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Shadow Kitchen - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - 25 Capitulo 6 - Un lienzo manchado
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25: Capitulo 6 – Un lienzo manchado 25: Capitulo 6 – Un lienzo manchado Han pasado cinco días desde la partida de Samael hacia el submundo.

Durante ese tiempo, Salemi y D’Monica se turnaron para cuidar a Fedora, quien terminó en un estado deplorable, débil tanto mental como espiritualmente.

Pasaba los días pintando y dibujando en su habitación sin pronunciar una sola palabra.

Algunas noches, se escuchaban sus gritos y llantos desconsolados, acompañados de golpes, como si desahogara su dolor en soledad, para luego hundirse de nuevo en un profundo silencio.

Actualmente, D’Monica se encargaba de cocinar.

Aunque no era una experta como Samael, lograba preparar algo nutritivo.

Sin embargo, sentía que el departamento estaba cubierto por una densa capa de soledad y tristeza, como si la luz que había traído consigo el vampiro se hubiese extinguido por completo.

Al terminar de preparar la bandeja de almuerzo, D’Monica se dirigió a la habitación de Fedora… solo para encontrarse con una escena tétrica: las paredes cubiertas de dibujos sin forma ni sentido, manchas al azar hechas con desesperación.

Fedora seguía dibujando, sosteniendo un trozo de carbón con los dedos ennegrecidos.

Vestida con ropa casual —pantalón deportivo, polera celeste sin mangas mostrando su físico extremadamente fuerte y sandalias del mismo color—, D’Monica intentó animarla: —La cazadora, de forma animada, pregunta: “Hey, ¿este dibujo que estás haciendo ahora sí saldrá mejor, no?

Has avanzado bastante.” Fedora levantó la mirada.

Sus ojos estaban vacíos, hundidos en ojeras enormes, su rostro pálido y sin emoción.

Respondió con una voz apagada: —Es basura.

D’Monica forzó una sonrisa, intentando mantener la calma.

Dejó la bandeja sobre la mesa del computador y preguntó: —La cazadora, conteniendo su frustración e ira, vuelve a preguntar: “¿Y cómo te has sentido?

Han pasado cinco días desde que sucedió todo esto.” Fedora, ignorando el intento de empatía, respondió con un tono vacío: —Nada importante.

D’Monica respiró hondo y se cubrió el rostro con las manos, recordando las palabras de Salemi: “Sé que la jefa Fedora que verás ahora es muy diferente a la que yo conozco, pero debes ser paciente con ella.

Ella fue paciente con todos nosotros.

Inténtalo, por favor.” La cazadora se mordió los labios para no gritar, susurrando por lo bajo: —La poderosa cazadora se esfuerza brutalmente por no explotar mientras piensa: “Payaso de mierda… como si la wea fuera tan fácil hacerlo…” Finalmente, respiró profundo y preguntó: —¿Y por qué te sientes así?

Tampoco lo conocías de tanto tiempo, fue como… ¿un novio de un año y ya?

Fedora detuvo el trazo del carbón sobre el lienzo.

Susurró con voz quebrada: —Era el único que me hacía sentir… a salvo.

Pero yo no soy suficiente para él… La mirada de D’Monica se ensombreció.

Ignorando el consejo de Salemi, habló con un tono seco y gélido, mientras un hilo de sangre brotaba de su boca sin explicación: —¿Y crees que llorando vas a solucionar todo lo que te pone triste?

Fedora tembló.

Su mano, que sostenía el carbón, empezó a estremecerse mientras lágrimas caían al suelo.

Lloraba ahogada en su propio dolor.

—¿Y qué más puedo hacer?

Sin importar cuánto me esforcé, cuánto quise entenderlo… Sin importar cuántas cosas soporté ese día e incluso después de casi morir… Nada fue suficiente… Siempre seré un estorbo, siempre yo— Antes de terminar, D’Monica, enfurecida, la tomó del cuello y la levantó del suelo, golpeándola contra la puerta.

