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Ser ninja?, yo seré inmortal - Capítulo 94

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  3. Capítulo 94 - Capítulo 94: 94 Primera nave 2
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Capítulo 94: 94 Primera nave 2

Después de llevar la embarcación al puerto, Yami observó cómo sus clones se afanaban alrededor del casco oxidado. Todos con su cara, todos con su voz, todos con su maldita tendencia a abrir la boca.

—Sarta de bastardos —gruñó—. Yo solo creé tres de ustedes.

El Yami con overol se encogió de hombros con esa sonrisa de quien sabe que está a punto de recibir un puñetazo pero no le importa.

—Necesitábamos mano de obra. Siempre puedes reabsorvernos.

Yami apretó el puño y… pum. Ese fue el sonido del de overol chocando contra la pared del hangar.

—Arreglen el barco —dijo Yami, soplando sus nudillos—. No usen mi apariencia; esos otros tipos solo pueden existir cinco días como máximo. Solo los tres quedarán al final.

Se dio la vuelta. Pero entonces…

—Ralts. Ralts.

—Río. Río.

Ralts flotaba a escasos centímetros del suelo, su sombrero blanco inclinado, mientras Riolu movía la cola con energía contenida.

Y luego salieron los otros.

Red Yami y Yami Comandante —con su gorrita militar arrugada y manchada de salitre— emergieron riendo, señalando al Yami de overol que se deslizaba por la pared.

—Jajaja, tío, te lo mereces.

—Solo dije la verdad.

Yami Comandante negó con la cabeza.

—Mira tu expresión de cerdo salado. Incluso yo no puedo evitar golpearte.

Yami cargó a Ralts con una mano, acariciando con la otra las orejas de Riolu.

—¿Qué hacen aquí?

Yami Comandante perdió la sonrisa.

—Ontología no querrá que reparemos ese barco, ¿verdad? ¿Sabe que la omnipotente energía espiral puede hacerlo? Especialmente porque las chicas de barco nacen de la voluntad.

Yami abrió la boca para replicar.

Pero cada argumento murió antes de nacer.

Tenía razón.

Soltó a Ralts para que flotara hasta su hombro. Con la otra mano, agarró a Yami Comandante por el cuello y lo lanzó contra el mismo muro.

—Eso es por jugar al yin-yang —murmuró.

Sin soltar a Ralts, sin dejar de acariciar a Riolu, regresó hacia la nave.

Los clones habían instalado iluminación temporal. Pero más allá de la sala de máquinas, estaba el núcleo.

El cubo mental flotaba, tenue, agrietado. Una ancla de identidad en un barco que había olvidado cómo flotar.

Y dentro, aferrada, una obsesión.

Riolu gruñó, el pelaje erizado. Ralts emitió un sonido que Yami sintió en la nuca: tristeza, el peso de alguien que esperó demasiado.

Yami avanzó con cuidado. No quería resbalar.

Sacó el amuleto. Lo acercó al cubo.

—Sé que puedes oírme —dijo—. Me llamo Chu Xuan. A partir de hoy seré tu comandante. Si te niegas a perecer, responde. Y obedece mi voluntad.

El amuleto comenzó a girar.

Lentamente al principio, luego más rápido, desprendiendo luz verde que reescribía. La luz tocó el cubo agrietado, y las grietas se llenaron de algo que brillaba con el color de la esperanza.

El barco comenzó a cambiar desde dentro.

El óxido se transformó en patrones de coral negro que brillaban con energía residual. El acero torcido recordó su fuerza. Las vigas dejaron de gemir.

Como un corazón que vuelve a latir.

Yami mantuvo el amuleto en alto. Ralts irradiaba calma y curiosidad. Riolu aulló, un grito de guerra que resonó en cada placa de acero.

El cubo mental ya no estaba agrietado.

Y en su centro, donde antes solo había obsesión aferrada al vacío, ahora había algo más.

Un par de ojos rojo vino, abriéndose por primera vez en años.

Yat Sen parpadeó. Los ojos rojo vino se fijaron en Yami.

—Chu Xuan —dijo, y la voz se quebró—. No… no puede ser.

Se tambaleó. La mano se aferró a una viga renovada.

Yami bajó el amuleto.

—¿Cuánto tiempo?

—No lo sé. —Yat Sen soltó una risa sin humor—. En el fondo no hay días. Solo presión. Solo… espera.

Dio un paso, luego otro. Sus ojos no dejaban el amuleto.

—Esa luz —dijo—. ¿Qué es?

—Un poder que domino.

Yat Sen extendió la mano hacia la luz, casi tocándola.

—Los comandantes usan poder mental. Eso es ley. Esto… —retiró la mano— …esto es otra cosa. Esto transforma.

Ralts emitió un sonido bajo. Riolu gruñó.

—Fuimos a una batalla —dijo Yat Sen de repente—. Feroz. Mi hermana Ning Hai… Ping Hai… —su voz se apagó un instante—. Una tormenta nos sacó de ruta. Llegamos a esta zona y el resentimiento nos abrumó. El comandante de la flota… —tragó— …su poder mental se agotó. No pudo sostenernos a todas. Caí. Me hundí.

Miró sus manos.

—Los humanos se retiraron. Perdieron tierras, islas, pero aún resisten. Aún hay comandantes. Pocos. En las últimas fortalezas. —Levantó la vista—. Pero usted no es de allí. Esa luz… no pertenece a este mundo.

Yami no respondió. El amuleto giró en su palma.

—¿Vas a ser mi nave?

Yami se acercó de forma dominante. Levantó la barbilla de la chica y, tras la máscara, sus ojos —tan oscuros como un abismo— atraparon su atención.

