Shadow Kitchen - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - 16 Capítulo 6 - La risa del vivir
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16: Capítulo 6 – La risa del vivir 16: Capítulo 6 – La risa del vivir Finalmente, ambos dentro vieron a un hombre con un sombrero parecido al de un vaquero, pero este tenía la punta inclinada hacia adelante, llamando la atención de ambos mientras los observaba acercarse.
Lentamente dejó una lámpara sobre la mesa cercana y la encendió, creando un pequeño arcoíris, mientras decía con una voz tenebrosa: —Excelente trabajo, payaso.
Mis muchachos irán por la humana y, cuando verifiquemos que todo está en orden, tú te llevarás a esos niños.
Entre las sombras de la habitación aparecieron una docena de cazadores de vampiros casi idénticos al que parecía ser el jefe, haciendo sudar a Salemi.
Sin embargo, por alguna razón, Fedora permanecía en total calma, recordando una vez más sus palabras: “No te preocupes, Salemitito.
Sacaremos a tus niños de aquí, te lo prometo.” Finalmente suspiró y respondió: —No la entregaré, cazador.
Al escuchar al payaso, el hombre comenzó a reír de forma sarcástica: —Ja, ja, ja… ¿eres estúpido, verdad, italiano?
Da igual qué tan poderosa sea la ayuda que te haya dado el segador de las sombras.
Mientras esta lámpara esté prendida, ningún poder proveniente de él se activará.
Salemi estiró sus manos y crujió los nudillos, hablando con una voz que parecía temblar de miedo, pero con un cuerpo que transmitía absoluta determinación: —Lo sé.
El vampiro que peleará contigo, cazador, será el vampiro de las risas.
Jamás he peleado en toda mi vida, pero siempre hay una primera vez para todo.
Sin dudar más, Fedora y Salemi embistieron juntos contra los cazadores.
Todos comenzaron a sacar dagas, espadas e incluso armas de fuego que parecían cañones de mano, pero Salemi lo notó a tiempo y materializó una sombrilla de playa junto a Fedora, gritándole: —¡JEFA, PROTÉJASE CON ESTO!
¡RESISTIRÁ VARIOS DISPAROS Y CORTES!
Fedora sintió cómo la adrenalina invadía todo su cuerpo, agudizando sus instintos al máximo por pura supervivencia.
Sujetó la sombrilla y esquivó todos los cortes que caían a centímetros de ella.
Lo que parecía una simple misión de rescate se había transformado en la batalla más eufórica que había vivido jamás la humana llamada “Fedora Crosser.” El payaso golpeaba cada vez que podía a los subordinados del líder con un martillo de goma, pero cada impacto resonaba con una potencia colosal.
Sin embargo, su falta de experiencia en combate le estaba costando caro: por más que esquivara y golpeara, recibía disparos y cortes incontables, sintiendo cómo su cuerpo se deformaba y regeneraba una y otra vez, mientras su linaje se agotaba lentamente.
Aunque los cazadores parecían convencidos de su victoria, el objetivo del payaso no era derrotarlos.
Al contrario, todo iba de acuerdo al plan que había conversado con la humana: “Jefa, posiblemente este hombre tenga algún tipo de trampa y tendremos que pelear.
No se preocupe por mí; haré todo lo necesario para que el Señor Samael venga.
Usted deberá escuchar mi señal y usar el guante con lo que tenga que imaginar en ese momento.” De vuelta en el presente, el payaso, totalmente concentrado, avanzaba en zigzag intentando llegar al líder de los cazadores.
Saltó frente a él, cargando su mazo con ambas manos para matarlo de un solo golpe, y con ira susurró: —Esto es por mis niños… Pero el golpe fue interrumpido por un corte invisible que le arrancó ambos brazos.
Perplejo, Salemi vio al líder, sentado tranquilamente con las piernas apoyadas en la mesa, decir con desprecio: —¿De verdad creíste que sería tan fácil, payaso tonto?
Salemi, sonriendo mientras sus brazos se regeneraban lentamente, respondió: —Claro que sabía que fallaría… pero mi jefa no fallará.
¡¡JEFA, AHORA!!
Fedora, rodeada de cazadores inconscientes, sujetó su brazo izquierdo con la mano derecha como si estuviera a punto de disparar.
Apuntó con la palma directamente al cazador, concentrada en lo que debía imaginar, y gritó: —¡¡SUPER BLASTER X!!
Un enorme disparo la sacudió por completo, arrasando con una energía azulada que desintegraba todo a su paso, veloz y violenta.
El cazador vio cómo todo se ralentizaba, mientras el payaso, sonriendo victorioso, murmuraba en su lengua natal: —Vaffanculo (Vete a la mierda).
La explosión devastó el lugar.
Fedora, emocionada, saltó de alegría: —¡¡QUÉ GENIAL!!
¡¡SIEMPRE QUISE HACER ESO DESDE QUE ERA NIÑA!!
¡QUIERO VOLV— Antes de terminar, un dolor atroz la invadió, vomitando sangre grotescamente y arrodillándose.