La cazadora gritó, sangrando por la boca: —¿Y qué mierda me importa a mí lo que pasó antes?

¿Acaso alguna vez te importó cuando lo escribiste en internet, aunque nadie te creyera?

¿Y qué pasa con todo lo que lograste?

¿Con todo lo que luchaste?

¿Con toda la mierda que pudiste ayudar?

¿¡Lo vas a botar todo así nomás!?

¿¡Tan mediocre eres como para no volver a intentarlo!?

Fedora, sin resistirse, con lágrimas corriendo por su rostro, apenas pudo responder: —¿Y para qué?

Solo falla— D’Monica la azotó aún más fuerte contra la puerta, gritándole con furia, escupiéndole sangre en la cara: —¡SI DICES UNA SOLA VEZ QUE FALLARÁS, TE ASESINARÉ!

¡Y ME IMPORTA UNA MIERDA SI ERAS MI ÍDOLA O NO!

¡LA PERSONA QUE ADMIRO JAMÁS SE RENDIRÍA A LA PRIMERA!

¡SEGUIRÍA INTENTÁNDOLO, BUSCANDO OPCIONES, USANDO TODO LO QUE TIENE AÚN MÁS CREATIVAMENTE!

¡PORQUE AUNQUE HAYA FRACASADO LA PRIMERA VEZ, PUEDE SEGUIR INTENTÁNDOLO UNA Y OTRA VEZ!

¡PORQUE SIGUE CON VIDA!

Esas palabras atravesaron el corazón de Fedora.

Sintió como si su yo del pasado le gritara con rabia.

Lloró, intentando soltarse, pero no pudo.

D’Monica finalmente la liberó.

Fedora cayó al suelo tosiendo, recuperando el aire.

La cazadora, con la voz aún temblorosa, narró: —La cazadora, decepcionada, la mira por debajo del hombro mientras dice: “Si crees que alguna vez me detuvo recuperar mi humanidad esta maldición, te equivocas.

Si crees que me deprimí porque mis padres me abandonaron siendo una niña mimada, te equivocas.

Y si crees que ver a mi ídola destruida como una estúpida llorona en el suelo me haría abandonarla… también te equivocas.

Si realmente estás preparada para seguir peleando, aun si pierdes la vida, aun si fracasas y sangras mil veces más para seguir intentándolo… Sabes dónde buscarme: con ese estúpido y bonito payaso.

Hasta entonces…” Con una mirada asesina, su voz se quebró mientras su boca sangraba de nuevo: —NO TE ATREVAS A MOSTRARTE ANTE MÍ, ESCORIA ASQUEROSA.

Cerró la puerta tras ella, dejando a Fedora sola.

La humana miró sus propias manos, temblorosas, y cayó al suelo, llorando a gritos, como si algo dentro de ella hubiera despertado gracias a D’Monica y su brutal disciplina.

Los llantos resonaron en todo el departamento, mientras la cazadora, en silencio, se alejaba vistiendo su gabardina y su sombrero de cazadora de vampiros.

En algún lugar del submundo, una sombra se movía entre los callejones.

Varios demonios y duendes yacían inconscientes en el suelo.

La figura oscura sujetaba del cuello a un joven licántropo que rogaba por su vida.

—¡Espera, por favor!

¡De verdad es todo lo que sé de ese vampiro!

¡El vampiro de la belleza está en ese burdel, a cuatro cuadras de aquí!

¡Por favor, segador, perdóname la vida!

¡Te dije todo lo que sé!

La sombra asintió en silencio.

Luego, cosechó brutalmente la sombra del licántropo, dejándolo inconsciente como los demás.

De aquella figura humanoide emergió la voz de Samael: —Así que allí estás… Femhunt.

Y avanzó lentamente en esa dirección, dejando a su paso manchas oscuras.

El Samael que alguna vez se conoció ya no existía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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