Shadow Kitchen - Capítulo 21
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21: Capitulo 2 – Un Enemigo Indeseado 21: Capitulo 2 – Un Enemigo Indeseado Samael, a primera hora, comenzó a preparar su ropa para salir apenas el sol empezaba a salir, haciendo que la propia humana notara que él no estaba a su lado.
Fedora, preocupada, fue a buscarlo por todo el departamento hasta que lo vio cerca de la entrada, portando su uniforme de segador por primera vez frente a ella, dejándola asombrada.
—Vaya… te ves muy intimidante.
¿Esa es tu “ropa de trabajo”?
—preguntó Fedora, con una sonrisa leve.
El vampiro, preocupado y sin mirarla directamente, respondió: —Algo así.
No te preocupes por mí, regresaré pronto, pero necesito revisar algo en mi antigua guarida.
Fedora, con tono sarcástico, se cruzó de brazos.
—¿Todo este tiempo tenías un hogar y nunca le dijiste nada a tu humana?
Muy mal ahí, señorito vampiro… Con voz lúgubre, Samael contestó tajante: —Es un lugar que desprecio realmente.
Nunca te llevaría a un sitio tan desagradable.
Al ver su seriedad, Fedora se preocupó.
—¿Estarás bien?
¿Seguro que no quieres que te acompañe?
Samael negó en silencio con la cabeza.
Finalmente, antes de abrir la puerta lentamente, dijo con firmeza: —Es algo que yo mismo debo averiguar.
Es mi responsabilidad como vampiro, y una humana con linajes vampíricos no tiene lugar en esto aún.
Mientras avanzaba y cerraba la puerta detrás de él, agregó: —Si algún día decides volverte una vampiresa, entonces entenderás la gravedad de esta situación.
Hasta entonces, mi humana… vive cada día de tu mortalidad como debes vivirlo.
Regresaré pronto.
La puerta se cerró finalmente.
Mientras bajaba las escaleras, vio a Salemi esperándolo con los brazos cruzados.
Cuando ambos hicieron contacto visual, el payaso sonrió y dijo: —¿Y bien, señor Samael?
¿Hacia dónde vamos?
No crea que podrá deshacerse de Salemi como lo hizo con la humana.
Yo también soy vampiro, así que si algo le sucede a uno de los cinco pilares de este mundo, también me afectará a mí.
Samael, al verlo tan decidido, suspiró y le hizo un gesto con la mano para que lo siguiera, diciendo en voz alta: —Iremos a mi guarida.
Está en una casa llena de demonios, pero son cobardes conmigo, así que solo me evitan.
Salemi abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué les hizo para que los demonios ni siquiera quieran pelear con usted?
¡Los demonios aman pelear hasta la muerte!
¡Pero evitarlas sin morir…!
Samael, con una mirada vacía, respondió en voz baja: —Cosas peores que la propia muerte… Ambos caminaron un largo rato hasta los rincones olvidados de San Francisco, llegando a una casa en una calle llamada Prescott.
Salemi quedó asombrado por lo bonita que se veía por fuera, hasta que leyó la numeración: —Ohh, ¡es bonita!
Un momento… calle Prescott… número… ¡1329!
¡Yo conozco esta casa!
¡La vi en televisión!
Samael, serio, comenzó a acercarse a la puerta, narrando con calma: —Esta casa, en la cultura popular, fue usada para lo que dices.
Pero, en realidad, muy pocos saben que aquí se refugian los peo— Antes de que pudiera completar la frase, Samael percibió un aroma familiar a hierro.
De inmediato guardó silencio y le hizo una seña a Salemi, que comprendió al instante.
Ambos abrieron la puerta en total sigilo y quedaron inmóviles ante el espectáculo.
Había cientos de demonios esparcidos por el pasillo, algunos empalados en las paredes como si se tratara de arte macabro.
Ninguno había sobrevivido.
Mientras más avanzaban hacia la sala de estar, más evidente era el caos: una enorme montaña de cadáveres de demonios apilados unos sobre otros.
