Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 91
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Capítulo 91: Valla sere comandante?
Dónde estoy?… ¿Volví a morir?… Ola—
El pensamiento se disuelve antes de formarse completamente. Un espacio negro como tinta fresca lo envuelve por todos lados. No hay arriba ni abajo, solo ausencia.
Pequeños puntos luminosos flotan a lo lejos. Cuando su atención se fija en uno, la sensación es inmediata: atracción, como si el vacío mismo intentara beberlo. Yami desvía la mirada rápidamente, respirando—o eso cree hacer—hasta que el peligro pasa.
Entonces lo siente.
Un hilo tenue, casi imperceptible, que se extiende desde su centro hacia… allá. Hacia donde su cuerpo descansa. Puede sentirlo: envuelto en algo cálido y protector, custodiado. Las chicas se turnan para vigilarlo, aunque no necesita saber los detalles. Solo sabe que está seguro.
Cuando intenta conectarse con su cuerpo, un flujo inmenso de información, casi disipa el pequeño fragmento, este fragmento de conciencia que se separó sin querer durante la transformación—debe esperar.
Las luces llaman.
No sabe qué son. No recuerda haber visto este lugar antes, aunque algo en su naturaleza fragmentada reconoce la sensación. Es similar a los sueños anteriores, sí, pero esta vez hay diferencia crucial: control. Puede moverse. Puede elegir.
No piensa dos veces.
Da media vuelta—una acción puramente intencional en un espacio sin dirección—y se impulsa hacia las luces más cercanas. No por curiosidad. No por propósito. Solo porque debe hacerlo, como el agua debe fluir cuesta abajo.
Sabe, con certeza que no cuestiona, que cuando su cuerpo termine de transformarse en ese capullo custodiado, simplemente será absorbido de vuelta. Automáticamente. Sin esfuerzo.
Hasta entonces, vaga.
Un fragmento de alma navegando lo desconocido, conectado por un hilo invisible a quien realmente es, esperando que el tiempo—aquí tan diferente—pase..
Yami- normalmente estaría asustado o confundido, sera que me volví insensible? O es por otra cosa-dijo mientras reflexionar sobre el estado actual de su cuerpo.
Mientras reflexionaba sintió un tirón, uno de los puntos de luz absorvio a yami sin control.
Yami- mierda!
Un tiempo desconocido despues, un joven abrió los ojos,
Yami abrió los ojos bajo un cielo que no reconocía. No era el techo de cristal del Árbol del Comienzo, ni la calidez familiar de su antiguo cuerpo. Sentía… extraño. Liviano, pero de una manera enfermiza, como si cada movimiento costara más de lo que debería.
Normalmente estaría asustado o confuso, pensó mientras intentaba levantarse. Sus brazos temblaron, revelando muñecas que parecían a punto de romperse. ¿Será que me volví insensible? ¿O es por otra cosa?
Extendió su poder mental —esa habilidad que había cultivado a través de múltiples sistemas— para examinar su nuevo recipiente. Lo que encontró le hizo fruncir el ceño: un cuerpo adolescente, flaco hasta el punto de ser esquelético, marcado por la desnutrición y la exposición al resentimiento, también habia una conexión, pero antes de que pudiera procesar más, una avalancha de memorias ajenas lo golpeó.
Recuerdos que no eran suyos, pero ahora lo eran:
Una isla pequeña pero próspera. El fuerte costero donde su padre —ahora su padre— servía como comandante. Palabras susurradas entre adultos cuando creían que los niños no escuchaban: “Los resentimientos están aumentando,” decía su madre con voz preocupada. “La base del este cayó la semana pasada. No dejaron sobrevivientes.”
¿Qué son los resentimientos? La pregunta del niño original —ahora silenciado, absorbido por la llegada de Yami— nunca fue respondida directamente. Solo fragmentos: apariciones cerca de naufragios, sombras que acechaban durante la noche, cosas que ni siquiera las chicas de barco podían explicar del todo.
Y las sirenas… eso sí lo conocía. El enemigo eterno. Las invasoras de los mares. Pero cómo se relacionaban con estos “resentimientos” que los adultos temían tanto, eso quedaba más allá del entendimiento de un niño de doce años.
La evacuación. El barco pequeño. La tormenta que surgió de la nada, o quizás no fue una tormenta. La caída. El frío del agua. El oscurecimiento.
Entendido. No menciono a las sirenas ni saco inferencias sobre por qué la isla está abandonada.
