Sexo con el Rey de la Mafia - Capítulo 88
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Capítulo 88: CAPÍTULO 88 Acribillado de culpa
POV de Serena
Alguien me sujetó antes de que cayera por completo al suelo.
—Vamos, Serena. Respira despacio. Inspira y espira.
Me guio para que estabilizara mi respiración hasta que dejé de hiperventilar. Solo entonces me fijé en el hombre que tenía delante. Era alto, guapo y tenía unos ojos marrones que me recordaban a los de Lily.
Llevaba traje y no aparentaba tener más de veinticinco años.
Entonces recordé que sabía mi nombre. ¿Cómo sabía mi nombre? Nunca lo había visto. Se pasó las manos por su pelo castaño mientras se apartaba de mí.
—¿Quién coño eres? —le pregunté.
Parecía muy joven. Definitivamente, era más joven que yo.
—Dante Agosti. Mi Capo, Nero DeLuca, me ordenó que te protegiera desde la distancia. No debía acercarme a ti a menos que estuvieras en peligro inminente.
Quise arremeter contra él y decirle que no quería que me protegieran, pero sabía que lo necesitaba, así que no lo hice.
Llevaba una semana y media sin ver a Nero. Mentiría si dijera que no lo echaba de menos, pero no había intentado ponerme en contacto con él.
Era halagador que quisiera que alguien me protegiera. Pensé que había retirado a los guardaespaldas con los que me hacía ir a todas partes, pero solo los había vuelto invisibles. Ni siquiera me había dado cuenta de que me seguían a todos lados.
Tenía que ser más cuidadosa, sobre todo con la gente muriendo a mi alrededor.
—¿Cuántos sois? —le pregunté.
Se rio entre dientes.
—Solo yo. Soy muy capaz. Soy el mejor soldado que tiene Nero DeLuca. Lo suficiente como para que me confiara tu seguridad. No puede pasarte nada mientras yo esté cerca.
Pensé que era un engreído hasta que recordé lo rápido que se puso a mi lado en cuanto empecé a tener un ataque de pánico. Además, no me había dado cuenta de que me siguiera a ninguna parte. Creí que era peligroso.
Eran esos ojos que se parecían a los de Nico y, a veces, a los de Nero. Pero, de alguna manera, los suyos eran peores. Era joven, pero parecía no tener alma. Parecía vacío por dentro. ¿Eran así todos los hombres de la mafia?
Definitivamente, era muy capaz de eliminar las amenazas contra mi vida.
—De acuerdo. Mantén la distancia y no le digas a Nero nada de esto.
Caminé hasta la cafetería más cercana y pedí un café con leche. No estaba en condiciones de conducir. Probablemente, estrellaría el coche. Todavía estaba conmocionada por la noticia que había oído.
Por suerte, la cafetería no estaba muy concurrida. Evité la ventana porque todavía tenía miedo de que la gente que mató a Adrian volviera a por mí. Estaba paranoica, asustada y carcomida por la culpa.
Jack y su familia estaban muertos. Por mi culpa. Nada de lo que nadie pudiera decir me haría sentir mejor.
—Birichina —dijo Nero mientras se sentaba en mi reservado. Tuve que mirar dos veces para asegurarme de que estaba frente a mí.
—¿Qué haces aquí? A tu prometida no le gustará que estés aquí —dije.
—Viendo que ella y yo aún no nos conocemos, no creo que tenga nada que decir sobre con quién me veo.
Lo miré durante un buen rato. Parecía impecable, pero vi el cansancio en sus ojos. Desde el día en que lloró en mis brazos, no lo había visto. Si no lo conociera, diría que estaba avergonzado.
No es que tuviera nada de lo que avergonzarse, pero sabía cómo eran los hombres con sus sentimientos. Al mirarlo en ese momento, dudé que hubiera algo de lo que Nero se avergonzara. Llevaba su confianza como si fuera un accesorio que nunca se quitaba.
Caí en la cuenta de que llevaba quince minutos en la cafetería y él me había encontrado.
—Dante te ha contado lo que ha pasado fuera de la oficina de campo —afirmé.
—Sí, me lo ha contado. ¿Qué pasó ahí dentro para que reaccionaras así? —preguntó.
Resoplé con desdén. Actuaba como si le importara tanto, y era agotador. No lo quería a medias. Lo quería por completo, y no iba a conseguirlo. Así que, ¿qué sentido tenía?
—No te debo ninguna explicación, Nero. Déjame en paz. No deberíamos vernos.
—Eso no significa que no deba preocuparme. Entraré en ese edificio, encontraré a la mujer que te atendió y le sacaré las respuestas. O me lo dices tú, o lo haré por las malas.
Reflexioné sobre lo que me había dicho. No dudaba de que haría algo así. Era capaz de ello. Después de todo, era un criminal.
—Había un hombre que me estaba dando información sobre lo que ocurrió justo antes, durante y después de la muerte de mis padres. Se llamaba Jack Hughes. Lo invitaste a mi fiesta porque era un viejo amigo.
—Lo recuerdo. Uno de tus amigos me ayudó a ponerme en contacto. Estaba emocionado por darte las gracias por lo que hiciste por él en aquel entonces. ¿Qué pasa con él? —preguntó Nero, aunque probablemente ya había adivinado lo que iba a decir.
—Lo quemaron vivo junto con toda su familia. Él, su mujer y sus dos hijos pequeños murieron en el incendio de su casa. Todas las puertas de la casa estaban cerradas con llave para que no pudiera escapar. El FBI ni siquiera puede encontrar el origen del fuego.
Al final, la voz me temblaba.
—¿Qué? —preguntó Nero. Parecía perturbado ante la idea de que unos niños fueran quemados vivos—. Joder. No sabía que te estaba ayudando. ¿Cuándo ha ocurrido?
—Hace una semana, pero no estoy segura del día. Lo único que sé es que los enterraron ayer. Nero, está muerto por mi culpa. Su familia está muerta por mi culpa.
—No podías haber adivinado que algo así ocurriría. No te culpes por esto, birichina. Haré todo lo posible por averiguar quién lo mató. Mientras tanto, deja que te lleve a casa. Necesitas un respiro de todo por lo que has pasado.
Asentí.
—¿Serena? —llamó Nero.
—¿Sí?
—No puedes culparte por todo. Jack no murió por tu culpa. Murió porque alguien quería borrar su rastro. Es culpa suya, no tuya.
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