Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Shadow Kitchen - Capítulo 30

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Shadow Kitchen
  4. Capítulo 30 - 30 Capítulo 11 - Un lamento quebrado
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

30: Capítulo 11 – Un lamento quebrado 30: Capítulo 11 – Un lamento quebrado En un lugar oscuro, el cazador seguía torturando al joven vampiro al que no se le podía distinguir ni el rostro ni el cabello.

Lo único visible, entre tanta oscuridad, era un enorme charco de sangre roja con pequeños tonos oscuros, como sombras derramadas.

Se escuchaban los quejidos cansados de Samael, mientras el cazador, sin darle respiro, le abría los brazos y le quitaba pequeños fragmentos de músculos poco a poco, sin dejar que fuera mortal, como si aplicara al máximo el dolor que el vampiro pudiera llegar a sentir.

Al cabo de un rato, Cristofer, con el rostro lleno de gotas y manchas de sangre de vampiro, sonríe mientras se limpia el sudor y pregunta: —Hey, Samael, ¿cómo te sientes?

¿A que te sientes rejuvenecido?

El vampiro solo emite quejidos ahogados por alguna razón, lo que hace sonreír maliciosamente al cazador, que añade burlón: —Es verdad… ya no tienes cuerdas vocales con las que puedas hablar.

Entonces se revela el rostro de Samael: ya no tenía ojos, y su boca estaba totalmente deformada y manchada de sangre, como si la imagen de lo que fue alguna vez el vampiro hubiera sido despojada y corrompida por completo por Cristofer.

Luego de una breve pausa, él comienza a pensar en voz alta: —Bueno… ya que te quité ambos ojos, te corté los tendones de ambos brazos y solo te quedan las piernas, tu lengua fue cortada y tus cuerdas vocales también… y sin mencionar que tus dientes ya no están en tu boca, sino en un cómodo frasco al lado mío.

Agita burlonamente una taza que tintinea con el movimiento de su mano, haciendo sonar los dientes dentro de esta, mientras continúa: —Estás acabado, vampiro… pero aún puedes estar peor.

No puedo subestimarte, solo podré matarte cuando renuncies a todo.

Y todavía te queda una cosa… Mientras esto sucedía, D’Monica, Salemi y Fedora corrían a máxima velocidad a través del submundo, siguiendo el alma que Henry les dejó como guía.

Salemi, preocupado, pregunta jadeando: —¿Entonces conocieron a otro vampiro pilar?

¡¿Cómo diablos sobreviven a tantas cosas ustedes dos?!

¡Pudieron haber muerto!

Fedora y D’Monica niegan con desgano, levantando las manos a los lados, y Fedora responde: —No es la gran cosa, Samael ya me había hablado de su hermano.

Pero recuerda el plan, Salemi.

D’Monica asiente mientras observa a Fedora, recordándole lo que le dijo al payaso: —Tú te encargarás de cualquier cosa que no sea combate.

Nosotras seremos tus guardianas, pero también necesitaremos que nos cubras las espaldas, porque eres el único vampiro que puede usar su linaje de forma únicamente defensiva.

Salemi asiente, decidido, confirmando: —Sí, he estado practicando algunas cosas, así que podría funcionar.

Solo espero no quedarme otra vez sin linaje, porque tardé bastante en reponerlo.

Mis niños me ayudaron a alimentarme bien.

De pronto, se detiene un segundo y, asustado, pregunta a Fedora: —¡Un momento!

¡¿Mis niños estarán solos?!

¿Qué sucederá si se los llevan otra vez?

Fedora sonríe de inmediato y niega con la cabeza: —No te preocupes, hablé con cierta artista que conozco y que amaría estar con tus niños.

Me dijiste que también dibujan, ¿no?

La van a tener muy ocupada.

Salemi está a punto de agradecer, pero nota que están pasando cerca de un burdel llamado “La Casa del Secreto”.

Apenas se acercan al lugar, el payaso siente un olor horrible y, de inmediato, entiende la situación, gritando con todas sus fuerzas: —¡¡LLEGAMOS TARDE!!

