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Shadow Kitchen - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 Capítulo 2 - La curiosidad que mató al gato
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3: Capítulo 2 – La curiosidad que mató al gato 3: Capítulo 2 – La curiosidad que mató al gato Durante la mañana siguiente, la joven Fedora se levantó de su cama con una leve sensación de dolor en los brazos y piernas, sin saber la razón.

Se sentía como si hubiese forcejeado con alguien.

Poco a poco, los recuerdos de la noche anterior volvieron a su mente, y con desesperación comenzó a revisar todo su cuerpo.

Estaba intacta… incluso vestida.

Cuando intentaba levantarse, un exquisito aroma a desayuno dulce y frituras la envolvió, guiándola por su propio departamento.

Siguiendo el olor, llegó a la cocina, donde encontró a un hombre de estatura superior al promedio, con la camisa remangada y una chaqueta de traje rojo oscuro con detalles dorados.

Agitaba el sartén con gran técnica, haciendo que el arroz saltara sin derramar un solo grano ni gota de aceite.

Con su otra mano, preparaba una tortilla con orégano.

En la pequeña mesa de la cocina había dos vasos de néctar de frutas.

Uno contenía jugo de frutilla con una rodaja de naranja, y el otro jugo de manzana con una cereza flotando.

A pesar de ser observado, el misterioso hombre parecía no inmutarse y seguía cocinando con concentración.

Fedora no podía resistirse al aroma que llenaba el ambiente.

Cuanto más se acercaba, más crecía en ella la tentación de probar esa comida, como si su cuerpo reconociera que esa preparación era especial, incomparable… una comida prohibida y misteriosa.

Finalmente, no pudo resistirlo y, con una pequeña cuchara, intentó tomar un poco de arroz en silencio.

Pero justo cuando el metal rozó los granos, el hombre dijo amablemente: —Comprendo que huele delicioso, pero debes esperar hasta que todos podamos comer.

¿Está bien, mi jovencita?

Fedora se sonrojó, sintiéndose regañada como una niña.

Avergonzada, se sentó en la mesa tal como él le indicó.

El hombre, sirviendo los platos con tranquilidad, dijo: —Seguramente tienes muchas preguntas.

Como por qué un hombre como yo está preparando el desayuno.

Pero déjame explicarte, mi dama.

Colocó el arroz con salsa de soya en los platos, llenando aún más el lugar con un aroma dulce y salado.

Sonriendo con misterio —tan solo visible por su varonil sonrisa, pues sus ojos permanecían ocultos—, añadió: —Estuviste al borde de la muerte.

Anoche, debías haber muerto, y yo interferí con tu destino.

Mis razones pueden parecer egoístas para mi raza, pero para mí son nobles y coherentes con mi moral.

Mientras hablaba, colocó las tortillas de huevo junto al arroz, se giró y reveló su rostro: —Mi nombre es Samael, y soy un vampiro.

Encantado de conocerte, mi joven.

Se reveló un hombre de cabello largo, suelto y peinado con naturalidad.

Llevaba lentes redondos de marco tan delgado que casi solo se veían los cristales.

Sus ojos, de un café tan claro como el de una tarde serena, tenían marcadas ojeras, como cicatrices antiguas.

Fedora, impactada y con cierto recelo, preguntó: —Entonces… ¿hiciste esto para matarme?

¿Voy a ser tu comida?

Samael rió con suavidad, en un tono tranquilo, y colocó el plato frente a ella antes de sentarse en la pequeña mesa: —Mi jovencita, no tengo intención de devorar personas ni cazarlas.

A diferencia de muchos de mis parientes, no me interesan cosas tan mundanas ni crueles.

Lo que deseo es aprender sobre este mundo y sus maravillosos conocimientos.

Por favor, prueba esta comida que preparé con toda mi pasión por este arte.

Aunque temerosa, Fedora miró el plato, y comenzó a salivar.

Era el mismo arroz que había intentado probar en secreto minutos antes.

Finalmente, tomó un poco con la cuchara: una porción de tortilla con un poco de arroz.

Lentamente, la llevó a su boca… y se detuvo en completo silencio.

El sabor la tomó por sorpresa.

Cada grano de arroz parecía tener un propósito, la salsa de soya armonizaba perfectamente, como si hubiera sido almacenada durante años solo para ese momento.

Los huevos eran suaves, con un dulzor natural, como si la gallina que los puso hubiera sentido orgullo por su deber.

Y el toque final: el orégano.

Su aroma envolvente podría calmar hasta al perro más viejo del campo, o dar paz al más fiero de los gatos.

Fedora comenzó a llorar levemente, conmovida por el sabor.

Sin pensarlo, siguió comiendo lentamente, disfrutando cada bocado con más intensidad que el anterior.

Terminó el desayuno bebiendo el jugo con la rodaja de naranja, con una sonrisa jovial sin notar que Samael la observaba, orgulloso de su obra.

Finalmente, más tranquila, Fedora se limpió la boca, respiró profundo y se presentó: —Ejem… Supongo que no me harás daño, entonces.

Me presentaré como corresponde.

Me llamo Fedora Crosser, soy artista de acrílico.

Mi pasatiempo es comer cosas que me recuerden a mi país natal, ver anime… y a veces escribir cosas interesantes en mi computadora.

Samael, intrigado, le preguntó: —Comprendo.

¿Entonces ese curioso pollo que cargabas ese día era de tu tierra natal?

Qué descubrimiento tan fascinante.

Fedora, sorprendida, trató de corregirlo, agitando las manos con nerviosismo: —¡Espera!

¡No, no!

O sea… sí, pero no.

El pollo asado lo hace un conocido de mi país, pero no es la única razón por la que lo compro… o tal vez sí…

La joven bajó la mirada, algo avergonzada.

Samael se acercó a ella, le tomó la mano con caballerosidad y, arrodillándose, le dijo: —Mi joven dama, no tienes por qué avergonzarte de los recuerdos de tu tierra natal.

Cada persona desea recordar su hogar como mejor le parezca.

Yo también hago ciertas cosas que me conectan con mis orígenes.

Fedora, recobrando la compostura, lo miró con curiosidad: —¿Y qué es lo que a un vampiro como tú le recordaría el hogar?

Samael se puso de pie, extendió los brazos teatralmente, señalando toda la cocina con una elegante exageración: —¡El arte de la cocina!

Eso fue lo que descubrí cuando aún era humano.

Mi maestra me enseñó este hermoso mundo que nos conecta a todos.

Fedora quedó en silencio, impactada por la declaración, hasta que de pronto gritó: —¡¡¡MIERDA!!!

¡¡¡VOY A LLEGAR TARDE AL TRABAJO!!!

Mientras corría por el departamento recogiendo sus cosas, Samael, recogiendo platos y vasos vacíos, le dijo con calma: —Mi joven Fedora, no se preocupe por mi estadía.

Me encargaré de ordenar todo el departamento y la estaré esperando a su regreso.

Fedora lo miró de reojo, levantando una ceja con extrañeza.

Agitó la mano en señal de despedida y cerró la puerta con un golpe seco.

En completa soledad, Samael observó el plato vacío que había pertenecido a Fedora.

Sonrió y dijo en voz baja: —Maestra… creo que sus palabras pronto volverán a tener sentido.

Y la respuesta que buscaba está por revelarse.

Y así, mientras la joven Fedora comenzaba un día agitado, el vampiro segador continuaba limpiando la loza en silencio, disfrutando de la paz de la mañana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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