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Shadow Kitchen - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Capitulo 8 - Las sombras que nos cuidan
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18: Capitulo 8 – Las sombras que nos cuidan 18: Capitulo 8 – Las sombras que nos cuidan En una oscuridad total no surgía ningún ruido, no había movimiento alguno, no existía absolutamente nada.

Todo era olvidado y apagado en un silencio envolvente, donde ni siquiera los músculos se escuchaban al tensarse.

Pero entonces, una voz resonó golpeando la oscuridad como un trueno en la noche, creando un eco veloz y breve.

Era la voz de Samael, desesperada: —Por favor, regresa, Fedora.

Aquello obligó a la humana a abrir los ojos en lo que parecía una habitación totalmente blanca y vacía.

Al instante notó que estaba acostada en el suelo, también blanco.

No había nada en ninguna dirección.

Confundida, se levantó y comenzó a hablar sola: —Ok… ¿me he muerto?

Esto es muy diferente al cielo que tenía en mente… o un infierno demasiado acogedor para mi gusto.

Caminando hacia el infinito vacío blanco, gritó: —¡Oigan!

¿¡Estoy totalmente sola acá!?

¿¡Hay alguien!?

En un impulso por comprobar si de verdad estaba muerta, mordió su propio dedo.

Sintió dolor, igual que en la vida real, y sonrió: —¡Eso es bueno!

Ay… pero entonces no estoy muerta… al menos todavía.

En total soledad comenzó a pensar en voz alta, luchando por mantener la cordura: —Bueno… esto parece como esa escena de Matrix, pero no puedo hacer ningún poder, así que… ¿estoy en coma?

Mierda, no tengo tiempo que perder aquí.

¡¿Cómo salgo de aquí?!

Mientras Fedora comenzaba a desesperarse, una voz de mujer madura la interrumpió, hablando en un tono casi maternal: —En realidad es fácil salir, pero hiciste demasiado con ese guante.

Fedora, sobresaltada, miró en todas direcciones y gritó: —¡¿Quién eres?!

¿También eres un vampiro?!

¿Un vampiro racista?!

¡Ah, por eso es el fondo blanco!

¡Te descubrí!

La voz reapareció a su espalda, mientras una mano se posaba con tranquilidad en su hombro: —Jajaja, no soy ningún vampiro racista, humanita.

Fui vampiro en algún momento, pero nunca fui realmente malvada.

Siempre quise conocerte en persona.

Fedora se giró lentamente y vio a una mujer llamativa, vestida con un abrigo de piel, blusa con volantes, un sombrero blanco excesivamente caro, pantalones negros elegantes y zapatos de tacón alto.

—¿Usted… quién es?

—preguntó Fedora.

La mujer sonrió: —Soy la dueña original de tu guante.

Me presento, humanita: mi nombre es Margaret.

La humana abrió la boca, impactada, con un asombro imposible de contener.

Susurró, casi sin poder articular palabras: —Usted… es la maestra del señor Samael.

Margaret rió cubriéndose la boca con un gesto refinado: —¿Jajaja, ahora a Samaelito lo llaman señor?

Realmente me perdí demasiadas cosas.

El calor de sus palabras sorprendió a Fedora.

Imaginaba a alguien intimidante, superior incluso al vampiro que ella conoció, y la impresión la obligó a sentarse en el suelo.

—No puedo creerlo… ¿de verdad es usted?

¿Tiene una forma de probarlo?

Margaret pensó un momento, sonrió y levantó un dedo como si se le ocurriera algo: —¡Ya sé!

Samael y Lili siempre se han llevado horrible, incluso cuando estaban conmigo.

Él es demasiado cuadrado con sus requisitos, y Lili demasiado creativa.

Esos dos jamás podrían llevarse bien aunque los obligues, jajaja.

Fedora, sorprendida al enterarse de algo que ni siquiera ella sabía, murmuró: —Es increíble… pero escuché que usted murió por… bueno… Margaret se sentó frente a ella, cruzando las piernas, y con un leve puchero replicó: —Sí, ya lo sé… asesinada por ese mocoso.

Ni me lo recuerdes, es humillante.

Pobre Samaelito… ¡Un momento!

¿Cómo está él?

¡Dime por favor que no se volvió melancólico, adicto a algún vicio o que anda imitando mi ocio de fumar!

Fedora negó rápido con la cabeza, moviendo las manos para explicarse: —¡No, no, no!

Bueno… sí una parte, pero ya no es así.

