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Shadow Kitchen - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Capitulo 2 - Risas y diversiones
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12: Capitulo 2 – Risas y diversiones 12: Capitulo 2 – Risas y diversiones Mientras Fedora fue a comprar materiales y algún que otro bocadillo en un minimarket cerca de su casa, Samael estaba a solas probando su linaje.

Intentó levantar su mano, apuntando la palma derecha hacia la pared, mientras decía: —Ataquen.

Pero no apareció absolutamente nada, lo que hizo que Samael sonriera con melancolía, aparentemente confirmando su teoría.

Susurró, triste pero comprensivo: —Ya veo… perdí todas mis cosechas cuando reviví.

No tengo sombras almacenadas.

No puedo imaginar qué habría pasado si Henry se hubiera dado cuenta; en el estado en el que me fui era el más vulnerable.

Apretó suavemente su mano, formando un puño, sintiendo su debilidad en cada apretón, casi al nivel de un humano promedio.

Mientras comenzaba a ejercitarse, buscando alguna solución, sacó con nostalgia el guante viejo de su maestra, recordando sus palabras: —¿Sabes qué poder poseo yo, Samael?

Mi linaje es la imaginación.

Puedo crear cosas que solo yo imagino y creo que existen.

El límite está en tu propia mente.

Pero no solo funciona con mi linaje: todos los linajes funcionan así; solo que el propio vampiro se pone sus propias cadenas clavadas al suelo.

Si crees que perdiste fuerzas, imagina cómo usar lo que tienes ahora de una mejor forma.

Imagina y piensa cómo funciona tu propio linaje, exprímelo al máximo y serás el vampiro más sabio de todos… y tal vez el más poderoso.

Samael finalmente regresó al presente, murmurando: —Pensar e imaginar, ¿eh?

Podría intentarlo, maestra… Mientras Samael se concentraba en su dilema, Fedora estaba de camino a casa hasta que vio un gran grupo de gente, acompañado de una música que parecía salida de un circo.

La joven humana se acercó cada vez más, hasta llegar detrás de la multitud.

El origen de todo aquel caos resultó ser un espectáculo: un payaso con un enorme sombrero de bufón de colores azul y rojo, cuyos zapatos —blanco y negro— no combinaban en absoluto, como si se hubiera vestido mal a propósito.

Levantando sus manos eufórico, gritó: —¡¡DAMAS, CABALLEROS Y TODA CLASE DE HERMOSA VIDA!!

¡¡MIREN CÓMO YO, EL GRAN PAYASO “SALEMI SALAMA SALI”, HARÉ UN ESPECTACULAR TRUCO QUE LOS DEJARÁ ASOMBRADOS!!

El payaso, totalmente decidido, se preparó para saltar hacia atrás y, épicamente, logró no solo una voltereta… sino nueve.

El público, incluida Fedora, se emocionaba cada vez más, aplaudiendo y animándolo para que lograra la décima.

Pero, cuando finalmente iba a conseguirlo, cayó de cara, quedando con el trasero levantado.

Se produjo un profundo silencio… hasta que, tras el fuerte golpe contra el pavimento, soltó un casi murmullo: —Ay… La reacción fue inmediata: una risa eufórica de todos, incluso de la humana.

Salemi también comenzó a reír mientras se levantaba, haciendo reverencias y gritando: —¡GRACIAS, GRACIAS!

¡LA CAÍDA NO ERA PARTE DEL SHOW, PERO SIEMPRE ES DIVERTIDO SUFRIR RIÉNDOSE!

Mientras se despedía y la gente comenzaba a despejar el área, anunció: —¡Pasado mañana habrá el próximo show para todos!

¡No se lo pierdan!

Se retiró hacia un callejón lejano, murmurando con una enorme caja en brazos: —Fue divertida esa caída… me alegra que nadie pueda verme por acá.

Pasado mañana me alimentaré más.

