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Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 82

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82: parte 8 82: parte 8 En otra base, Kiana estuvo encima de una de las murallas.

Sus ojos en este momento eran heterocromáticos—uno tan azul como el cielo y otro de color amarillo pálido, opacos y sin brillo.

Eran la prueba de que el cuerpo estaba ocupado tanto por Kiana como por la Doctora K.

Ella observaba cómo las miles de bestias se alborotaron y fueron contra las barreras.

Kiana: —¿Por qué hay tantos?

Doctora K: —Es simple.

La energía espiritual fomenta el desarrollo de todos los seres.

Desde que decidieron liberar los pequeños animales para repoblar cada pequeño mundo, la sobre-reproducción y evolución constante de estos era algo de esperar.

Kiana: —Espero que terminen rápido— Dicho esto, fue a la puerta donde un símbolo de espiral se iluminó y cruzó.

Era la misma base donde estaba Yami, esta, a diferencia de Yami, escogió 2 organoids con forma de gato—uno contrató con ella y el otro con la Doctora.

Dicho esto, regresó a su antigua posición y, tras revisar una vez más la seguridad de la base y confirmar que los mechas y zoids ocupaban posiciones para defensa estratégica, se fue a la siguiente base con ayuda del Maestro de las Puertas.

Situaciones similares ocurrían con las otras chicas.

Los otros organoids se mantendrán hibernando, esperando el crecimiento de los niños.

Retornando a Yami, esta vez estaba en un pequeño mundo diferente.

En este se encontraba el Capullo del Fin.

Este no liberó energía Honkai; en cambio, como singularidad empezó.

El objetivo de tener a Cocoon era analizarlo y evitar que pueda afectar este plano por nacer.

El actual capullo tendrá varios propósitos: Primero: Abrir puentes hacia el espacio de los números imaginarios.

Segundo: Será un seguro—es decir, el actual Cocoon está completamente bajo el control de Yami.

Será un seguro en caso de que el plano recién nacido entre en un punto de quiebre y la destrucción.

Solo entonces se tomará la iniciativa colapso.

Además, la energía imaginaria será solo una de las fuentes de poder de este plano.

La técnica de Flujo Interno Qilin creada por Yami puede absorber, refinar y transformar la energía Honkai.

En base a esto, se desarrollaron métodos de supresión, borrado y transformación para estos poderes, así como diversas medidas de contención.

—Parece que estás aquí, Celes —dijo Yami mientras observaba a la loli de unos 10 años con traje tecnológico que manipulaba a Cocoon.

—Este dispositivo es interesante —comentó Celes—.

Podemos dividir su poder en leyes fundamentales, perfectas para una nueva cosmovisión…

pero, ¿estás seguro de que quieres usar a Cocoon de esta manera?

—Honkai es demasiado dañino para el mundo —respondió Yami—.

Si bien la mecánica del Mar de Cuanta puede servir para crear distintas posibilidades, creo que es mejor seguir la idea de los clones.

Ellos pasaron años en reflexión.

—¿No temes una puñalada por la espalda?

—interrogó Celes—.

Además, ¿por qué?

Crear una vida, un Cocoon como programa, tiene muchas lagunas fáciles de vulnerar.

—Por eso estás aquí…

—Yami la miró con seriedad—.

Esos tipos te dijeron qué hacer, ¿verdad?

Celes: —Estoy haciendo los últimos ajustes para la nave.

Un leve tic apareció en los ojos de Yami.

Yami: —Estos tipos están recreando al Batman intergaláctico, ¿no tienen miedo a las demandas por derechos de autor?

—no sabía por dónde empezar a quejarse.

Entonces vio dos naves, una hermosa hermana mayor de cabello azulado y ojos dorados de unos 18 años y un chico guapo con los mismos rasgos.

Yami: —Escoge a la joven, según la ley de Honkai solo las mujeres tendrán un buen futuro.

Celes: ……

—Tú eres el jefe.

Yami: —Cierto, yo soy el jefe……

será mujer entonces.

Celes: ….

Dicho esto, la nave fue invocada pero era etérea y la masculina se transformó en energía que se integró, con la femenina dándole sustancia y la forma etérea se fue solidificando.

Entonces runas misteriosas brotaron de las manos de Celes y rodearon a Cocoon, pronto Cocoon se redujo al tamaño de una palma y fue incrustada en el cuerpo de la nave.

Yami: —¿Cuánto tiempo crees que tome la creación de una personalidad?

Celes: —Está hecho, usamos el método de creación del alma artificial y de inteligencia artificial—, suspiró —ustedes los humanos son aterradores….

