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Shadow Kitchen - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 Capitulo 9 - Un hogar de estupidez
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19: Capitulo 9 – Un hogar de estupidez 19: Capitulo 9 – Un hogar de estupidez Esa misma noche, cuando todos terminaron de celebrar el momento junto con Samael, que por primera vez lloraba tan desgarradoramente en público, logró recuperar la compostura y fue a preparar una cena especial de bienvenida con su linaje.

Mientras tanto, todos los niños se sentaron en fila al lado de Salemi.

Fedora, emocionada y feliz al ver tantos niños, preguntó: —Entonces, ¿ellos son tus niños, Salemi?

Son bastantes… ¿cómo se llaman?

Antes de que él pudiera abrir la boca, el niño que anteriormente había visto al payaso despertar levantó la mano y dijo: —¡Yo me llamo Haru y tengo 14 años!

Luego, lentamente, levantó la mano un niño algo pequeño, con los ojos tapados por su propio cabello castaño: —Disculpe… mi nombre es File… tengo 12 años.

Después, con orgullo y un egocentrismo desbordante, un chico con el cabello completamente rapado y varias curitas en la cara dijo animado: —¡Mi nombre es Gigo!

¡Tengo 15 años!

Ambas niñas se miraron entre sí, y la de cabello largo levantó la mano, segura y determinada, mirando fijamente a Fedora de manera tajante: —Me llamo Kali, y mi hermana se llama Dari.

Ambas tenemos 15 años.

Dari, mostrando miedo y timidez, se tomó el cabello corto y susurró: —Hola… un gusto… La humana las observó seria por un momento, y luego les sonrió.

Ambas niñas se sorprendieron, como si hubieran esperado algo hostil de parte de la artista; sin embargo, al verla sonreír suavemente, ellas también lo hicieron.

Finalmente, Salemi suspiró y, abrazándolos a todos a la fuerza, dijo orgulloso, sonriendo: —Estos son mis niños, mi familia.

Algunos se sonrojaron, mientras que las chicas sonrieron dulcemente ante las palabras de Salemi, como si lo respetaran como a un padre.

Fedora, sonriéndoles, les dijo: —Muchachos, tengo una consola algo botada en mi habitación.

¿No quieren usarla un rato mientras Samael prepara la comida?

Así no se aburren tanto aquí.

Salemi la miró sorprendido, pero ella le guiñó un ojo con complicidad.

Los niños buscaron la aprobación del payaso, y este asintió con una sonrisa, provocando una estampida hacia la habitación de la humana.

Ya totalmente a solas con Samael en la cocina, y la humana sentada frente al payaso aún vendado, Fedora preguntó: —Y bien, ¿ahora sí puedes decirnos qué hiciste para que se llevaran a los niños?

¿O por qué los tenían?

Estoy segura de que Samael también quiere saber, y que está escuchando atentamente mientras cocina.

El cocinero sonrió suavemente, como si lo hubieran descubierto al instante, mientras seguía preparando la comida.

El payaso suspiró y respondió: —Jefecita… a usted no se le escapa nada, ¿verdad?

Está bien, le diré… pero será algo feo.

Salemi se acomodó y comenzó a narrar: —Cuando empecé a trabajar aquí en América como payaso, no me iba muy bien.

Al comienzo moría bastante de hambre, pero cuando fueron llegando poco a poco más niños, me sentía culpable de no poder apoyarlos ni siquiera dándoles algo de comida.

Hasta consideré convertirlos en vampiros, pero… sufrirían más siendo simples niños.

No era justo para esos angelitos.

Entonces decidí trabajar como matón del bajo mundo.

Mi linaje es hacer reír, pero también tiene un lado muy cruel y crudo: puedo hacerte revivir los recuerdos más hermosos que viviste y destrozarte con el golpe de la realidad al ver todo lo que perdiste.

En lo personal, odio usar mi linaje de esa forma tan ruin, pero tenía que hacerlo.

La paga era suficiente para alimentar a cinco niños humanos sin problema.

Yo pensé que sería suficiente y que podría hacerlo en mi tiempo libre, pero luego… cambiaron la administración y— Antes de que pudiera continuar, Fedora lo interrumpió haciendo un gesto característico de entrenador de deporte: —¡Momento!

¡Tiempo fuera!

¿Cómo que cambiaron la administración?

¿Ahora que atacamos abajo no estará en caos?

¿Hacen votaciones o algo así?

Al ver la confusión de la humana, Salemi se rió suavemente, negando con la mano como si espantara una mosca: —Hahaha, no jefecita.

Abajo es mucho más simple: el que tiene poder es el que domina.

Lo cual me sorprende… ¿por qué el señor Samael no se volvió administrador alguna vez?

Samael, desde la cocina, habló en voz alta: —De hecho, sí lo fui.

Solo fueron dos semanas, y me harté.

No me dejaban cocinar tranquilo.

Ambos se quedaron boquiabiertos al escuchar que Samael efectivamente había sido administrador.

Procesaron lentamente aquella información, mientras Salemi, esforzándose por mantener la compostura, continuó: —Bueno… como decía… Cambiaron la administración porque misteriosamente desapareció el administrador y llegó este cazador de vampiros.

Todos los vampiros que estábamos presentes quedamos automáticamente ligados a este cazador, volviéndonos sus esbirros por la fuerza.

Si no… bueno, básicamente nos exterminaban.

Luego de unos meses, cada vampiro fue interrogado por este cazador, pero yo nunca fui llamado.

Solo trabajaba como un bravucón para ganar dinero suficiente, hasta que descubrió que, siendo vampiro, tenía humanos a mi cargo.

Y ahí empeoró todo, porque los vampiros… Fedora, lúgubre, presionando su propia mano con la otra en puño y frustrada, completó la frase: —Se vuelven débiles frente a un humano importante para ellos… y tú tenías cinco humanos importantes.

