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Shadow Kitchen - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7 - 7 Capítulo 6 - Lágrimas secas
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7: Capítulo 6 – Lágrimas secas 7: Capítulo 6 – Lágrimas secas En algún lugar del cementerio de Inglaterra, se encontraba un joven adolescente junto a un niño pequeño cubierto con ropas muy abrigadas, en contraste con quien parecía ser su hermano mayor, que solo llevaba una camisa maltratada y sucia.

Ambos miraban una tumba que decía: —Aquí descansa la Familia Tomorrow.

Mientras los jóvenes observaban la lápida, una mujer con un abrigo extravagante y unos guantes de piel hermosos les dijo tranquilamente: —Hey chicos, ¿qué hacen en un lugar tan triste como este?

¿No deberían estar en la escuela a su edad?

Instantáneamente, el niño pequeño se escondió detrás de su hermano, y el joven adolescente respondió en un tono agresivo, defendiendo a su hermano: —No podemos ir a la escuela porque somos huérfanos, y a nadie le agradan los huérfanos, solo los maltratan.

La mujer sonrió y se inclinó, mostrando que llevaba pantalones de tela y botas.

Les habló cariñosamente: —Díganme, niños, ¿esa tumba es de sus padres?

¿Cómo se llaman ustedes?

Yo me llamo Margaret y soy un vampiro, pero no deseo hacerles daño, se los prometo.

El adolescente, al escuchar su aclaración, comenzó a temblar, pero con valentía respondió: —Mi… mi nombre es Samael y él es mi hermano menor, Henry.

Y… ¡no te tenemos miedo!

La mujer rió suavemente ante la escena y dijo con tranquilidad, mirándolos a los ojos: —No quiero lastimarlos de ninguna manera.

Me gustaría ayudarlos.

¿Quieren ser vampiros y aprender a vivir de otra manera?

Ya no sufrirán de hambre ni de frío, solo tendrán que aprender y vivir todo lo que deseen.

Yo les enseñaré todo lo que necesiten.

Samael miró a su hermano con preocupación y preguntó: —Si no lo aceptamos… ¿moriremos?

La mujer, con tristeza, asintió y respondió: —Así es, jovencito.

Puedo ver su futuro como humanos, y será doloroso.

Tengo ese poder en mis ojos, y quiero ayudarlos.

El pequeño Henry, con ternura y tristeza, le preguntó a su hermano mayor: —Hermano… ¿vamos a morir?

¿Como papá y mamá?

Samael, lleno de dudas, apretó el puño, intentando decidir, hasta que finalmente dijo con seriedad: —Solo deseo que mi hermano no muera asesinado como lo fueron nuestros padres.

Que ambos tengamos una segunda oportunidad.

La mujer asintió.

Sacando una daga de su bota, se cortó la palma de la mano, dejando brotar sangre, y dijo con calma: —Se los prometo.

Una vez que beban mi sangre, serán vampiros.

Pronto serán independientes de mí y decidirán lo que quieran hacer.

Samael, con miedo, observó la sangre, y cerrando los ojos, comenzó a beber.

Hasta que finalmente despertó en la habitación de la señorita Fedora, acostado en su cama, pensando: —Ya veo… logré volver.

Pero no logré salvar a Henry… Samael intentó levantarse, pero al mover cualquier músculo sintió un dolor horrible carcomiéndole los nervios por dentro, lo que lo hizo gemir levemente.

Al escuchar el mínimo sonido, la joven humana abrió la puerta de la habitación, con un delantal puesto como si hubiera estado cocinando.

Al ver al vampiro, sonrió de felicidad y corrió hacia él, gritando: —¡SAMAEL, DE VERDAD DESPERTASTE!

Lo abrazó con fuerza.

El vampiro intentó contener el dolor, pero la joven Fedora, dándose cuenta de lo que estaba haciendo, rompió en llanto: —Dormiste demasiados días… Pensaba que tal vez no despertarías, y estaba realmente preocupada.

No sabía qué hacer… tú solo dormías, sin responder a nada de lo que te decía… parecías muerto… El vampiro, sorprendido, preguntó amablemente: —Disculpe la pregunta, señorita Fedora… ¿usted estaba preocupada por mi bienestar?

