SEVEN RIDER - Capítulo 19
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19: 19 Equipo 1 Lya, gardet y seichi 19: 19 Equipo 1 Lya, gardet y seichi Capítulo 19 La misión del equipo uno La misión del equipo uno, conformado por Lya, Seichi y Gardet, comenzó con su llegada a la provincia de Arithia.
Apenas alcanzaron las puertas de la ciudad, un hombre de cabello azul se acercó a ellos.
Vestía una máscara blanca que solo dejaba visible uno de sus ojos, y una capa oscura que cubría casi todo su cuerpo, ocultando incluso parte de su cabello.
—¿Son ustedes los enviados de la academia?
—preguntó con voz baja.
Los tres se miraron entre sí antes de asentir.
—Sí —respondió Lya con calma.
—Mi nombre es Akai —dijo el hombre—.
Síganme… pero con discreción.
Los chicos notaron que el ambiente era extraño.
Akai caminaba con cautela, mirando a los lados constantemente, como si temiera que alguien los estuviera vigilando.
Sin hacer preguntas por el momento, decidieron seguirlo.
Minutos después llegaron a una pequeña casa apartada del centro de la ciudad.
Una vez dentro, Akai cerró la puerta con cuidado y finalmente se quitó la máscara.
Era un humano, de complexión fuerte, aunque no exagerada.
Su rostro mostraba señales de cansancio, pero también una gran determinación.
—Gracias por venir —dijo con alivio—.
Desde que el rey nombró a Virinius como administrador de la provincia, todo se ha vuelto un desastre.
Lya cruzó los brazos mientras escuchaba.
—¿Qué clase de desastre?
Akai suspiró.
—Los precios de los peajes están por las nubes.
Los impuestos por las casas, por los trabajos… todo aumentó.
Y lo peor es que la ciudad no ha mejorado en absoluto.
Seichi frunció el ceño.
—Entonces el dinero está desapareciendo.
—Exactamente —respondió Akai—.
Todo indica que se lo están robando.
Lya levantó una ceja.
—¿Por qué no lo reportaron?
Seichi intervino de inmediato.
—¡Sí!
Casos como ese son castigados severamente.
Ya he visto situaciones similares.
Akai negó con la cabeza.
—Lo intentamos.
El ambiente se volvió pesado.
—Un equipo viajó a la capital para denunciarlo.
Pero… murieron antes de salir de la ciudad.
Los tres estudiantes quedaron en silencio.
—Encontramos sus cuerpos en medio de la carretera —continuó Akai—.
Eran magos de nivel dos, y uno de nivel tres.
Seichi apretó el puño.
—Entonces… Lya terminó la frase.
—Solo magos entrenados pudieron haberlos derrotado.
Akai asintió lentamente.
—Exactamente.
La elfa cerró los ojos por un momento.
—Entonces es muy probable que gente importante esté involucrada.
Los cuatro continuaron conversando durante un rato más, analizando la situación, hasta que finalmente idearon un plan.
Para provocar a los responsables, Lya se acercó al puente donde los guardias extorsionaban a los viajeros.
La escena recordaba mucho a lo que habían visto antes en otros lugares… pero esta vez el ambiente era más tenso.
Los guardias parecían mejor entrenados.
Había al menos diez soldados, la mayoría usando magias elementales básicas.
—Deténganse ahí —ordenó uno de los guardias.
Pero antes de que pudieran continuar, Seichi, Lya y Gardet se prepararon para el combate.
La batalla comenzó de inmediato.
Los soldados atacaron usando pequeñas ráfagas de magia elemental, pero el trío reaccionó rápidamente.
No tardaron demasiado en neutralizar a los diez guardias.
Sin embargo, entonces aparecieron dos hombres más.
Su presencia era completamente distinta.
Uno de ellos era un hombre delgado con expresión arrogante.
El otro… era un gigante.
—Vaya, vaya… —dijo el primero con una sonrisa burlona—.
Parece que tenemos visitantes problemáticos.
