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Shadow Kitchen - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - 38 Capitulo 5 - Pequeñas guerreras
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38: Capitulo 5 – Pequeñas guerreras 38: Capitulo 5 – Pequeñas guerreras Han pasado dos meses y Henry cada vez se sentía más débil, pero con el esfuerzo de la señorita Alma y de Lili jamás mostró debilidad ante Iris.

La pequeña vampiresa iba a la escuela junto a Henry, tomados de la mano, mientras portaba un collar con un pequeño zafiro y una mochila morada en la espalda.

Vestía un uniforme escolar azul con blusa blanca.

Finalmente, llegaron a la puerta de la escuela y Henry se agachó a la altura de la pequeña Iris y le dijo dulcemente: —Disfruta de la escuela, ¿está bien?

Cualquier cosa confía en tus profesores y cuida muy bien de ese collar.

Eres una niña muy fuerte.

Acariciando su cabello con suavidad para no despeinarla, Iris sonrió y asintió, respondiendo mientras se retiraba a clases: —¡Lo haré, señor Henry!

¡Lo veo después!

Finalmente entró a clases y Henry quedó nuevamente a solas, pero a diferencia de la vez pasada sonrió al retirarse, como si su corazón estuviera satisfecho.

Dentro de la escuela, Iris comenzó a buscar su aula.

Mientras paseaba por los pasillos, veía a muchos niños gritando y corriendo, otros hablando en voz baja y muchos mirándola como un bicho raro por su aparente cabello blanco.

Iris, algo triste, intentó recordar las palabras de Henry sobre ser vampiro: —“Un vampiro debe ser orgulloso de serlo, sin importar lo que te diga cualquier otro ser vivo.

Ser vampiro es un gran orgullo, pero tampoco debes discriminar al resto por serlo.” Respirando hondo, Iris levantó la mirada con orgullo y siguió caminando, llamando la atención de todos los niños que la veían pasar con un andar firme y exagerado, como una soldado.

Finalmente encontró el aula de su clase y, con algo de miedo, abrió la puerta, viendo a sus compañeros jugar entre ellos en un caos total.

Al intentar dar un paso, la campana sonó a todo volumen para avisar que comenzarían las clases, haciéndola dar un pequeño brinco.

Cuando decidió avanzar, detrás de ella apareció la profesora a cargo.

Era una mujer alta, de cabello largo y dorado, con lentes redondos como fondo de botella.

Vestía un chaleco de lana café y un vestido verde largo a cuadros.

Tomó el hombro de la pequeña Iris, animándola a caminar.

—Vamos, pequeña.

Es momento de las clases.

La vampiresa, intentando no llorar del pánico, asintió y caminó rápido hasta sentarse en el primer puesto vacío que encontró, quedando entre dos niñas que la miraban serias de reojo mientras comenzaba la clase.

La profesora se levantó frente a todos y dijo: —¡Buenos días, niños!

Todos respondieron al unísono: —¡Buenos días, señorita Jasmin!

La profesora continuó hablando: —Hoy tenemos una amiga nueva.

Por favor, preséntate ante tus compañeros, amiguita.

Iris tragó saliva por los nervios y, armándose de valor, se levantó y dijo casi gritando: —¡Hola a todos!

¡Mi nombre es Iris, tengo cinco años y me gustan mucho los robots gigantes!

Al instante, muchas compañeras la miraron con repudio, como si rechazaran los gustos de Iris, mientras algunos niños sorprendidos sonreían emocionados al escucharla.

La profesora asintió y permitió que Iris se sentara, dando inicio a la clase.

Pasaron las horas y el ambiente tenso hacia Iris se volvió muy notorio.

Muchas niñas estaban en contra de su personalidad “no delicada”, como ellas desearían, haciéndola sentir incómoda en todo momento y, a la vez, amenazada.

Finalmente llegó el receso y Iris salió del aula para buscar tranquilidad.

Se sentó cerca de un árbol, sobre el pasto suave, y sacó un sándwich de verduras que Henry le había preparado, recordando con una sonrisa sus palabras: —Te hice este rico sándwich.

Las luces me ayudaron a saber que podría ayudarte con más vitaminas.

Disfrútalo, ¿bueno?

Dio el primer mordisco y sintió un enorme sabor dulce y cálido que encendió suavemente sus mejillas de felicidad.

Sonrió con cada bocado, pero mientras disfrutaba del sándwich especial, sus compañeras de aula, con quienes compartía asiento, se acercaron de forma burlona y dijeron: —¿Comiendo en el suelo?

De seguro no sabe que existen las sillas, hahaha.

Rieron entre ellas mientras Iris simplemente las ignoraba, lo que solo aumentó su irritación.

Las niñas se acercaron con desenfreno, golpearon su mano y botaron el sándwich al suelo, desarmándolo y arruinándolo mientras una se burlaba con ironía: —Ups, a la pobretona se le cayó su pan con basura.

Pobrecita.

Un leve ardor nació en el pecho de Iris.

Se levantó y dijo con seriedad: —No digas así del sándwich del señor Henry.

Él se esforzó mucho para hacerlo para mí.

Tapándose la boca, la niña se rió aún más sarcásticamente: —¿Señor Henry?

Suena como un don nadie, hahaha.

