Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 78
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- Capítulo 78 - 78 78 manos a la obra 4
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78: 78 manos a la obra 4 78: 78 manos a la obra 4 Yami no dijo nada mas o eso pretendía hasta que el doctor Malito hablo.
Dicho de esta forma el clon Leeron fue influenciado por el deseo de la ontología.
Un escalofrío atacó a Yami – es eso asi?….
no imposible!
Me niego a creer esta teoría!
Antonio- Malito no causes problema!
….
ontología este nació por el deseo de conocimiento, sobre el laggan, despues de todo este fue el técnico principal de los mechas.
Yami…- eso es tienes razón!…
mientras dejaba un suspiro de alivio.
Integró su energía mental en el huevo, las runas de este se iluminan y se formó un vórtice que de forma brusca y sin pretensiones los absorbe.
Ramón .- hijo de p..
Gabriel.
– no estaba list…
Antonio- jajaaja regresaremos!
Doctor Malito- cuida de mini miiii!
..
Yami- menuda panda de inadaptados …, suspiró….
grupo de idiotas- …despues se concentraba en absorber las experiencias y memorias.
Afortunadamente yami tuvo experiencias previas y podia digerir grandes cantidades de información.
Mientras esto ocurría parte de las cuatro energías fueron devoradas por la espada de damocles del rey negro.
Una vez más, las cuatro fuerzas provocaron una reacción en cadena.
El cuerpo de Yami fue el primero en responder.
Sus meridianos vibraron como cuerdas tensadas al límite, y una presión antigua, profunda, recorrió cada hueso y gota de sangre.
No era dolor, sino reconocimiento: algo dormido había sido llamado por fin.
En el mar espiritual, el cambio fue aún más evidente.
Las nueve bestias despertaron al unísono.
Zhuque ardió primero, sus llamas bermellón elevándose como alas abiertas, encendiendo el cielo espiritual.
Bai Zhao respondió después, irradiando una luz severa y silenciosa, como si un juicio invisible descendiera sobre el mundo interior.
Qinglong alzó su largo cuerpo entre nubes ilusorias, su rugido profundo haciendo temblar el horizonte.
Lei Niao estalló en relámpagos, cada batir de alas dejando cicatrices de trueno en el vacío.
Entonces, las cinco bestias principales resonaron.
Bai Hu dio un paso al frente, su metal blanco cantando con una nitidez cortante.
Feng Po se disolvió en corrientes invisibles que envolvieron todo el mar espiritual.
Qilin pisó la tierra central, estabilizando el núcleo mismo del mundo.
Xuanwu dejó caer su influencia como una marea profunda, calmando el caos naciente.
Y desde las sombras, Wu Hei Long abrió sus ojos, el vacío respondiendo a su mera presencia.
El Lago del Reflejo tembló.
Y entonces, la estatua de piedra del dragón que rodeaba el lago… despertó.
Grietas luminosas recorrieron su cuerpo pétreo mientras una conciencia antigua se filtraba desde su interior.
Bajo la guía de Jinglong, las cinco bestias principales reclamaron la autoridad que antes estaba fragmentada en las otras cuatro.
Sus poderes convergieron, comprimiéndose hasta formar una sola hebra gris, ni yin ni yang, ni luz ni oscuridad.
La hebra vibró… y se dividió en dos.
Una vez más, el pequeño mundo del mar espiritual se modificó.
Siguiendo el modelo del Neidan, comenzó a formarse una estructura a escala diminuta: un sistema solar incompleto, con constelaciones basadas en su antiguo mundo.
Todo era etéreo, ilusorio, apenas sostenido por leyes inestables.
Solo tres elementos mostraban verdadera solidez: el Sol, la Luna, y la pequeña isla rodeada por el mar, flotando en la posición que alguna vez ocupó la Tierra.
El cuerpo de Yami respondió en perfecta sincronía.
Su respiración cambió, su núcleo se estabilizó, y una armonía primitiva empezó a asentarse en su interior.
Un cambio similar ocurrió en el grimorio.
Las páginas resonaron suavemente, y el espacio de doma se fortaleció, sus límites volviéndose más densos, más resistentes, como si hubiera sido anclado a una ley superior.