¡¡DEBEMOS CORRER MÁS RÁPIDO!!

¡¡SAMAEL ESTÁ EN GRAVE PELIGRO!!

Los tres comienzan a correr con todo lo que tienen, mientras Fedora, alarmada, pregunta: —¿Qué pasó, Salemi?

¡Nunca te había visto tan alterado sin razón!

El payaso, con el rostro preocupado y asustado, responde: —Todo el burdel era un cementerio de criaturas.

Todos fueron asesinados.

El olor a sangre y linaje cubría completamente el edificio.

Solo un vampiro puede oler semejante atrocidad.

Si no me equivoco, el causante de esa masacre va tras Samael.

No encuentro otra explicación.

Los ojos de Fedora se abren de par en par, entendiendo el nivel de la amenaza, y sigue corriendo aún más rápido, siguiendo al alma a toda velocidad.

En ese mismo instante, Cristofer dice burlonamente frente a Samael: —Hoy te tengo una invitada más.

Alguien muy especial para ti… Abre la puerta del lugar y arrastra hacia dentro a Fedora, amarrada con sogas, asustada y llorando.

Samael, aun ciego y sin poder hablar, comienza a gritar en silencio, convulsionando de dolor, intentando soltarse de la silla sin éxito, mientras el cazador se ríe del vampiro: —Wow, wow, atrás, Romeo… Hahaha.

Escuchas a tu humana, ¿verdad?

Vamos, niña, dile algo.

Fedora, aterrada, grita: —¡Vine a buscarte, pero todo fue una trampa!

¡Me atraparon y no sé qué hacer, Samael!

¡Por favor, ayúdame!

El cazador, satisfecho, patea a Fedora fuera de la habitación, revelando que estaban dentro de una casa abandonada, y la humana termina manchada de fango mientras cae al suelo de la calle.

Luego arrastra a Samael, aún amarrado a la silla, y lo arroja igual frente a ella.

Cristofer entra de nuevo en la casa, buscando algo en la oscuridad mientras murmura: —Ay, mi Samael… Tanto tiempo que te he buscado y hoy será el final… Sale del lugar con una navaja sucia y oxidada, acercándose a Fedora: —Pero el primero en partir no serás tú, Samael… No, no, no.

Te falta algo más por perder… Algo muy importante, que solo tú entiendes el dolor que sería que te lo arrebaten.

Escuché por ahí que es tu… “segunda humana”.

El vampiro grita sin parar, aunque ningún sonido claro sale de su boca; su cuerpo se retuerce como si estuviera rogando por la vida de Fedora o maldiciendo al cazador con todas sus fuerzas, mientras su rostro se deforma poco a poco en el de alguien totalmente enfurecido e impotente.

Cristofer se arrodilla detrás de Fedora y apoya la navaja en su cuello, diciendo serio: —Samael, tengo una navaja oxidada apuntando al cuello de tu humana.

Un solo movimiento, y tendrá una muerte muy dolorosa y horrible… sin que puedas verla en sus últimos momentos.

¿Qué piensas?

Samael intenta decir una palabra, pero es totalmente inútil en su estado actual.

El cazador, con una expresión de asco, saca algo de su bolsillo, revelando que es el guante que pertenecía al vampiro, y lo arroja al fango frente a él: —Allí tienes tu guante.

Úsalo.

El vampiro comienza a arrastrarse, hundiendo su rostro ensangrentado en el barro y su propia sangre.

Cuando por fin alcanza el guante, solo escucha un grito ahogado de Fedora, lo que hace que su rostro se vuelva una máscara de horror.

La humana apenas puede decir: —Esto… no quería… Agoniza unos segundos frente a él, hasta que finalmente muere.

Y entonces se revela que, en realidad, no era Fedora, sino una humana del burdel transformada en ella por un linaje vampírico.

Samael queda en completo silencio, sin idea de qué hacer a continuación, como si al fin hubiera tocado el fondo de su propio infierno.

Terminada esta escena, el cazador usa la navaja para cortar las cuerdas que sujetan a Samael a la silla.

El vampiro no tiene voluntad de huir ni de pelear, está totalmente destrozado: ningún grito sale de su boca, ningún sonido emana de su cuerpo.