Akai, observando desde lejos, murmuró: —Ellos son Ferio y Rangel… los encargados de custodiar la provincia para el administrador Virinius.
Ferio habló con arrogancia.
—Rangel… encárgate de ellos.
El gigante dio un paso al frente.
En ese momento, Seichi levantó la mano.
—Ese grandote… déjenmelo a mí.
Lya lo miró con seriedad.
—Está bien… pero con una condición.
Seichi sonrió.
—¿Cuál?
—No pierdas.
Seichi sonrió aún más.
—Eso nunca estuvo en duda.
El joven avanzó hacia el gigante.
—¡Muy bien, gigantón!
—gritó con confianza—.
¡Voy a patearte donde nunca sentiste dolor!
Rangel gruñó.
—¡Ya veremos, mocoso!
El combate comenzó de inmediato.
Rangel levantó la mano y creó varias espadas mágicas que comenzaron a flotar a su alrededor.
Luego las lanzó contra Seichi.
Las espadas volaron a gran velocidad.
Pero Seichi permaneció calmado.
Con movimientos precisos, bloqueó las espadas con su propia espada, mientras concentraba poder mágico.
Rangel sonrió con arrogancia.
—Entonces prueba esto.
El gigante levantó ambas manos y creó una espada gigantesca.
La lanzó directamente contra Seichi.
Pero en ese momento, el joven abrió uno de sus ojos.
—Esgrima ocular… fuego.
Un rayo de fuego salió de su ojo y derritió la espada gigante en el aire.
Antes de que Rangel pudiera reaccionar, Seichi abrió el otro ojo.
—Ahora… ¡terminemos!
Una explosión de fuego golpeó directamente al gigante.
Rangel cayó al suelo derrotado.
Había sido una victoria basada completamente en estrategia.
El crecimiento de Seichi era evidente.
Ferio, sorprendido por la derrota de su compañero, retrocedió un paso.
En ese momento, Gardet levantó su báculo.
—Ahora… es mi turno.
Ferio apretó los dientes.
—¡Maldito goblin!
Activó su magia de inmediato.
Un manto de fuego cubrió todo su cuerpo, como si fuera una armadura ardiente.
—¡Te quemaré hasta las cenizas!
Ferio se lanzó contra Gardet.
Pero el goblin ya estaba preparado.
—Invocación… guardián de piedra.
Una criatura de roca apareció frente a él, bloqueando el ataque.
El impacto sacudió el suelo.
Antes de que Ferio pudiera reaccionar, Gardet avanzó.
Y con un fuerte golpe de su báculo… Golpeó la cabeza de Ferio.
El hombre cayó al suelo completamente inconsciente.
Pero la batalla no había terminado.
De repente… Una nueva voz resonó detrás de ellos.
—Vaya… vaya… Los tres estudiantes se giraron.
Un grupo de numerosos soldados acababa de llegar.
Al frente de ellos caminaba un hombre con una expresión fría.
Akai murmuró con rabia: —Ese es… El administrador de la provincia.
Virinius.
Lya dio un paso al frente.
Sus ojos brillaban con furia.
—Eres tú… Su voz sonó firme.
—¡Traidor!
Virinius levantó una ceja.
—¿Traidor?
Lya apretó el puño.
—¿Cómo te atreves a manchar la corona de esta manera?
El ambiente se volvió tenso.
La verdadera batalla… estaba a punto de comenzar.
Lya dio un paso al frente, con la mirada llena de determinación.
—¡No permitiré que continúes manchando la corona!
Virinius la observó con sorpresa, frunciendo el ceño.
—¿Qué rayos…?
—murmuró—.
¿Qué haces aquí, Brilya?
¿Qué estás tratando de hacer?
El nombre cayó como un rayo en medio del silencio.
Seichi y Gardet miraron a Lya completamente sorprendidos.
Brilya.
Nunca habían escuchado ese nombre.
Pero Lya no apartó la mirada de Virinius.
—Tengo suficiente información para que seas destituido de tu cargo —dijo con frialdad—.
Una vez se la entregue a mi padre… serás ejecutado por tus crímenes.
