Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 79
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- Capítulo 79 - 79 79 manos a la obra 5
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79: 79 manos a la obra 5 79: 79 manos a la obra 5 Yami abrió los ojos.
Esta vez los recuerdos lo dejaron en silencio… y, para su sorpresa, con una sonrisa torcida.
Silencio por todas las estupideces que había cometido ese tipo.
Pero lo más importante— —Ese pedazo de mierda con rizos despertó su propia intención de espada.
Un corte que atraviesa el cielo.
—Bonito concepto… —murmuró mientras se rascaba la cabeza con aire despreocupado.
Sin notarlo, sus gestos empezaron a parecerse demasiado a los del rizado: la inclinación del cuello, la media sonrisa ladeada… incluso esos ojos muertos, como de pez sin alma.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Eso lo sacó de golpe de su estupidez.
—¡Maldita sea!… Ese bastardo es venenoso.
Incluso su intención de espada está plagada por esa maldita aura de escultura de arena.
Esa intención no cortaba solo materia.
Pulía.
Tallaba.
Reducía todo obstáculo a una figura sin voluntad.
Sin embargo… Yami entrecerró los ojos.
Desde otra perspectiva, esa intención que busca eliminar todos los obstáculos… es perfecta para forjar la mía propia.
Aunque, si lo pienso bien… también es mi intención.
Solo que deformada.
Su mirada se volvió más profunda.
Era absorber el concepto e integrarla con su propia intención.
Sin darse cuenta, ya había tomado una decisión.
Se dio media vuelta y avanzó con rapidez.
Siguiendo las antiguas reglas, buscó una de las Puertas y la atravesó.
Esta vez apareció en un espacio completamente negro.
Doce pilares flotaban en la oscuridad.
Un altar en el centro.
Todo giraba lentamente.
No había orden aparente, pero tampoco caos.
Era un sistema errático, misterioso, como si obedeciera leyes invisibles.
Desde fuera, el espacio apenas mediría treinta metros cuadrados.
Pero al entrar… Yami se sintió del tamaño de una hormiga.
El pequeño altar se convirtió en una montaña que parecía extenderse miles de kilómetros.
Distorsión espacial pura.
Tras observar unos instantes, canalizó el wakfu de su cuerpo y comenzó a volar.
—Suspiro… Esto puede tardar.
Una hora después— —Por fin… Alcanzó el centro del altar.
—Ausra.
Sé que puedes comunicarte con los espíritus de la torre.
Necesito el progreso actual.
—Un momento.
El silencio vibró.
—Los preparativos están completos en un ochenta por ciento.
Solo faltan las fuentes de energía… y decidir qué tronos deben mantenerse activos.
Yami no dudó.
—El Trono del Lobo Celestial.
El de la Matanza Celestial.
Y el del Encanto Celestial.
Son los tres más convenientes.
Hubo una pausa.
Luego la voz de Ausra respondió, con ese tono ligero que siempre parecía fuera de lugar.
—Lobo Celestial es guapo.
Matanza Celestial también… el más malvado, pero guapo.
Encanto Celestial hace los números.
Silencio.
Yami parpadeó.
No se inmutó… ni siquiera cuando sintió, metafóricamente, que le estaban bajando los calzones.
Una sonrisa tímida apareció en su rostro… y desapareció al instante.
Las escamas de qilin se manifestaron sobre su brazo derecho cuando su intención se enfocó.
La máscara se formó con naturalidad, como si fuera una sombra obediente.
—Link Star.
—Solo necesitas pensar en la conexión —se quejó Ausra en su mente—.
No uses comandos de las series que viste.
No te hace más guapo.
Yami no respondió.
Se concentró en activar el altar.
Extrajo alrededor de cien esencias de piedra espiritual dorada (T.DG).
Cada una equivalía a la condensación de mil piedras espirituales supremas.
Incluso para él, no era una cantidad menor.
Entendía el proceso.