La humana, al escucharlo, se enfureció.

Lo abofeteó con fuerza mientras lloraba, con un rostro de enojo total: —¡No seas estúpido, Samael!

Eres mi única familia, ¡claro que me preocupa tu bienestar!

Eres mi amigo… y mi hogar… Samael, con tristeza, sonrió un poco, acariciando su mejilla adolorida: —Me disculpo, señorita Fedora.

Solo que no estoy acostumbrado a esto.

Últimamente he sentido algo extraño en mis pensamientos, y me cuesta entender estos sentimientos y confusiones.

Tocó sus ojos y notó que llevaba unos anteojos que no eran suyos.

Asombrado, se los quitó y vio que eran rojos con manchas negras.

Mirando a Fedora, le preguntó: —Discúlpeme, señorita… ¿estos lentes usted me los puso mientras descansaba?

Fedora, secándose las lágrimas y haciendo pucheros, respondió: —Sí… te veías muy feo sin tus lentes, así que te compré unos nuevos que combinaran con tu estilo vampiresco… aunque creo que son feos.

Samael sonrió, se los volvió a poner y, levantando el rostro de la joven, le respondió con una sonrisa enérgica, por primera vez, mostrándola abiertamente: —Realmente son maravillosos, señorita Fedora.

Se lo agradezco con el alma.

La humana se sonrojó levemente al escuchar esas sinceras palabras, pero sonrió dulcemente y dijo: —Bueno, como ya estás mejor, más te vale que te prepares.

Te hice un rico plato de mi tierra natal… así que espero que te guste el ajo.

Totalmente emocionada, Fedora se fue a paso rápido hacia la cocina, mientras Samael quedaba solo nuevamente en la habitación, pensando: —Sinceramente, maestra… tal vez esto es lo que usted deseaba que viviéramos en esta eternidad.

¿Verdad, Madam Margaret?

Más tranquilo, se recostó sobre las suaves almohadas de la cama, esperando a la joven humana… hasta que, de forma excesivamente exagerada y agresiva, ella abrió la puerta con una patada, llevando una bandeja llena de platos: —Bueno, Samael, desconozco lo que necesitan los vampiros para recuperarse, pero algo que mi abuelita decía cuando estaba viva era que: “Si te sientes malita, debes comer para ponerte buenita.” ¡Así que te traje todas las vitaminas que necesitas!

Samael, impactado, se rió de forma nerviosa mientras la bandeja quedaba a sus pies.

Podía ver arroz con papas y un bistec encima, que parecía frito y cocido a la vez.

También había una taza con una bombilla peculiar y algo que parecía ser té, además de un pequeño pocillo con caldo.

A diferencia de las comidas que él mismo cocinaba, esta tenía un olor completamente distinto… uno que no había sentido desde que era humano.

Sonriendo, con lágrimas leves en los ojos, dijo: —Comida… hecha con amor… Sin pensarlo dos veces, comenzó a comer con una sonrisa en estado de éxtasis, como si cada bocado fuera el último de su vida, llorando de felicidad mientras pensaba: —De verdad… lo juro con mi vida… sacrificaré lo que deba para proteger esta nueva vida.

Deseo vivir aquí el resto de mi eternidad… Deseo vivir al lado de la señorita Fedora por siempre.

Cuando terminó de comer, dejando todos los platos limpios, Fedora lo miró a los ojos y dijo: —Desde ahora en adelante, quiero que confíes también en mí, ¿bueno?

Somos un equipo, y quiero que me trates como tal.

Sé que quieres protegerme, pero yo también quiero cuidarte.

Al terminar de hablar, Fedora lo besó en la mejilla, dejándolo en silencio.

Ella, riendo con ternura y algo de malicia, tomó la bandeja y le dio la espalda: —¡Y está prohibido levantarse hasta mañana!

Sigue descansando.

Si quieres, te puedo traer mi laptop para que te entretengas, pero ¡nada de levantarse!

Dicho esto, cerró la puerta con el pie, dejando al vampiro acariciando su mejilla, golpeada y ahora besada, completamente confundido… en un nuevo comienzo para su propia vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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