En la cima, una mujer con pantalones de cuero negro y un sombrero de punta —idéntico al de un cazador de vampiros— limpiaba sus cuchillos de plata que brillaban con la débil luz de la ventana.
De pronto, comenzó a hablar sola… o mejor dicho, a narrarse a sí misma.
—Mirando el filo del cuchillo ensangrentado con la sangre de demonios mediocres y sin valor, la poderosa cazadora D’Monica pensaba: “Qué chucha estos culiaos, ¿cómo podrían ser sirvientes de un vampiro tan pulento como el Segador?
Qué desperdicio de tiempo”, exclamaba en la mente de la intimidante cazadora de vampiros autoproclamada.
—dijo, con una voz teatral.
Lentamente se giró hacia ellos, observando con atención.
Aunque los dos vampiros estaban ocultos a ojos humanos, ella los veía perfectamente.
Bajó de la montaña de cadáveres con pasos exageradamente dramáticos, mientras seguía narrando: —La cazadora, observando que nuevos objetivos han entrado en sus dominios, fija su vista en el más irónico y chistoso.
Podría tratarse de una amenaza, pero claramente es un vampiro de nivel medio.
Su compañero, en cambio… su compañero parece un verdadero objetivo, una amenaza.
Mientras más lo observa, más siente su corazón latir apasionadamente.
Y de un salto se lanzó hacia Samael con sus cuchillos de plata, gritando: —¡¡¡ES EL VERDADERO SEGADOR DE SOMBRAS!!!
¡¡¡HOY ERES MI PRESA!!!
—vociferó, interrumpiendo su propia narración.
Samael, sin esfuerzo, la abofeteó de un solo golpe, lanzándola contra la pared y dejándola incrustada en los ladrillos.
Pero ella, con una sonrisa lunática, gritó eufórica: —¡¡¡LA GRAN CAZADORA D’MONICA AL FIN ENCUENTRA SU PRIMER Y MÁS GRANDE OBJETIVO PARA SU LIBERACIÓN!!!
—decía mientras salivaba, con los ojos vidriosos y el rostro acalorado.
Samael, completamente sereno, preguntó: —Oh, gran cazadora… no puedes moverte, ¿verdad?
Se te olvida de quién es este territorio.
De inmediato, la mujer se calmó, recuperando una expresión cuerda.
Entonces, con una sonrisa resignada, respondió narrándose otra vez: —La cazadora, viendo que cualquier movimiento en falso sería su fin o algo peor que la muerte, decide hablar con cuidado decidiendo decir finalmente las palabras mas importantes de su supervivencia.
“Puta la wea… es cierto.
Es tu casa.
La cagué, ¿verdad?” exclamó con una sonrisa, aceptando su derrota.
Samael giró hacia Salemi.
—Oye, payaso… ¿es mi idea o habla igual que Fedora?
Salemi asintió.
—Sí, pero más… callejera.
Samael se giró nuevamente hacia la mujer.
—¿Tú asesinaste a estos demonios?
¿Por qué lo hiciste si me estabas buscando a mí específicamente?
¿Qué buscas de mí?
¿Mi cabeza?
La mujer sonriendo al sentirse acorralada narra respondiendo: —La cazadora, emocionada por sentirse acorralada, responde sinceramente, aun sabiendo que podrían tenerle una trampa o, peor, usar su carne para sus rituales vampíricos.
“Na, hermanito, tranqui.
En realidad los maté porque me tenían chata, o sea, harta… o la wea que digan en este país todo menso.
La cosa es que te estaba buscando porque tú debes saber el paradero del vampiro que me hizo esta maldición de hablar como weona sola, ¿cachai?
Y por eso te rastreé.
Fue súper fácil, hay caleta de info en internet y vi que mi influencer favorita publicó algo de un vampiro de sombras.
Tomé un vuelo directo pa’ acá, pero los culiaos fueron asaltados, el avión cayó en medio del mar y ni idea cómo no me hicieron pico los tiburones.
Pero acá estoy, empalada… ¿no es bacán?” terminó diciendo con total naturalidad.
Samael y Salemi se miraron, levantando ambas cejas.
Reconocían a la “influencer” que mencionaba.
Samael suspiró, liberó a la cazadora de sus sombras y se sentó en el suelo.
—Bueno… dijiste que sabes bastante por eso del internet.
Necesito información.
Si me contestas lo suficiente, te llevaré junto a esa “influencer” que dices.
¿Trato?
La cazadora comenzó a sonreír exageradamente, con brillo en los ojos, narrándose otra vez: —La cazadora, muy emocionada, no pierde el tiempo y exclama: “¡Claro, hermanito!
Dime qué wea querí y te cuento toda la pasta: orígenes, debilidades, aristocracia actual… ¡pregúntame lo que querai y te lo digo todo!” gritó feliz.
Samael la miró fijamente y preguntó con calma: —¿Qué sabes de vampiros rechazados por su linaje vampírico?
Salemi, horrorizado, gritó: —¡¡¡SAMAEL!!!
—intentando detenerlo.
Pero el vampiro levantó la mano para que se callara, esperando la respuesta.
D’Monica pensó un momento y narró, con seriedad exagerada: —Pensando intensamente ante semejante pregunta, la cazadora recuerda una tesis de un tipo desaparecido hace 40 años.
“Bueno, si me preguntai eso, hace 40 años silenciaron a un weón que sabía del tema.
Pero su info quedó guardada en una biblioteca, y un enfermo culiao la subió a la internet profunda.
Había que pagar suscripción pa’ leerla completa, pero logré leerla gratis unos segundos antes que me quemaran la laptop los muy malditos.
Decía algo como: ‘Un vampiro rechazado por su linaje está sentenciado a volverse un vampiro salvaje’, o algo así.
No decía niuna wea más, pero me tinca que puede ser algo psicológico, hermanito.
¿Te sirve?” preguntó sonriendo con orgullo.
Samael, pensativo, murmuró: —Vampiro salvaje… al menos es una pista consistente.
Está bien, mujer cazadora.
Vendrás con nosotros.
Pero si intentas algo raro, te decapitaré.
¿Entendido?
Ella asintió rápidamente.
Los tres comenzaron a caminar de regreso.
Salemi le susurró a Samael: —Jefe, ¿en serio confía en esta mujer?
Está un poco loca… —Es útil —respondió Samael—.
Y, además, debemos cumplir el trato.
No quiero imaginar qué pasaría si nos enemistamos con alguien como ella.
Ya viste lo que hizo con esos demonios, y no eran débiles precisamente.
El payaso tragó saliva, mientras miraba a la cazadora que, caminando alegremente, tarareaba una canción sobre una muñeca que le hablaba solo a ella.
Finalmente, Samael golpeó la puerta del departamento.
Fedora, con un bonito delantal rosado con bordes blancos, abrió y los saludó con una sonrisa.
—¡Samael, bienvenido!
¡Oh, Salemi, bienvenido también!
—dijo, hasta que notó a la tercera persona mirándola mientras entrecerraba los ojos sospechando—.
¿Y esta chica que parece una cazadora de vampiros genérica?
Samael respondió con calma: —Esta chica quiere conocer a su influencer favorita… la que publicó sobre un vampiro cosechador de sombras que vio en la calle.
Fedora se sonrojó de inmediato, gritando: —¡¡¿YO?!!
¿¡UNA INFLUENCER!?
¡Debe ser un error!
Pero D’Monica saltó sobre ella, abrazándola con fuerza y restregando su cara contra la de Fedora mientras gritaba emocionada: —¡La cazadora está extremadamente feliz de conocer a la chica que le dio esperanza para su gran viaje!
“¡Weon, eres mi ídola!
¡Tu manera de escribir me enamoró totalmente!
Muchos te dijeron tonta, ¡pero ellos son los weones!
¡Tú tranquila, hermana, tienes mi apoyo absoluto!
¡Te amo demasiado!” exclamó la poderosa cazadora, abrazando a su mayor ídola.
Y con ese caótico escenario, los cuatro quedaron completamente confundidos sobre qué hacer a continuación… ¿Realmente era una cazadora de vampiros?
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