Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 77
- Inicio
- Todas las novelas
- Ser ninja?, yo seré inmortal
- Capítulo 77 - 77 77 manos a la obra 4
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
77: 77 manos a la obra 4 77: 77 manos a la obra 4 Pasaron unos veinte minutos y las posiciones cambiaron.
Yami había adoptado la apariencia de un pequeño caniche y se encontraba cómodamente acomodado en el regazo de Ikaros, ambos situados en una de las esquinas de la sala.
A pesar de su forma diminuta y aparentemente inofensiva, sostenía su grimorio entre las patas delanteras, hojeándolo con calma.
Ikaros permanecía sentada, sosteniéndolo con cuidado, casi de forma instintiva, como si temiera perturbarlo.
Su expresión era tranquila, y su atención no se apartaba ni de él ni del libro que leía.
El grimorio, que en sus inicios había sido de bronce, había evolucionado tiempo atrás a plata.
Sin embargo, aquel cambio no se limitaba al material.
Durante ese período, múltiples energías presentes en el cuerpo de Yami —el wakfu, la energía espiral y los restos de leyes integrados en su ser— habían desencadenado una compleja reacción en cadena.
Como resultado, el grimorio había sufrido transformaciones profundas.
Cada una de sus páginas era ahora capaz de crear automáticamente un espacio apto para la vida de la bestia contratada.
No se trataba de simples compartimentos sellados, sino de entornos estables, con leyes internas coherentes y condiciones suficientes para permitir el crecimiento y la evolución.
El espacio de doma de bestias también había sido reforzado.
Su integridad dimensional había aumentado notablemente, permitiéndole, aun encontrándose en el nivel Aprendiz, contactar con bestias de nivel Monarca y manifestar características propias del nivel Leyendas.
Entre estas destacaba una en particular: la capacidad de crear un espacio lo suficientemente sólido como para criar vida en su interior.
En su estado actual, el grimorio albergaba dos bestias guardianas —Cintia y Mingxuan— además de ocho cupos adicionales, el doble de lo habitual.
Sin embargo, el espacio de doma de bestias solo contaba con dos áreas activas, una restricción natural impuesta por su nivel presente.
Aun así, el potencial que encerraba aquel grimorio resultaba imposible de ignorar.
La verdadera lástima era que el grimorio divino había sido arrebatado junto con la mayor parte de su linaje.
Por otro lado, Yami sabía que, incluso de haberlo conservado, no habría sido capaz de usarlo con su fuerza actual.
Además, aquel grimorio se había fusionado con la porción separada de su mar de conciencia, volviéndose inaccesible.
Mientras tanto, Grayfia se encontraba con los Indeedee, observándolos con una atención casi obsesiva, mientras Eto, Hei y Luo contemplaban cómo los dos pequeños qilin jugaban animadamente con los tres cachorros de dragón.
El ambiente estaba impregnado de una calma viva, cálida, casi familiar.
Hasta que Mingxuan entró en la sala.
En sus brazos llevaba tres huevos cubiertos de runas misteriosas.
Uno de ellos pertenecía a su propio linaje, extraído deliberadamente; los otros dos, Lan y Celes, se encontraban aún en proceso de formar sus cuerpos.
Mingxuan colocó los tres huevos sobre la mesa, frente a Ikaros y Yami.
—Traje lo que me pediste.
Apenas vio los huevos, Yami absorbió el grimorio en su cuerpo y saltó sobre la mesa.
En su forma actual parecía un pequeño gato inquieto, jugueteando con los huevos, tocándolos uno por uno con sus patitas, como si evaluara algo que solo él podía percibir.
Tras unos segundos, pareció cansarse.
—Celes —dijo al fin—.
Sé que estás despierta.
Esos bastardos ya te explicaron el plan, ¿verdad?
En ese instante, una pequeña silueta emergió detrás de uno de los huevos.
Una voz majestuosa y etérea resonó en la sala.
—Es una idea estúpida y pelig— —Sí, sí, sí —la interrumpió Yami con desdén—.
Ya sé lo que vas a decir.
¿Ayudas o no?
… El silencio se apoderó de la habitación.
Incluso las chicas, que hasta entonces jugaban con las pequeñas criaturas, se quedaron quietas, escuchando con atención contenida.
Finalmente— —Bien —respondió Celes.
– Mingxuan estas segura de que no me odiaran?
—Ellas están al tanto.
Además, no te odiarán; están dispuestas a darlo todo.
Y no olvides tu promesa.
—¿Quién crees que soy?
Dicho esto, Ikaros tomó a Yami entre sus brazos.
Mingxuan se levantó y llevó los tres huevos hacia otra puerta.
Esta poseía el mismo mecanismo que las anteriores, aunque esta vez la ubicación ya estaba preparada.
Eto, Luo Hei y Grayfia los siguieron.
Atravesaron la puerta y llegaron a un enorme espacio abierto.
Allí se encontraban varios Digimon, todos aquellos que habían alcanzado la etapa adulta y perfecta.
