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Shadow Kitchen - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 Capitulo 5 - Un posible adiós
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24: Capitulo 5 – Un posible adiós 24: Capitulo 5 – Un posible adiós Horas antes de que Salemi y D’Monica llegaran al parque, Fedora y Samael estaban discutiendo.

Samael se preparaba para salir mientras la humana lo sujetaba con fuerza.

—¿Cuántas veces tienes que hacer esto solo, Samael?

Puedes confiar en mí, yo también me he vuelto fuerte.

¡Déjame compartir esto contigo!

Samael, terco, negó con la cabeza.

—Esto es algo incluso desconocido para mí.

Llevarte sería un grave peligro para ti.

Enfurecida, Fedora le gritó al rostro: —¡Primero me prometes que estaremos juntos en todo, luego confías en mí para salvar a unos niños e incluso compartimos con ellos!

¿Y ahora que te sucede algo, ni siquiera comes tu propia comida y te largas misteriosamente?

¿De verdad crees que no sospecharé nada?

¿Acaso crees que soy una humana estúpida?

¡Dime de una puta vez qué está sucediendo, Samael!

El vampiro suspiró profundamente y habló en un tono sombrío y preocupado.

—Mi linaje vampírico me está rechazando, y sospecho que pronto empeorará.

Por eso necesito buscar información en el submundo, averiguar por qué me sucede esto… y cómo curarlo.

Fedora, en shock, bajó la voz, preocupada.

—Samael… ¿no que el linaje para un vampiro es como su propia vida?

Si tu linaje te rechaza… ¿es como si a un humano le diera cáncer?

¿Estás comenzando a morir, realmente?

El vampiro, incapaz de responder con certeza, dejó de mirarla y le dio la espalda.

—No lo sé, Fedora.

Esta vez… ni siquiera yo tengo la respuesta.

La humana dio un paso al frente, decidida a apoyarlo, y tomó su mano con fuerza.

—Estamos juntos en esto.

Nosotros podemos superar esto.

Aun con el apoyo sincero de la humana, Samael soltó su mano por primera vez y negó con firmeza.

—No puedo permitirlo esta vez, señorita Fedora.

Si te llevo, es muy posible que solo seas una carga para mí… y mueras por mi culpa y mis decisiones.

Fedora sintió, por primera vez, el rechazo de aquel vampiro que la había abrazado la noche en que más lo necesitó.

Un suave dolor recorrió su pecho.

—¿Tan débil soy para ti?

¿Tan vulnerable me consideras, incluso después de todo este año juntos?

Samael permaneció en silencio, sin poder responder.

Entonces, Fedora, con la mirada decidida, se colocó el guante en la mano y, apuntando al vampiro con el dedo, declaró: —Entonces te desafío a un combate.

¡Si te gano, me dejarás acompañarte!

Samael se giró para verla.

Por un instante, tuvo un pequeño flashback de su juventud, cuando él mismo desafió a su maestra.

Eso lo obligó a aceptar el reto.

Le hizo un gesto con la mano para que lo siguiera.

—Está bien, pero yo pondré las condiciones.

¿Entendido, humana?

Fedora asintió con firmeza.

Ambos quedaron en el parque, completamente solos, cerca del mediodía.

Samael extendió ambas manos y creó un enorme domo que cubrió todo el lugar.

Luego explicó: —He creado un domo de sombras.

Todo lo que suceda dentro solo nos afectará a nosotros.

Veremos ilusiones de lo que destruimos, pero nada realmente se dañará.

El desafío es simple: si logras golpearme una sola vez, ganas.

Pero perderás si no puedes levantarte después de uno de mis golpes.

No me contendré, así que tendrás que superarme en mi estado actual… o solo te consideraré una debilucha.

La humana, sintiendo una oleada de adrenalina, crujió el cuello y apretó los nudillos, poniéndose en guardia.

—Entendido.

Te daré una paliza que jamás olvidarás.

Pese a su confianza, Samael tenía una mirada fría y melancólica, como si ya conociera el resultado final.

Ambos se observaron fijamente, esperando el mínimo sonido que marcara el inicio del combate.

El silencio fue roto por una hoja cayendo del árbol.

