Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 90
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Capítulo 90: fin de la travesura
Tras la discusión, llegaron todos —incluyendo a Rui y Celes— y se fueron al centro del Árbol del Comienzo, ese lugar mítico donde Mew dormía desde tiempos inmemoriales. Un árbol colosal que trascendía la realidad misma, cuyas raíces se hundían en las primeras capas de la existencia y cuyas ramas rozaban los confines del tiempo. Allí, donde el origen de toda vida pokémon aún palpitaba en la savia dorada que fluía por su tronco, cierto pequeño gato rosado los esperaba.
Yami recordó algo. De su almacenamiento extrajo una botella de jade y la arrojó a Himari. Era la gota de sangre del gato del legado celestial que Ausra había extraído previamente.
—Refínala —dijo—. Te será útil.
Luego extrajo una semilla del Emperador Plata Azul que estaba injertada en un brote del Árbol de la Vida.
Celes observó el gesto con expresión inescrutable.
—¿No te pesa la conciencia?
—Ninguno de los dos desarrolló conciencia espiritual —respondió Yami sin detenerse—. Así que no.
Mientras intercambiaban charlas sin importancia, avanzaron a toda velocidad hacia el núcleo del árbol. El camino los llevó más allá de donde la física convencional tenía sentido, atravesando capas de realidad donde los recuerdos del mundo aún se conservaban puros, hasta llegar al corazón mismo: una cámara donde la gravedad perdía sentido y flotaban cristales de luz que contenían ecos de creación.
Allí les esperaba un pequeño gato volador de cola larga, flotando con indolencia entre los ecos del origen. Era cierto chico escurridizo que daba dolores de cabeza a los clones.
—Viejo Mew —Yami sonrió con genuina afectación—. Mucho tiempo sin verte.
—¿Vamos a jugar? —la voz de Mew resonó directamente en sus mentes, infantil y eterna al mismo tiempo.
—Primero terminemos.
—¿Estarás bien?
—Ya todo está planeado, pequeña. No te preocupes, todo está listo —Yami extendió una mano hacia el gato, y por un instante su expresión se suavizó—. Pero tendrás que esforzarte. En el peor de los casos, dormirás por mucho tiempo.
Mew asintió con seriedad impropia de su apariencia, su cola describiendo patrones que trazaban símbolos de protección en el aire.
Entonces empezó.
Los cuatro —Rui, Celes, Mew y Yami— canalizaron su energía hacia el núcleo del Árbol del Comienzo. Una vez más, Yami contactó con Ausra y, bajo su orden, esta liberó su control sobre Plasma Spark. Una a una, reconectó todas las formaciones, incluyendo el propio núcleo de la pintura.
Las fuerzas convergieron.
El Árbol del Comienzo se iluminó desde su interior, sus patrones primordiales activándose como circuitos misteriosos. Las bases en cada pequeño mundo respondieron, sus enlaces convirtiéndose en prototipos de líneas ley que pulsaban con el ritmo del primer latido del universo, las cadenas del cielo previamente dentro del cuerpo de yami emerge y se fusiona, con la nueva linea ley, estas se fortalecen, al mismo tiempo que alimente la cadena. Los mundos conectaron, divergieron, crearon una red de existencias que se sostenían mutuamente. Mew utilizó su conexión innata con el árbol —esa que le permitía viajar entre dimensiones y manipular la vida en su forma más pura— para proteger las zonas marcadas, su cuerpo emitiendo una luz rosada que estabilizaba las transiciones violentas entre realidades.
Las energías convergentes formaron núcleos secundarios que interconectaron con el núcleo primordial de la pintura.
Fue entonces cuando ocurrió.
En el mar espiritual de Yami, el huevo que llevaba gestándose segun el mucho tiempo, finalmente despertó. Con su despertar, una conexión previamente inestable se solidificó: era la parte de su cuerpo que contenía la esencia divina de su ser, ese fragmento de existencia que resonaba con lo absoluto.
Yami volvió al estado de indiferencia donde todos los seres son hormigas.