Pero decidió seguir con precisión la guía de Ausra, al mismo tiempo activó sus ojos, en el derecho, el Stigmata Alpha.
En el izquierdo, el Ojo de los Sueños comenzó a fusionarse a su máxima capacidad.
Fue la primera vez que Yami sintió realmente el estado de su ojo izquierdo.
Y entonces— —Mierda… no de nuevo.
Ausra, encárgate de mi cuerpo.
Su conciencia fue absorbida por el ojo izquierdo.
El cuerpo de Yami se quedó inmóvil un instante.
Luego respiró.
—¿No puedes hacer algo sin entrar en epifanía?
—dijo una voz femenina con un eco masculino.
Ausra.
Con la aprobación tácita de Yami, tomó el control a través del artefacto y continuó los preparativos del altar como si nada hubiera pasado.
En el mar espiritual, el cambio fue más sutil que otras veces.
El espacio del templo se expandió miles de yardas.
El pequeño lago donde danzaban los peces comenzó a transformarse.
Su color se tornó azul profundo, y en el centro apareció un remolino.
La conciencia de Yami descendió y se fusionó con él.
Sintió que se convertía en el centro del estanque.
El aura cambió según su instinto.
De agua… a hielo.
No era una técnica aprendida.
Era un talento natural, indescriptible.
Controló el remolino, la superficie del estanque se llenó de un viento azul caótico.
Nacimiento del viento.
El estanque de diez metros comenzó a agitarse violentamente.
El agua se elevó, desbordándose, expandiéndose hasta formar un lago mayor.
Entonces el Ojo Espiritual de Dios se abrió paso.
Dentro de su dominio había ahora un lago azul, sereno como un espejo, pero vasto en intención.
Este lago se convirtió en una especie de portal.
De un lado: el espacio interno del Ojo Espiritual.
Del otro: el mar espiritual de Yami.
Desde el lago se expulsaba una niebla púrpura que alimentaba constantemente su mar espiritual.
Y en lo más profundo del lago… Una esfera ilusoria.
Antigua.
Pesada.
En el exterior, el cambio fue más sutil.
El cuerpo bajo control de Ausra no mostró explosiones de energía ni ondas violentas.
Pero el cabello de Yami comenzó a cobrar vida.
Un brillo azulado apareció en las puntas, tenue al inicio, luego más definido.
No era luz externa; parecía emanar desde cada hebra.
El cabello se alargó lentamente hasta la altura de la cintura.
No fue un crecimiento brusco.
Fue como si siempre hubiera tenido esa longitud… y simplemente hubiera decidido mostrarse.
Ausra suspiró mientras ajustaba la última esencia en el altar, menos mal esta ves tardo muy poco tiempo, pronto despertara.
5 minutos después —¡Yami está en línea!
—anunció con entusiasmo.
Tras unos segundos de incómodo silencio, la voz de Ausra resonó con calma: —Solo debes liberar la placa de jade.
Una vez más, Yami extrajo la Placa de Herencia de los Doce Dioses de la Estrella.
Era redonda, perfecta, con doce patrones grabados en su superficie, cada uno representando una de las doce posiciones divinas.
Las líneas no estaban talladas… parecían latir con una luz contenida, como constelaciones atrapadas en piedra.
Siguiendo las indicaciones, colocó la placa en el centro del altar.
Al instante, múltiples discos rúnicos se elevaron desde la base y comenzaron a rodearla en capas concéntricas.
—Esto me recuerda a esos juegos de puzzle… —murmuró.
Dirigió su energía mental hacia las placas externas, evitando en todo momento tocar directamente la placa central.
Su tarea era simple en teoría: rotar cada capa de runas hasta alinearlas correctamente y permitir que la placa central hiciera circular su energía a través de la nueva configuración.
Pero había una trampa.
Cada vez que la energía estelar fluía hacia una capa recién alineada, se convertía en un torrente abrumador.
Si su poder mental quedaba atrapado en ese afluente, sería arrastrado sin resistencia alguna.