En ese instante, Fedora se impulsó con la pierna derecha, lanzándose hacia Samael con un potente puñetazo.

Pero el vampiro, con calma, lo vio venir en cámara lenta.

Con la mano izquierda sujetó el rostro de la humana y la golpeó en el aire, haciendo que girara violentamente y chocara contra la pared por la fuerza centrífuga.

Fedora no entendía qué había pasado, pero no se detuvo.

Usó el guante para aumentar su agilidad, apoyándose en la pared, impulsándose y atacando otra vez… y otra… y otra.

El resultado fue el mismo: una y otra vez chocó contra el suelo y las paredes, sin lograr alcanzarlo.

Samael no estaba viendo el combate actual.

En su mente, observaba a su yo del pasado peleando contra su maestra, recordando sus palabras: “Si deseas cosas grandes, debes volverte fuerte.

Si deseas cocinar, debes ser lo suficientemente fuerte para enfrentar a quienes lo nieguen, o te arrebatarán lo que amas.

Los débiles jamás obtendrán sus sueños solo pidiéndolos.

Un verdadero sueño se consigue peleando… con sangre en las manos.” Volviendo al presente, Fedora jadeaba exhausta, sucia por los choques y las caídas.

En ese momento llegaron Salemi y D’Monica, sin entender nada.

El payaso intentó entrar, pero Fedora, enfurecida, le apuntó con el guante como si fuera un arma.

—¡El que interfiera en esto lo asesinaré!

¡No me importa si es humano o vampiro!

¿¡Entendido!?

Esto es una pelea por mi orgullo… Si pierdo, será mi culpa… pero no me rendiré… ¡Aún no!

Eufórica, la humana corrió hacia Samael, lanzando golpes torpes y desesperados al aire.

Salemi la observaba con preocupación.

D’Monica, en silencio, con los brazos cruzados, entendía perfectamente lo que estaba pasando, pero guardó silencio por respeto a su ídola.

Samael desvió cada golpe con las palmas, preguntando con serenidad: —Te esfuerzas tanto por intentar alcanzarme, aun si es imposible.

¿Por qué lo haces?

Fedora, agitada, seguía moviéndose a toda velocidad, usando el guante para sostenerse: —¡Porque eres importante para mí!

Si no soy suficiente, ¿para qué es todo esto?

¿Para qué he entrenado?

¿Para qué he vivido todo este tiempo entre vampiros, si siempre seré la protegida sin poder proteger a nadie?

¡¿Qué sentido tiene todo si solo seré una maldita carga?!

Samael la miró con culpa.

Desvió ambos golpes y, con un solo movimiento, la golpeó con toda su fuerza en el estómago.

La onda expansiva agrietó el domo de sombras.

Fedora cayó de rodillas, sin aire, luchando por respirar.

El vampiro, mirándola desde arriba con dureza, respondió: —Lo siento, señorita… pero para esto no sirve ser un vampiro de clase baja, ni una cazadora aficionada, ni mucho menos una humana que apenas entiende este mundo.

Lamento ser demasiado fuerte para ti… Pero si no alcanzas esta fuerza, o al menos la igualas, deberías olvidarte de mí desde ahora.

Me disculpo por el dolor que te causo ahora… y por el que te causaré desde este momento.

Y te respetaré al no cosechar tu sombra ni borrar tus recuerdos.

Si deseas odiarme por mi egoísmo, puedes hacerlo… Está en la naturaleza humana odiarnos.

Pero debo enfrentar esto… no como Samael, el cocinero… Dándose la vuelta, comenzó a materializar su uniforme de segador, mientras el domo se deshacía en pedazos, cayendo polvo brillante como vidrio.

Y mientras se alejaba, dijo: —…sino como el Segador de Sombras que he sido nombrado.

Hasta jamás, Fedora Crosser.

En la perspectiva de la humana, el mundo comenzó a nublarse.

Levantó la mano débilmente, tratando de alcanzarlo, murmurando con dificultad: —Samael… espera… por favor… no te vayas… por favor… Cayó desplomada, inconsciente, con el rostro contra el suelo.

Samael se marchó sin decir una palabra más, dejando a Salemi y D’Monica tristes, impotentes ante la escena frente a ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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