Al final ella aceptó. Establecieron el vínculo mental. Lo curioso fue que, tras la vinculación, las capacidades de Yat Sen se manifestaron al máximo. Incluso como fragmento, el poder mental del alma de Yami seguía siendo vasto.

Lo sintió cuando su poder resonó con la chica: un aumento que cubrió la isla y varios kilómetros a la redonda, como una honda que destrozaba el resentimiento, para después retraerse de nuevo en su cuerpo.

Los siguientes días fueron relativamente tranquilos. Yami permaneció en la isla cultivando y criando pokémon, mientras Yat Sen comenzó a vigilar varias millas a la redonda.

La rutina se había vuelto mecánica: tres veces al día, eliminar los resentidos que se arrastraban hacia la zona, recoger lo que dejaban atrás. Los drops habían cambiado —ahora pulsaban con una energía de purificación más intensa que antes, como si las entidades mismas hubieran evolucionado bajo la presión constante.

Entre ronda y ronda, Yami usaba su poder mental para transferirte técnicas. No eran palabras ni demostraciones físicas —eran comprensiones directas, patrones de control espiritual, formas de mejorar tu base de cultivo, movimientos de combate cuerpo a cuerpo que se grababan en tu memoria muscular sin necesidad de repetición. Aprendías mientras descansabas, mientras comías, mientras matabas.

Paralelamente, habían estado desmontando el concepto mismo de las chicas barco. Cuatro verdades ahora dominaban ese campo de investigación:

La materialización del alma era real, no metáfora. Tecnologías especiales, sí, pero ancladas en algo que podrías tocar, sentir, modificar.

El método Ikaros —esa técnica de forjar cuerpos humanos artificiales— era aplicable aquí. Innecesario por ahora, pero existía la puerta abierta.

El marco del barco admitía modificaciones siempre que respetaras la arquitectura general. Dos o tres días de inestabilidad, luego adaptación. Plástico, pero no infinitamente.

Y lo más intrigante: dada la base correcta, podían imitar meridianos y órganos extraordinarios. No simplemente simularlos —ser ellos, funcionalmente.

Reflexionabas sobre estas cuatro conclusiones cuando el suspiro escapó. No de frustración —de esa satisfacción mezclada con la conciencia de cuánto trabajo quedaba. Moviste la cabeza con humor juguetón, quizás ante la ironía de que seres diseñados para la guerra naval pudieran, potencialmente, cultivar inmortalidad.

Yat Sen sintió el cambio inmediatamente. El pequeño que usaba su regazo como almohada se inquietó, su cuerpo ajustándose buscando una posición más cómoda. La fricción fue mínima, involuntaria, el roce de piel contra tela que surge cuando alguien se mueve en sueños. Pero fue suficiente.

Ella se quedó quieta, con esa particular incomodidad que solo provocan ciertos contactos no solicitados, consciente de que el pequeño que descansaba sobre ella no era, exactamente, inocente de lo que causaba.

Entiendo la escena. Permíteme reconstruirla manteniendo la caracterización de Yat Sen que investigué:

—

—Comandante es muy joven para tener ese tipo de comportamiento —su voz salió con ese tono sereno que siempre usaba, pero ahora teñido de algo más. Fu, fu, fu —la risa escapó suave, contenida, casi como si se sorprendiera a sí misma de encontrar gracia en la situación—. ¿O es que el Comandante está interesado en mi cuerpo?

La fricción anterior aún flotaba en el aire entre ustedes, una incomodidad no del todo disipada.

—Señorita Yat Sen, no me importaría que se convierta en mi mujer —respondiste con la misma naturalidad con que habías movido la cabeza antes—. Pero no ahora. Esta es solo una encarnación. Tarde o temprano… te comeré.

Ella no se inmutó visiblemente. Solo ese leve arqueo de ceja, la sonrisa serena curvándose un milímetro más.

—Pero tengo una pregunta —continuaste—. ¿Cómo era tu Comandante anterior?

—No tuve Comandante.

Frunciste el ceño. —En tu explicación anterior…

—Era el Comandante de la flota —corrigió, y en su voz apareció por primera vez algo que no serenidad: una distinción cuidadosa, casi dolorosa—. No mi Comandante.

Fufufu —la risa suave, melódica, la misma que había usado antes, pero ahora con una cualidad diferente. Te dejó atontado no por su volumen, sino por lo que llevaba debajo. Y cuando bajaste la mirada, la encontraste: esa expresión melancólica que conocías de sus ilustraciones oficiales, la de alguien que había visto partir a demasiados sin haber tenido derecho a aferrarse a ninguno.

—Los Comandantes tienen un límite de chicas barco —explicó, y su voz recuperó la calma, pero era la calma de quien recita verdades aprendidas de la pérdida—. Esto depende de su fuerza mental. Las chicas barco sin Comandante… —hizo una pausa, y sus dedos se movieron distraídamente sobre tu hombro, ese gesto maternal que usaba con las hermanas Ning Hai— …aceptan misiones a cambio de recursos. Y los Comandantes les brindan poder mental y recursos. Recargan la resistencia al resentimiento.

Yami- si no me equivoco cada chica de barco es una gran carga para el Comandante, soy diferente!

Yami- no te preocupes cariño, en mi caso donde entra dos también entran tres puedo mantener muchas alas.

Yat sen …..fufu pequeño Comandante eres demasiado atrevido.

Suspiró,- parece que desde que me comí a Rui, el regusto por la carne me dejo con ganas de mas.

Yat sen al costado despues de oír las palabras de yami.

Se sonrojo y se pregunta quien habría guiado por mal camino a este pequeño Comandante pervertido.

Saludos Comandante Lord Comandante 2.0 requiere su presencia.

Entonces terminaron su charla para dirigirse al nuevo núcleo de la base.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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