De seguro ni trabajo tiene, no como mi papá, que tiene su propia empresa millonaria.

Iris apretó el puño en una ira silenciosa y respondió con voz firme: —No te atrevas a hablar feo del señor Henry.

La niña se acercó aún más, pegando su rostro al de Iris y susurró con burla: —¿O qué?

¿Me tirarás basura como la pobretona que eres?

Un recuerdo golpeó la mente de Iris al escuchar la conversación entre Henry y Lili, cuando oyó decir: —“No me queda mucho tiempo de vida, pero deseo ser un buen padre para Iris.” Ese recuerdo se rompió dentro de ella y susurró, con lágrimas suaves: —Yo quiero ser una buena niña y fuerte… muy fuerte, como el señor Henry.

De regreso al presente, por puro instinto, Iris se abalanzó contra la niña burlesca y lanzó un golpe directo a su rostro, iniciando al instante una pelea.

Dos niñas sujetaron a Iris para golpearla.

Una le atrapó los brazos mientras la otra le golpeaba la cara y tiraba de su cabello largo, arrancándole algunos mechones.

Unos niños notaron la pelea y comenzaron a gritar: —¡ESTÁN PELEANDO!

¡ESTÁN PELEANDO!

Todos los niños se amontonaron.

Al otro lado del patio, unas niñas que conversaban sin ver bien los rostros escucharon el caos, mientras una voz conocida decía: —¿Será esa niña, hermana?

Vamos a ver rápido.

Iris, incapaz de soltarse, gritaba: —¡Suéltenme, niñas feas!

Las agresoras continuaban golpeándola hasta que, por la espalda, una niña misteriosa apareció y pateó el torso de la abusadora haciéndola caer al suelo.

—¿Golpeando entre dos a una que les dice la verdad?

Sí que son horribles.

Hasta yo soy más bonita que ustedes, y eso ya es insultante.

Eran Kali junto con Dari algo aterrada al ver actuar a su hermana, las hijas adoptivas de Salemi.

El pánico se apoderó de las agresoras.

—¡Las niñas grandes!

Huyeron, dejando a Iris medio golpeada en el suelo.

Kali se acercó y le tendió la mano.

—Oye, ¿estás bien?

Te ves muy mal.

Iris respondió con tristeza: —No mucho… soy muy débil.

Insultaron al señor Henry y no pude defenderlo.

Dari se sentó a su lado y le tomó la mano, negando con la cabeza: —No eres para nada débil.

Ni siquiera habíamos llegado y vimos cómo quedó marcado tu puño en esa niña fea, ¿verdad, hermana?

Kali se dio cuenta y rió a carcajadas: —¡Hahaha, es verdad!

¡Casi ni cara tenía esa niña fea!

Iris, sollozando, preguntó: —¿De verdad fui fuerte?

Kali le sostuvo la mano con orgullo y sonrió: —Pues claro.

Fuiste muy fuerte, casi tan fuerte como yo.

Aunque ni te ilusiones, te faltan años de experiencia.

Dari susurró, casi en voz alta: —Hermana, la experiencia no cuenta cuando huyes de la señorita D’Monica o peleas con nuestros otros hermanos… Kali se sonrojó, rió nerviosa y miró al cielo, ignorando el comentario.

Iris, contagiada por la risa, sonrió y preguntó: —¿Podemos ser amigas?

No conozco a nadie aquí.

Ambas asintieron al instante y la abrazaron de forma dramática.

Kali dijo, imitando a D’Monica: —Las hermanas épicamente aceptan a una nueva miembro de su escuadrón de la justicia.

Dari levantó un dedo y añadió: —Y de lectura.

Es importante leer.

Kali la miró con asco y suspiró: —Justicia y lectura… Luego miró a Iris, hizo una pose exagerada y se arrodilló, apuntándola con el dedo: —¿Cómo te llamas, justiciera nueva?

Iris recordó las poses de los cómics e imitó perfectamente la presentación de un gundam, respondiendo con epicidad fingida: —Mi nombre es Iris, ¡la Defensora!

Las tres se miraron en silencio y estallaron en carcajadas.

En un árbol lejano, D’Monica vigilaba desde lo alto con unos binoculares, mientras Salemi, sentado en las sombras de una rama cercana, preguntaba: —¿Y cómo les fue a las niñas?

¿Crees que se llevarán bien?

La cazadora, fastidiada, guardó los binoculares y respondió sentándose: —La cazadora fastidiada responde al payaso bonito: “agh… no entiendo esta wea.

¿Se supone que los vampiros y los humanos pueden llevarse tan bien, incluso siendo niños?” Salemi movió las manos mientras explicaba: —Los humanos y los vampiros no somos tan diferentes, D’Moniquita.

Depende de cómo uno crece y de los valores que le imponen.

Si te enseñan a ser más humano que vampiro, puedes vivir con tranquilidad.

D’Monica se sonrojó levemente y se marchó en silencio.

Salemi comprendió su error y saltó del árbol, persiguiéndola.

—¡Espera, D’Monica!

¡Fue un accidente!

¡No quise llamarte “D’Moniquita”!

¡Te lo prometo!

¡Espérame!

Las clases se reanudaron, pero Iris ya había conseguido nuevas aliadas y amigas, que también estudiaban en la misma escuela que ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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