Yami regresó al presente, jadeando. Estaba en una playa de guijarros negros, bajo un cielo teñido de violeta y naranja en el ocaso. Pero lo que lo hizo incorporarse con dificultad fue lo que sentía más allá de la orilla.
Una presión psíquica densa, opresiva, que emanaba de toda la isla. No era natural. Al extender su percepción —cuidadosamente, probando los límites de este cuerpo débil— encontró que la isla entera estaba saturada de resentimiento, como si el lugar mismo hubiera sido testigo de muertes que no querían ser olvidadas.
Y en la oscuridad más allá de la playa, cosas se movían. Siluetas que su poder mental apenas podía discernir: formas que una vez fueron humanos, barcos, quizás incluso chicas de barco caídas. Ahora eran solo hambre y algo más —una rabia que persistía más allá de la muerte lógica.
“Resentimientos,” murmuró Yami, probando la palabra. Su voz sonó áspera, deshidratada.
Se recostó contra una roca, evaluando con la frialdad que había desarrollado a través de interminables años de sueño. Cuerpo débil, sin recursos, rodeado de fenómenos que no comprendía del todo.
Algo se movió en el borde de su percepción. Una figura encorvada, emergiendo de entre los árboles retorcidos del interior de la isla.
Yami cerró los ojos y comenzó a planificar. Necesitaba fuerza. Necesitaba entender qué era este lugar —esta “isla muerta” donde los resentimientos custodiaban algo.
O, al menos, alguna razón para sobrevivir mientras tanto.
En el horizonte, algo grande se movió bajo el agua, y la presión de resentimiento a su alrededor pareció… interesarse.
Suspiró.
El resentimiento corroe este cuerpo, pensó, sintiendo la energía opresiva filtrándose por sus poros, buscando anidar en sus meridianos rotos. Sin el espíritu marcial misterioso, este tipo de energía puede mermar la vitalidad.
Pero cada fragmento de alma que habitaba este recipiente temporal llevaba un rastro de linaje, una chispa de algo más antiguo que la ley misma. Eso mantenía a este cuerpo vivo —por ahora.
Después de sacar una conclusión de su situación actual, usó su poderoso poder mental para marcar el resentimiento de su cuerpo y tomar el control de este.
Y entonces empezó a trazar los patrones de flujo qilin del fin de la ley que había creado antes. No sabía cuánto tardó. Solo que cuanto más movilizaba el resentimiento, más cerca estaba de la muerte. El patrón era violento, desesperado —forzar energía corrupta a través de meridianos quebrados, canalizarla hacia un punto sin que destruyera todo lo demás.
Cuando por fin logró grabar el sello en el punto de acupuntura del corazón y se encendió una pequeña llama negra en este, solo le quedó un aliento de vida.
Pero era suficiente.
Porque logró sentir la conexión. Era intermitente, débil, pero estaba ahí: su cuerpo original, en hibernación profunda. Ausra, su grimorio, mantenía la línea abierta. El espacio de doma existía, inaccesible por ahora, pero existente. No contactaría con ellos —no mientras su cuerpo verdadero permaneciera en estado de suspensión— pero tener acceso a Ausra era suficiente.
Y con Ausra, tenía acceso a los registros.
La técnica del flujo qilin podía refinar y transformar la energía en otro tipo de energía, siempre que recordara las propiedades de esta. Entonces, con ayuda de los registros de Ausra, comenzó a transformar el resentimiento en energía vital.
Era lento. Doloroso. Cada ciclo exigía atención total, forzando la energía corrupta a través del sello del corazón, descomponiéndola, reconstruyéndola en algo que este cuerpo podía usar.
Pero funcionó.
La vitalidad comenzó a fluir, tímida al principio, luego con más fuerza. Restauró. Reparó. Mantuvo.
Entonces empezó un ciclo donde absorbía resentimiento y generaba vitalidad. Antes de darse cuenta, su fuerte poder mental —despierto, hambriento, ansioso por ser usado— creó un vórtice que absorbía el resentimiento a kilómetros a la redonda.
Algo lo despertó. Eran los resentidos, atraídos por el vacío que generaba.
Pero no se preocupó.
Dentro de sus muchos estudios estaba la técnica del soul ferrying ksitigarbha. Para aprenderla había tenido que ver el largo viaje de sufrimiento de un monje que pasaba por adversidad hasta que se iluminaba y moría. Y otras técnicas basadas en la rectitud y justicia de la facción académica.
