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Shadow Kitchen - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 Capitulo 2 - Una ira personal
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35: Capitulo 2 – Una ira personal 35: Capitulo 2 – Una ira personal Segundos después de que Henry se fuera a toda marcha hacia el lugar que le indicaban las almas de los padres de la niña, comenzaba a revivir memorias dolorosas que había bloqueado hasta ese momento.

Recordaba cuando, de niño, bajo la lluvia, veía a su hermano de espaldas en la calle mirando unos cuerpos.

Sin entender qué sucedía, se acercó, pero su hermano mayor lo detuvo antes de que se acercara más a aquellos cuerpos irreconocibles, diciéndole: —“Sufrieron un accidente.

Todo estará bien.

Tu hermano se hará cargo.

Nada es tu culpa”.

Pero volviendo a la actualidad, Henry, serio y con un leve ardor de ira latente, pensaba respondiéndole a su propio recuerdo: —“Sí fue mi culpa… por mi culpa nuestros padres murieron.

Lo único que puedo hacer ahora es salvar a esta niña de vivir mi destino… o algo peor”.

Finalmente llegó a las afueras de San Francisco, en un viejo almacén donde varios hombres vigilaban, armados con armas de fuego.

Henry, crujiendo su cuello con su mano, dijo a las almas: —Supongo que saben que no me contengo cuando se trata de mi trabajo, así que espero que no tengan miedo de lo que verán.

Probando el terreno y el ambiente, Henry comenzó a caminar de frente hacia los guardias.

Estos gritaron: —¡Oye tú!

¡Detente!

¡No puedes estar aquí!

Y el vampiro, en un pestañeo, desapareció de su vista.

Entre los guardias solo se escuchó un leve crujido de huesos mientras sus cabezas, aún conscientes, flotaban en el aire viendo sus propios cuerpos decapitados.

Henry, con las manos ensangrentadas, abrió la puerta rápidamente mientras pensaba: —Llegué en 15 minutos… la cazadora me dijo que tengo como máximo 2 horas.

El rango seguro sería entre 1 hora y 1 hora con 30 minutos antes de que empiecen los riesgos.

Al entrar, finalmente vio lo que había dentro: cientos de hombres armados patrullando, otros cargando cadáveres hacia un incinerador y otros trasladando cajas ensangrentadas, como si aquello fuera un almacén de órganos.

Henry mostró una expresión de repulsión y enojo, un rostro que daba la señal de que no tendría piedad alguna.

Convocó su mandoble de almas en su mano izquierda y se lanzó directamente contra los guardias del segundo piso, en una pasarela de acero, cortando sus cuerpos como si fueran papel bajo un cuchillo extremadamente afilado.

La sangre estallaba apenas caían al suelo como bolsas reventadas.

Varios intentaron dispararle, pero el vampiro ni siquiera se molestaba en defenderse: recibía los disparos sin detener su ira reprimida.

El infierno que debía ser para hombres inocentes y niños se convirtió en un purgatorio para criminales desalmados, con Henry, el vampiro de almas, como su juez y verdugo.

Mientras más cuerpos caían, más descendía la moral de los hombres.

Algunos intentaron huir, pero Henry ya sabía que pasaría y había sellado la puerta con sus propias manos como si aplastara una lata de gaseosa.

El pánico aumentó entre los criminales, que disparaban a ciegas mientras Henry empalaba a uno con su mandoble, se desvanecía en una niebla transparente para recuperarlo y continuaba la carnicería sin piedad.

Finalmente encontró al más viejo y aterrado de todos, aparentemente el líder, y le cortó las piernas al instante.

Interrogándolo con frialdad: —Humano, agradece que solo perdiste tus piernas.

Lo próximo será tu cabeza si respondes erróneamente, y créeme, desearás responder bien en vida antes de que te obligue a hacerlo después de muerto.

¿Dónde están los órganos que le quitaste a una niña hace unos minutos?

El hombre, llorando del terror, respondió: —¡E-están en una caja ensangrentada cerca de la entrada!

¡D-de seguro la viste!

¡Estábamos clasificando la mercancía y cuando llegaste— Henry, asqueado por la forma en que hablaban sobre los niños, decapitó sin aviso alguno al jefe y luego levantó la mano hablando fuerte: —Todos ustedes serán mis herramientas y pagarán sus penitencias siendo solo mi comida.

¡Vengan hacia mí!

Cientos de almas se elevaron y acudieron al llamado, entrando una tras otra en su cuerpo mientras Henry, esforzándose por no perder la cordura, susurraba: —Señorita Alma… por favor… contrólelos… recuerde el trato que me dijiste.

Al instante, una gran paz mental lo envolvió, haciéndolo suspirar con alivio.

Sonrió ligeramente.

—Gracias… ahora tengo que seguir trabajando.

Miró un reloj de bolsillo dentro de su chaleco: ya había pasado 1 hora.

Entraba en el rango de peligro.

Rápidamente buscó la caja con esmero hasta que la encontró tirada en el suelo, y sin perder tiempo, volvió corriendo hacia la casa de la cazadora.

Mientras tanto, D’Monica estaba suministrando suero combinado con la poción de sus frascos en cada área faltante del cuerpo de la niña, como si fuera una muñeca abierta.

Horrorizada por el monstruo que estaba creando solo para salvarla, se detuvo cuando Henry llegó con la caja, gritando: —¡Aquí está!

¡¿Está estable?!