Sonrió con tristeza y pensó: “Es cierto… esto es el mundo real… una humana no debería… poder hacer esas cosas… mierda…” Cuando el polvo se disipó, Salemi, semidesnudo y con los brazos regenerados, vio a Fedora agonizando.
Pero antes de socorrerla, escuchó la voz del líder de los cazadores: —Vaya… así que el linaje de la imaginación sigue entre ustedes.
Qué problema… La mirada de Salemi pasó de tranquila a aterrada al ver al cazador totalmente ileso, a diferencia de sus subordinados muertos o inconscientes.
—Debe ser una broma… ¿eres siquiera humano?
Esto es un mal chiste… no puede ser posible.
El cazador, avanzando hacia él, respondió: —Un humano puede dejar de ser humano cuando caza seres como ustedes.
Los débiles terminan como esa tonta humana detrás de ti.
Salemi miró con pánico la lámpara intacta en la mano del cazador.
Desesperado, corrió hacia Fedora mientras el hombre preguntaba con soberbia: —¿Tanto esfuerzo por una humana?
¿Por qué arriesgar tu eternidad por una mortal que morirá antes de que te des cuenta?
Para ustedes, es solo carne con fecha de caducidad.
Salemi, abrazando a la humana apenas consciente y ofreciendo su propia espalda descubierta, gritó: —¡¡Y tú qué sabes de lo que un vampiro desea!!
Nosotros también queremos vivir como los humanos, convivir con ellos, reír a su lado, comer con ellos, saber qué piensan… ¡¡No todo es asesinato!!
¡¡También queremos reír junto a estos seres de los que, algún día, tendremos que despedirnos!!
Fedora, agonizante, susurró con voz rasposa: —Salemi… lo siento… Él, negándose a perderla, gritó llorando: —¡¡No se preocupe, jefecita!!
¡¡Aún no perdemos!!
¡¡Aún podemos hacer más cosas!!
¡¡Solo debe seguir con vida!!
¡¡No debe morir!!
¡¡Porque si usted se muere, no podremos comer nada delicioso nunca más, y eso me niego!!
¡¡ERA DELICIOSO!!
¡¡HA SIDO LA MEJOR COMIDA QUE HE PROBADO EN TODA MI VIDA!!
El cazador tomó un cañón de mano del suelo y, apuntando a la espalda del vampiro, dijo: —Tanto gritas y ni siquiera puedes pelear.
Esto ya ni siquiera es gracioso, payaso… hazme reír.
Cada disparo atravesaba el cuerpo de Salemi, que gritaba de dolor mientras cubría a Fedora con una delgada tela de circo para protegerla.
El mundo se distorsionó a su alrededor; apenas escuchaba la voz de la humana rogando: —Salemi… por favor… ríndete… para… Recuerdos vagos regresaron: cuando hacía malabares en la calle y nadie lo miraba, hasta que unos niños comenzaron a acercarse día tras día, riendo de sus torpezas, pintando de colores sus grises jornadas.
De vuelta en la realidad, Salemi, sin una sola gota de linaje restante, sangraba de verdad mientras susurraba: —Si quieres… a la humana… tendrás que matarme… de la risa… El cazador, despreciando su “falsa fuerza”, comenzó a patearlo una y otra vez: rostro, espalda, brazos, intentando borrar esa última luz de esperanza.
Pero Salemi, al borde de la muerte, seguía abrazando a la humana, esperando el momento indicado… el “segundo dorado.” Cuando su propia sangre tiñó la lámpara y el cazador bajó la guardia, el payaso lo sorprendió, alineando la linterna con el collar de sombras y gritando con sus últimas fuerzas: —¡¡JEFA, DISPÁRAME!!
Fedora, temblando y apenas consciente, apuntó con su dedo y susurró: —…Bang… Escupió sangre mientras el disparo atravesaba tanto el collar como la lámpara junto el pecho del propio payaso, creando una cúpula de sombras.
El cazador, riendo, alcanzó a huir antes de quedar atrapado: —Ja… será hasta la próxima vez… La cúpula se cerró, y dentro de ella se escucharon crujidos de huesos y gritos de agonía hasta que todo se disipó.
Salemi, destrozado y al borde de la muerte, aún abrazaba a Fedora inconsciente.
Frente a él apareció Samael, vistiendo sus ropas de Segador de las Sombras, apuntándole el rostro con su guante.
Salemi, con la boca ensangrentada, sonrió y murmuró: —Señor… Samael… como le prometí… nadie… tocó a su humana… ¿hice… bien mi trabajo… jefecito?
Un largo silencio reinó.
Samael parecía debatirse en matarlo allí mismo por el daño causado… pero finalmente sonrió y extendió la mano hacia el payaso malherido: —Lo hiciste excelente, Salemi.
El Segador de las Sombras te reconoce como alguien fuerte.
El payaso, con lágrimas en los ojos y la vista cada vez más borrosa, respondió mientras caía en sus brazos: —Gracias, señor… por favor… salve a los niños… deben estar… cerca… Y se desmayó en plena oración, mientras Fedora permanecía inconsciente a su lado.
La misión había sido cumplida con éxito, sin ninguna baja.
Pero… ¿quién demonios era ese cazador de vampiros?
¿Era realmente un humano… o algo más?
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