Shadow Kitchen - Capítulo 34
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- Capítulo 34 - 34 Capitulo 1 - Pisando la sombra del otro
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34: Capitulo 1 – Pisando la sombra del otro 34: Capitulo 1 – Pisando la sombra del otro Luego de la larga noche de Navidad, Salemi y D’Monica se retiraron cargando entre ambos a todos los niños que terminaron dormidos, agotados por la celebración.
Solo quedaron Fedora, Samael y Henry en la casa, descansando al día siguiente en el mismo departamento.
A la mañana siguiente, Henry comenzaba a irse silenciosamente, pero en la cocina ya se encontraba Samael preparando el desayuno.
Le habló en voz alta para detenerlo: —Oye, espera, aún no desayunas.
Pronto estará lista la comida.
Henry, en silencio unos segundos, finalmente respondió: —Hermano, yo no pertenezco a este hogar, y lo sabes.
Este es tu lugar y el de tu humana.
Samael se golpeó la barbilla con una cuchara, como si estuviera pensando.
—De hecho, ya no es tan humana… y eso es una de las cosas que quiero hablar contigo y con la señorita Fedora.
Fuiste clave para todo esto, y necesito tu información también.
La sorpresa en el rostro del vampiro de las almas era evidente.
Samael continuó: —Así que considera este desayuno como tu recompensa por salvarme a mí y a la señorita Fedora.
Henry suspiró, derrotado, y asintió, sentándose en la mesa con los brazos cruzados.
Samael comentó con burla mientras cocinaba: —Sigues con el mismo orgullo de siempre… han pasado muchas décadas y sigues igual que cierta mujer.
Henry, sonrojado, señaló a Samael indignado: —¡¡Oye, ni se te ocurra mencionar su nombre!!
¡¡No sabes lo aterradora que es!!
Samael sonrió de reojo, hasta que apareció Fedora bostezando, mostrando su nuevo colmillo en el lado derecho y sus uñas largas mientras se tapaba la boca, hablando con total relajo: —Samaelito, ¿ya está listo el desayuno?
Tengo hambre… Hasta que vio a Henry sentado, sonrojado y apuntando al cocinero.
Recordó que había visitas, y saludó con despreocupación: —¡Hey!
¿Qué tal todo, Henry?
¿Descansaste bien?
El vampiro miró a su hermano y luego a la humana, como si todo fuera absurdo, y murmuró incrédulo: —¿Acaso esto es realmente normal?
Uno de los vampiros más temidos de la historia, su hermano menor claramente más inteligente, guapo y obviamente más poderoso… y una humana medio vampira con uno de los linajes más peligrosos del mundo, ¿todos desayunando juntos?
¿Es en serio?
Samael y Fedora se miraron y asintieron con naturalidad.
Henry se tomó el rostro con ambas manos, respirando hondo, incapaz de procesarlo todo.
Finalmente, Samael llegó con el desayuno: arroz con huevo, tostadas con mantequilla y jugo para cada uno.
—Bien, mientras comemos necesitamos hablar de lo que sucedió.
¿Les molesta?
La humana, que ya tenía una cucharada en la boca, se quedó congelada y asintió.
Henry, resignado ante lo ridículo de la situación, también asintió.
Samael continuó: —Averigüé muchas cosas cuando buscaba una cura para mi condición… que terminó de la peor forma.
Primero: Femhut, el actual portador del linaje de la belleza, quiere mi cabeza por razones personales.
Segundo: el cazador que me comí “accidentalmente” tenía flechas del vampiro del tiempo.
Y tercero, y más importante… la señorita Fedora podría considerarse una vampiresa en desarrollo, incluso más pura que nosotros dos, Henry.
Ella no es hija de ningún linaje.
Henry pensativo añadió: —Si dices que Femhut te tiene en la mira, no sería raro pensar que esté aliado con el vampiro del tiempo… y posiblemente quieran usar a Fedora.
La humana, atragantándose con arroz, tomó jugo y preguntó: —¡Mnm!
Un momento… ¿qué tan importante es la pureza en los vampiros?
¿No es básicamente lo mismo?
Digo, un vampiro impuro no puede tener linaje fuerte, pero uno puro sí… pero ¿solo eso?
Henry respondió: —No realmente.
La pureza define tu potencial destructivo y tu capacidad de manipular las reglas de tu linaje.
Un linaje muy alto puede reescribir totalmente sus propias reglas para que hagas prácticamente lo que quieras.
Samael asintió: —Así es.
Yo logré modificar unas pocas reglas para permitirme llevar esta vida, gracias a la maestra Margaret… pero fue una excepción.
Un vampiro puro y entrenado puede cambiar demasiado las reglas del juego.
Mientras todos comían, Fedora preguntó: —¡Un momento!