Yami: —Simplemente copié todos los datos de investigación de las mentes brillantes de otros mundos, fueron esos clones bastardos quienes hicieron todas esas cosas, cuando los reabsorba sabré todas esas cosas pero por ahora solo soy un tonto.

Celes: —¿Un tonto, eh?….

no me lo creo.

Pequeña loli, esa expresión despectiva solo es útil cuando quien desprecias es una hermosa hermana real, no brote de frijol.

Celes: ….

Celes: —Está hecho— se dio media vuelta y se quiso irse pero.

Yami: —La nave está bajo tu cuidado, su nombre es Ain.

Dicho se dio media vuelta abrió otro portal y se fue.

Celes: tipo grosero, bufido, todavia tengo cosas que hacer- recoge a la joven y se va por otro camino.

Solo quedan dos mas y podre comenzar Yami giró sobre sus talones.

El portal azul se abrió en ondas y cruzó al siguiente punto.

Esta vez llegó a un espacio que denominó la Cámara de Eclosión.

Ante él se extendía una vasta caverna de energía viva, donde la realidad misma parecía respirar.

El aire brillaba con distorsión prismática, cargado con el peso de poderes convergentes.

Dos nidos masivos dominaban la cámara, cada uno tallado de fuerza elemental cristalizada y pulsando con ritmo cadencioso.

El primer nido acunaba el huevo de Lan —una cáscara opalescente inscrita con runas doradas fluidas.

Tendrilos de energía estelar descendían del techo, tejiéndose en la matriz del nido.

El linaje del Fénix Primordial vibraba en su interior, devorando ávidamente la nutrición.

El segundo nido contenía el huevo del Perro Demoníaco —más pequeño, irregular, su superficie grabada con sigilos carmesí-negros.

Pulsaba con hambre salvaje, extrayendo de los mismos torrentes elementales.

Esta cámara fue ella de manera singular para atraparon la energía que se filtra de cada espacio, eso incluye las llamas celestiales, energía estelar y las otras energías que desprenden cada pequeño mundo.

Los nidos descansaban en el punto de convergencia, posicionados para cosechar el desbordamiento de energía, simultáneamente alrededor habian varias submatrices usadas para extraer energía, y no solo habian dos nidos, simplemente eran los mas visibles.

Entonces sacó la botella de jade donde estaba sellada la gota de esencia de sangre de Ausra.

Mientras se comunicaba con ella en el artefacto: «Ya sabes qué hacer, ¿verdad?» La voz de Ausra resonó con peso ancestral.

«Sabes las consecuencias de tus actos, ¿cierto?» «Eres mi confidente», respondió Yami.

«Me seguirás en el futuro —ya sea como artefacto o camarada.» «Bien.» Las tres huellas que representan el artefacto fusionadoen su cuerpo arden.

Un fragmento de alma —previamente separado— se fusionó con la esencia de sangre.

La gota voló libre, y donde se asentó, un tercer huevo se manifestó, acomodándose en un nido vacío.

«Ahora hay tres huevos por nutrir», murmuró Yami.

La puerta se abrió.

Hei llegó.

«Llegas un poco tarde.» «Lo siento», dijo ella.

«Tuve que inspeccionar la seguridad de mi parte de las bases.» «No importa.

Siéntate en la formación que tiene el dibujo del cuervo dorado.» Hei estudió el arreglo.

«Parece un pollo gordo.» Yami: «Mujer, ¿dudas de mi talento artístico?» Hei: «Pfff—jajaja.» En verdad, Yami había pintado esta y muchas otras formaciones con modelos abstractos.

¿Por qué?

Si alguien preguntara, diría algo como «me dio por ser idiota» o simplemente «me dio la gana».

Mientras veía a la hermosa joven reír, su mente divagó hacia las dos pequeñas que le esperaban fuera de la Cámara del Tiempo.

La culpa resurgió —para fortalecerse y regresar, bajo el arreglo de Zhuque, la manifestación del cuervo dorado en su cuerpo había sido devorada por la del Fénix.

Su atención se fijó en el huevo de Lan, portador del linaje del Fénix Primordial, y en Hei, a quien había otorgado el linaje del cuervo dorado.

¿Se enfrentarán estas dos chicas en el futuro?

se preguntó.

«¿Me estás escuchando?» «Ejem—ejem—» Yami tosió.

«Estaba contemplando nuestros siguientes pasos.

Una bella dama no me culpará, ¿verdad?» Ante su gesto caballeroso, Hei se sonrojó e ignoró cualquier insatisfacción.

«Hei, he seleccionado algunas esencias de sangre para las chicas.

Cuando lleguen, deberán turnarse en el momento determinado.