Pero esta vez, esa indiferencia trascendente sirvió de catalizador. A través del vínculo que el huevo despertado estableció, la influencia del linaje Eliatrope se maximizó. Dos divinidades resonaron en perfecta armonía: la del huevo recién nacido y la de algo que existía más allá del alcance ordinario.
Las coordenadas aparecieron en su mente como si siempre hubieran estado allí, esperando ser recordadas.
A través del vínculo creado por el despertar del huevo, Yami abrió un portal. No era un portal común: era una puerta que trascendía las dimensiones, que perforaba los velos entre la realidad y el lugar donde la persona misteriosa —aquel amigo de Lang Xing que había tomado el cuerpo para protegerlo— lo había ocultado.
El cuerpo emergió.
Ese recipiente que había despertado el linaje completo de la Bestia de 72 Transformaciones, aquel que Yami había tenido que abandonar para no ser consumido por la divinidad inherente a ese linaje, ahora flotaba ante él. Ambas divinidades resonaron: la del cuerpo recuperado y la del huevo despertado, creando una sinfonía de poder que hacía temblar las fundaciones del Árbol del Comienzo.
Mientras esto sucedía, la voluntad que la persona misteriosa había dejado en el cuerpo —esa marca de protección que aún persistía— lo notó. Pero no lo detuvo.
Un suspiro atravesó las dimensiones, cargado de impotencia y melancolía:
—Si quieres ser devorado por la divinidad, no te detendré… viejo amigo, perdóname. Ya no puedo salvar a tu heredero.
Nadie pudo oírla. O quizás Mew sí, pero su expresión no cambió.
En ese momento Yami no tenía idea de los pensamientos de ese tipo. En su lugar, con un método especial que solo su estado de indiferencia trascendente permitía ejecutar, extrajo cinco gotas de esencia de sangre del cuerpo y las guardó en recipientes de cristal que parecían contener estrellas comprimidas.
Luego, sin titubear, arrojó el cuerpo al núcleo donde las energías convergían.
Ocurrió un gran cambio tanto para la pintura como para el propio Yami.
—¿Ese no era tu cuerpo? —preguntó Celes, observando cómo el recipiente físico de la Bestia 72 se disolvía en el vórtice de creación.
—Si me integro, seré afectado por el destino del linaje —explicó Yami, su voz adquiriendo el tono plano de quien observa hormigas desde una altura insalvable—. Mi atributo de diablo que rompe el destino es demasiado débil. Incluso con el cuerpo de un demonio primordial, con la base de un verdadero inmortal, solo seré carne de cañón. Mejor me desarrollo lentamente. Tenerlo ganando polvo es un desperdicio de recursos —sus ojos reflejaban el resplandor del núcleo—. Mejor lo uso. A largo plazo, servirá para mi crecimiento.
El cuerpo de la Bestia 72 se desintegró en el núcleo, liberando prototipos de leyes de la era primordial que se integraron con la pintura. El semiplano que alguna vez fue su mar espiritual se transformó, dividiéndose en tres zonas distintas.
Yami ya no se preocupaba. Varias semillas plantadas en su mar espiritual emergieron con ese avatar: eran el poder del Rey Espíritu y la semilla de la Divinidad Suprema del Conocimiento. Nunca más sería afectado por otras fuerzas, eso incluía la misma divinidad. Este ya nunca se perdería.
Entregó los diez tótems de guerreros legendarios a Celes. Esta adquirió forma adulta, usando su poder y autoridad como ex dios de la Biblia para abrir un espacio donde creó un mundo digital —un Digimundo— bajo su custodia. No podía crear sistemas religiosos sesgados, pero sí ángeles y demonios desvinculados de la escritura sagrada, seres que servirían como administradores de ese plano.
Rui utilizó gran parte de la energía para completar el crecimiento de ambos lotos —el dorado y el demoníaco— fusionándolos en el Plano del Loto Blanco. Este serviría como pilar del pequeño mundo, compartiendo carga con el Árbol del Comienzo. Un método especial permitiría que el retoño del Árbol de la Vida devorara al Emperador Plata Azul, evolucionando eventualmente en un Árbol del Mundo.