D’Monica, preocupada, asintió, mientras Henry daba un paso al frente y comenzaba a colocar los órganos en su lugar, sin uniones ni conexiones aún.

Habló a las almas de los padres: —Necesito usar sus almas para estabilizar por breves momentos a su hija.

En el momento que lo haga, ustedes irán instantáneamente al paraíso.

Yo me encargaré del resto.

¿Confiarán en mí?

Las almas brillaron intensamente dando la señal afirmativa.

Henry extendió su mano hacia ellas, absorbiéndolas y guiando la energía espiritual hacia el cuerpo de la niña, uniendo cada órgano.

Luego preguntó a la cazadora: —Humana, ¿cuánto tiempo crees que pueda vivir esta niña con el líquido que le pusiste?

D’Monica respondió, frustrada: —La cazadora, frustrada por sus escasos recursos, responde: “solo 30 minutos si despierta.

El suero de cazador de vampiros no sirve para estas cosas”.

Henry asintió, sonriendo satisfecho y algo triste: —No te preocupes.

Me encargaré de que esta niña no sufra.

Te agradezco por confiar en mí.

La cazadora cruzó los brazos y observó en silencio cómo el vampiro sellaba las heridas con energía espiritual hasta que la niña finalmente comenzó a despertar, susurrando con debilidad al ver a Henry: —¿Quién… eres?

Henry, sonriendo, imitó perfectamente los modales de su hermano mayor: —Buenas, jovencita.

Mi nombre es Henry Tomorrow y soy un vampiro.

Acabo de traerte momentáneamente a la vida gracias a esa señorita de allá… y a tus papás.

La niña lloró, moviendo apenas su cuello: —¿Dónde está papá?

¿Dónde está mamá?

¿Me dejaron sola?

¿Y los hombres malos…?

Henry, sin saber cómo responder, la consoló: —Tus papás estarán bien ahora.

Ellos me ayudaron a encontrarte.

Te quieren mucho.

Pero ahora necesito preguntarte algo muy importante.

La niña comenzó a toser sangre, haciendo que D’Monica se llevara una mano a la boca horrorizada.

Henry continuó, intentando mantener la cordura: —Puedes ir a ver a tus papás y yo te ayudaré a reencontrarte con ellos… o puedo darte una segunda oportunidad.

Te ayudaré como parte de mi familia, como mi propia hija vampira.

No será fácil, pero podrás recordar siempre a tus padres.

Nunca los reemplazaré.

¿Qué eliges, jovencita?

¿Seguir… o ir con tus papás?

D’Monica, furiosa, gritó con sangre corriéndole por la boca: —¡¡OYE, VAMPIRO BASTARDO!!

¡¡ESO NO ERA PARTE DEL TRATO!!

¡¡NO PUEDES METER A UNA HUMANA INOCENTE EN TU LINAJE ASQUEROSO!!

Pero antes de que la cazadora lo golpeara, la niña preguntó con voz temblorosa: —Si… si acepto… ¿viviré cosas feas sola?

La cazadora se detuvo en seco, sorprendida.

Henry respondió sonriendo: —Puede que vivas una vida diferente, pero te acompañaré siempre.

Nunca estarás sola conmigo.

Te lo prometo.

Soy muy fuerte, ¿sabes?

La niña sonrió dulcemente y finalmente dijo: —Quiero… seguir viviendo, señor vampiro.

Quiero recordar siempre a mis papás… por favor.

Henry asintió y se mordió el brazo para hacer brotar sangre, diciendo: —Esta es mi sangre.

Cuando la bebas, dormirás por un tiempo y despertarás como una vampira.

La niña, asustada por el dolor de su cuerpo, aceptó y abrió la boca.

La cazadora, con la boca bañada en sangre, declaró firme: —Vampiro asqueroso… si te atreves a mancillar la inocencia de esta niña, te juro que iré por tu cabeza.

Si planeas alguna fechoría con ella… mejor renuncia ahora, o te haré vivir los peores infiernos para tu especie.

Henry recordó todos sus errores, desde su infancia hasta ahora, y miró fijamente a D’Monica.

—Estoy siendo sincero esta vez.

Quiero cuidarla.

La cazadora se dio vuelta, derrotada por su determinación.

Henry hizo beber lentamente su sangre a la niña moribunda.

Cuando terminó, la niña cayó dormida, y su cabello castaño comenzó a tornarse blanco como la nieve.

Henry susurró sorprendido: —¿Mi sangre provocó esto?

¿Acaso esta niña podría ser…?

Tendré que vigilarla más desde ahora.

Tomó a la pequeña en brazos y se dirigió hacia la salida, agradeciendo: —Gracias, humana.

Te prometo que te mantendré informada de todo lo que pase con la niña.

Si alguna vez necesitas un favor relacionado al mundo espiritual, con gusto lo haré si me lo ordenas.

D’Monica, viendo el desastre del comedor, respondió fatigada: —La cazadora, rendida ante lo que acaba de suceder, dice: “ya solo lárgate… después me dices qué wea sucede… asqueroso vampiro”.

Henry sintió el rechazo de la cazadora, pero también gratitud por su ayuda.

En la casa de Samael, ahora temporalmente suya, Henry llevó a la niña a la habitación de Fedora para arroparla en la cama.

Miró su cabello pensativo: —“¿Será este color por la pureza de mi sangre reaccionando a su cuerpo?” La dejó descansar, cerró la puerta y comenzó a asear la casa con normalidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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