Virinius soltó una risa breve.
—Entonces me temo… que no podré permitir que te vayas.
Levantó la mano.
—¡Soldados!
¡Ataquen!
Pero algo inesperado ocurrió.
Los soldados dudaron.
Algunos miraban el emblema real que Lya llevaba.
Era imposible ignorarlo.
El símbolo de la familia real brillaba claramente.
Los soldados comenzaron a dividirse.
Un grupo permaneció al lado de Virinius.
El otro… se colocó detrás de Lya.
La tensión se volvió insoportable.
Virinius chasqueó la lengua.
—Inútiles… Entonces dio un paso al frente.
—Parece que esto tendrá que resolverse entre nosotros dos.
Lya avanzó también.
—Así será.
Seichi se cruzó de brazos.
—Supongo que esto ya no es asunto nuestro.
Gardet asintió.
—Confío en ella.
Virinius levantó una mano lentamente.
—Hace mucho que no peleamos… princesa.
En ese momento, el ambiente cambió.
El aire pareció distorsionarse.
—Magia de ilusión.
De repente… Cinco Virinius aparecieron alrededor de Lya.
Todos sonreían.
—Veamos si puedes encontrar al verdadero.
Los clones se movieron al mismo tiempo.
Lya cerró los ojos un instante.
—Las ilusiones no son nada especial… Uno de los Virinius apareció detrás de ella, intentando atacar.
Pero Lya giró rápidamente y bloqueó el golpe.
Sin embargo, el cuerpo del hombre se desvaneció como humo.
—Demasiado lenta —se escuchó la voz de Virinius desde otro lugar.
Otro apareció por su izquierda.
Luego otro por su derecha.
Las ilusiones comenzaron a atacarla desde diferentes ángulos.
Incluso el suelo parecía cambiar de forma.
El campo de batalla se convirtió en un laberinto de imágenes falsas.
Seichi frunció el ceño.
—Molesto… Gardet observaba con calma.
—Pero las ilusiones no pueden dañar por sí mismas.
Lya respiró profundamente.
—Si no puedo ver al verdadero… La magia comenzó a brillar en sus piernas.
—Entonces lo obligaré a salir.
Virinius apareció frente a ella.
—¿Ah sí?
Lya golpeó el suelo con fuerza.
—Magia de luz… Impulso.
La luz explotó bajo sus pies.
Su velocidad aumentó de forma brutal.
Las ilusiones comenzaron a desaparecer una tras otra mientras ella atravesaba el campo.
Virinius retrocedió sorprendido.
—¡¿Qué—?!
Pero ya era tarde.
Lya apareció frente a él.
—Te encontré.
Impulsándose nuevamente con magia de luz, saltó en el aire.
Su pierna brilló intensamente.
—Esto termina aquí.
Y entonces… ¡CRASH!
Su patada impactó directamente en la cabeza de Virinius.
El golpe fue tan fuerte que el administrador salió disparado contra el suelo, quedando completamente inconsciente.
El silencio llenó el lugar.
Luego… Los soldados que se habían mantenido fieles a Virinius arrojaron sus armas.
Los otros soldados procedieron a arrestarlos inmediatamente.
La provincia de Arithia finalmente estaba libre del corrupto administrador.
Akai se acercó lentamente.
—No puedo creerlo… Miró a Lya con respeto.
—Realmente lo lograron.
Seichi sonrió.
—Fue una misión fácil.
Gardet apoyó su báculo en el suelo.
—Buen trabajo, princesa.
Lya suspiró.
—No me llames así solo soy sobrina del rey.
Durante los días siguientes, la noticia se extendió por toda la ciudad.
Los habitantes de Arithia estaban tan felices que no dejaron que el equipo se marchara de inmediato.
Organizaron celebraciones, banquetes y reuniones para agradecerles.
Así que el equipo uno terminó quedándose en la ciudad durante un par de días.
Pero pronto tendrían que regresar a la academia.
Sin saber que otras misiones… también estaban desarrollándose al mismo tiempo.
Y algunas de ellas… no serían tan sencillas.