Las formaciones de Aurelion Sol se activaron al máximo, drenando casi por completo su fuerza y espíritu, dejándolo vulnerable para que Ausra refinara y devorara su autoridad. Los cristales cazadores de dragones bajo Acnalea sufrieron destino similar. Parte de esa energía alimentó los huevos: el de Lan, el de Hei separado de Ausra, el huevo de perro demonio.
Y en el centro de todo, en el mar espiritual transformado de Yami, ocurrió el verdadero milagro.
El reflejo del yo divino, sentado en su trono interior, observó cómo el Dragón despertaba. El Fénix que descansaba en el trono solar también abrió los ojos. Ambos revelaron su verdadera naturaleza: eran manifestaciones de la creación misma, arquetipos que precedían a los dioses. Dragón y Fénix bailaron al son de la creación, sus movimientos trazando las leyes fundamentales del nuevo mundo.
Eran ellos quienes dirigían el proceso del nacimiento.
El espacio de la pintura se expandió hasta sus límites absolutos, adquiriendo propiedades similares al camino que Yami no había completado: crear un mundo dentro del cuerpo. La pintura se dividió en planos:
El Plano Superficial, con miles de kilómetros de ríos y montañas. El Plano del Loto Blanco, fusión de los lotos dorado y demoníaco. El Plano de los Mil Mundos, una galaxia donde los pequeños mundos evolucionaron a mundos completos con Plasma Spark como sol estelar, siendo el más grande aquel creado con la Llama de Origen como núcleo. El Plano Espiritual, donde se mezclaron sueños, espíritu y pesadilla. Y finalmente el Plano Trino, nacido del mar espiritual dividido: zonas Sagrada, Abismo y Terrenal.
Cuando todo concluyó, Yami deshizo todos sus clones antiguos. Usando el mismo método, creó cien clones nuevos al instante —estos se harían cargo de todo.
Antes de perder la conciencia, Dragón y Fénix regresaron a su cuerpo. El reflejo del yo divino, sin embargo, permaneció. No regresó al capullo con Yami, sino que ascendió, fusionándose con la estructura misma de la pintura.
Se convirtió en Ley Celestial.
Bajo la guía de Yami —o más bien, bajo las instrucciones que Yami había dejado antes de cerrar los ojos—, la conciencia divina nacida del huevo se elevó y se transformó en algo parecido a la voluntad del cielo: siempre presente, siempre vigilante, sembrando nueva vida desde el mapa genético de la Bestia de 72 Transformaciones, asegurando que la vida transcurriera en ciclos eternos.
El cuerpo de Yami quedó envuelto en un capullo en el núcleo del nuevo Árbol del Mundo. Este se extendió desde el corazón del Árbol del Comienzo, conectando los diversos planos con sus raíces que trascendían dimensiones, sus ramas tocando los límites de la realidad pintada.
Yami cerró los ojos.
Y se dejó caer en la inconsciencia, sabiendo que cien versiones suyas administraban su mundo, que su reflejo divino governaba como ley celestial, y que en algún momento futuro, cuando alcanzara el nivel de Inmortal Verdadero, despertaría para reclamar el linaje que ahora dormía en su sangre diluida.
Pero eso sería después.
Ahora, solo había oscuridad.
Dónde estoy?… ¿Volví a morir?… Ola—
El pensamiento se disuelve antes de formarse completamente. Un espacio negro como tinta fresca lo envuelve por todos lados. No hay arriba ni abajo, solo ausencia.
Pequeños puntos luminosos flotan a lo lejos. Cuando su atención se fija en uno, la sensación es inmediata: atracción, como si el vacío mismo intentara beberlo. Yami desvía la mirada rápidamente, respirando—o eso cree hacer—hasta que el peligro pasa.
Entonces lo siente.
Un hilo tenue, casi imperceptible, que se extiende desde su centro hacia… allá. Hacia donde su cuerpo descansa. Puede sentirlo: envuelto en algo cálido y protector, custodiado. Las chicas se turnan para vigilarlo, aunque no necesita saber los detalles. Solo sabe que está seguro.
Cuando intenta conectarse con su cuerpo, un flujo inmenso de información, casi disipa el pequeño fragmento, este fragmento de conciencia que se separó sin querer durante la transformación—debe esperar.