Cuando lo conocí, sí era muy melancólico, pero ya ha pasado casi un año y ahora es una persona muy diferente, aunque… muy… eh… ¿cómo decirlo?

Fedora comenzó a sonrojarse, lo que hizo sonreír a Margaret con picardía: —¿Varonil?

¿Caballeroso?

¿Elegante?

¿Fornido?

¿Apasionado?

¿O tal vez…?

La humana en pánico urgentemente intenta detenerla: —¡Pare, por favor, señora!

¡Es suficiente!

Algo así… solo algo así… Margaret, satisfecha, comentó con dulzura: —Me alegra que Samaelito esté con una humana como tú.

Me preocupaba que no pudiera avanzar, pero veo que está logrando grandes cosas.

Fedora, sonriendo con timidez, recuperó de golpe su idea y suplicó: —Señorita Margaret, por favor, sáqueme de aquí.

¡Necesito ir con Samael!

Ella negó con la cabeza: —Me niego.

Fuiste demasiado imprudente con mi guante.

Casi te asesinas a ti misma.

—¡Pero si solo lo usé dos veces!

—se quejó Fedora.

Margaret alzó una ceja y la miró directo a los ojos: —¿Te atreves a mentirle a la dueña de los guantes, humanita?

¿Estás segura?

—¿No fueron dos veces?

—preguntó Fedora, confundida.

Margaret negó con la cabeza, chasqueando la lengua y moviendo un dedo: —No, no, no.

Fueron doce veces.

En esa pelea usaste demasiado mi guante de formas demasiado creativas.

¿Veías demasiadas películas o animes?

Fedora, intentando recordar con calma, narró sus recuerdos: —Bueno… cuando sujeté la sombrilla de Salemi, comencé a imaginar que mi cuerpo se fortalecía, como en un shonen japonés.

Tenía mucha agilidad, pateaba cabezas, golpeaba, mis reflejos me gritaban todos los peligros… y bueno… —se frotó la nuca, avergonzada—.

Sí, creo que exageré un poco, jeje.

Margaret suspiró y le tocó la nariz, regañándola: —Niñita irresponsable.

Los humanos no pueden usar de esa forma los legados vampíricos.

A diferencia de nosotros, ustedes gastan energía vital, lo que los mantiene con vida.

Si eso se acaba, tu cuerpo colapsa, como te pasó cuando vomitaste sangre sin parar.

¿Me entiendes, mocosa?

Fedora, con lágrimas en los ojos, respondió con voz triste, como una niña que sabe que hizo algo mal: —Lo siento mucho… es que quería ayudar al payasito a recuperar a sus niños… Margaret la miró fijamente y levantó la mano.

Fedora, por reflejo, se cubrió esperando un golpe, pero en su lugar sintió una caricia en la cabeza, cálida como la de una madre: —Está bien.

Pero debes tener más cuidado la próxima vez.

De seguro tienes a Samaelito muy deprimido, haciéndose responsable por todo.

Fedora, conmovida por el cariño, preguntó: —Señorita Margaret… ¿por qué está aquí?

¿El guante está vivo o algo así?

—Algo así, humanita.

Digamos que mi alma está en ambos guantes, pero solo yo decido cuándo hablar con mi sucesora.

Fedora asintió distraída: —Ah… entiendo… hablar con la sucesora… De pronto abrió los ojos, grotescamente sorprendida, y gritó: —¡¿Yo la sucesora de la maestra de Samael?!

¡Debe haber un error!

¡No puedo ser yo!

¡Soy solo una humana!

¡Casi me muero por usar su guante!

Margaret estalló en carcajadas: —Jajajajaja, tranquila humanita.

No es necesario que seas vampiro para ser sucesora.

Se sentó más cerca y explicó: —Los sucesores de linajes vampíricos muchas veces comenzaron siendo humanos.

Los propios linajes te escogen por tu personalidad o ideales.

En tu caso, tu creatividad y coraje me enamoraron.

Especialmente ese superataque que hiciste… ¿cómo lo llamaste?

Fedora, emocionada por hablar de su logro, respondió entusiasta: —“Super Blaster X”.

Es de un videojuego de computadora.

Me encantaba cuando era niña y quería imitarlo como mi propio ataque.

¡Salió genial, ¿no?!

Margaret asintió, sorprendida: —Ohhh, así que también puedes crear cosas que no existen en el mundo real.

Yo solo podía imitar cosas industriales o que los humanos construían.