Yami debía retirar su conciencia justo en el instante preciso, ni antes ni después, dieciocho capas.
Cada una con mayor resistencia que la anterior, Y cuanto más lejos del centro, mayor la presión.
Afortunadamente, Yami no era un novato.
Había refinado su mente, fragmentado su alma, sobrevivido al dolor del Abismo.
Sus “trucos” —matrices espirituales, microfragmentación consciente y anclajes yin-yang— reforzaban su capacidad mental más allá de lo común.
Una capa… Dos… Cinco… La presión aumentaba como si montañas invisibles se apilaran sobre su conciencia.
En la capa número dieciocho, sintió que su mar espiritual vibraba peligrosamente.
—¡Y listo!
¡Más vale aquí corrió que aquí murió!
Gritó y salió disparado.
No exageraba.
En un acto puramente instintivo, abrió un portal frente a él.
Cruzó la sala en un parpadeo, alcanzó la puerta, la abrió de golpe y desapareció al otro lado.
Apenas unos segundos después, la placa se activó por completo.
Las diecinueve capas comenzaron a rotar a una velocidad vertiginosa.
Las runas se encendieron una por una, adoptando el color profundo de las estrellas antiguas.
La estructura pasó de ser bidimensional a tridimensional.
Ya no solo giraba sobre su eje: comenzó a orbitar sobre sí misma, como un sistema planetario en miniatura.
La energía estelar descendió en forma de filamentos luminosos.
Los pilares del salón se activaron, iluminándose con luz astral.
El aire se volvió denso y caliente; las diecinueve placas vibraban bajo una presión que parecía exceder su capacidad estructural.
Durante un instante, pareció que se fracturarían, pero las runas se reorganizaron.
La estructura comenzó a autorepararse mientras giraba.
El ciclo se estabilizó.
En cuestión de minutos, la sala se llenó de torrentes de energía estelar.
El suelo tembló.
Las paredes resonaron con ecos cósmicos.
La habitación entera quedó cubierta por patrones rúnicos brillando como un cielo nocturno invertido.
Entonces, sin que nadie la tocara, la puerta se activó por sí sola.
Bajo la guía del Maestro de las Puertas, miles de portales ocultos en espacios especiales se conectaron simultáneamente.
Cada uno estaba destinado a un proceso específico.
Las matrices y bases distribuidas en distintos espacios y mundos pequeños quedaron completamente enlazadas, formando una red funcional unificada.
En una de las bases principales se encontraban cientos de cabinas.
En su interior podían observarse miles de niños recién nacidos en estado de cultivo.
Eran bebés probeta, parte del proyecto “Alabadas sean las chicas bestia”, desarrollado por los clones.
El objetivo del proyecto era crear nuevos cuerpos utilizando linajes humanos combinados con fragmentos genéticos obtenidos de la verdadera transformación de la Bestia de las 72 Transformaciones.
Dichos fragmentos fueron extraídos por el propio Yami antes de forjar el Corazón de Qilin, momento en el que perdió la pureza original de su linaje.
Estos nuevos individuos no pueden heredar el linaje completo de la Bestia de las 72 Transformaciones.
Sin embargo, ese linaje contenía en su interior miles de linajes primordiales absorbidos a lo largo del tiempo.
El propósito del proyecto es utilizar esos fragmentos como base para preservar, aislar y eventualmente extraer dichas herencias primordiales de manera controlada.
La eficiencia del proyecto aumentó con la incorporación de Ausra.
Aunque su existencia permanece vinculada al cuerpo del artefacto, puede operar como terminal de cálculo y procesamiento de información.
Además, Ausra fue creada originalmente como un sistema de linaje, por lo que puede analizar compatibilidades, estabilizar fusiones genéticas y optimizar rutas de desarrollo.
En esencia, el proyecto no busca replicar el linaje original, sino utilizarlo como contenedor y archivo para gestionar y reproducir linajes primordiales de forma estructurada.
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