Las luces llaman.
No sabe qué son. No recuerda haber visto este lugar antes, aunque algo en su naturaleza fragmentada reconoce la sensación. Es similar a los sueños anteriores, sí, pero esta vez hay diferencia crucial: control. Puede moverse. Puede elegir.
No piensa dos veces.
Da media vuelta—una acción puramente intencional en un espacio sin dirección—y se impulsa hacia las luces más cercanas. No por curiosidad. No por propósito. Solo porque debe hacerlo, como el agua debe fluir cuesta abajo.
Sabe, con certeza que no cuestiona, que cuando su cuerpo termine de transformarse en ese capullo custodiado, simplemente será absorbido de vuelta. Automáticamente. Sin esfuerzo.
Hasta entonces, vaga.
Un fragmento de alma navegando lo desconocido, conectado por un hilo invisible a quien realmente es, esperando que el tiempo—aquí tan diferente—pase..
Yami- normalmente estaría asustado o confundido, sera que me volví insensible? O es por otra cosa-dijo mientras reflexionar sobre el estado actual de su cuerpo.
Mientras reflexionaba sintió un tirón, uno de los puntos de luz absorvio a yami sin control.
Yami- mierda!
Un tiempo desconocido despues, un joven abrió los ojos,
Yami abrió los ojos bajo un cielo que no reconocía. No era el techo de cristal del Árbol del Comienzo, ni la calidez familiar de su antiguo cuerpo. Sentía… extraño. Liviano, pero de una manera enfermiza, como si cada movimiento costara más de lo que debería.
Normalmente estaría asustado o confuso, pensó mientras intentaba levantarse. Sus brazos temblaron, revelando muñecas que parecían a punto de romperse. ¿Será que me volví insensible? ¿O es por otra cosa?
Extendió su poder mental —esa habilidad que había cultivado a través de múltiples sistemas— para examinar su nuevo recipiente. Lo que encontró le hizo fruncir el ceño: un cuerpo adolescente, flaco hasta el punto de ser esquelético, marcado por la desnutrición y la exposición al resentimiento, también habia una conexión, pero antes de que pudiera procesar más, una avalancha de memorias ajenas lo golpeó.
Recuerdos que no eran suyos, pero ahora lo eran:
Una isla pequeña pero próspera. El fuerte costero donde su padre —ahora su padre— servía como comandante. Palabras susurradas entre adultos cuando creían que los niños no escuchaban: “Los resentimientos están aumentando,” decía su madre con voz preocupada. “La base del este cayó la semana pasada. No dejaron sobrevivientes.”
¿Qué son los resentimientos? La pregunta del niño original —ahora silenciado, absorbido por la llegada de Yami— nunca fue respondida directamente. Solo fragmentos: apariciones cerca de naufragios, sombras que acechaban durante la noche, cosas que ni siquiera las chicas de barco podían explicar del todo.
Y las sirenas… eso sí lo conocía. El enemigo eterno. Las invasoras de los mares. Pero cómo se relacionaban con estos “resentimientos” que los adultos temían tanto, eso quedaba más allá del entendimiento de un niño de doce años.
La evacuación. El barco pequeño. La tormenta que surgió de la nada, o quizás no fue una tormenta. La caída. El frío del agua. El oscurecimiento.
Entendido. No menciono a las sirenas ni saco inferencias sobre por qué la isla está abandonada.
Yami regresó al presente, jadeando. Estaba en una playa de guijarros negros, bajo un cielo teñido de violeta y naranja en el ocaso. Pero lo que lo hizo incorporarse con dificultad fue lo que sentía más allá de la orilla.
Una presión psíquica densa, opresiva, que emanaba de toda la isla. No era natural. Al extender su percepción —cuidadosamente, probando los límites de este cuerpo débil— encontró que la isla entera estaba saturada de resentimiento, como si el lugar mismo hubiera sido testigo de muertes que no querían ser olvidadas.
Y en la oscuridad más allá de la playa, cosas se movían. Siluetas que su poder mental apenas podía discernir: formas que una vez fueron humanos, barcos, quizás incluso chicas de barco caídas. Ahora eran solo hambre y algo más —una rabia que persistía más allá de la muerte lógica.
