Sexo con el Rey de la Mafia - Capítulo 62
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62: CAPÍTULO 62 ¿Qué pasó?
62: CAPÍTULO 62 ¿Qué pasó?
POV de Nero
Elsie había sido mi doncella durante años.
Su madre fue la doncella de mi madre en Italia.
Mamá quería que Elsie estudiara mientras trabajaba para mí.
Quería que cuidara de la chica en Nueva York.
Estaba estudiando para ser enfermera.
Estaba orgulloso de lo que había logrado y sabía que quería ser más que una doncella.
Veía cómo me miraba, pero no había hecho nada para que pensara que tenía una oportunidad.
Cuando vi a Serena empujarla a la piscina una y otra vez, me quedé desconcertado, pero sabía que Serena no lo habría hecho sin ningún motivo.
Elsie sabía lo suficiente como para saber que mi familia se movía en el mundo del crimen, pero nunca la tomé por manipuladora.
Sus lágrimas no me conmovieron.
Después de ser un asesino durante años, las emociones me resultaban ajenas.
Solo Serena podía provocar una reacción en mí, y sabía de sobra que ella no haría algo a menos que Elsie hubiera hecho algo primero.
Elsie estaba fingiendo sus lágrimas.
Podía verlo tan claro como el agua.
No trataba con criminales todo el día para que me engañara una mujer que se creía mejor actriz de lo que era.
Era cómico que pensara que podía siquiera manipularme.
—¿Qué ha pasado?
—pregunté.
—Tu novia es una abusona —dijo, esperando que la corrigiera en lo de «novia».
No iba a hacerlo.
Serena era la única mujer que se acercaría jamás a ese título.
Joder, si alguien la confundiera con mi esposa, no los corregiría.
—No lo es.
La conozco mejor que nadie y es demasiado buena.
Dejaba que la gente la intimidara y le pasara por encima sin decir ni una palabra.
A veces intentaba hacerse la dura, pero estaba muy lejos de serlo.
Era una blandengue.
—¡Tú me conoces mejor a mí!
¡Crecimos juntos!
—gritó Elsie—.
No puedo creer que le creas a una zorra básica antes que a mí.
La conoces desde hace cinco segundos y a mí me conoces de toda la vida.
La agarré por el cuello y apreté con todas mis fuerzas, levantando sus pies del suelo.
El pánico se reflejó en sus ojos al darse cuenta de lo frágil que era y de que su vida estaba en mis manos.
Podía romperle el cuello, y no había nada que pudiera hacer para detenerme.
Pero era la hija de la doncella favorita de mi madre.
Lo menos que podía hacer era perdonarle la vida.
Cuando la solté, cayó al suelo en medio de un ataque de tos.
Retrocedió, poniendo tanta distancia entre nosotros como le fue posible.
—Nero…
—Serena es mía.
No tolero que la gente hable mal de ella.
Cuidado con tu puta boca.
La única razón por la que te he perdonado la vida es por tu madre.
No tientes mi paciencia —le dije.
Ella bajó la mirada, avergonzada.
—Lo siento, Nero.
No sabía que era tan importante para ti —dijo ella.
—¿Y por qué no iba a serlo?
Es la única mujer que he traído aquí —le dije—.
Siéntate aquí y espérame.
Corrí a mi dormitorio a buscar a Serena, pero no estaba allí.
Busqué en las otras habitaciones de invitados.
Ahí era donde tenía que haber llevado a su mejor amiga a cambiarse.
Justo cuando llegaba a la segunda habitación de invitados, ella salió.
Al verme, se alejó a toda prisa.
La agarré del brazo y le impedí que se fuera.
—¿A dónde crees que vas?
—le pregunté.
—Lejos de ti.
Sé que no estamos saliendo, pero no puedes ponerte del lado de otra persona en vez del mío sin preguntar la historia completa.
—Yo no…
—Ella suelta un par de lágrimas y ya la crees.
No voy a dejar que me humillen así.
Si quieres follártela, adelante.
Me mudaré de la casa de inmediato —dijo, con la voz temblorosa.
Parecía que quería echarse a llorar.
Joder.
No pensé que me malinterpretaría de esa manera.
Nunca me pondría de parte de nadie antes que de la suya.
¿Por qué coño iba a pensar que haría algo así?
Me confundió que Elsie corriera a abrazarme.
Nunca lo había hecho antes.
No quería hacer llorar a Serena.
Me odiaría jodidamente mucho por ello.
Se había vuelto tan importante para mí que no soportaba verla sufrir.
—Lily, por favor, danos un momento —le dije a su mejor amiga.
Ella asintió y se fue.
Tiré de Serena hacia mí y la miré con dureza.
—No me puse de su parte en vez de la tuya.
Tienes que confiar en mí y dejar de sacar conclusiones precipitadas.
Sus lágrimas eran falsas.
¿Por qué iba a creerla a ella antes que a ti?
Sabía que no habías hecho nada incluso antes de que ofrecieras una explicación, porque te conozco y sé de lo que eres capaz.
—Si no pasa nada entre vosotros dos, ¿entonces por qué corrió a abrazarte?
No tiene ningún sentido.
Con razón se negó a darme el desayuno esta mañana.
Está celosa porque cree que eres suyo.
—¿Que ella qué?
—pregunté.
Serena no me respondió.
Parecía que había soltado algo que no debía.
No iba a tolerarlo.
Tiré de ella escaleras abajo hasta donde estaba sentada Elsie.
Se agarraba el cuello y miraba a su alrededor con miedo.
Si estaba contemplando cómo iba a escapar, entonces era lista.
Si no, era más tonta de lo que pensaba.
Cuando nos vio, se levantó y empezó a caminar hacia atrás.
—¿Te negaste a darle el desayuno?
—le pregunté.
—Yo…
yo…
—Por el respeto mutuo que se tienen nuestras familias, no me mientas.
—Sí, pero lo siento, Nero.
Se puso de rodillas y empezó a llorar mientras suplicaba perdón.
—¿Qué pasó en la piscina?
—le pregunté.
—Le tiré las bebidas encima a Lily sin querer.
No fue mi intención, lo juro —dijo, pero no la creí.
Serena no sabía defenderse a sí misma, pero sí podía defender a su mejor amiga.
Elsie tenía que haberlo hecho a propósito.
Esa explicación tenía mucho sentido.
El mero hecho de que me estuviera mintiendo me irritaba.
—La próxima vez que vuelvas a hacer algo así, estarás en el primer vuelo a Italia.
Aléjate de Serena de ahora en adelante.
Ya veré cómo te castigo por esto.
Vete.
Cuando se marchó a toda prisa, me volví hacia Serena.
—Me has entregado tu cuerpo y confías en mí con él, pero no confías en mí para nada más.
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