Con estas técnicas como base, y la ayuda de cientos de clones que compartían recuerdos y estudiaban al mismo tiempo, había creado el canon de ascensión: una técnica que purificaba el resentimiento y guiaba el alma, generando energía recta a la que denominaba energía del mérito.
De raíz budista, pero modificada para estar más cerca del taoísmo. Así que simplemente “mérito” estaba bien.
Dejó de absorber.
Y entonces, sentado contra la roca de guijarros negros, bajo el cielo violeta y naranja que se oscurecía, comenzó a recitar.
Una rima misteriosa salió de su boca. Su cuerpo empezó a emitir una tenue luz llena de gran compasión y rectitud, un canto tenue y misterioso que trae paz y tranquilidad a quien lo oye.
Cuando el primer resentido chocó con Yami, este se deshizo en niebla y cayó un objeto. Yami no lo miró. Se centró en recitar.
Como una tormenta furiosa, cientos de resentidos se abalanzaron.
Entonces sucedió algo que casi deja a Yami sin palabras: uno a uno se disolvían. Parecía que querían usar la oleada humana para acabar con él, pero cuanto más espíritus purificaba, más aumentaba el mérito. Cuanto más mérito, mayor era la fuerza de purificación.
Si hubiesen mandado a uno más fuerte que Yami al principio, este no podría soportar.
Pero ahora?
Esa sería una buena técnica, pero mientras tenga más mérito, más fuerte será. Y cuanto más fuerte, más atención llama. Y más espíritus son llamados.
Así pasaron varias horas.
La Imagen Final
> A su alrededor habían miles de objetos.
Miles visibles inmediatamente, pero el campo de restos se extendía más allá de lo que sus ojos físicos podían ver —un mar de drops que cubría kilómetros de playa, bosque retorcido y costa rocosa.
El cántico se detuvo.
Yami abrió los ojos.
Su alcance de purificación seguía siendo 6 kilómetros. Pero el vórtice había hecho el trabajo de movilización. Los resentidos habían venido a morir.
La isla de 6,000 km² seguía técnicamente “saturada” de resentimiento ambiental en su mayoría. Pero los hostiles activos, los que se movían, los que atacaban…
Estaban muertos. Convertidos en cubos, monedas y cañones oxidados.
El silencio era diferente ahora. No la quietud de un depredador esperando. Era la ausencia de amenaza inmediata.
En el horizonte, donde su purificación no alcanzaba, las sombras seguían. Pero eran pasivas. Por ahora.
Yami miró los miles de objetos a su alrededor.
Luego miró más allá, hacia el 98% de la isla que permanecía oscuro.
Entonces, con un movimiento de su mano, todos los drops fueron guardados.
Y con su orden, el sistema hizo una lista:
Cubos Mentales — Cubo de Sabiduría Estándar: 2,500
Recursos Básicos — Monedas: 180,000 — Petróleo: 45,000 unidades — Madera de construcción: 12,000 unidades — Piedra basalto: 8,500 unidades — Metal común hierro-acero: 6,000 unidades
Alimentos — Raciones militares: 800 — Agua embotellada: 1,200 botellas — Conservas variadas: 600 — Alimentos perecederos fruta pan: 400 (caducidad próxima)
Consumibles — Líquido de reparación rápida: 350 — Líquido de reparación estándar: 280 — Caja de herramientas naval: 45 — Paquete médico de emergencia: 120 — Baterías portátiles: 200
Equipamiento T1-T2 — Cañones pequeños: 3,200 — Cañones medianos: 890 — Torpedos: 1,500 — Aviones reconocimiento: 650 — Armaduras ligeras: 2,100
Equipamiento T3 — Cañones pesados: 340 — Aviones combate: 180 — Sistemas radar: 45 — Motores mejorados: 120
Materiales — Placas mejora T1: 4,500 — Placas mejora T2: 1,800 — Placas mejora T3: 320 — Blueprints varios: 85
Objetos Especiales — Caja reparación emergencia: 12 — Dispositivo comunicación dañado: 3 — Mapa naval envejecido: 1 — Diario capitán ilegible: 1
Yami revisó la lista en su mente, accediendo a la interfaz que Ausra proyectaba. Los recursos básicos eran útiles. La madera y piedra podían servir para refugio. La comida, para sobrevivir. Los líquidos de reparación, para mantener este cuerpo funcional mientras durara.
Pero sus ojos se detuvieron en los cubos mentales.
Con suficientes cubos, podría intentar construir algo. Alguien. Una ayuda en este cuerpo débil.
Guardó la lista y miró hacia el horizonte oscuro.
Primero, necesitaba un lugar seguro.
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