Ser Tuya Otra Vez - Capítulo 274
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Capítulo 274: Capítulo 274 Hasta ahora
*LORENZO*
Mientras caminaba a casa ese día, estaba furioso.
¡Debieron de haber saboteado mi avión! Alguien intentó matarme y Danica se había mantenido callada sobre todo hasta ahora.
Recordé lo mal que me trató cuando empecé a vivir con ella. ¿Por qué me hizo eso?
Venganza.
Se había estado vengando por lo que le hice antes. Por haber roto con ella.
Apreté el puño.
En realidad, nunca tuvo sentimientos sinceros por mí.
Cuando llegué a casa, empecé a juntar mis cosas, preparándome para volver al lugar al que pertenezco.
—No sabía que habías vuelto —sonó su voz a mi espalda mientras sus brazos me rodeaban la cintura, abrazándome por detrás.
Cerré los ojos, deseando fundirme en sus brazos.
Pero no podía.
Puse mi mano sobre la suya y aparté sus manos de mi cintura.
Lentamente, me giré para mirarla.
—¿Estás bien? No tienes muy buen aspecto.
—No sé si debería sentirme bien por haber recuperado mis recuerdos o no.
Jadeó, retrocediendo.
—Cuándo…, cómo…
—Ahora lo recuerdo todo, Danica.
De repente, se puso pálida.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Yo…, yo solo…
—Soy Lorenzo Moretti. ¿Por qué fingiste no conocerme? ¡Dímelo!
Tragó saliva. —Si de verdad has recuperado tus recuerdos…, también recordarás lo que me hiciste. ¡Cómo me abandonaste cruelmente después de prometer que no lo harías! Cuando…, cuando te encontré en la playa…, no quería creer que fueras realmente tú. Para cuando conseguí que te trataran y todo, no pude negar que de verdad eras Lorenzo Moretti. Pero entonces te despertaste y no recordabas nada. Me dejé llevar por la ira y no quise tener nada que ver contigo. Así que al principio te eché. Pero entonces Lucy me lo suplicó y no pude soportar dejarte fuera toda la noche, ya que todavía estabas herido. Pensé en contactar a tu familia y decirles que estabas aquí, pero me asusté. Tenía miedo de que me acusaran de tener algo que ver en lo que te pasó. O sea, ¿cómo se suponía que iba a explicarle a tu madre, que me odia, que encontrarte en la playa fue simplemente una coincidencia? Solo quería que te fueras, no quería saber nada de ti. Pero no mentiré, una parte de mí te odiaba y quería venganza. Así que pensé en mantenerte aquí hasta que te recuperaras del todo, es decir, de tus heridas físicas…
—¿Y la venganza era hasta cuándo? Danica, ha pasado casi un año. ¿Ibas a seguir haciéndote la tonta con mi identidad para siempre?
Las lágrimas cayeron de sus ojos.
—No planeaba ocultártelo para siempre, pero entonces… empecé a enamorarme de ti… Me volví egoísta, quería que estuvieras siempre en mi casa. Decirte tu identidad haría que te fueras, y no quería que te fueras.
Resoplé con desdén. —Tu excusa es patética…
—Te quiero, Andro.
—¡NO SOY ANDRO! ¡Y TÚ NO ME QUIERES! —grité y le di la espalda—. Solo lo dices porque sabes que me moría por oírlo, lo dices para intentar que me quede contigo y siga siendo tu amigo con derecho a roce. Tus sentimientos por mí nunca fueron sinceros. Pensando en lo que te hice en el pasado, es comprensible que no puedas volver a quererme; solo me estabas usando y planeabas seguir haciéndolo para siempre.
—No, no es verdad. Lo siento…, yo no…
—¿Estás bien ahora después de engañarme durante casi un año?
—Por favor…
Me agaché y metí el resto de mis cosas en una bolsa grande.
Cuando me erguí, me sujetó la mano.
—Me prometiste que nunca me dejarías.
—Me hiciste prometerte algo cuando sabías la magnitud de lo que pedías. Nunca podremos estar juntos, Danica. No estamos hechos el uno para el otro y tengo asuntos de los que ocuparme. Así que ahora que has saldado tus cuentas conmigo, haré bien en olvidarme de ti.
—Lo siento…, lo siento mucho, Andro —lloró.
Le arrebaté la mano de un tirón.
—¡No soy Andro!
—Papá.
Las lágrimas inundaron mis ojos al oír esa voz.
************
*DANICA*
Intenté secarme las lágrimas al ver entrar a mi hija.
Pero no dejaban de brotar.
Miró fijamente la bolsa que él sostenía.
—¿Adónde vas?
Él se acercó a ella y se agachó.
—Hola, princesa. ¿Recuerdas eso que me pasaba? Ya sabes…, cuando no tenía recuerdos de quién era. Bueno, pues ahora sí los tengo. Y tengo que volver al lugar al que pertenezco.
Los ojos se le llenaron de lágrimas.
—¿De verdad tienes que volver? Podrías quedarte con nosotras. Te cuidaremos…, mamá y yo…
—No puedo…
—¿Mamá te ha hecho enfadar?
—No…, es solo que…
Las lágrimas rodaron por sus mejillas.
—Cuando te vayas…, ¿volverás a visitarnos?
Sorbió por la nariz y me di cuenta de que él también estaba llorando.
Se puso derecho.
—Sé una niña buena, ¿vale?
—No te vayas, Andro —lloró ella, sujetándole la mano con fuerza.
Yo ya no podía decir nada.
Solo lloraba, esperando que Lucy pudiera convencerlo de que se quedara.
Pero él se soltó de su mano y salió de la casa.
—¡Mamá, haz algo! —gritó ella.
Me tapé la boca con la mano y lloré, sabiendo que no podría hacer nada para detenerlo.
Lucy salió corriendo de la casa.
Corrí tras ella.
Cuando salimos, vimos a Lorenzo subirse a un taxi.
—¡PAPÁ! —gritó mientras corría detrás del taxi.
—Lucy… —la llamé y corrí tras ella para impedir que persiguiera un vehículo en marcha y, al mismo tiempo, deseando que Lorenzo detuviera el taxi, deseando que me escuchara.
Pero el taxi no se detuvo.
Y cuando alcancé a Lucy…
Las dos lloramos juntas por haber perdido a la única persona que nos había hecho tan felices estos últimos meses.
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