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Shadow Kitchen - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Capitulo 3 - Una flor en un mar de espinas
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36: Capitulo 3 – Una flor en un mar de espinas 36: Capitulo 3 – Una flor en un mar de espinas Al día siguiente, la niña abrió los ojos lentamente, viendo un techo que no conocía.

Poco a poco comenzó a mirar alrededor de la habitación, observando pinturas extravagantes y dibujos pegados con cinta de forma muy descuidada, sin entender nada de lo que estaba viendo.

Finalmente empezó a incorporarse con cuidado; sus pies descalzos tocaron el suelo, pero no sentía ni frío ni calor por alguna razón.

Con dificultad abrió la puerta, que era muy alta para ella, logrando apenas entreabrirla en cuclillas.

Desde allí pudo ver el enorme pasillo que conducía al comedor y escuchar a un hombre quejarse, acompañado de un fuerte olor a comida y, a la vez, a algo que claramente se estaba quemando.

Con timidez, miedo y una pizca de curiosidad, se asomó para observar.

Vio a un hombre de cabello corto y pelirrojo, con una camisa arremangada hasta los codos y un delantal.

Varias luces flotantes temblaban a su alrededor, como si conversaran con él, mientras discutía con ellas diciendo: —Tú me dijiste que eran quince minutos a fuego medio y ¡se quemó!

¡Incluso después de muerto sigues siendo un inútil cocinando!

Dios mío… ¡y estaba quedando delicioso!

Ahora está extra crujiente.

La niña se rió suavemente, de forma tierna, ante el sufrimiento del hombre.

El pelirrojo notó su presencia y se sobresaltó, provocando un contacto visual entre ambos.

Por primera vez intercambiaron palabras con calma.

—Buenos días —dijo él—.

¿Descansaste bien?

Ella, con miedo, asintió, queriendo huir, pero su curiosidad la mantuvo firme mientras el hombre se giraba hacia la cocina y hablaba con las luces: —Ustedes apaguen la cocina.

Hablaré con la pequeña un momento.

Luego se arrodilló frente a la infante, sonriendo con cierto cansancio.

—Mi nombre es Henry.

Soy un vampiro, pero no te haré daño.

Te lo prometo.

La niña titubeó y susurró con miedo: —Mi nombre es Iris.

Henry se levantó y se llevó la mano derecha al mentón, pensativo.

—Recuerdas tu nombre… es una muy buena señal.

Iris quedó confundida ante el susurro del vampiro, mientras él levantaba un dedo para explicar: —Existen casos en los que, al volverte vampiro, pierdes tus recuerdos.

A mí me sucedió, pero a mi hermano mayor no.

Luego recuperé mis memorias a la fuerza… y de formas muy malas.

La niña, curiosa, preguntó: —¿Cómo es su hermano mayor, señor Henry?

Él hizo una mueca de incomodidad, desvió la mirada y respondió vagamente: —Eh… es un hermano muy complicado.

Tiene muchas reglas y se enoja conmigo casi siempre.

La niña se rió suavemente al ver la expresión de Henry.

—El señor Henry es muy chistoso.

El vampiro, sorprendido por el afecto repentino, la miró sin saber cómo reaccionar.

Luego sacudió la cabeza y la guió hacia la mesa del comedor.

—Debes tener hambre.

Siéntate aquí, Iris.

Ya te preparo tu comida.

Ella comentó, confundida: —Pero no tengo hambre… Aun así, Henry insistió con terquedad y la ayudó a sentarse, levantándola con cuidado.

—Eres una niña que necesita comer, incluso siendo vampira.

Unas esferas flotantes trajeron un plato con tostadas y huevo, junto a un vaso de leche.

Henry, algo avergonzado, añadió: —La próxima vez desayunarás mejor.

Aprenderé a cocinar y comerás cosas más ricas.

Pero come bien… esto lo hice de una forma especial.

Iris miró el pan a medio tostar y el vaso de leche con duda, pero lentamente comenzó a masticar.

Sintió cómo su estómago despertaba el hambre y, sin temor, comió con más ánimo, provocando una pequeña sonrisa de orgullo en Henry mientras la observaba.

Al terminar, la niña recordó algo y preguntó con tristeza: —Entonces… ¿ya no tengo padres, señor Henry?

¿Estoy sola?

Henry se acercó de inmediato, tomó sus pequeñas manos con ambas manos y respondió suavemente: —Tus padres están descansando en el cielo.

Yo mismo me encargué de que sus almas llegaran felices allí, muy arriba.

Ahora es tu turno de vivir y recordar siempre a tus padres… justo aquí.

Señaló con su dedo el pecho de Iris, provocándole pequeñas lágrimas, mientras continuaba: —No dejaré que nada te pase.

Sé que todo será extraño desde ahora, pero te enseñaré poco a poco a vivir como vampira y como humana.

Que te hayas vuelto vampira no te hace diferente… solo te dio otra oportunidad.

La niña, asustada, preguntó con voz temblorosa: —¿Seré mala?

Henry recordó fugazmente su pasado, la crueldad que cometió contra Samael y sus delirios tiránicos.

Por unos breves segundos permaneció serio, hasta que, por instinto, la abrazó.

—No lo permitiré.

Serás una niña muy buena… como tus padres habrían querido.

Pasaron las horas y la niña comenzó a explorar el departamento: el baño, la habitación de invitados que ahora era un gimnasio personal con mancuernas y una máquina de correr, una oficina algo lúgubre sin nada interesante… hasta que regresó a la habitación donde había dormido y encontró varios cómics que pertenecían a Fedora.

Muchos le parecieron, desde su punto de vista, “caras feas y dibujos feos”, pero uno llamó su atención.

Intentó leerlo con esfuerzo: —“Gu… gu… GUM… dau?” Los dibujos de robots gigantes que volaban la fascinaron.

Pasó horas mirando página tras página, sin saber leer, completamente absorta, hasta que Henry fue a buscarla y la encontró dormida profundamente sobre un montón de cómics.

Se acercó con cuidado y la tomó en brazos.

Al sentir el contacto, Iris murmuró dormida: —No te vayas… por favor… Henry sonrió con melancolía, sin saber cómo reaccionar.

La llevó a la cama, y con ayuda de las almas ordenó el lugar al mismo tiempo.

La arropó, acarició su frente y susurró: —No te preocupes.

Me volveré un buen vampiro para ti, niña.

No serás como yo.

Cerró la puerta y quedó solo en el pasillo, en total silencio, hasta que un fuerte dolor atravesó su cabeza.

Gritos y lamentos comenzaron a resonar sin detenerse.

Henry se arrodilló en el suelo, sufriendo.

—Señorita Alma… las voces… pare, por favor… duele mucho.

Los gritos se silenciaron una vez más, desapareciendo.

Henry, preocupado, pensó: —“Espero que Samael regrese antes de que no pueda aguantar más… no podré con todo esto solo… no soy tan fuerte ni tan listo como tú, hermano”.

Tambaleándose, Henry regresó a la cocina y volvió a practicar cocina, decidido a cumplir su promesa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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