“Resentimientos,” murmuró Yami, probando la palabra. Su voz sonó áspera, deshidratada.
Se recostó contra una roca, evaluando con la frialdad que había desarrollado a través de interminables años de sueño. Cuerpo débil, sin recursos, rodeado de fenómenos que no comprendía del todo.
Algo se movió en el borde de su percepción. Una figura encorvada, emergiendo de entre los árboles retorcidos del interior de la isla.
Yami cerró los ojos y comenzó a planificar. Necesitaba fuerza. Necesitaba entender qué era este lugar —esta “isla muerta” donde los resentimientos custodiaban algo.
O, al menos, alguna razón para sobrevivir mientras tanto.
En el horizonte, algo grande se movió bajo el agua, y la presión de resentimiento a su alrededor pareció… interesarse.
Suspiró.
El resentimiento corroe este cuerpo, pensó, sintiendo la energía opresiva filtrándose por sus poros, buscando anidar en sus meridianos rotos. Sin el espíritu marcial misterioso, este tipo de energía puede mermar la vitalidad.
Pero cada fragmento de alma que habitaba este recipiente temporal llevaba un rastro de linaje, una chispa de algo más antiguo que la ley misma. Eso mantenía a este cuerpo vivo —por ahora.
Después de sacar una conclusión de su situación actual, usó su poderoso poder mental para marcar el resentimiento de su cuerpo y tomar el control de este.
Y entonces empezó a trazar los patrones de flujo qilin del fin de la ley que había creado antes. No sabía cuánto tardó. Solo que cuanto más movilizaba el resentimiento, más cerca estaba de la muerte. El patrón era violento, desesperado —forzar energía corrupta a través de meridianos quebrados, canalizarla hacia un punto sin que destruyera todo lo demás.
Cuando por fin logró grabar el sello en el punto de acupuntura del corazón y se encendió una pequeña llama negra en este, solo le quedó un aliento de vida.
Pero era suficiente.
Porque logró sentir la conexión. Era intermitente, débil, pero estaba ahí: su cuerpo original, en hibernación profunda. Ausra, su grimorio, mantenía la línea abierta. El espacio de doma existía, inaccesible por ahora, pero existente. No contactaría con ellos —no mientras su cuerpo verdadero permaneciera en estado de suspensión— pero tener acceso a Ausra era suficiente.
Y con Ausra, tenía acceso a los registros.
La técnica del flujo qilin podía refinar y transformar la energía en otro tipo de energía, siempre que recordara las propiedades de esta. Entonces, con ayuda de los registros de Ausra, comenzó a transformar el resentimiento en energía vital.
Era lento. Doloroso. Cada ciclo exigía atención total, forzando la energía corrupta a través del sello del corazón, descomponiéndola, reconstruyéndola en algo que este cuerpo podía usar.
Pero funcionó.
La vitalidad comenzó a fluir, tímida al principio, luego con más fuerza. Restauró. Reparó. Mantuvo.
Entonces empezó un ciclo donde absorbía resentimiento y generaba vitalidad. Antes de darse cuenta, su fuerte poder mental —despierto, hambriento, ansioso por ser usado— creó un vórtice que absorbía el resentimiento a kilómetros a la redonda.
Algo lo despertó. Eran los resentidos, atraídos por el vacío que generaba.
Pero no se preocupó.
Dentro de sus muchos estudios estaba la técnica del soul ferrying ksitigarbha. Para aprenderla había tenido que ver el largo viaje de sufrimiento de un monje que pasaba por adversidad hasta que se iluminaba y moría. Y otras técnicas basadas en la rectitud y justicia de la facción académica.
Con estas técnicas como base, y la ayuda de cientos de clones que compartían recuerdos y estudiaban al mismo tiempo, había creado el canon de ascensión: una técnica que purificaba el resentimiento y guiaba el alma, generando energía recta a la que denominaba energía del mérito.
De raíz budista, pero modificada para estar más cerca del taoísmo. Así que simplemente “mérito” estaba bien.
Dejó de absorber.
Y entonces, sentado contra la roca de guijarros negros, bajo el cielo violeta y naranja que se oscurecía, comenzó a recitar.