Salemi asintió serio y algo triste: —Así es.

Así que fui la carnada perfecta para el segador de sombras, Samael, y me enviaron a buscarla a usted, jefecita… el resto ya lo sabe.

Fedora, pensativa, preguntó: —Entonces… ¿la razón por la que podía verte era porque específicamente me estabas buscando a mí, dejándome verte libremente?

Salemi, impactado, golpeó la mesa con ambas manos y levantó la voz: —¡¡¿NI SIQUIERA TÚ SABES POR QUÉ ME VISTE?!!

Samael lo miró de reojo con seriedad un instante y prosiguió cocinando, mientras Fedora respondía: —Pues, desde el comienzo pensé que era parte de tu plan.

Pero luego, con todo lo que me sucedió, me cuestioné si realmente era posible.

Pensé que tal vez, por la influencia de Samael, ahora podía percibir más a los vampiros, incluso de día.

El payaso, sorprendido, asintió: —¡Podría ser posible!

Lo paranormal puede volverse cotidiano mientras más convivas con este mundo.

Y como vives junto a un vampiro de gran linaje, tal vez eso te facilitó las cosas.

Pero sigo pensando… ¿cómo caíste con solo usar el guante dos veces?

Me parece extraño.

La humana, sonrojada de vergüenza, juntó ambos dedos como si fuera una niña confesando su error: —Bueno… es que… no fueron dos veces… Salemi quedó con la mirada petrificada, mientras hasta el propio Samael dejó de cocinar, intrigado por la respuesta.

El payaso preguntó lentamente: —Jefa… ¿cuántas veces usaste el guante?

Fedora, riendo nerviosa y rascándose la cabeza, respondió: —Hehe… doce veces… Ambos vampiros miraron hacia Fedora y gritaron, eufóricos e impactados: —¡¡¿LO USASTE 12 VECES?!!

El payaso se sujetó el rostro, mirando al techo mientras susurraba: —“Oh mamma…” (oh mamá).

Volviendo a la conversación, Fedora explicó: —Fue por instinto.

El guante reaccionaba a todo lo que deseaba cuando estaba peleando.

¡No sabía que funcionaba incluso con solo pensarlo por un nanosegundo!

Samael, comenzando a preparar los platos en la mesa donde hablaban, respondió: —No funciona así.

Tal vez el guante empieza a considerarte como su sucesora, lo cual es extraño.

Ningún humano en siglos ha tenido tanta fuerza vital como para soportar doce usos… Salemi asintió enérgicamente y complementó: —Así es.

Usar un artefacto vampírico de ese nivel una sola vez es como cargar durante dos horas con quince kilos sobre los hombros.

¡Imagínate doce veces!

No me sorprende ahora el grave estado en que quedó la jefecita Fedora.

Fedora, sonriendo nerviosa, preguntó: —¿Están… molestos conmigo?

¿Me van a quitar el guante, verdad?

Ambos vampiros se miraron mutuamente y asintieron al mismo tiempo, siendo Samael el primero en hablar: —Si no hubieras tenido el guante, posiblemente aquí no habría nada que celebrar.

Fue imprudente, pero agradezco que lo haya hecho, señorita Fedora.

El payaso, sonriendo, reafirmó: —¡Claro, claro!

Sin usted, mis niños no estarían aquí jugando y bajo un techo.

¡Fue realmente estúpido, pero jamás podría estar más agradecido, jefecita Fedora!

¡Se lo agradezco!

Fedora, sorprendida al haber esperado un regaño, sonrió como si, por un momento, hubiera recordado su pasado dentro de un departamento de mala muerte, sola, y ahora rodeada de gente gentil.

Con unas pocas lágrimas en los ojos, dijo: —Gracias, chicos… Samael aplaudió fuertemente hacia el cielo y dijo en voz alta: —¡La comida está servida!

¡Vengan a comer!

Los niños aparecieron nuevamente en estampida, sentándose cada uno en su silla alrededor de la mesa redonda del comedor, asombrados por el gran banquete.

Samael narró: —Hoy es una comida especial, así que les preparé un mix de cinco platos: arroz con patata y ajo de la tierra natal de la señorita Fedora; una salsa llamada “pebre”, sin jalapeño; ensaladas de tomate con remolacha y cebolla bañada en limón y aceite de oliva; pasta italiana hecha a mano con salsa boloñesa y queso rallado en un posillo para quien desee añadir; pollo asado sobre una cama de lechuga fresca; y finalmente, un caldo de pollo y verduras llamado “Consommé”.

Disfruten de la comida… y bienvenida, señorita Fedora.

Todos los niños gritaron felices, imitando a Samael: —¡Bienvenida, señorita Fedora!

La humana, incapaz de contener su emoción, sonrió con lágrimas en los ojos: —¡Gracias!

Estoy feliz de volver… ¡a comer, chicos!

Mientras la cena finalmente comenzaba y todos comían sin contenerse, un extranjero llegaba a los dominios de América.

Un hombre con sombrero de copa y un largo abrigo café caminaba bajo la luna, disfrutándola, y hablaba en voz alta en la soledad: —Aw… hermosa luna… Es una pena que pronto será manchada de sangre vampírica.

Pero los vampiros son seres malvados que no merecen piedad.

Discúlpame, dama luna, pero este caballero, ante tus ojos, debe asesinar… Sacó una fotografía extraña, de la que parecían salir sombras, mostrando en ella a Samael en el pasado, con una mirada totalmente seria y despiadada.

El hombre sonrió mirando la foto: —A Samael… el segador de las sombras.

Una hermosa noche transcurría, mientras un nuevo problema aparecía.

¿Qué asuntos pendientes tendrá este hombre con Samael?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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