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Shadow Kitchen - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Capitulo 7 - La Guerra del mirar
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8: Capitulo 7 – La Guerra del mirar 8: Capitulo 7 – La Guerra del mirar Han pasado casi dos semanas, y la joven Fedora cargaba una caja llena de materiales y herramientas para su trabajo.

Pero esta vez parecía ser algo totalmente importante; organizaba todo de forma meticulosa en su habitación, mientras Samael, descansando en su cama, la observaba detenidamente hasta que, con curiosidad, preguntó: —Disculpe, joven Fedora, ¿por qué está revisando tan detenidamente sus materiales, a diferencia del resto de los días?

Fedora, al escucharlo, siguió ordenando, pero respondió en un tono muy serio, apurándose: —Hoy es el día en que todos los artistas del país estarán exponiendo en mi lugar de trabajo, y se rumorea que el artista que reciba más atención podría recibir un apoyo económico de casi 1000 dólares.

El vampiro, pensativo, se llevó los dedos al mentón, reflexionando, y volvió a preguntar: —¿Necesita que le ayude en algo, señorita Fedora?

Al instante, Fedora respondió directamente: —¡NO!

Aún te estás recuperando de ese problema que tuviste, Samael.

Además, esto es algo que debo hacer sola.

He esperado muchos años preparándome para este momento.

¡Es hora de demostrar lo que una latinoamericana puede lograr en Estados Unidos!

El vampiro, intrigado, aceptó con algo de confusión, mientras finalmente la joven humana levantaba la enorme caja de cartón, excedida de materiales, y comenzaba a irse.

Pero antes de partir, gritó hacia la habitación de Samael: —¡¡NI SE TE OCURRA LEVANTARTE HASTA QUE LLEGUE!!

¡¡SIGUE DESCANSANDO!!

Instantáneamente, cerró la puerta con fuerza, quedando Samael pensativo: —Me pregunto qué es lo que tanto le agobia a la señorita Fedora… Me interesa ver.

En su habitación, desplegó una sombra viscosa desde su mano derecha, la cual tomó la forma de un colibrí negro con tonos rojizos.

El ave salió volando por la ventana, mientras el vampiro pensaba: —Me gustaría observar la lucha de la joven humana… Pasaron unas horas, y Fedora se encontraba en su puesto de trabajo en una plaza, donde ya había más de quince toldos de artistas demostrando sus dibujos.

No había señales extrañas, pero ella seguía pintando, pensando con intensidad: —Deseo ese premio.

Debo ganarlo a como dé lugar… Demostraré el nivel artístico que tengo… Mientras unos vendían cuadros, otros pintaban en vivo, y algunos solo se sacaban fotos con sus seguidores, una limosina llegó al punto de encuentro, provocando que todos se quedaran congelados mirando.

Un hombre que parecía un mayordomo abrió la puerta, y de ella descendió una mujer con un elegante traje amarillo fuerte, pantalones negros, y unos zapatos que parecían botas de cementerio, pero excesivamente limpias.

La mujer era muy alta, aproximadamente 1.99 metros.

Su cabello corto y rojizo, su mirada intimidante.

Cruzar su mirada era como sentir que te juzgaba directamente.

Sin embargo, llevaba un pendiente en la oreja izquierda con la figura de un oso rosado, totalmente fuera de lugar con su atuendo.

Uno de los artistas, impactado, susurró: —Es… Madam Lili… Fedora, al escuchar ese nombre, sintió escalofríos.

Reconociéndola de inmediato, gritó mentalmente con pánico: —¡¡¿¿MADAM LILI VIENE A VER MIS DIBUJOS??!!

¡¿¿¡DEBE SER UNA MALDITA BROMA VERDAD?!?!

Mientras la mujer avanzaba, preguntó en un tono desinteresado: —Bueno, veamos… ¿Estos se supone que son los artistas más famosos de Estados Unidos?

Los artistas quedaron en shock.

Incluso los más nuevos le preguntaban a los veteranos: —¿Por qué le tienen tanto miedo?

¿No es bueno que ella vea tus dibujos?

Uno de los veteranos, temblando, respondió: —No se trata de mostrarle tus dibujos… Es lo que pasa después.

Ella es conocida como la asesina de artistas.

Solo unos pocos han recibido su admiración.

El resto… Su crítica fue tan brutal que jamás volvieron a pintar.

Ni siquiera sus descendientes.

Es el fin.

Finalmente, una joven con ropas excesivamente caras y modernas —falda, pantalones cortos y una blusa corta hasta el ombligo— se dirigió directamente a Madam Lili: —Deseo mostrarle mis dibujos, Madam.

Al ver esto, a Fedora le hirvió la sangre.

Pensó con rabia: —¡Esa maldita…!

¡Ni un solo maldito día sin odiarla!

Siempre con su “El digital está sobrevalorado…” ¡NO, NO!

¡¡SE ACABÓ!!

Con un impulso de determinación, Fedora tomó su trabajo más reciente, aún sin terminar, y atropelló con el hombro a la joven frente a Madam Lili.

Le dijo con ira: —Permítame terminar este dibujo, estoy totalmente convencida de que lograré que usted misma lo reconozca.

Madam Lili observó primero a la joven que le habló inicialmente.

Sus ojos estaban vacíos, solo codicia de fama.

Luego miró a Fedora y vio en sus ojos una llama ardiente de determinación.

Supo de inmediato que esa joven sería capaz de matar con tal de demostrar su valía como artista.

