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Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 84

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Capítulo 84: parte 10

Yami abrió los ojos.

Primero, desorientado. El techo de cristal etéreo de la Cámara Central giraba lento sobre él. Parpadeó tres veces. Giró la cabeza. Vació.

Entonces recordó.

—¡JAJAJAJA! —se levantó de golpe, puño al aire— ¡SOBREVIVÍ, PERRAS!

Silencio.

—¿A quién llamas perra?

Yami se congeló. Se rascó la nuca.

—Tos, tos… solo estoy celebrando, mujer. Tanto disfrutas lanzarme del altar.

—De hecho… sí.

Yami entrecerró los ojos hacia la marca. La sintió distinta. Más definida. Más presente.

—Eres más emocional que antes.

Hubo una pausa breve.

—Estaba fragmentada —respondió Ausra con calma—. Algunos de mis fragmentos conservaban voluntad residual. Me ayudaste a refinarlos.

Yami ladeó la cabeza.

—Refinarlos… es una forma amable de decirlo.

—Eliminé un peligro oculto, el viejo yo podría resurgir y dejarse llevar por aquellos recuerdos —dijo Ausra—.

Yami se puso de pie y extendió la conciencia hacia la matriz externa de llamas. Veintitrés intermedias. Ocho Slaughter God. Todas girando en equilibrio forzado alrededor de un centro vacío que no era vacío… sino punto de convergencia.

—Vamos a cambiar esto.

Invocó el Modo Clown Crown — Forma Inicial. La manifestación del artefacto no apareció como antes, como un guantelete superpuesto. La estructura negra emergió desde su carne misma, escamas formándose bajo la piel antes de exteriorizarse. No era armadura. Era reconfiguración funcional.

—Ausra. Potencia de cálculo máxima. Solo asistencia.

—Autorización confirmada. Tú mantienes control primario. Ejecutaré predicción y ajuste geométrico.

Los tres sellos resonaron. Brazo derecho. Corazón. Mar espiritual. No eran piezas separadas. Eran manifestaciones distintas del mismo artefacto divino sellado.

Yami proyectó intención.

—División y fusión. Extraer semilla de origen. Comprimir el resto en núcleo coherente.

Ausra no tocó las llamas. Calculó. Millones de trayectorias posibles. Equilibrios dinámicos. Puntos de colapso.

Yami ejecutó.

La división ocurrió primero. Cada una de las treinta y una llamas fue separada con precisión quirúrgica: semilla de origen —potencial regenerativo puro— y cuerpo activo —poder ardiente acumulado.

Luego la fusión. No hubo choque caótico. No hubo explosión. Los cuerpos activos fueron guiados hacia el centro por geometría perfecta, como ríos obligados a formar un único océano. La compresión no fue por fuerza. Fue por inevitabilidad matemática.

En el centro nació algo nuevo. No ardía. Latía.

[La Llama Origen Primordial]

—Núcleo coherente estabilizado —informó Ausra—. No activo. Estado latente.

Yami no intentó tocarla. Todavía no.

—Ahora las semillas.

Las treinta y una chispas puras flotaron hacia él. Atravesaron la barrera física y descendieron hacia el microcosmos bajo administración de Ausra. No entraron “en ella”. Entraron en el pequeño mundo que ella sostenía.

Diez zonas internas aguardaban. No espacios físicos, sino dominios estructurales preparados.

—Distribución iniciada bajo tu prioridad —confirmó Ausra—. Germinación diferida hasta disponibilidad energética adecuada.

Yami asintió. Miró su mano izquierda, luego el brazalete de Chaos Slayer.

Entonces, después de ver el mecha que permanece latente, decidió buscar una oportunidad para que este se desarrolle.

—Solicitud de invocación. Objeto: [Plasma Spark].

El sistema respondió. Advertencias surgieron: Fuente Estelar Artificial. Riesgo de mutación. Sobrecarga dimensional.

