Shadow Kitchen - Capítulo 11
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11: Capitulo 1 – Hoja nueva, libro viejo 11: Capitulo 1 – Hoja nueva, libro viejo Luego de que amaneciera, ambos perdieron el conocimiento, pero al cabo de unas horas, Fedora sintió un poco de disturbios en la entrada de la puerta del departamento.
Un hombre discutía con una mujer, mientras había constante movimiento sin parar.
Confundida, intentó ver qué estaba sucediendo realmente, hasta que observó el extraño escenario de Samael discutiendo, algo preocupado y avergonzado, con Madam Lili.
Afuera del departamento había una enorme cantidad de cajas, mientras el vampiro decía en un tono suplicante: —Por favor, señorita Lili, recapacite.
Son demasiadas cosas y la señorita Fedora ya posee su propio dominio establecido.
No es necesaria una remodelación de esta magnitud, reconsidérelo, se lo suplico.
Pero la mujer, tan terca como su propia leyenda, se negó sin siquiera prestarle atención, dando paso a que sus mayordomos entraran con las cajas, reemplazando todos los productos y retirando los viejos.
—¡Patrañas, niño!
Fedora es una gran artista que necesita cosas de la más alta calidad.
¡Es lo mínimo que se merece!
Así que hazte a un lado, saqueador de cementerios barato.
Al instante, Samael sonrió intentando contener su molestia y se defendió: —Disculpe, señorita Lili.
Que sea un vampiro que utiliza sombras no significa que provengan específicamente de seres muertos en un cementerio.
¡Retráctese usted, leyenda de periódico de poca monta!
Lili se acercó a él, pegando su cara a la suya con furia, como si intentara intimidarlo como un verdadero gánster: —¿¡Ahh!?
¿Qué le dijiste a tu superior, mocoso malagradecido?
Soy tu actual superior, ¡así que debes respetarme, niño sombrío salado!
Cuando ambos estaban en un clímax explosivo, Fedora se acercó riéndose, al ver por primera vez a Samael tan relajado frente a alguien: —Jajaja, primera vez que te veo divertirte, Samael.
Apenas sintió la presencia de Fedora, el vampiro recuperó la compostura y se inclinó, avergonzado, en señal de disculpa: —Me disculpo, señorita Fedora.
No era mi intención despertarla.
Mientras el vampiro cambiaba drásticamente, Madam Lili sonrió dulcemente, como si estuviera satisfecha de haber distraído por unos minutos a aquel melancólico vampiro que conoció en el pasado.
Ya no era el mismo ser demacrado, con ropas gastadas de segador y sin brillo en los ojos.
Frente a la humana llamada Fedora, ahora se mostraba sonriente y lleno de luz.
Finalmente, Lili fingió toser para romper el ambiente tenso: —Cof cof…
Bueno, jovencita Fedora, lamento el problema que te causé ayer junto a tu vampiro.
Esta es mi forma de disculparme: remodelando totalmente tu departamen— Antes de que pudiera terminar la frase, Fedora, asustada, corrió hacia el comedor buscando algo que parecía esencial para ella.
En ese momento, vio que un mayordomo estaba a punto de sacar una vieja billetera que estaba tirada sobre un mueble.
Lo detuvo al instante, sujetando con fuerza la billetera: —Por favor…
no te lleves esto.
Es lo único más importante que me queda.
El mayordomo, dudoso, miró a Lili.
Ella asintió con una sonrisa, haciendo que él sonriera también y le entregara la billetera en las manos.
—Disculpe, Lady Fedora.
No fue mi intención.
Le entrego su pertenencia.
Con su permiso, debo seguir empacando lo que se me ordenó.
Mientras el mayordomo se retiraba, Fedora observó la billetera con mucha nostalgia y cariño.
Lili y Samael se acercaron.
La primera en hablar fue Madam Lili: —¿De qué se trata eso, como para defenderlo tanto?
Fedora, sonriendo mientras miraba la billetera en sus manos, respondió: —Esto lo comenzó todo.
Esto me dio la oportunidad de llegar a donde estoy.
Sin esta billetera, seguiría siendo maltratada por mi padre y jamás habría conocido lo que veo ahora.
Lili, sonriéndole, se inclinó ante Fedora mientras sacaba algo de su chaleco: —Ya veo…
Mira, yo también quiero mostrarte algo especial para mí.
Mostró un viejo guante de cuero muy gastado, lo que sorprendió al propio Samael al verlo: —¡Señorita Lili, eso es…!
Lili completó la frase: —Este es el guante de mi difunta hermana menor.
Es lo último que tengo de ella.
Este tonto vampiro sin clase tiene el guante derecho…
yo tengo el izquierdo.
Fedora, asombrada al ver el guante, comentó: —Impresionante…
un guante de la época industrial europea.
Ambos vampiros se miraron sorprendidos, al ver cómo ella identificaba el modelo de inmediato.
Samael preguntó: —¿Cómo sabe la época de creación del guante, señorita Fedora?
La humana, sonriendo, apuntó con su dedo las costuras mientras explicaba: —Antes era muy común ver guantes de cuero cosidos de forma imperfecta, ya que niños y ancianos también trabajaban haciendo este tipo de ropa.
Si se fijan, las costuras no son uniformes, son hechas por una persona amateur, posiblemente.
Ambos vampiros se acercaron con curiosidad a ver las costuras del guante, confirmando lo que ella decía.
Fedora continuó: —Para los artistas, esa época del mundo es muy importante.