Entre ellos, los más poderosos eran Beelstarmon y Venusmon.
Todos mostraban expresiones tensas, nerviosas, cargadas de expectativa.
Una vez más, los clones aparecieron.
A diferencia de otras ocasiones, sus rostros eran serios mientras revisaban múltiples pantallas de datos flotantes.
Aquello era una colaboración de las mentes más brillantes.
Entre ellas destacaban Apocalís, y un individuo de apariencia peculiar: un transexual cuya vestimenta parecía un cosplay de Leeron, el científico de la nave en Tengen Toppa Gurren Lagann.
Yami habló con calma: —¿Cómo va todo?
—Todo listo —respondió Stark sin dudar.
—¿Es realmente factible?
—preguntó Yami.
El Cosplay de May ajustó sus gafas antes de responder: —Es factible.
La naturaleza única de los Digimon les permite transformar poder y leyes en datos, y el proceso puede revertirse.
No te preocupes: ya comprobamos que, mientras se conserven ciertos datos fundamentales, incluso después de la deformación en forma de huevo pueden mantener sus memorias.
Yami frunció ligeramente el ceño.
—¿Cómo…?
—Dentro de los Digimon nació uno de tipo virus que evolucióno hasta convertirse en sukumon—respondió con total naturalidad—.
Era tan repugnante que lo usamos como sujeto de pruebas.
Yami guardó silencio unos segundos.
—…Bien hecho.
Entonces, ¿por qué ese tipo sigue vivo?
—preguntó, señalando directamente a Leeron.
El Cosplay de May sonrió de lado.
—Decidimos usar el Gen Espiral para el siguiente proyecto.
Desde que lo invocamos, ha dedicado toda su investigación a este tema… y a sus posibles ramificaciones.
—C.
May… ¿todavía no vino ese tipo?
C.
Leeron primero le guiñó un ojo y luego, con pasos descaradamente coquetos, se acercó a la ontología.
Antes de que pudiera dar un paso más, Yami sacó la lanza Qinglong.
Sus ojos estaban inyectados en sangre.
—Un paso más… y te mato —escupió—.
¡Maldito bastardo!
Al percibir la genuina intención asesina de Yami, el clon no se asustó.
Al contrario, soltó una risa ligera, casi provocadora.
Levantó ambas manos en señal de rendición y retrocedió un paso.
—Está bien, está bien~ —dijo con tono burlón.
Lo irónico era que, en ese momento, Yami se encontraba en su forma de caniche.
Varios de los clones tuvieron que hacer un esfuerzo consciente para no reír al ver a aquella pequeña bola de pelo —de apenas treinta centímetros de circunferencia— extraer de su cuerpo una lanza Qinglong de casi dos metros.
La desproporción era tan absurda como intimidante.
La farsa terminó ahí.
Todos se pusieron manos a la obra con los preparativos finales.
Cuando el proceso estaba por concluir, comenzó a formarse una estructura extraña: un altar híbrido, mitad tecnológico y mitad arcano, cubierto de símbolos imposibles y circuitos que no pertenecían a ningún o muchos sistemas.
Yami observaba en silencio, calculando mentalmente cada variable, cuando— ¡PUM!
Una puerta se abrió de golpe.
El primero en entrar fue otro clon.
—Antonio.
A diferencia de los demás, no imitaba a nadie.
Había creado su propio personaje, dedicado por completo al dominio de la energía espiral.
Detrás de él apareció Ramón, maestro de la energía antiespiral.
Luego Gabriel, especialista en Wakfu, y el doctor Malito, dedicado al estudio del Stasis.
Tras ellos llegaron otros clones más, todos expertos de primer nivel en sus respectivos campos, aunque Yami no los consideraba relevantes en ese momento.
Yami suspiró lentamente.
—Muchos de ustedes estuvieron en el mundo pequeño casi quince años… —murmuró—.
La acumulación es excesiva.
Alzó la mirada, serio.
—Empiecen los preparativos para la siguiente absorción.
Entonces saltó de los brazos de Ikaros, cayendo justo en uno de los centros de la formación.
Había un segundo centro, donde se colocaron los tres huevos, siendo el principal el de Celes.
Antes de empezar, Yami regresó a su forma humana.
Mientras se rascaba la nariz de manera despreocupada, alguien comentó: —Oye… cuando te conviertes en perro, tu ropa desaparece… ¿no estabas desnudo?
Yami… Eto, con expresión pensativa: —No pensé en eso… Grayfia, con absoluta seriedad: —Maestro, nadie lo culpa por su gusto exhibicionista.
Yami suspiró.
—Soy inocente.
Además, la ropa que uso está hecha en gran parte de materiales como limo y telas vivas.
Cuando me transformo, se integran a mi pelaje.
Es como si siempre estuviera vestido.
Gin cruzó los brazos.
—Mientras más explicas, menos te creemos.
Yami… —Saquen a ese bastardo.
Llévenlo a trabajar a la forja.
—Y está prohibido que coma dulces.
Gin palideció.
