¿quién es este chico guapo?
—murmuró Kiana.
—Siempre he sido guapo, solo que no lo notaste —respondió Yami con naturalidad.
—Lástima que tenga boca —replicó Yaya sin miramientos.
Klee inclinó la cabeza, observando con atención.
—El aura es mucho más pacífica.
—Sin aura de pescado salado y con un temperamento apacible… mucho más guapo —añadió Luo con sinceridad.
Un instante después, Yami recuperó una vez más sus clásicos ojos de pez muerto.
Con ellos regresó también aquella aura “salada” tan característica y, aun con su nueva apariencia, su presencia se desplomó en picada: de un chico guapo y gentil pasó directamente a alguien decadente y carente de ambición.
Antes de que las chicas pudieran reaccionar, una máscara cubrió la mitad superior de su rostro.
Su diseño era similar a la que usaba Allen, pero con bordes dorados y detalles que recordaban a escamas.
Con un solo pensamiento, la máscara cambió, transformándose en una completamente blanca, adornada con detalles negros en forma de flechas y patrones geométricos.
Su presencia se atenuó en un instante.
Aquel cambio repentino dejó a las chicas completamente confundidas.
Entonces habló.
—Bueno, hay algunas cosas que dejaré claras.
Primero, ustedes ya deben saber qué pasará, ¿verdad?
Mientras esté fuera, necesitaré su ayuda… pero eso solo será si tengo éxito.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Segundo, si tengo éxito y caigo en ese estado, la situación será crítica.
En ese momento necesitaré su colaboración absoluta.
Finalmente, su tono se volvió más serio.
—En tercer lugar, la protección establecida sobre sus sellos de esclavo será inválida una vez que cumplan dieciséis años en adelante.
Ustedes ya conocen las limitaciones que deberán acatar.
Yaya, con expresión confundida, preguntó en voz baja: —¿Qué va a hacer?
Kiana respondió con total naturalidad, como si estuviera explicando algo trivial: —Despertar la encarnación del Árbol del Mundo, purificarla y, finalmente, usarla para mejorar el nivel de la Pintura de Ríos y Montañas.
Ese es el esquema general.
El rostro de Lamba se tornó pálido al instante.
Dio un paso atrás, señalando a Kiana con manos temblorosas.
—T-tú no eres Kiana… ¡Ayuda!
¡Kiana está poseída por espíritus malignos!
Yami suspiró con cansancio.
—Doctora K, no moleste a la mocosa.
Va a terminar chorreando todo el suelo.
Lamba explotó de inmediato, roja de ira.
—¡Tú eres el que se orina en el suelo!
¡Tu papá se orina por todos lados!
¡Toda tu familia se mea encima!
Mientras charlaban, Yami guiaba el camino.
Los cultivos estaban claramente visibles, separados por sectores, junto a otras plantas extrañas: algunas recordaban a las berries del mundo Pokémon y otras habían mutado debido al aura que impregnaba el lugar.
Los principales eran: Dragon Bell Hot Dragon Chili Caterpillar Lily Unicorn Horns Ladybird Blossom Rainbow Flower Spike Balls Flesh Eaters Star Shines Yami guardó silencio y siguió avanzando.
El ambiente se volvió incómodo.
Yami parecía estar luchando con algo interno, mientras las demás se perdían en sus propios pensamientos.
No fue sino hasta unos minutos después que Noelle rompió el silencio.
—Maestro… según tengo entendido, el fracaso sería una gran pérdida tanto para usted como para nosotros.
Incluso podría destruir la Pintura de Ríos y Montañas… Pasaron varios segundos más.
Finalmente, Yami ordenó sus pensamientos y respondió: —Honestamente, me gustaría ser más cauteloso.
Pero mi instinto me dice que tengo todo lo que necesito, y hacer esto me beneficiará a mediano y largo plazo.
Hizo una pausa antes de continuar: —Y para que lo sepas, ahora que estás en el camino del cultivo, siempre debes recordar esto: la intuición es realmente importante.
Aunque muchas oportunidades vienen acompañadas de una calamidad per cápita.
—¿Te preocupa la calamidad?
—preguntó Noelle.
Yami suspiró.
—Simplemente estoy pensando en el nombre… Corazón de Qilin, Guardián del Dragón de Jade.
—¿Eso es todo?
—dijo Yaya.
—Mi arma atada a la vida —añadió Yami.
Todas lo miraron.
—¿Y eso te preocupa?
—preguntó Kiana.
—Así es.
—Tos… tos… ¿y el plan?
—intervino Gabriel.
—¿Eso qué tiene que ver?
—respondió Yami.
—Tengo todo preparado.
Ya sabes… los idiotas tenemos la suerte de los idiotas.
—¿Entonces solo te preocupa el nombre del artefacto?
—preguntó Ingvild.
—Precisamente.
Todas quedaron en silencio.
Yaya frunció el ceño.
—Siempre siento que alguien necesita una paliza.
—Lo sé —respondió Yami con calma—.
Te pican las nalgas.
—…… Mientras la charla ociosa continuaba y los paisajes se volvían monótonos, los distintos diseños de los títeres se convirtieron en tema de conversación.
Klee, Kaede, Rongrong y la doctora K atraparon a uno de ellos y, mientras caminaban, discutían cómo mejorarlo.
Yami, por su parte, no hizo nada; simplemente siguió avanzando.
Cuanto más se internaban, más intensa se volvía la opresión.