Cuando todo terminó, Jinglong, visiblemente fatigado, regresó al borde del Lago del Reflejo.
En la región solar y lunar del mar espiritual, el espacio comenzó a distorsionarse.
Un palacio tomó forma lentamente, como si hubiera existido desde siempre y recién ahora fuera recordado por el mundo.
Sus muros no eran de piedra ni de luz pura, sino de una sustancia indefinida, suspendida entre lo real y lo simbólico.
Dentro de él, dos sombras se manifestaron.
La silueta de un cuervo, envuelta en un fulgor dorado aún incompleto.
Y la figura de un ciervo, sereno, observando desde la penumbra, como testigo de un destino aún no sellado.
Pero entonces, Zhuque reaccionó.
Impulsado por el fuego bermellón, Bai Zhao abandonó el Templo de la Luz.
Sus alas blancas cortaron el cielo espiritual mientras se dirigía directamente al Trono Solar.
No hubo duda ni vacilación: el juicio ya había sido emitido.
Bai Zhao descendió… y devoró al cuervo.
El acto quebró una línea del destino.
El pequeño fénix de luz, nacido de la fusión incompleta entre autoridad y esencia, absorbió la autoridad solar restante.
Con ello, el nacimiento del Cuervo Dorado fue impedido antes de concretarse.
La autoridad de la Luz y la autoridad Solar se entrelazaron, fundiéndose en una sola corriente.
Ese poder convergente promovió el linaje del Fénix, proporcionando la energía necesaria para el primer Nirvana.
El palacio se estabilizó.
Las sombras se disiparon.
El sistema solar ilusorio quedó marcado por una nueva jerarquía.
Una a una, las nueve bestias se recostaron, entrando en un sueño profundo y estable, sin conflicto alguno.
El mar espiritual quedó en silencio.
Yami abrió los ojos.
Un suspiro de aire viciado escapó de sus labios.
Esta vez no enfocó de inmediato; en su lugar, miró hacia arriba antes de permitir que su visión se aclarara por completo.
—Una vez más aparece la versión pirata de Cíclope… —comentó uno de los clones, ladeando la cabeza mientras observaba el entorno.
El silencio se rompió con una ligera sensación de déjà vu.
El mundo había cambiado.
Y él también.
Yami abrió los ojos y lo primero que hizo fue maldecir.
—¡Hij@ de ****, ********…!
Una tras otra, palabras floridas comenzaron a brotar de su boca sin el menor filtro.
El aire a su alrededor parecía temblar con cada insulto, como si incluso el mundo físico estuviera recibiendo la reprimenda.
Se incorporó lentamente, llevándose una mano a la frente mientras seguía murmurando improperios apenas inteligibles.
—Esos bastardos… —gruñó, con una vena palpitándole en la sien— crearon su propio proyecto de videojuegos… Levantó la cabeza de golpe, los ojos cargados de incredulidad.
—¡Y no me avisaron!
Un silencio incómodo se instaló por un segundo… hasta que uno de los clones carraspeó.
—Técnicamente —dijo, encogiéndose de hombros— tú estabas ocupado o en reclusion.
—Yami… Gin frunció el ceño.
—¿Es eso de lo que te quejas?
Bastardo, estuviste sentado tres malditos días.
Yami ni siquiera lo miró.
—¿Dónde están todos?
Silencio.
—Olvídalo… de todas formas lo sabré.
Gin abrió la boca para replicar, pero no llegó a terminar.
La invocación comenzó a deshacerse.
—¡¿Acaso los idiotas no tenemos derechos humanos?!
Su silueta vibró, pero esta vez algo era distinto.
Yami entrecerró los ojos.
—Ya estás pensando demasiado.
Sin esperar a que ese “tipo” armara un escándalo en su mar de conciencia, activó el huevo en su mar espiritual.
Una fuerza invisible arrastro a Gin gritó mientras era arrastrado hacia el interior del mar espiritual: —¡Incluso si soy absorbido regresaréeeee… porque soy tú!
La esfera descendió.
Dentro del mar espiritual, el huevo latió una vez.
Yami exhaló lentamente y cerró los ojos Flashback no jutsu.
Mientras esperaban, el cuerpo de Yami comenzó a cambiar.