—¡¡¡TÚ!!!
¡¡Monstruo!!
¡¡No puedes quitarme mis golosinas!!!
—Dupliquen la vigilancia no olviden revisar cada rincón de su cuerpo incluido el trasero —añadió Yami sin emoción.
Gin… Miró a su alrededor.
Allí donde sus ojos pasaban, los clones giraban la cabeza con evidente nerviosismo, temerosos de ser los siguientes.
Quitarle los dulces a Gin era prácticamente matar a su propio padre.
Y todos sabían que tenían debilidades similares.
Si Yami decidía explotarlas… los tipos despreciables como ese no debían ser provocados.
Terminada la farsa, Yami habló: —Empezamos con ustedes.
Tan pronto como terminó de hablar, los clones pusieron fin a la técnica y se dispersaron en un torrente de energía que, a través del vínculo, regresó al cuerpo de Yami.
En ese momento, otro clon activó la matriz, usando la técnica heredada de los 108 Pilares Demoníacos para crear dos nuevos pilares: Uno para Espiral y Antiespiral.
Otro para Wakfu y Stasis.
Parte de la energía fue absorbida directamente por Yami.
A Yami nunca le gustó el diseño de los pilares antiguos, así que los transformó.
En lugar de columnas, adoptaron la forma de dos lanzas ornamentales, mucho más elegantes y acordes a su estética.
Había decidido que, más adelante, también transformaría los pilares de su mar de conciencia, pero eso podía esperar.
Una vez terminado, se concentró en las cuatro entidades.
Eran la encarnación de la autoconciencia, pensamientos y experiencias de los clones.
Con los años, se habían separado del concepto de simples copias.
Aun así, no podían escapar a los seguros que Yami había creado.
Pero nunca fue necesario.
Desde el principio, los clones jamás se rebelarían.
Como mucho… serían troles.
Pero aquello había generado un problema.
Al reabsorber a los clones, en esencia estaba matando.
Incluso si reaparecían gracias a la técnica de clonación, ¿seguían siendo los mismos?
¿O eran nuevos seres nacidos desde cero?
Tal vez pensaba demasiado… pero había algo indiscutible: esas conciencias debían ser asimiladas por Yami.
Las cuatro encarnaciones caminaban como dueños absolutos del lugar mientras se dirigían al pequeño pabellón.
Allí, el diminuto qilin custodiaba lo que antes había sido el reflejo del Verdadero Yo de Yami y que ahora descansaba en forma de huevo.
En algún punto del trayecto, con Antonio como guía, comenzaron a trotar.
— ¡Uno, dos, tres, cuatro!
— ¡Uno, dos, tres, cuatro!
Antonio alzó la voz: — ¡Máquina de guerra!
— ¡MÁQUINA DE GUERRA!
— ¡Máquina de muerte!
— ¡MÁQUINA DE MUERTE!
— ¡Estoy preparado para el trato duro!
— ¡ESTOY PREPARADO PARA EL TRATO FUERTE!
— ¡Dicen que estoy loco!
— ¡Y NO ME IMPORTA!
El ritmo continuó, pesado y constante, como un martillo golpeando el suelo.
Las nueve bestias, plenamente conscientes de la presencia de los invitados, se limitaron a observar.
Sentían el mismo origen que Yami… y por eso no intervinieron.
Sin embargo, al mirarlas con más atención, Yami juraría que aquellas cinco criaturas mostraban expresiones silenciosas, cargadas de desdén.
— Debe ser mi imaginación —se dijo a sí mismo.
Y, aun así, continuó engañándose.
Con un suspiro de impotencia, transportó a los cuatro alborotadores al pequeño pabellón.
Luego condensó su conciencia dispersa y apareció frente a ellos.
—¿No tienen miedo?
—preguntó Yami.
Antonio sonrió, despreocupado.
—Realmente no moriremos.
Lo sabes.
El Doctor Malito ajustó sus gafas inexistentes.
—¿Volveremos a ser parte de ti?
Gabriel habló después, con calma.
—¿Podemos ser considerados parte de tu historia negra?
Ramón fue el último.
Su voz no era acusatoria, sino cruelmente honesta.
—Todos somos tú.
Dio un paso al frente.
—Antonio representa la emoción y el deseo de fuerza que reprimes.
Tu lado infantil, impulsivo, lleno de chūnibyō y hambre de avance.
Señaló luego a sí mismo.
—Yo represento tu deseo de mantener tu estado actual.
Tu negativa a avanzar.
Tu miedo al futuro… y al precio de un destino que no puedes conocer.
Después miró a Gabriel.
—Gabriel es tu responsabilidad.
Tu necesidad de mantener lazos, de cuidar, de no dejar caer a nadie.
Finalmente, sus ojos se posaron en el Doctor Malito.
—Y él… es tu deseo de control.
El silencio que siguió fue pesado.
—Todos los clones poseen algo tuyo.
Un aspecto que ignoras… o algo que deseaste, pero nunca te atreviste a hacer.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com