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Shadow Kitchen - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Capítulo 9 - El crepúsculo de un nuevo amanecer
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10: Capítulo 9 – El crepúsculo de un nuevo amanecer 10: Capítulo 9 – El crepúsculo de un nuevo amanecer En la habitación, Samael y Fedora, algo avergonzados, intentaban mantener la compostura mientras se acostaban juntos en pijama.

Samael vestía un elegante conjunto negro con franjas rojo oscuro y tonos brillantes, mientras que Fedora llevaba solo un pantalón con dibujos de animales caricaturescos y una camiseta corta.

Finalmente se acomodaron, cada vez más cerca el uno del otro.

Fedora no lograba cerrar los ojos; se sentía demasiado avergonzada y vulnerable al estar tan cerca de Samael.

El vampiro, en un intento por tranquilizarla, la atrajo suavemente hacia su pecho frío pero a la vez cálido gracias a sus sombras.

La humana se sorprendió por esa inusual calidez y susurró: —¿Samael… siempre duermes de esta forma?

El vampiro, con melancolía y cierta nostalgia, respondió: —Desde el momento en que perdí a esa persona en mi vida, nunca he tenido una grata noche de descanso.

Solo cierro los ojos para ver un nuevo amanecer… y nada más.

Fedora, entristecida por la pérdida que confesaba aquel ser tan fuerte, le preguntó con ternura: —¿Me puedes hablar de esa persona?

Quiero hablar contigo hasta quedarme dormida.

Samael sonrió suavemente, acariciando el cabello de la humana mientras respondía: —Era una mujer encantadora.

Su mirada era dulce, llena de paz y tranquilidad.

Le encantaba pasear por los jardines repletos de flores amarillas y blancas.

No le importaba que fueran flores comunes; siempre decía que eran “flores de vida”, porque eran flores que todos desechan, pero que luchan por perdurar hasta el final.

La joven se asombró ante la descripción y, curiosa, preguntó: —¿Qué era lo que más te gustaba de esa mujer, Samael?

Él, mirando al techo con el recuerdo aún fresco, respondió: —Su sonrisa.

Aunque muchos hombres deseaban su cuerpo, yo me conformaba solo con verla sonreír…

hasta que sucedió ese día.

Fedora lo abrazó suavemente, notando cómo su voz empezaba a quebrarse, y le preguntó: —¿Podrías contarme qué sucedió?

Te prometo que no te juzgaré, solo deseo escucharte.

Samael guardó silencio por unos segundos en la oscuridad, hasta que finalmente narró: —Todo ocurrió cuando mi hermano me dijo que esa humana me estaba manipulando para robar mi poder, que tenía otro amor y que yo no era más que un engaño para ella.

Para un vampiro, los sentimientos son su mayor debilidad debido a la eternidad que llevamos, y para mí… fue una gran traición.

Entonces decidí silenciarla.

Fue un error de mi inexperiencia, pero confiaba en mi hermano.

Y cuando atravesé su cálido corazón con mis garras, antes de morir ella me dijo: “No es tu culpa, mi hermosa noche.

Siempre brillas, incluso si tus estrellas son tapadas por una gran nube tormentosa”.

Al mismo tiempo, escuchaba las carcajadas de mi hermano al otro lado de la habitación… se reía de mí, de mi estupidez.

Juré entonces que si volvía a enamorarme, la próxima en morir no sería mi amada… sería yo.

Fedora, sin poder contener las lágrimas, lo abrazó con fuerza mientras decía entre sollozos: —No es justo… ¿Por qué tendrías que morir por alguien que amas si no fue tu culpa?

Ella no murió por tu debilidad, sino por la maldad de alguien más.

¿Si te enamoras ahora, significa que morirás?

¿Qué crees que pensaría esa persona si te mueres y la dejas sola?

¿No crees que se odiaría por dejarte ir?

¿Por qué no pueden ser felices los dos?

¡Vampiro estúpido!

Samael, sorprendido, preguntó en voz alta: —Señorita Fedora… ¿acaso usted…?

Fedora, con lágrimas en los ojos, le respondió con un gesto de dolor: —Eres un tonto, Samael… Te odio.

El vampiro, comprendiendo sus palabras, la abrazó e intentó secar sus lágrimas con sus dedos, respondiendo con suavidad: —Señorita Fedora, discúlpeme… No fue mi intención hacerla sentir menospreciada.

Ella permaneció en silencio por un largo momento, hasta que, en la profunda oscuridad, dijo con voz seria: —¿Me odiarías si dijera que… yo quiero ser ella?

Samael, confundido, preguntó: —¿A qué se refiere, señorita?

¿Ser como mi amada?

Fedora respondió de golpe, como si se forzara a hablar: —No, imbécil… Quiero ser alguien a quien tú ames.

El vampiro tomó el rostro de la joven para verla en medio de la oscuridad, y notó su expresión sonrojada, con un gesto de berrinche infantil que lo hizo sonreír.

Entonces le dijo: —Déjeme contarle lo que sucedió cuando enfrenté a mi hermano.

Fedora, cruzándose de brazos, respondió: —¿Y eso qué tiene que ver ahora?

Samael, con una mirada fija, explicó: —Mi hermano me asesinó esa noche.

Solo las sombras de los animales que había rescatado por años me dieron sus vidas para traerme de vuelta.

Cuando estaba a punto de morir, mis últimos pensamientos no fueron para mi antigua amada… El vampiro acercó su rostro al de la humana, y con dulzura continuó: —Mis últimos pensamientos fueron hacia usted… mi señorita Fedora.

Pensé en usted antes de morir.

Lamentaba no haber sido más fuerte para derrotar a mi hermano… Lamentaba no haber compartido más tiempo con usted.

Recordaba cuánto significaba yo para usted.

En mi último aliento, me disculpé.

Tú, Fedora… te has convertido en mi debilidad.

Fedora, conmovida e impactada, respondió con valentía: —Yo también he sentido lo mismo.

No me gusta depender de nadie ni cuidar hombres como si fueran niños, pero tú… eres diferente.

Cuando estuviste al borde de la muerte, me quedé toda la noche a tu lado, escuchándote decir mi nombre entre el sufrimiento.

No entendía por qué… pero ahora creo que sí lo sé.

Pero… ¿estás seguro, Samael?

¿Una humana y un vampiro juntos?

¿No es peligroso para ambos?

Samael acarició su mejilla y respondió con una sonrisa: —No me importaría cuidar de ti ni compartir parte de mi eternidad contigo.

Si debo enfrentar peligros incluso peores que mi hermano, lo haré hasta que mis sombras desaparezcan.

Pero te prometo algo, mi Fedora… no volveré a perder mientras tú estés a mi lado.

Ella, sonriendo entre lágrimas, golpeó suavemente su pecho: —Sigues siendo un tonto vampiro… No se trata de acabar con todos.

Hay mejores formas de solucionar las cosas.

Pero si tienes que luchar… por favor, regresa a casa.

No quiero perderte otra vez, Samael.

Aquella noche tuve miedo de no volver a verte nunca más.

Samael se acercó y, acariciando su rostro, susurró: —Que así sea… Y esta será mi forma de sellar nuestra promesa.

Y selló su juramento con un suave beso en la oscuridad.

Fedora, sorprendida pero emocionada, correspondió el beso con el corazón palpitando.

Finalmente, ambos se durmieron mientras un nuevo amanecer se acercaba, marcando un antes y un después en sus vidas.

Un futuro donde serían puestos a prueba una y otra vez, donde la fuerza bruta no sería suficiente y el dolor acecharía hasta el final… pero mientras se tuvieran el uno al otro, podrían enfrentarlo todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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