Sonriendo, asintió, y su mayordomo le trajo un elegante asiento de madera acolchado con una suave tela roja.

Dijo: —Perfecto, acepto su desafío.

Ustedes terminen sus pinturas y yo decidiré cuál me convence más.

Daré mi veredicto.

Fedora acomodó su caballete directamente frente a Madam Lili, al igual que la joven rival.

Ambas pintaban con técnicas diferentes, pero Fedora estaba en desventaja, apenas en el boceto, aunque ya se intuía algo llamativo.

A primera vista, parecían solo garabatos.

Pasaron las horas y el duelo artístico se intensificó.

La joven rival ya terminaba su obra: una mujer hermosa posando semi-desnuda frente a una ventana, en un estilo clásico.

Fedora, en cambio, estaba totalmente cansada, sudando, sin soltar el pincel.

Su obra mostraba mucho dorado y oscuridad, lo que llevó a Madam Lili a preguntarles: —¿Qué sienten que están dibujando?

La joven rival respondió con tranquilidad: —Nostalgia.

Fedora, con las piernas temblando y voz cortante, respondió: —Pasión.

Finalmente, ya de noche, ambas pinturas estaban terminadas.

Madam Lili observó primero la de la joven moderna.

Al verla, dijo decepcionada: —Dices que es nostalgia, pero lo único que veo es una pintura sin alma.

No siento más que decepción.

Pudiste hacer mucho más con este espacio, pero lo desperdiciaste en algo genérico, aburrido y sobrevalorado.

Deberías reconsiderar si de verdad eres una artista.

Copiando estilos ajenos solo llegarás a ser una vendedora barata de dibujos.

La joven, al oír eso, rompió en llanto y se retiró con sus herramientas, dejando su pintura olvidada.

Fedora, exhausta, bebía agua sentada en el suelo, recuperando el aliento.

Al ver su pintura, Madam Lili escuchó una voz en su mente: —Él es diferente, hermana… Ante sus ojos había una pintura barroca: un hombre de cabello largo, con lentes, camisa ajustada hasta los codos, pantalones negros, y zapatos oscuros brillantes.

Estaba rodeado por un lazo dorado, sobre el cual giraban miles de ingredientes culinarios en armonía.

El hombre posaba como si fuera a bailar flamenco con sus propios ingredientes, en una danza íntima y vibrante.

Madam Lili dejó caer suaves lágrimas mientras sonreía y preguntaba: —Disculpa, jovencita, ¿cómo te llamas y de dónde vienes?

Fedora, determinada, respondió con orgullo: —Me llamo Fedora y soy de Chile.

Madam Lili miró hacia arriba y vio un colibrí oscuro posado en un árbol cercano, observando a Fedora con atención, como si la vigilara.

Soltó una leve carcajada: —Ja, ya entiendo… Permíteme felicitarte, jovencita.

Has logrado que este corazón, contaminado por horribles dibujos, vuelva a sentir amor por la pintura.

Hay un futuro brillante frente a ti.

Al escuchar esas palabras, Fedora comenzó a llorar involuntariamente.

Madam Lili sacó un sobre: —Te has ganado esto.

Diste tu vida para que esta hermosa pintura viera la luz.

Te lo agradezco.

Le entregó un sobre lleno de billetes.

Fedora, temblorosa, lo abrió y vio que contenía 5000 dólares, no 1000 como decían los rumores.

La mujer incluso se arrodilló para ayudarla a levantarse y le preguntó: —¿Deseas que te ayude a llegar a casa?

Estás agotada, y San Francisco es peligroso de noche.

Fedora aceptó sin dudar.

Madam Lili le pidió a su mayordomo que cargara las herramientas a la limusina, y partieron hacia su departamento.

Durante el viaje, Fedora quedó impresionada con el interior de la limusina, mientras la mujer le sonreía amablemente y le preguntaba: —Entonces, cuéntame, jovencita, ¿desde hace cuánto pintas?

Fedora respondió con una sonrisa: —Desde que era muy niña.

Siempre me ha gustado pintar, porque siento que es una forma de expresión libre.

La mujer la miró con una expresión casi depredadora, y sonriendo levemente, dijo: —Entiendo… Bueno, creo que ya llegamos.

¿Quieres que te ayude a subir las cosas?

Fedora, sorprendida, respondió rápidamente: —¡No, no, no!

¿Cómo lo hará usted, Madam Lili?

Yo me encargo.

Ya tengo experiencia haciendo esto sola.

Me están esperando en casa.

Madam Lili le tomó el hombro, diciendo con calma: —Tranquila, déjame ayudarte un poco.

Hoy trabajaste bastante.

Es lo mínimo que puedo hacer por ti.

Ambas subieron las escaleras cargando las cosas, hasta que finalmente llegaron.

Fedora abrió la puerta, y Samael se encontraba en la entrada, con su delantal de cocinero, limpiando.

Antes de que pudiera decir algo, Madam Lili lo miró con una sonrisa cargada de suave malicia y dijo: —Buenas noches, jovencito Samael… Han pasado siglos, ¿no crees?

Samael dejó caer el trapo de sus manos.

Impactado, murmuró con temor: —Señorita Lili… Fedora, sin entender, le preguntó asustada: —¿¡Momento… conoces a Madam Lili!?

Samael, aún con terror, respondió: —Es la hermana mayor de mi maestra… Mientras este inesperado reencuentro tenía lugar, quedaba claro que un gran acontecimiento estaba a punto de comenzar… luego de una larga jornada donde el arte fue usado como un arma de combate contra los sueños de las personas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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