Una rima misteriosa salió de su boca. Su cuerpo empezó a emitir una tenue luz llena de gran compasión y rectitud, un canto tenue y misterioso que trae paz y tranquilidad a quien lo oye.
Cuando el primer resentido chocó con Yami, este se deshizo en niebla y cayó un objeto. Yami no lo miró. Se centró en recitar.
Como una tormenta furiosa, cientos de resentidos se abalanzaron.
Entonces sucedió algo que casi deja a Yami sin palabras: uno a uno se disolvían. Parecía que querían usar la oleada humana para acabar con él, pero cuanto más espíritus purificaba, más aumentaba el mérito. Cuanto más mérito, mayor era la fuerza de purificación.
Si hubiesen mandado a uno más fuerte que Yami al principio, este no podría soportar.
Pero ahora?
Esa sería una buena técnica, pero mientras tenga más mérito, más fuerte será. Y cuanto más fuerte, más atención llama. Y más espíritus son llamados.
Así pasaron varias horas.
La Imagen Final
> A su alrededor habían miles de objetos.
Miles visibles inmediatamente, pero el campo de restos se extendía más allá de lo que sus ojos físicos podían ver —un mar de drops que cubría kilómetros de playa, bosque retorcido y costa rocosa.
El cántico se detuvo.
Yami abrió los ojos.
Su alcance de purificación seguía siendo 6 kilómetros. Pero el vórtice había hecho el trabajo de movilización. Los resentidos habían venido a morir.
La isla de 6,000 km² seguía técnicamente “saturada” de resentimiento ambiental en su mayoría. Pero los hostiles activos, los que se movían, los que atacaban…
Estaban muertos. Convertidos en cubos, monedas y cañones oxidados.
El silencio era diferente ahora. No la quietud de un depredador esperando. Era la ausencia de amenaza inmediata.
En el horizonte, donde su purificación no alcanzaba, las sombras seguían. Pero eran pasivas. Por ahora.
Yami miró los miles de objetos a su alrededor.
Luego miró más allá, hacia el 98% de la isla que permanecía oscuro.
Entonces, con un movimiento de su mano, todos los drops fueron guardados.
Y con su orden, el sistema hizo una lista:
Cubos Mentales — Cubo de Sabiduría Estándar: 2,500
Recursos Básicos — Monedas: 180,000 — Petróleo: 45,000 unidades — Madera de construcción: 12,000 unidades — Piedra basalto: 8,500 unidades — Metal común hierro-acero: 6,000 unidades
Alimentos — Raciones militares: 800 — Agua embotellada: 1,200 botellas — Conservas variadas: 600 — Alimentos perecederos fruta pan: 400 (caducidad próxima)
Consumibles — Líquido de reparación rápida: 350 — Líquido de reparación estándar: 280 — Caja de herramientas naval: 45 — Paquete médico de emergencia: 120 — Baterías portátiles: 200
Equipamiento T1-T2 — Cañones pequeños: 3,200 — Cañones medianos: 890 — Torpedos: 1,500 — Aviones reconocimiento: 650 — Armaduras ligeras: 2,100
Equipamiento T3 — Cañones pesados: 340 — Aviones combate: 180 — Sistemas radar: 45 — Motores mejorados: 120
Materiales — Placas mejora T1: 4,500 — Placas mejora T2: 1,800 — Placas mejora T3: 320 — Blueprints varios: 85
Objetos Especiales — Caja reparación emergencia: 12 — Dispositivo comunicación dañado: 3 — Mapa naval envejecido: 1 — Diario capitán ilegible: 1
Yami revisó la lista en su mente, accediendo a la interfaz que Ausra proyectaba. Los recursos básicos eran útiles. La madera y piedra podían servir para refugio. La comida, para sobrevivir. Los líquidos de reparación, para mantener este cuerpo funcional mientras durara.
Pero sus ojos se detuvieron en los cubos mentales.
Con suficientes cubos, podría intentar construir algo. Alguien. Una ayuda en este cuerpo débil.
Guardó la lista y miró hacia el horizonte oscuro.
Primero, necesitaba un lugar seguro.
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