El tipo de cultivo resultaba cada vez más extraño, y los títeres se volvían progresivamente más sofisticados.
Hasta que finalmente llegaron a una pequeña choza.
Aquel lugar era uno de los centros de mando de esa zona de cultivo.
—¿No es un poco pequeña?
—comentó Kiana.
La choza apenas medía unos cinco metros cuadrados.
—Estos tipos son buenos jugando —dijo Yami tras observarla unos segundos.
…Es broma.
Dicho esto, se acercó a la puerta y murmuró: —Modelo castillo ambulante, ¿eh…?
Giró la perilla.
Una campana sonó, y sobre la puerta una ruleta comenzó a moverse.
Lo curioso era que estaba dividida en nueve secciones, cada una con el dibujo de un paisaje diferente.
Sin embargo, todos parecían haber sido hechos por niños pequeños.
El primero mostró un volcán.
Cuando la flecha lo señaló, la campana volvió a sonar.
Yami abrió la puerta.
Lo que apareció ante él fue un paisaje árido, cubierto de rocas ardientes y un mar infinito de magma.
Antes de que las chicas pudieran asomarse, cerró la puerta de golpe y volvió a girar la perilla.
La ruleta giró de nuevo.
Esta vez apareció un pantano.
No fue sino hasta el quinto intento que finalmente lo logró.
La imagen que finalmente apareció en la ruleta mostraba una lápida y un fantasma dibujado de forma infantil.
Al abrir la puerta, el paisaje cambió por completo.
Era el interior de un templo; más específicamente, un altar.
Al principio parecía vacío, silencioso, como si hubiera sido abandonado hacía siglos.
Las paredes estaban cubiertas de símbolos desgastados y la atmósfera era densa, cargada de una quietud antinatural.
Yami avanzó sin decir una palabra.
Tras inspeccionar brevemente el lugar, presionó un botón oculto en uno de los relieves del altar.
Con un estruendo seco, el centro del altar se abrió.
Desde el interior, un sarcófago comenzó a elevarse lentamente.
Rongrong- segun tengo entendido este…….¿ templo?…
solo deberia tener unos pocos años.
Tiene casi veinte años e ignora esos detalles; ya conoces el temperamento bromista de esos idiotas.
Al terminar sus palabras, Yami dejó a Cintia en el suelo y dijo: —Dejen a sus dragones.
Estas auras dracónicas serán de mucha ayuda para los pequeños.
Dicho esto, comenzó a avanzar.
Con cada paso, la presión se volvía más intensa.
Si no hubiera sido porque la esencia de su linaje provenía de un mundo superior, o porque él mismo había sido bautizado por las leyes a través de sus “sueños” —sueños que sabía no lo eran, sino auténticos viajes de la conciencia hacia el pasado—, incluso él habría tenido dificultades para soportarlo.
La conciencia de Yami regresó a la llama de linaje verde, aquella que representaba su lado humano, y su forma volvió a ser completamente humana.
Y, por si fuera poco, se quitó la máscara.
¿Por qué?
…Tal vez para ser más dramático.
 Se trataba de un joven de apariencia delicada y mirada serena, con un aire silencioso y contenido.
Tenía el cabello castaño oscuro, ligeramente despeinado, con mechones que caían de forma natural sobre su frente y enmarcaban su rostro fino.
Su piel era clara, y su expresión transmitía una calma profunda, casi melancólica, como si cargara pensamientos que no expresaba en palabras.
Lo más llamativo eran sus ojos heterocrómicos.
El izquierdo no era un rojo puro: presentaba un tono ámbar profundo, similar a la resina o a la miel oscura, que se iba oscureciendo gradualmente hasta adquirir una sutil tendencia al enrojecimiento, especialmente cuando la luz incidía sobre él o cuando sus emociones se intensificaban.
No parecía una llama abierta, sino un brillo contenido, denso y antiguo, como un ámbar que guardara algo en su interior.
El ojo derecho, en contraste, mantenía un azul aguamarina claro y luminoso, frío y cristalino, evocando una gema o una llama helada.
Ambos contrastaban con fuerza, dando la sensación de que dos naturalezas opuestas coexistían en un mismo ser.
Vestía un polo negro ajustado a su figura, que resaltaba su complexión esbelta y juvenil.
La prenda era sencilla, sin adornos visibles, reforzando su imagen sobria y discreta, permitiendo que la atención se centrara en su rostro y, sobre todo, en sus ojos.
El fondo era oscuro y difuso, con una atmósfera nocturna que recordaba a un santuario o a un lugar antiguo, envuelto en tonos azulados y sombras suaves.
Todo ello realzaba aún más su presencia, haciéndolo parecer alguien fuera de lo común, como si perteneciera a un mundo donde lo místico y lo humano se entrelazaban.
—Estos hijos de su madre son demasiado dramáticos… —se quejó Yami.
Mientras hablaba, su qi y su sangre comenzaron a alborotarse.
El deseo de avanzar fue inmediato, casi instintivo, pero Yami reprimió el avance.
Aun así, aprovechó el alboroto para permitir que el qi y la sangre impregnaran cada célula de su cuerpo.
Todo el proceso lo realizó mientras trataba de controlar cada hebra de qi y sangre, centrando todos sus esfuerzos en el dominio absoluto.
—Lástima que tenga boca —comentó Kiana.
Las chicas, que habían despertado tras aquel comentario fuera de lugar, asintieron al unísono.
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