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Shadow Kitchen - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 Capitulo 5 - Un Eden Olvidado
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15: Capitulo 5 – Un Eden Olvidado 15: Capitulo 5 – Un Eden Olvidado Una vez desayunados, el reloj marcaba las once horas con treinta minutos.

Salemi y Fedora ya estaban preparados y mentalizados en su misión.

Fedora vestía una túnica marrón muy elegante, sin ser exageradamente llamativa, junto con un conjunto de ropas sacadas del armario de una noble: una camisa con volantes y una chaqueta café a juego con sus pantalones.

Solo sus zapatillas resultaban ser lo único común que poseía.

Salemi, por su parte, vestía lo mismo de siempre, pero con una túnica gris casi idéntica en diseño a la que llevaba la humana.

Samael les entregó a ambos un colgante en forma de colibrí, con una gema oscura en el ojo, mientras les daba las instrucciones: —Ambos collares cumplen la misma función.

Una vez que rompan esa delicada gema, yo podré ir a ayudarlos.

Pero recuerden: debe ser en el momento exacto.

No puedo enfrentarme a demasiados, y tendrán que guiarme directamente hacia el que tiene a los niños huérfanos.

Fedora, sin dudarlo, se puso el collar, y el payaso la imitó haciendo lo mismo.

Estaban a punto de partir cuando Fedora, haciéndole un gesto a Salemi para que avanzara, le dijo en voz alta: —¡Adelántate, Salemi!

¡Voy enseguida!

El payaso confió y se adelantó.

Fedora, un poco sonrojada por alguna razón desconocida, permaneció un instante.

Samael, pensativo, le preguntó: —¿Señorita Fedora, sucede algo?

Ella respiró hondo, como si una adolescente se dispusiera a confesar algo, y con voz gentil dijo: —Gracias por todo lo que haces por Salemi.

Samael, yo… te quiero mucho.

Me cuidaré, te lo prometo.

El vampiro, sorprendido, tosió y llevó la mano a su boca, fingiendo que se había atorado, antes de responder: —La estaré esperando, señorita.

Fedora, riendo al ver su reacción, se retiró para alcanzar a Salemi, agregando al final: —¡Volveré para decirte más cosas, tranquilo!

Samael se despidió agitándole la mano en el aire.

Pero cuando la silueta de la humana desapareció de su vista, su verdadero rostro de preocupación salió a la luz.

Ya alejados, el payaso y la humana se quedaron frente a un callejón sin salida.

Fedora lo miró detenidamente, cuestionándole qué haría, hasta que él sacó una trompeta de su manga y emitió un sonido cómico frente a la pared del callejón.

Entonces, se abrió un pasaje con unas escaleras que descendían hacia lo desconocido.

Con seriedad y preocupación, Salemi le advirtió a Fedora: —Ok, jefa.

Todo lo que veas no es humano ni nada parecido.

Todos matarán por comerte, así que mantente al margen.

Y en ningún momento te quites la túnica de la cabeza: es lo único que te diferencia entre ser comida o extranjera.

Fedora tragó saliva, algo asustada, y asintió con cuidado, tomando la mano de Salemi.

Ambos comenzaron a bajar las escaleras.

Eran unas largas escaleras de piedra gastada, y cada paso resonaba con un eco envolvente, como si descendieran hacia una profundidad infinita.

Al cabo de un rato, empezaron a oír voces y música, como si se tratara de una feria cultural.

Al llegar al final, una luz cegadora los envolvió, revelando por primera vez el submundo de criaturas de la noche y seres paranormales.

Fedora no podía dejar de mirar con asombro.

Sus ojos y mente parecían incapaces de creer lo que veían: esqueletos vestidos como humanos, hombres lobo, seres de madera, e incluso una familia entera de ratones paseando en su día familiar.

Nada de lo que contemplaba parecía tener lógica.

Salemi, sonriendo, le susurró entre risas: —¿A que es genial todo esto?

Este es nuestro mundo, seguro de los humanos.

Fedora, aún impactada, respondió en susurros: —¿Seguro de los humanos?

Entonces… ¿las historias de la cacería de monstruos eran reales?

Salemi asintió y contestó de la misma forma: —Así es, mi jefecita.

Millones de nosotros fuimos cazados indiscriminadamente por los humanos.

Algunos intentaron dialogar, pero la naturaleza humana, en muchos casos, no escucha a quienes no sean de su misma especie.

Por eso los vampiros son el pilar más alto de este mundo.

La humana, sorprendida, comentó: —Entonces… ¿por eso les temen tanto a los vampiros?

¡¿Y por qué tú no eres como Samael?!

El payaso, asustado, saltó y le rogó en voz baja: —¡Jefecita, no grite!

Bueno… los vampiros nos volvemos temidos cuando nuestro legado influye en el mundo.

Las risas y los chistes no son nada en comparación con una profunda oscuridad que, aunque intentes evitarla, siempre estará allí.

¿Entiende la diferencia?

Fedora guardó silencio, aceptando su explicación, y luego preguntó: —Bueno… ¿hacia dónde vamos, Salemi?

Él suspiró con seriedad y dijo: —A la administración.

Tendrás que sacar tus mejores habilidades de actuación y seguirme la corriente, jefa.

Si no, nos asesinarán a ambos.

Fedora, decidida, asintió: —No te preocupes, Salemitito.

Sacaremos a tus niños de aquí, te lo prometo.

Él, sonriendo con ternura, sujetó suavemente su mano, y juntos se dirigieron hacia la sala administrativa.

Salemi golpeó la puerta cinco veces con un ritmo determinado, como si fuera una contraseña.

La puerta se abrió lentamente y el payaso, sonriendo, anunció: —Traje a la humana hipnotizada, como querían.

Incluso cree que esta es su tierra natal.

Fedora, entusiasmada, exclamó en español: —¡Weón!

¡Es genial toda esta wea!

¡Vamos por unos completos!

La escena mostró a una mujer con un cigarrillo en la boca, una camisa mal abrochada y pantalones negros ajustados.

Observó a Fedora, confundida por lo que decía con tanto entusiasmo, y preguntó: —¿Me acaba de llamar puta?

El payaso, asustado, saltó y agitó las manos negando: —¡No, no, señorita!

Está hablando español chileno… creo que dijo que quería comer algo típico de sus tierras.

La mujer, ya más tranquila, se hizo a un lado y dijo con desdén: —Me da igual.

Pasen, verán al jefe al final de la habitación.

No sé nada más al respecto.

Ambos pasaron, y la puerta se cerró tras ellos.

¿Qué sucederá ahora con la misión?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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