¿Ustedes no tienen dónde buscar más información?
Hay linajes de todo tipo, ¿no?
¿Por qué no buscar un linaje que lo sepa todo?
¿Existe?
Henry quedó pensando, mientras Samael hizo una mueca de asco y se cubrió el rostro: —Sí existe… por desgracia.
Ambos lo miraron fijamente.
Samael explicó con dificultad: —Tuve que sellar a esa vampiresa en lo más alto de Rusia para que no provocara un desastre.
Han pasado más de cien años desde entonces.
Fedora se levantó emocionada, creando dos enormes maletas de la nada mientras aplaudía: —¡Entonces vayamos a Rusia!
¡Seguro allí también encontramos información sobre mí!
Samael, nervioso, intentó persuadirla: —Señorita Fedora, tal vez no sea la mejor idea ir con esa vampiresa.
Podríamos buscar otras opciones… y no podemos dejar su departamento solo.
Fedora miró a Henry con una sonrisa: —Henry será el dueño de mi departamento hasta que regresemos.
No sabemos cuánto tardaremos, pero él se hará cargo.
¿Qué opinas, cuñado?
El vampiro de las almas hizo una mueca incómoda: —¿Cuñado…?
Bueno… he vivido en la calle los últimos meses, así que no me vendría mal, pero… Fedora chasqueó los dedos, cambiándose de ropa al instante y creando un abrigo elegante de cuero café para Samael.
Lo tomó del brazo y lo arrastró hacia la puerta: —Bueno, no hay tiempo que perder.
¡Partimos a Rusia!
Los gastos los hablaremos con Lili; seguro le encantará que vea nuevos paisajes para mis próximas pinturas.
¡En marcha, Samael!
Mientras era arrastrado, Samael soltó una pequeña lágrima, como si todo su corazón se negara a ir con esa vampiresa, susurrando a su hermano: —Ayúdame… por favor… Henry alzó las cejas y, sin mover un músculo para ayudar, bebió un sorbo tranquilo de su jugo mientras la puerta se cerraba.
Ya solo, Henry comenzó a lavar los platos en silencio, observando el departamento entero: el refrigerador moderno, los electrodomésticos caros, el sofá, las habitaciones.
Finalmente decidió salir a caminar, tomando las llaves.
Caminó por la calle San Francisco, sintiendo que la tranquilidad le resultaba antinatural… casi hostil.
Aun así, disfrutaba de esa calma.
Visitó un supermercado, tiendas de ropa y hasta jugueterías, terminando sentado en un columpio de un parque.
El silencio lo atravesaba por dentro, y susurró: —También yo quería ir con ellos… Me siento algo solo otra vez.
Mientras reflexionaba, dos almas flotaron hasta él, como si pidieran ayuda.
Henry se levantó de inmediato: —Guíenme, ¡rápido!
Corrió a través de la ciudad con las almas siguiéndolo como esferas celestes, hasta llegar a un basurero del que provenía un sonido agónico… de un infante.
Sin pensarlo, Henry saltó dentro y sacó a una niña castaña envuelta torpemente en una bolsa de basura.
Al desenvolverla, vio que le faltaban órganos… un caso de tráfico clandestino.
Desesperado, pensó: “Mierda… morirá en minutos si no hago algo.
¡Piensa, Henry, piensa!” Recordó entonces a la única persona capaz de estabilizarla.
Corrió a máxima velocidad, usando su linaje como si patinara en el aire.
Gritó a las almas: —¡No se preocupen!
¡Esta es su hija, verdad!?
¡No permitiré que muera!
¡Les doy mi palabra!
¡Henry Tomorrow la salvará, cueste lo que cueste!
Llegó a la casa de Salemi gritando: —¡¡CAZADORA!!
¿¡ESTÁS AHÍ!?
¡¡NECESITO TU AYUDA, POR FAVOR!!
D’Monica salió con el cabello mojado y pantalones cortos, como si acabara de salir de la ducha.
Al ver a la niña agonizante en los brazos de Henry, este rogó desesperado: —Por favor, ayúdame… ¡Debes estabilizarla!
¡Le robaron sus órganos!
Horrorizada, asintió y lo guió al comedor, tirando todo al suelo para hacer espacio.
Tomó dos frascos verdes mientras decía, esforzándose por no sangrar por la boca: —No tendrás demasiado tiempo… dos horas como máximo, vampiro.
¿Qué piensas hacer?
Henry respondió con firmeza: —Recuperaré sus órganos.
Su alma no debe ir al purgatorio.
Cuando despierte, ella decidirá si quiere seguir viviendo.
D’Monica entendió el peso de esas palabras y, sin dudar, asintió.
Henry empezó su plan sin perder ni un segundo.
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