Fedora, detrás de él, respondió, paralizándolo: —Pero… yo sí te puedo ver.

Salemi, esforzándose por no entrar en pánico, se volteó lentamente para ver a la joven, que lo señalaba con un dedo como si fuera una pistola, luciendo un guante.

Ella preguntó: —¿Eres un vampiro malvado?

El payaso, temblando de terror, intentó negociar: —Mira… solo tengo hambre, ¿está bien?

No hago daño a nadie… solo quiero hacer reír a la gente.

Fedora, sin dejar de apuntarle a una distancia segura, volvió a preguntar: —¿De dónde eres?

¿Realmente te llamas Salemi?

¿Cuáles son tus objetivos?

El payaso comenzó a sudar frío, pensando desesperado: ¡Mierda, mierda, mierda, mierda!

¿Qué hago?

Vamos, Salemi, piensa en algo o serás un queso francés.

Entonces se le ocurrió una idea, como si un foco imaginario se encendiera sobre su cabeza.

Rogando por su vida, se arrodilló: —Por favor, jovencita, no tengo dónde ir.

No me alimento de personas.

Sí, soy un vampiro, pero uno bueno.

No tengo un hogar más que esa casa rodante detrás de mí… por favor, perdóneme la vida y le prometo que… Se detuvo al mirar más detenidamente el guante, interrumpiéndose: —¿Ese es un guante canalizador?

¿Sabes cómo funciona?

Fedora, alzando una ceja con sospecha, respondió: —¿Y eso qué importa?

El payaso, poniéndose unas gafas falsas, replicó: —Si es lo que creo, podrías morir si no sabes usarlo correctamente.

¿Sabes que posee el corazón del linaje de su dueño original?

Fedora, sorprendida, miró su guante con más calma.

Salemi se levantó con cuidado y dijo: —Es un placer… me llamo Salemi Salama Sali.

Puedes decirme Sami, Salemi… como quieras, pero por favor, no me amenaces de muerte.

Fedora, algo incrédula, suspiró y se presentó: —Me llamo Fedora.

No te diré nada más de mí.

El payaso asintió con euforia: —Sí, sí, jefa Fedora, no se preocupe.

Ella no pudo evitar sonreír suavemente y aclaró: —Tampoco soy tu jefa, jaja.

Pero… ¿por qué haces todo esto?

¿Eres feliz así?

Salemi quedó impactado.

Nadie le había hecho una pregunta tan directa.

En su mente resonó la voz de un niño, como un eco: —Señor payaso, deseo que siempre sea feliz.

¿Lo será, verdad?

Desviando la mirada, tapándose levemente el rostro, respondió con una risa suave: —Claro que soy feliz.

Si un payaso no puede reírse, ¿cómo podría hacer reír a los demás?

La humana, preocupada, se acercó, guardó el guante en su ropa y le tomó el hombro: —¿Qué tal esto?

Seamos amigos.

Así tendrás con quién pasar el tiempo, aparte de hacer reír.

¿Qué opinas, Salemi… salamito… Sali…?

Ay, diablos, tu nombre parece un trabalenguas.

El payaso soltó una carcajada y asintió: —Jajaja, está bien, jefa Fedora.

Mañana estaré aquí si quieres visitarme, pero no le digas a nadie, ¿sí?

Te prometo que me portaré bien.

Fedora lo miró a los ojos y sonrió antes de marcharse con sus bolsas: —Está bien.

Nos vemos mañana, Salemi.

¡No hagas nada malo!

Mientras la humana se alejaba, Salemi recordó las palabras de un hombre con voz tenebrosa e intimidante: —Debes buscar a la humana del segador de sombras y traerla con nosotros.

Te quitaremos las deudas.

El payaso pensó, con lágrimas en los ojos: —No quiero hacerlo… no quiero ser un payaso malo… no otra vez… Rodeado de risas y alegría, Salemi luchaba contra sí mismo para seguir siendo lo que anhelaba: un payaso bueno.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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