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Sexo con el Rey de la Mafia - Capítulo 32

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  3. Capítulo 32 - 32 CAPÍTULO 32 Atorméntame
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32: CAPÍTULO 32 Atorméntame 32: CAPÍTULO 32 Atorméntame POV de Serena
Llevaba dos semanas sin ver a Nero.

Me folló y huyó.

Me desperté en su cama al día siguiente de pasar la noche en el club de sexo, limpia y con su camisa puesta.

Me había aplicado pomada en todas las zonas amoratadas.

También tenía marcas de mordiscos por todo el cuerpo, como si me hubiera follado un vampiro.

Tuve que llevar un pañuelo durante una semana.

Lo patético fue que esperé a que Nero viniera a buscarme cada día, y me decepcionó cada una de las veces.

Me había dado la mejor noche de mi vida y luego me había dejado completamente sola.

Probablemente me había mentido y estaba con otra mujer.

Tenía toda esa doble moral sobre lo que se suponía que yo debía hacer durante nuestro acuerdo.

Yo tenía que seguir sus reglas mientras él me mentía diciendo que era leal.

A la mierda con eso y que se joda él también.

Esa otra zorra a la que se estaba follando debía de ser mejor en la cama que yo, y entraba en barrena solo de pensarlo.

—Pareces muy tensa —dijo Lily al acercarse a mi cubículo.

Por supuesto que estaba muy tensa.

Era una desgraciada en el trabajo y en la casa, esperando a un hombre que probablemente se estaba follando a otras mujeres cada noche.

—Cielos, no me mates con la mirada —dijo, levantando las manos en señal de rendición.

Me relajé un poco.

Necesitaba recomponerme.

Cecelia no solo era editora sénior, sino que también decidía qué artículos entraban en las columnas y cuáles no.

Como puedes imaginar, los míos nunca lo conseguían.

Me estaba castigando.

—Lo siento.

Es que he estado mucho en mi mundo últimamente.

—¿Cecelia?

Sé cómo te sientes.

A mí también me ha estado haciendo la vida imposible.

Puse los ojos en blanco.

Qué perra amargada.

No podía ser feliz si no atormentaba a los demás.

Quería estrangularla.

Lástima que tuviera más autocontrol y no lo hiciera de verdad.

¡Pum!

Cecelia dejó un par de documentos sobre mi escritorio con una sonrisa.

Solo faltaban veinte minutos para que saliera del trabajo.

No había forma de que pudiera terminar esa carga de trabajo antes de mi hora de irme.

A juzgar por la sonrisa en su rostro, eso era exactamente lo que quería.

La odiaba.

—Quiero esto terminado para mañana por la mañana.

Será mejor que lo hagas ahora.

Si yo fuera tú, le pediría a tu amiguita que se fuera.

Los cotilleos solo te retrasarán —dijo mientras se alejaba.

—Tengo unas ganas enormes de pegarle un puñetazo —dijo Lily—.

¿De verdad es la prometida de Nero?

—Debe de serlo si me está atormentando de esta manera.

Probablemente él le dio este trabajo y duerme en su cama cada noche mientras hablan de cómo hacerme la vida imposible —dije mientras miraba con rabia la espalda de Cecelia.

—Serena, estás exagerando.

Es imposible que esos dos se acuesten juntos.

Probablemente ni siquiera está en el país.

No se le ha visto en Nueva York desde que os fotografiaron a los dos saliendo juntos de un restaurante.

Esa noche, me di cuenta de que había paparazis y escondí mi cara de ellos.

Yo era la misteriosa morena con la que Nero fue visto por última vez.

Lo prefería así.

No quería que mi tío se enterara, y eso era lo que Nero quería.

—No sé si exagero.

No me ha enviado mensajes ni me ha llamado desde que hicimos «ya sabes qué» aquella noche.

Es un capullo y no debería haberme dicho que el sexo fue bueno si no lo fue.

—Serena, definitivamente estás pensando demasiado —dijo—.

Anda, deja que te ayude para que puedas ir a casa y descansar.

Vuelve mañana cuando hayas descansado bien y podremos hablar de esto.

Lily intentó ayudarme lo mejor que pudo, pero no entendía el trabajo tan bien como debería para poder ayudarme.

Cuando terminamos, estaba cansada y era casi medianoche.

Llevé a Lily a casa en coche y luego fui a la mía.

Me di cuenta de que todas las luces estaban encendidas cuando entré.

Inmediatamente pensé que había sido Mary, que se había olvidado de apagar las luces.

Pero cuando me di cuenta de que la puerta no tenía el cerrojo echado, me asusté.

Saqué el espray de pimienta de mi bolso y me puse en alerta.

—¿Quién anda ahí?

—pregunté.

—¿Qué vas a hacer?

¿Rociarme con esa cosa?

Me giré de golpe, sorprendida, y vi a Nero de pie cerca de la entrada.

Llevaba un traje completo y estaba más bueno que nunca.

Miró su reloj y luego a mí.

Me relajé un poco.

—¿Por qué llegas a casa tan tarde?

Puse los ojos en blanco, me di la vuelta y caminé hacia la cocina para coger una copa y servirme un poco de vino.

Necesitaba un poco de valor líquido si iba a tener que lidiar con él.

—No me pongas los ojos en blanco, birichina.

—Ah, como si no supieras por qué llego tan tarde.

Frunció el ceño, confundido.

—Pareces enfadada, y no entiendo por qué.

¿Se supone que debo saber dónde estabas?

—preguntó.

Resoplé con desdén.

Por supuesto, actuaría como si no supiera lo que pasaba.

Era un mentiroso.

—Sí, teniendo en cuenta que tu prometida fue la que me dio trabajo extra.

—¿Prometida?

No sé de qué hablas.

—¿En serio, Cecilia Davenport?

Es tu prometida y le diste un trabajo para que pudiera atormentarme.

—No conozco a esa persona de la que hablas.

No puedo tener una prometida cuyo nombre ni siquiera sé —dijo—.

Además, tengo mejores cosas que hacer con mi tiempo que conspirar sobre cómo voy a atormentarte.

—¿No es tu prometida?

—No, Serena.

No la conozco.

Es la primera vez que oigo hablar de ella.

No sé quién la contrató.

¿Es ella la razón por la que te has quedado en el trabajo hasta tan tarde?

—preguntó.

—Olvídalo.

Puedo encargarme de ella.

¿Qué quieres?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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