Tu linaje tiene mucha más ventaja actualmente… increíble.

Se levantó y habló mirando al vacío infinito: —¿Sabes, Fedora?

Es extraño estar muerta.

Al principio lo único que piensas es “no quiero morir”.

Pero después, lo que más deseas es proteger a los seres que amaste en vida.

Siempre estuve preocupada por Samaelito y por el poder que llevaba consigo.

El poder de las sombras es de los más crueles y temidos del mundo.

Yo estaba en contra de que se volviera sucesor, e incluso amenacé a mis superiores con asesinarlos, jajaja.

Suspiró, aceptando su realidad: —Quién diría que las sombras son más que un simple linaje… Fedora se levantó y preguntó: —Señorita Margaret, ¿le gustaría que le dijera algo a Samael?

Se lo prometo, se lo diré.

Ella sonrió dulcemente y respondió: —Si deseas hacerlo, entonces… dile… El lugar blanco comenzó a nublarse, como si Fedora estuviera a punto de despertar, mientras escuchaba las últimas palabras de Margaret.

En el presente, comienza a abrir los ojos y ve que está acostada en su cama, en su propia habitación.

Sorprendentemente, logra levantarse sin problema, pero escucha un gran escándalo en el comedor de su departamento: niños peleando, un hombre entre medio y un olor increíble a comida.

Mientras más se acercaba, podía ver su mesa —que antes estaba vacía, al menos en sus recuerdos— llena de niños jugando y riéndose, peleando por quién se llevaba el último pedazo de pollo.

Salemi, vendado como si fuera casi una momia, intentaba separarlos, mientras Samael, sonriendo desde lejos, tomaba un poco de café.

La escena sacó una sonrisa en la humana, hasta que finalmente habló, generando automáticamente un profundo silencio en el que solo se escuchó la voz de Fedora: —Hey, chicos, buenos… ¿días?

¿O noches?

¿Cuánto dormí?

Salemi, al verla otra vez de pie y despierta, sonrió entre lágrimas y saltó hacia ella sin importarle nada más.

Los niños lo siguieron para abrazar también a la humana.

Samael, el primero de todos, dejó caer su taza de café y la abrazó con todas sus fuerzas.

Entonces, todos a la vez gritaron y lloraron de felicidad: —¡¡¡Bienvenida!!!

Sin importar quién era o cuánto respeto mostraban antes, todos se unieron en un abrazo colectivo a la humana, como si fuera una gran celebridad.

El enorme amor recibido hizo que Fedora riera de felicidad, aunque con un poco de incomodidad: —Hey, hey… ¿hasta tú, Samael?

¿Qué tanto dormí?

¡Solo era una pequeña siesta, hahaha!

Salemi, gritando de alegría entre llanto, respondió: —¡¡¡Fueron tres meses!!!

¡Fue demasiado tiempo!

Samael, con un tono lúgubre y triste mientras la abrazaba, añadió: —Sin importar qué plato preparara, nunca despertabas… realmente fue muy frustrante.

Fedora, impactada, intentó separarse poco a poco de todos y miró a Samael: —¡Es cierto!

Tengo un mensaje para ti, Samael.

El vampiro cocinero, sorprendido y confundido, preguntó: —¿Un mensaje para mí, señorita Fedora?

¿De qué se trataría?

Fedora, sonriendo tiernamente, repitió el mensaje palabra por palabra: —“El omelette que me diste en el desayuno estaba muy rico.

Recuerda que poner camarones salteados también podría combinar con un vino o un excelente café negro, niñato”.

Samael, impactado como si hubiera visto un fantasma, comenzó a llorar sin freno alguno, mientras miraba lentamente el guante derecho que tenía guardado en su bolsillo: —Esas palabras… esperé muchos años… demasiados años… para escucharlas… fue… cuando ella… mi… madre… mi… mamá… El vampiro rompió en un llanto desgarrador, destrozando esa imagen elegante para mostrar su faceta más vulnerable frente a todos, mientras abrazaba el guante con total esmero.

Fedora recordó entonces por qué Margaret le había pedido dar ese mensaje: —“Ese niñato de Samael me hizo su primer omelette el mismo día que me asesinaron.

Nunca pude dar mi opinión sobre su plato… debía sentirse muy culpable por cocinar ese día, el pobrecito”.

Y ahora la joven humana comprendía que Margaret, incluso después de su muerte, seguía conociendo a su pequeño estudiante: “Samael, el cocinero vampiro”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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