Sexo con el Rey de la Mafia - Capítulo 36
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- Capítulo 36 - 36 CAPÍTULO 36 Nero es sinónimo de problemas
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36: CAPÍTULO 36: Nero es sinónimo de problemas 36: CAPÍTULO 36: Nero es sinónimo de problemas POV de Serena
—Tío —saludé al entrar en su mansión.
Él estaba allí para recibirme junto con Matteo.
Cada uno me abrazó y me dio la bienvenida a la casa.
La mesa ya estaba puesta cuando llegué y, en una de las sillas, estaba sentado nada menos que Viktor.
Miré al tío, pero tenía una expresión inocente.
Suspiré, dándome cuenta de que no conocía la situación entre Viktor y yo, o no le habría permitido cenar con nosotros.
Debería haberle dicho yo misma que las cosas entre él y yo no habían funcionado.
—Tomé la iniciativa de invitarlo —dijo mientras señalaba a Viktor—.
Ustedes dos harían una buena pareja.
Sonreía cuando lo dijo y no tuve el valor de decirle que no.
Viktor era quien debería haber inventado una excusa para no asistir a la cena y haberse negado a seguirle el juego.
—Siéntense uno al lado del otro —dijo el tío mientras me empujaba hacia Viktor.
Me senté a su lado, nerviosa.
Dimos las gracias y empecé a servirme la comida.
Viktor se dio cuenta de que no decía ni una palabra y habló.
—Él y mi padre insistieron —susurró—.
No pude decir que no.
Solo asentí y me negué a mirarlo.
En gran parte era porque estaba avergonzada de lo que había pasado, pero también porque no quería que Lorenzo se hiciera una idea equivocada.
Creía que estaba haciendo lo mejor para mí, pero no era así.
No tenía derecho a elegirme posibles parejas románticas.
—¿Cómo has estado?
Veo que tienes un coche nuevo —dijo el tío Lorenzo.
—Sí.
Como no me explayé, pareció enfadarse un poco.
—No sabía que tu herencia daba para tanto —dijo.
Sabía que todo venía de una buena intención, pero me cabreó.
Solo porque fuera mi tío no significaba que tuviera que saber todo lo que hacía con mi vida o con mis finanzas.
Ni siquiera tenía derecho a preguntar por ellas.
Mis padres estaban muertos, pero yo ya era mayorcita para cuidar de mí misma.
—Con el debido respeto, tío, no sabes nada de mi herencia.
Necesitaba un coche y me compré uno que llevaba tiempo queriendo.
Hacía mucho que no me daba un capricho.
Asintió, nervioso.
Pero los nervios no le duraron mucho.
Empezó con una nueva serie de preguntas.
—Viktor me habló de tu cita —dijo el tío—.
No sabía que Nero y tú se conocían.
Le lancé una mirada a Viktor para demostrarle que sabía que era un bocazas.
No había razón para que le largara todo a mi tío.
Sabía que probablemente odiaba lo que había pasado, pero lo menos que podría haber hecho era mantener la boca cerrada.
—Es mi jefe.
Lo conozco y él me conoce porque mis artículos atraen mucho tráfico a la revista.
Soy muy buena en mi trabajo, así que es lógico que sepa mi nombre.
—Vaya, querida mía.
Cada día estoy más orgulloso de ti.
Sonreí, pero vi en sus ojos que quería decir algo más.
Simplemente no sabía cómo hacer las preguntas adecuadas.
Bien.
Lo último que quería era arrastrarlo a algo de lo que no formaba parte.
Después de la cena, el tío nos pidió a Viktor y a mí que fuéramos al jardín para hablar.
Acepté y guié a Viktor a un lugar donde nadie pudiera vernos ni oírnos.
Cuando sacó un cigarrillo para fumar, me quedé de piedra.
No parecía el tipo de persona que fuma, porque aparentaba ser un buen chico.
Pero, pensándolo bien, tenía que ser parecido a Nero para que se odiaran tanto.
Solo las personas inquietantemente parecidas se desagradan entre sí.
—Sabes que Nero es una mala noticia, ¿verdad?
—preguntó—.
Es un hijo de puta manipulador que hiere a todas las mujeres con las que se cruza y las jode para siempre.
Esa declaración me provocó un escalofrío.
Viktor no tenía ninguna razón para mentirme.
Me estaba diciendo que Nero era exactamente quien yo pensaba que era.
Desde que me puso un cuchillo en la garganta, supe de lo que era capaz.
De todos modos, había firmado un ANE y no podía decir nada.
—Con todo respeto, no sé lo que Nero hace con las mujeres en su tiempo libre, y no me importa.
Mentira.
—Este consejo va dirigido a la persona equivocada, y no me gusta que le hayas contado a mi tío lo de nuestra cita.
—Me sonsacó, y yo estaba enfadado en ese momento, así que se lo conté.
Ese hombre te apartó de mi lado, y luego vuelves y decides que ya no quieres verme más.
Es difícil no estar molesto.
Además, he oído algunos rumores sobre ustedes dos en la sala VIP.
Viktor me miraba a los ojos, tratando de ver cómo reaccionaría.
Para su desgracia, yo tenía una buena cara de póquer y no iba a darle la satisfacción de ver la verdad y de irle con el cuento a mi tío.
No importaba lo que supiera.
Importaba lo que pudiera demostrar.
—¿Te refieres a que me llevó a la sala VIP, me ofreció invitarme a cenar y yo decliné educadamente?
—pregunté, sabiendo que no era eso lo que había pasado.
Se rio como si no creyera una palabra de lo que decía.
—Vi cómo te miraba, Serena.
Eso es posesión.
¿Sabes cuántas mujeres han estado en tu lugar y han fantaseado con que él las viera como algo más que un objeto para su placer?
Por dentro, el corazón se me aceleró, pero por fuera, hice todo lo posible por no perder la calma.
No me estaba diciendo nada que no supiera ya.
Nero me estaba usando como una muñeca sexual, y lo peor era que yo lo estaba disfrutando.
Cada momento con él era pura dicha.
Pero tampoco podía ignorar que era de dominio público que Nero usaba a las mujeres y las descartaba cuando se cansaba de ellas.
No tenía ningún derecho a sentirme mal.
Nero ya me había dicho que nunca se enamoraría de mí y que lo suyo era puramente sexual.
Todo lo que tenía que hacer era gustarle lo suficiente como para que me invitara a su casa.
—Sé lo que estás pensando, Serena.
Nero nunca se enamorará de ti.
No eres diferente y no eres especial.
Solo eres una más en su lista.
Eres una mujer preciosa, pero también inteligente.
Eres más lista que eso.
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