Entre las sombras, Femhunt, orgulloso de su victoria, comienza a retirarse mientras el cazador se prepara para dar el golpe de gracia, alzando la espada para decapitar a Samael.

Pero entonces, una voz sombría, dentro de él, murmura: —Tantos años de sufrimiento… y solo encontré dolor… Cristofer, sin entender qué sucede, se aleja un poco mientras esa voz continúa: —Ya no me importa nada.

Ya no aguanto nada… Todo no sirvió de nada… Empiezan a brotar sombras viscosas, tan oscuras que ninguna luz puede reflejarse en ellas.

Esas sombras comienzan a abrazar a Samael lentamente, como una fusión simbiótica entre parásito y huésped, mientras la voz sigue: —Ya no me importa seguir.

Haz lo que quieras.

No quiero ver la luz otra vez.

Sumerge todo en oscuridad… Mi luz ya no existe en este mundo, y no deseo pertenecer a un mundo en el que mi luz ya no está… El vampiro empieza a ser consumido por completo por las sombras.

Su cuerpo se transforma poco a poco en una masa de huesos, sombras, sangre y ojos, moldeándose lentamente en lo que parece ser un enorme sabueso.

Su cabeza está cubierta por un cráneo que le tapa por completo el rostro; sus patas, apenas vestidas por sombras, son esqueléticas, y todo su cuerpo parece estar en una constante mezcla de putrefacción y regeneración, mientras cientos de ojos se abren en su pelaje observando cualquier criatura frente a esa cosa, ojos tan afilados como los de miles de vampiros sedientos de sangre y carne.

Finalmente, una cola hecha de sombras brota de su espalda, de la que gotean chorros de oscuridad espesa, como si se tratara de sangre negra.

Cuando termina de transformarse, al costado del cráneo se abre una boca lateral de donde sale una lengua que observa detenidamente al cazador de vampiros como si fuera su primera presa.

Luego esa boca se cierra, y el cráneo se abre para dejar salir una enorme lengua oscura y viscosa, agitándose frente a él como la de un perro hambriento.

Cristofer no sabe qué tiene delante.

Al ver la enorme diferencia de altura —ese sabueso demoníaco mide ahora más de seis metros—, intenta huir rápidamente, pero cuando echa a correr, la bestia golpea el suelo con una de sus patas delanteras y atrapa su sombra desde abajo.

En un solo salto, el sabueso desgarrra con su mandíbula esquelética la parte superior del torso del cazador, dejando solo las piernas en el suelo, mientras empieza a masticarlo vivo.

Cristofer, aún con algo de conciencia, se ríe con arrogancia: —Hahaha… No importa cuántas veces me mates, ¡siempre volveré!

Pero en cuanto intenta regenerarse, descubre que solo puede volver al momento exacto en el que fue partido en dos, quedando atrapado en un bucle en la boca del sabueso.

Comprende entonces el secreto de la criatura, gritando de dolor absoluto: —¡¡AHHHG!!

¡¡NO!!

¡¡NO PUEDES!!

¡¡ESTE ES MI LINAJE!!

¡¡YO ME LO GANÉ!!

¡¡NO PUEDES ROBÁRMELO!!

El sabueso sigue masticándolo brutalmente, como si fuera un trozo de carne barata dada a un perro callejero, hasta que finalmente lo traga, emitiendo un gruñido grave de satisfacción.

En el camino, Fedora alcanza a ver a lo lejos la silueta de un enorme sabueso demoníaco.

Sin entender lo que ha pasado, es su corazón el que le da la respuesta correcta.

Llegan a la escena del desastre, y el impacto es tan grande que D’Monica, por primera vez, siente un temor real por su propia vida.

Con la voz temblorosa, narra en voz baja: —La cazadora… aterrorizada… solo confirma lo que acaba de suceder… “Samael… se ha vuelto… un vampiro salvaje…” Y allí quedan las únicas tres entidades que aún podrían salvar o eliminar a Samael, frente a lo que parece un sabueso arrancado del mismísimo infierno.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo