Shadow Kitchen - Capítulo 23
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- Capítulo 23 - 23 Capitulo 4 - Cielo soleado antes del diluvio
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23: Capitulo 4 – Cielo soleado antes del diluvio 23: Capitulo 4 – Cielo soleado antes del diluvio Al día siguiente, muchos niños estaban hablando y moviendo cosas en la casa de Salemi, mientras él los ayudaba y guiaba como si estuvieran a punto de irse a la escuela.
D’Monica, semidesnuda bajo un pijama largo que parecía un vestido de cuerpo completo —seguramente encontrado en la misma habitación donde durmió—, con su cabello corto y puntiagudo como las espinas de un erizo castaño claro, casi rubio, se acercó preguntando: —D’Monica, confundida por el ruido, pregunta: “Oigan, ¿por qué tanta bulla?
¿Hay un festival o qué?” Los niños, sorprendidos al verla hablar de forma tan extraña, miraron a Salemi con curiosidad y silencio, como si pidieran una explicación conjunta.
El payaso, riéndose de su inocencia y rascándose la nuca, respondió: —D’Monica tiene un pequeño problema para hablar.
Por cosas malas que le pasaron, habla como si narrara un cuentito.
Todos los niños se quedaron asombrados, hasta que las primeras en acercarse fueron las hermanas Kali y Dari.
Kali, la más dominante, preguntó directamente: —¿Y a qué te dedicas, D’Monica?
¿Eres buena?
¿Te pagan lo suficiente?
Dari, nerviosa, intentó detener a su hermana con suavidad.
—Hermana… detente un poco… pondrás incómoda a la señorita… y tal vez se enoje mucho… D’Monica suspiró, cruzándose de brazos, y respondió: —D’Monica, decidida a hablar sobre sí misma, responde: “¡Soy cazadora de vampiros legendaria!
¡Y me encargo de darle palizas a los vampiros más malvados y crueles!” —exclamó la poderosa cazadora.
Todos los niños se paralizaron del miedo y corrieron a abrazar a Salemi con todas sus fuerzas, confundiendo al payaso.
Kali, llorando y enojada, gritó: —¡¡No le harás nada al señor payaso!!
¡¡Si lo tocas, todos lo defenderemos!!
D’Monica se quedó con una mueca de incomodidad y shock, sin entender del todo la situación.
Salemi, algo avergonzado por la reacción de los niños, los abrazó y les dijo con una sonrisa: —Mis muchachos, ella dijo específicamente que haría daño a vampiros malos.
Pero yo no soy malo, ¿verdad?
Ni siquiera soy bueno peleando, hahaha.
Tranquilos, que D’Monica, aunque no lo parezca, también es una señorita muy amable y dulce… como yo.
Al escuchar ese halago, D’Monica se sonrojó suavemente y se dio media vuelta para ocultarse, fingiendo toser y tratando de mantener su pose ruda, mientras los niños, más tranquilos, se relajaban.
Salemi los animó: —Bien, chicos, apúrense para irse a la escuela.
Cuando regresen, habrá una cena especial.
Los niños celebraron, se apresuraron a alistar mochilas y uniformes, y poco a poco fueron saliendo, despidiéndose de ambos hasta que la casa quedó vacía.
A solas, Salemi suspiró cansado, se sentó y sonrió con melancolía, hablando en voz alta hacia D’Monica: —Disculpa si te hice sentir mal.
Sé que tal vez tienes rencor contra los vampiros, y no te culpo.
Yo también fui malo en algún momento, pero lo hice para alimentar a mis chicos.
Lo único que deseo es hacer reír, tanto a humanos como a vampiros por igual.
Si quieres desquitarte por lo que dije de ti hace un rato, puedes hacerlo.
D’Monica apretó el puño, respiró profundamente y bajó las escaleras hacia él.
Salemi, con los ojos cerrados, ya había aceptado su “castigo”, esperando un puñetazo o una bofetada.
Pero en su lugar, sintió un suave beso en la mejilla.
Sorprendido, notó cómo la cazadora le cubría los ojos con la mano mientras decía, tartamudeando: —La-La-La cazadora… extremadamente nerviosa… dice: “Fue muy bonito, gracias… pero no te acostumbres, que sigues siendo un vampiro.” Salemi, sin despegarle la mano de los ojos, se rió.
—Oye, ¿y cuándo podré ver otra vez?
¡Extraño mis ojos!
Hahaha.
D’Monica, totalmente sonrojada y haciendo un puchero para no ser vista, respondió: —La cazadora… negándose a ser vista así, responde: “Cuando me sienta mejor… así que deja de webear.” El payaso no pudo contener la risa, y la cazadora, avergonzada, le dio un leve golpe en las costillas con el puño, intentando callarlo.
Horas después, ambos decidieron ir a visitar a Samael y Fedora.
Pero al llegar al departamento, notaron que no había nadie.
Salemi frunció el ceño, preocupado: —Esto no es normal… Samael nunca deja la cocina por gusto, y Fedora nunca se va demasiado tiempo… Aquí pasa algo malo.
D’Monica se quedó en silencio, observando atentamente, hasta que su instinto cazador percibió algo extraño.
Le hizo una seña al payaso, y ambos corrieron por las escaleras en dirección al parque.
Al llegar, vieron un enorme domo transparente, gris, como un vidrio polarizado.
Dentro estaban Fedora, exhausta, y el suelo lleno de cráteres y marcas de golpes.
Frente a ella, completamente ileso y con una mirada fría y decidida, estaba Samael.
Su expresión no dejaba dudas: el Segador de las Sombras estaba combatiendo con seriedad a Fedora.
¿Qué había pasado entre ambos?
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