Nacieron muchos movimientos clave para el arte y el pensamiento humano.
Fue una verdadera revolución.
Lili, con una sonrisa nostálgica, sostuvo el guante con mucho cariño y confesó: —Tienes razón, niña.
Este guante fue creado por mi propia hermana, cuando trabajábamos juntas.
Pero fue en los años vacíos, antes de que sucediera esa revolución.
Apenas comenzaba todo, y nosotras tuvimos la mala suerte de estar involucradas…
Mi hermana hizo estos guantes para protegerse del acero ardiendo.
Fedora, impresionada, no alcanzó a responder antes de ver que la propia Madam Lili dejaba el guante en sus manos y decía: —Te entrego esta misión, pequeña humana.
No le dejes todo el trabajo a este egocéntrico vampiro llamado Samael.
Es muy poderoso, pero nunca se protege a sí mismo.
Así que, si algo sucede y él está en problemas, necesitarás una ayuda extra.
Fedora, alterada, intentó rechazarlo sujetando cuidadosamente el guante, tartamudeando del pánico: —¡P-p-pero!
¡Un momento!
¡Esto es demasiado importante!
¿Cómo voy a usarlo si solo tengo un guante?
¿Qué hace?
¿Cómo lo guardo?
¿Está maldito?
¿Habla?
¡Ni siquiera sé si aparecerá un panel de estadísticas como en un videojuego!
¡Y soy pésima jugando videojuegos!
Lili se rió suavemente de la inocente reacción de Fedora, mientras observaba de reojo a Samael, serio, como si entendiera el mensaje que ella intentaba transmitirle.
Luego miró a Fedora, que estaba a punto de desmayarse del susto: —Tranquila.
Esto funciona con tu propia imaginación.
Como eres humana, no podrás usarlo todo el tiempo.
Es solo para emergencias.
Usas el guante, y con tu mano imaginas qué poder quieres que tenga, según la pose que hagas.
Ese era el legado de mi hermanita menor: la imaginación.
¿Y sabes qué es lo más importante para una artista prestigiosa?
Fedora, asombrada, conectó con sus palabras, sintiendo su peso.
—…su imaginación.
Lili, felicitándola, chasqueó los dedos y gritó: —¡EXACTO!
¡Ah, cómo me cae bien tu humana, Samael!
Deberías ser más como ella y menos como un amargado cocinero.
Samael, sonriendo y conteniendo su ira, respondió a regañadientes: —Me alegra que piense eso, señorita Lili…
Acarició la cabeza de Fedora mientras se levantaba, notando que los mayordomos habían terminado su trabajo: —Bueno, niñata, es hora de que me retire a ver más arte lamentable…
Qué delicioso fue ver tu corazón ayer en esa pintura.
Recuerda llamarme si tienes otra exposición.
No me lo perdería.
Pero ahora me toca ver arte común y corriente: basura sacada de eso que llaman los humanos “Internet”.
¡Demonios, cómo odio las pinturas calcadas!
Fedora se rió suavemente, abrazando su billetera y el guante contra el pecho: —Jajaja, está bien, señorita Lili.
Le prometo que haré increíbles pinturas para que las disfrute.
Madam Lili se dio la vuelta, caminando hacia la puerta, mientras un mayordomo la abría detrás de ella.
Ella dijo en voz alta: —¡No me decepciones, niña!
Y cuida bien de ese vampiro incompetente.
No lo metas en demasiados problemas… ¡pero sigue haciéndole la vida imposible!
¡Adiós!
¡Chau!
Cerró la puerta con fuerza detrás de ella, como parte de una salida dramática acorde a su estilo.
Ambos, agotados, miraron alrededor, sorprendidos de ver cómo todo el departamento se había modernizado al máximo: un refrigerador de última generación, una cocina completamente equipada y muebles nuevos por toda la casa.
Fedora, girando asombrada, dijo: —¡Dios mío, Samael…
mira todo esto!
¡Parece una mansión en miniatura!
Samael, pensativo, preguntó: —¿Está cómoda con esta vida, señorita Fedora?
Tal vez, para una humana como usted, este tipo de cosas podría resultar estresante.
Fedora, tranquila, le sujetó ambas manos al vampiro y, mirándolo de frente, respondió: —Nunca me han gustado las cosas normales.
Me agrada esta vida.
Además, tú también te divertiste, ¿verdad?
Vamos, no seas tan modesto conmigo.
Samael, rascándose la nuca, respondió algo avergonzado: —Bueno…
si me lo consulta, fue entretenido en cierta forma discutir con la señorita Lili.
Me recordó a los viejos tiempos, cuando mi maestra aún estaba con nosotros.
Fedora, saltando de emoción, lo llevó a la fuerza hacia la cocina: —¡Vamos, vamos!
¡No hay tiempo que perder!
¡Tenemos que probar cocinar algo con la nueva cocina y refrigerador…!
¡¡EL REFRIGERADOR TIENE PANTALLA DE TELEVISIÓN!!
Mientras la joven señalaba cada cosa moderna de la casa con emoción exagerada, en algún lugar del centro de San Francisco llegaba una casa rodante con un peculiar diseño de circo, como si se tratara de un payaso.
Finalmente, la casa rodante se detuvo cerca de un callejón de la ciudad.
Se abrió la puerta, mostrando unos zapatos de payaso, pantalones excesivamente coloridos y cómicos, sin revelar aún su rostro.
Este dijo, emocionado por lo que haría a continuación: —Bueno… ¡es hora de los chistes!
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