El espacio se dobló. La Plasma Spark apareció: esfera azul-blanca del tamaño de un puño. Pulso lento. Como el corazón de un gigante dormido.

Yami no la tocó. En cambio, reconfiguró el artefacto.

Los dos fragmentos del artefacto —el sello del corazón y el sello de la mano izquierda— se desanclaron de su carne, manteniendo la vinculación espiritual intacta. No era separación. Era externalización funcional. Las runas negras y escamas se entrelazaron en el aire, formando una estructura flotante: dos pilares que sostenían una plataforma central.

Un altar.

En su centro, una fluctuación espacial. No un vacío. Un bolsillo dimensional estabilizado.

—Espacio de contención generado —confirmó Ausra—. Capacidad limitada. No diseñado para consumo. Solo interfaz.

Yami empujó la Plasma Spark hacia el núcleo del altar. La esfera atravesó la fluctuación y desapareció de la realidad exterior.

Dentro, su pulso estelar chocó contra las paredes dimensionales. No fue absorbida. Fue interceptada. El altar tradujo su pulso en patrones estructurales, redirigiendo la presión energética hacia las capas del microcosmos.

—Conversión en curso —dijo Ausra—. No consumo. Solo estabilización.

Una vez dentro, el altar absorbió locamente la energía de ella, redirigiendo la energía a la capacidad de cálculo de Ausra.

—Recalculando —dijo Ausra, y la voz salió de los tres sellos con tono concentrado—. Modificando estructuras internas. Usando excedente energético para expandir estabilidad del microcosmos. Integrando semillas de llama en zonas preparadas.

Horas dentro, segundos fuera.

—Conexión establecida —anunció Ausra—. La Plasma Spark permanece en altar de contención. Su energía se procesa y transmite al microcosmos de forma estabilizada.

—La intención de la Spark es demasiado activa para contención indefinida —continuó Ausra—. Eventualmente requerirá liberación estructurada.

—Cuando eso pase —respondió Yami— la conectas a la Pintura. Que alimente el sistema mayor.

—Confirmado. La Spark actuará como puente entre microcosmos y macroestructura cuando el límite de contención sea alcanzado.

Yami observó el altar flotante donde la Spark ardía contenida. Entendió la elección implícita: Ausra podría haber usado toda esa energía para expandirse, para volverse más poderosa. En cambio, elegía invertirla en eficiencia, en poder ayudarlo mejor mientras cultivaba su mundo en paralelo.

Era optimización de recursos.

Yami no dijo nada. No había necesidad.

Se alejó de la zona de la matriz, dejando el altar flotante donde estaba, vinculado invisiblemente a través del sello en su mar espiritual. La conexión ya se sentía diferente: tensa, mecánica, como engranajes que giran sin aceite. Ausra estaba ocupada.

Él también tenía asuntos que atender.

Se dirigió a otra zona donde esperaba otra “encarnación” — aunque el propio Yami no terminaba de entender qué significaba eso exactamente. El perro demonio en la habitación de eclosión era este tipo de existencia: no un clon propiamente dicho, sino algo… más complejo.

Este experimento había sido obra de sus clones usando uno de los Diez Cristales Mata Dragones. Yami se había mantenido al margen, pero cuando vio el resultado no pudo evitar quejarse.

—Esos despreciables… —murmuró con irritación— convirtieron al Dragón Negro del Apocalipsis en una hermana dragón real.

El proceso había sido brutal en su eficiencia: tomaron el alma de Acnalogía dentro del cristal Matadragones y la refinaron hasta borrar todo —memoria, identidad, deseos— dejando solo el impulso primordial. Pero ese impulso aún respondía al remanente del alma de Yami, el vínculo amo-esclavo grabado en su núcleo.

Sus clones no se conformaron con eso. Usando tecnología de alma artificial, configuraron una personalidad desde cero: una hermana dragón real, con afecto genuino, lealtad instintiva, y una devoción natural hacia su “maestro”.