Sus venas se inflaron como si contuvieran un río desbordado.
El qi y la sangre recorrieron su cuerpo con violencia controlada.
Una niebla carmesí emergió de su piel y se expandió a su alrededor.
Entonces aparecieron los fantasmas de las diez bestias, Majestuosos y Antiguos.
Rodearon su cuerpo y comenzaron a moverse en patrones incomprensibles, intercambiando posiciones con fluidez ceremonial.
La danza era sutil, pero imponente.
Un espectáculo que dejó a todos embelesados.
Hasta que cierto payaso de cabello blanco, hurgándose la nariz, rompió el momento.
—Muy bonito y todo… pero los preparativos no deben dejarse de lado solo por ese imbécil.
Silencio.
Stark parpadeó.
—¿Ese bastardo dijo algo serio?
Leeron cruzó los brazos.
—Tiene razón.
Parece que los idiotas son útiles de vez en cuando.
C.
May dio un paso al frente.
—Yo precederé los siguientes preparativos.
Ignorando al sujeto que entraba en iluminación cada dos o tres días, todos se pusieron en movimiento.
Nuevos pilares transparentes emergieron del suelo.
En su interior fluían datos y runas entrelazadas.
Era la nueva energía digital, creada a partir de los datos extraídos de Sukumon, la investigación de los Diez Espíritus de Guerrero legendarios obtenidos en la lotería, y las leyes analizadas y digitalizadas.
Gin reapareció, confundido.
—¿Ustedes cómo lograron…?
C.
May lo miró con ligera burla.
—Tu cerebro de rizos se dio cuenta al fin.
May explicó: —Descubrimos que los datos digitales tienden a crecer, absorber y asimilar información compatible al entrar en contacto con ella.
Solo aprovechamos esa característica… Estos son los datos reunidos de cada pequeño espacio y mundo menor.
A una señal suya, todo se activó.
Las matrices se iluminaron.
Mingxuan habló con solemnidad: —No olvidaré lo prometido.
Me aseguraré de cumplir el acuerdo.
La duda en los Digimon desapareció.
Uno a uno se dejaron envolver por la luz.
Venusmon.
Beelstarmon.
No fueron la excepción.
Solo quedaron las tres Sistermon, aunque por sus expresiones parecía que también deseaban compartir el destino de sus hermanos digitales.
Los Digimon iluminados se transformaron en huevos digitales.
Sus datos fueron comprimidos e integrados en el huevo de Celes.
Un capullo de datos se formó.
Latía como un corazón recién creado.
Y finalmente… nació.
De la luz emergió una niña pequeña, de casi un metro de altura.
Cabello corto y dorado, brillante como hilos de sol.
Ojos dorados intensos con destellos azul eléctrico que vibraban como energía digital refinada.
Vestía un traje futurista: una fusión armoniosa entre elegancia celestial y estilo rebelde táctico.
Un peto corto de diseño tecnológico dejaba visible el ombligo, donde un tenue brillo azul-dorado pulsaba como núcleo energético.
Shorts deportivos estilizados permitían movilidad absoluta.
Botas y guantes completaban el conjunto, atravesados por líneas luminosas como circuitos vivos.
No tenía alas.
Pero una aureola digital dorada y azul apareció por un instante tras ella… antes de comprimirse en su interior.
Gin se inclinó frente a la niña.
La niña, de apenas un metro de altura, lo observaba en silencio.
Cabello corto y dorado.
Ojos dorados atravesados por finos destellos azul eléctrico que parecían analizarlo más allá de la superficie.
Gin se llevó la mano a la barbilla.
—Pequeño Celes… ¿cómo te llamaremos en el futuro…?
Se agachó aún más, sonrisa cuestionable en el rostro.
—¿Qué te parece… Cyber Lolimon?
Silencio absoluto.
Stark cerró lentamente los ojos.
Leeron dio medio paso atrás.
C.
May dejó de escribir.
La niña inclinó ligeramente la cabeza.
Un segundo después— ¡PAF!
El sonido seco de una cachetada resonó en toda la sala.
Gin salió girando en el aire como una muñeca mal articulada antes de estrellarse contra el suelo.
 Fin Flashback
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