Después de esto, dormiré al menos la mitad del tiempo que tome la transformación.» «Durante ese tiempo, ya sea que tenga éxito o fracase, todo dependerá de la suerte.

Pero pase lo que pase, deben mantenerse unidas.» «Después de todo», dijo sin vergüenza, «un harem armonioso es el tesoro de un hombre.» Hei se avergonzó más, pero no lo negó.

Desde que fueron invocadas por Yami, en cierto modo habían sido salvadas por él.

Hei bajó la vista, sus pestañas temblorosas.

«Mi señor…

¿puede quitarse la máscara?» Yami inclinó la cabeza, una sonrisa perezosa curvando sus labios.

«¿Por qué?

¿Quieres probarlo?» Dicho esto, se quitó la máscara y la depositó en las manos de Hei.

Pero ella solo la sostuvo, sus dedos trémulos contra el metal frío.

Un arrebato de nerviosismo y pasión la dominó —sus mejillas ardían, su respiración se entrecortó— y antes de que la razón pudiera detenerla, se alzó sobre las puntas de los pies y presionó sus labios contra los de él.

Un beso torpe.

Inocente.

Tembloroso.

«Yami…» susurró contra su boca, sin separarse.

Yami parpadeó, sorpresa pintada en sus facciones.

Luego una chispa traviesa encendió su mirada.

«¿Estoy siendo aprovechado?» Su voz bajó un tono, ronca.

«Esto…

no se puede dejar así.

El que se aprovecha debe ser yo.» Antes de que Hei pudiera escapar por el nerviosismo —antes de que pudiera retroceder, ruborizada y trémula— Yami le atrapó la cintura con firmeza.

Una mano se ancló en el hueco de su espalda, presionándola contra él.

La otra ascendió, delineando la curva de su costilla con perezosa posesividad.

Devolvió el beso.

Pero no con la torpeza de ella.

Sus bocas se aplastaron con hambre contenida, con la paciencia de quien saborea un vino añejo.

Yami inclinó la cabeza, modificando el ángulo, y cuando Hei jadeó contra sus labios —sorprendida por la intensidad— él aprovechó la rendija para deslizar su lengua en el calor de su boca.

Saboreó el dulzor de su aliento, exploró cada rincón con movimientos lentos, deliberados, que arrancaron temblores de la joven.

Su mano, esa mano que había ascendido con tanta pereza, finalmente encontró su objetivo.

Se cerró sobre la suavidad de su pecho —no con rudeza, sino con la presión exacta para hacerla sentir poseída— y sus dedos se flexionaron, masajearon, pellizcaron con sutil crueldad.

Cuando su pulgar rozó el centro endurecido bajo la tela, Hei soltó un gemido ahogado, un sonido que vibró directamente en la boca de Yami.

Esa rotura de sus defensas fue la señal que esperaba.

Yami profundizó el beso con voracidad, su lengua danzando con la de ella en una coreografía que simulaba otra unión más íntima.

Su mano abandonó el pecho de Hei para descender, acariciando la curva de su cadera, el contorno de su muslo, siempre regresando a ese punto de tensión en su cintura que la hacía arquearse contra él.

El aire entre ellos se volvió denso, cargado de fragancia femenina y promesas no cumplidas.

Unos minutos después —¿fueron minutos?

¿Horas?— Yami tomó la iniciativa de romper el beso.

Un hilo de plata —saliva brillante, íntima— aún conectaba ambos labios, tensándose antes de romperse.

Hei jadeaba, sus ojos nublados de deseo, sus labios hinchados e invitadores.

Yami sonrió.

Complicidad en esa curva.

Pero también destelló de insatisfacción consigo mismo —por detenerse, por tener asuntos que atender, por arruinar la oportunidad de reclamarla completamente.

«Pequeña Hei», murmuró, su pulgar rozando el borde de su mandíbula con ternaza que contrastaba con la rudeza de momentos antes.

«Todavía tengo asuntos que atender.

Podemos continuar cuando todo termine…

así que espérame.» Una promesa.

Una orden.

Una caricia verbal.

Dicho esto, se apartó.

Se colocó la máscara una vez más, ocultando sus facciones, ocultando la turbación que aún sentía.

Y se fue sin mirar atrás —porque sabía que si la veía así, despeinada, anhelante, de la atención de su maestro.

Dejó a la chica con los ojos nublados de deseo no saciado, con las manos temblorosas aferradas a la nada donde había estado su cintura, con el sabor de él aún en su boca.

Hei sabía que debía esperar.

Así que respiró hondo.

Se recompuso.

Y esperaría.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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