El cuerpo se formó usando el Cristal Mata Dragones como núcleo —preservando el linaje— y como reflejo del alma, adoptó la apariencia correspondiente a esa personalidad: una joven dragón real.

Pero aquí estaba la paradoja que Yami no había anticipado.

Cuando ella despertó, Yami no le ocultó nada; después de todo, ella sabía cómo había sido creada. Esperaba resentimiento, rabia, algo comprensible.

En cambio, obtuvo algo más incómodo.

Ella lo sabía todo. Que sus emociones eran en parte construcción, que su lealtad tenía raíces artificiales, que Yami podía —en cualquier momento— acceder a sus recuerdos o tomar control de su cuerpo. Y aun así… la configuración ganaba. Se sentía atraída hacia él, preocupada por su bienestar, genuinamente feliz cuando él visitaba.

Pero no era sumisión ciega.

Podía resistir. No las restricciones —esas eran absolutas: no podía desobedecer, no podía traicionar— pero sí podía mostrar irritación cuando Yami se comportaba de cierta forma, podía discutir, podía exigir explicaciones. Su carácter emergía y dominaba conforme el tiempo pasaba iba mejorando, su carácter se iba moldeando con el tiempo y la experiencia.

Yami, para su propia sorpresa, no abusaba de esto. No le daba misiones imposibles ni tareas que odiara. Su naturaleza simplemente no lo permitía. En la práctica, sus “órdenes” se limitaban a una solicitud rutinaria: que compartiera los recuerdos relacionados con la magia Mata Dragones, útil para sus propios estudios.

Era… incómodo. Para ambos. Ella sabía cuando él miraba, sentía la presencia ajena husmeando en su mente. Yami lo sabía, y generalmente no lo hacía —¿para qué? Sus pensamientos cotidianos no le interesaban, y ella ya compartía voluntariamente lo relevante.

Pero la posibilidad existía. Siempre existiría.

Tos, tos. —Yami se aclaró la garganta desde la entrada de la cámara de convergencia— Vengo a revisar el progreso de tu misión.

Acnolea no levantó la vista de la matriz proyectada en el aire —nueve nodos de luz pura conectados por líneas de fuerza, girando en silencio mecánico. Ella ajustaba una fase de sincronización, los dedos trazando cálculos en el vacío.

—Simplemente mira mis recuerdos —dijo, y en su voz había ese dejo de fastidio que Yami ya había aprendido a reconocer: no era para él, era para la situación. Para la farsa de “revisión oficial” entre dos personas que sabían exactamente cuál era su relación.

—No haré tal cosa si no es importante. Lo sabes.

Ella soltó un bufido —gesto aprendido de los clones,— y finalmente lo miró.

—Hipócrita.

—Los hipócritas son esos tipos a los que les gusta jugar a ser dios.

—¿Y tú? —se giró completamente, abandonando la matriz momentáneamente— Les sigues el juego.

Yami sonrió, y fue una expresión extrañamente honesta. No burla. Simple constatación.

—Pos, obvio.

—Gracias a su estupidez existes —su tono cambió, perdió la burla— Solo tienes que vivir como te parezca. Realizar las pequeñas tareas, claro… —dudó, eligiendo— …si lo deseas. Después de todo, nadie puede controlar tu pensamiento.

Silencio. La matriz pulsaba detrás de ella, indiferente, los nueve cristales vacíos girando en órbita perfecta.

Acnolea lo estudió largamente. Luego, con una voz más suave, casi vulnerable:

—…¿Y si algún día dejo de desear seguir deseando?

Yami no tuvo respuesta para eso.

Ella volvió a la matriz, los dedos reanudando su trabajo mecánico. Pero su voz llegó, baja, dirigida más a los cristales que a él:

—Veinte minutos. La convergencia será estable.

Yami se quedó un momento más, viéndola de espaldas, erguida, configurando la matriz de dragones que ella despreciaba sin saber por qué.

-empezaremos dentro de poco, la próxima ves que hablemos sera dentro de unos años.

Luego se fue.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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