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Shadow Kitchen - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Capítulo 8 - El juicio de los hombres
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9: Capítulo 8 – El juicio de los hombres 9: Capítulo 8 – El juicio de los hombres Mientras Samael fue a la cocina a preparar la cena, la joven Fedora miraba atentamente desde el comedor a Madam Lili, quien estaba sentada de forma muy elegante, con las piernas cruzadas, sonriéndole amablemente.

Hasta que, por curiosidad, Fedora preguntó: —Disculpe, Madam Lili… ¿usted es vampiro también?

En el momento en que mencionó a los vampiros, sintió una mirada depredadora proveniente de la mujer, como si se sintiera amenazada.

Pero al notar la inocencia en las palabras de la joven, respondió con calma: —Así es.

Me sorprende que Samael te haya revelado su verdadera naturaleza… ¿Qué más sabes?

Fedora, riendo nerviosa, respondió rápidamente: —Bueno, eh… jeje.

Samael es un vampiro que come sombras y usa sus energías para cocinar platillos muy ricos.

También le gustan los animales y la vida.

Me dijo una vez que prefería la cocina a la simple vida de un vampiro.

Al escuchar esa respuesta, Madam Lili la observó detenidamente, como si meditara algo en silencio.

Mientras tanto, Samael regresaba con muchos platillos que parecían sacados de películas famosas.

Al presentarlos, dijo: —Por favor, sírvanse lo que deseen.

He preparado camarón salteado con verduras y arroz, una chuleta de cerdo con puré con un toque de licor de uvas, una ensalada de lechuga con tomate y brócoli para acompañar, y, por supuesto, jugo y vino para disfrutar la comida.

La joven humana, al ver la comida tan brillante y con un olor indescriptible, sonrió y salivó de emoción.

La vampira, en cambio, observaba detenidamente cada platillo como si buscara algo en específico, hasta que finalmente preguntó: —Nada está sobresalado ni sobrecocido, ¿verdad, Samael?

Él se dio la vuelta, se quitó el delantal, y se inclinó ante ella como gesto de respeto.

—Por favor, primero pruebe la comida caliente y luego responderé sus preguntas.

Espero que sea de su agrado, señorita Lili.

La mujer se rió suavemente.

Al probar el primer bocado, recordó una hermosa pintura de Fedora y una imagen en su mente de un joven al que el delantal de cocina le quedaba grande, manchado de harina y verduras, sonriéndole mientras una mujer lo abrazaba por la cabeza, riendo.

Con lágrimas en las mejillas, sonrió mientras devoraba cada platillo uno tras otro, hasta finalmente degustar el suave vino.

Al terminar de comer, la mujer miró a Fedora y le dijo en voz baja: —Jovencita, ¿me dejarías a solas con Samael?

Te prometo que no le sucederá nada.

Quiero conversar sobre algo que solo él comprenderá.

Fedora, algo preocupada, asintió y se retiró a su habitación.

En cuanto cerró la puerta, todo el lugar se oscureció.

Solo una suave vela iluminaba la mesa del comedor.

Samael, serio y con los brazos cruzados, preguntó: —¿Y bien?

¿Qué ha decidido hacer, señorita Lili?

¿Me aniquilará por traición?

Observando su mirada depredadora, esperaba la peor respuesta.

Ella preguntó con firmeza: —¿Por qué crees que debería aniquilarte, jovencito?

Él respondió rápidamente: —Porque no estoy cumpliendo con mi deber de cuidar la noche como fue pactado.

Porque permití que mi propio hermano acose el mundo de los espíritus y los mortales.

Porque estoy conviviendo con una humana directamente.

Y porque, en lugar de acechar desde las sombras, me dedico a la cocina, rompiendo todas las normas vampíricas.

Lili asintió y respondió con una sonrisa: —Si estuviéramos en décadas anteriores, te diría que es correcto.

Pero ahora los humanos son modernos, y nosotros debemos adaptarnos también.

Es un hecho que mi hermana menor está muerta y jamás regresará.

Por supuesto, tu hermano es un psicópata que pone en peligro a todos… pero tú… tú tendrás un juicio diferente.

Samael, intrigado, la miró impactado.

Ella continuó: —Serás juzgado como Hombre.

Tus pecados como humano caerán sobre esta mesa, y también aquellos que tú consideras humanos.

Si tus argumentos no me convencen, te asesinaré y le borraré la memoria a esa jovencita.

Jamás te recordará.

¿Aceptas el juicio, Samael, o prefieres la violencia?

Samael cerró los ojos en silencio, reflexionando.

Luego, con determinación, respondió: —Acepto el juicio.

He esperado este día para limpiar mi nombre… y el de mi maestra, que fue traicionada por mí.

Lili asintió.

—Serán solo preguntas, joven vampiro.

Primera: si llegaras a una aldea donde los demonios gobiernan con violencia, y te dieran un hacha para convertirte en uno de ellos o morir… ¿qué elegirías?

Samael respondió sin dudar: —Tomaría el hacha para defender a los humanos.

Puede que eso les cause miedo y repulsión, pero prefiero protegerlos antes que permitir que sus vidas terminen allí.

Lili volvió a preguntar: —Si te dijeran que al volverte vampiro vivirías eternamente, pero también verías morir a todos tus seres queridos, ¿lo aceptarías de todos modos?

—Sí.

Sería vampiro, pero cada vínculo que forme lo valoraría por la eternidad, sin importar cuán breve sea.

Una amistad en vida jamás debe ser olvidada.

Finalmente, Lili preguntó con una mirada seria: —Esta será la última, Samael.

Si para salvar tu honor tuvieras que asesinar a tu mayor amor en esta eternidad… ¿lo harías?

Al escucharla, Samael golpeó la mesa con todas sus fuerzas, partiéndola en dos, y gritó furioso: —¡¡¿¡QUÉ MIERDA DE PREGUNTA ES ESA, MUJER?!?!

Lili, sin mostrar miedo, le respondió: —Estás en un juicio, joven vampiro.

Debes responder… ¿la asesinarías?

Samael, furioso, gritó: —¡ME NIEGO A RESPONDER ESA PREGUNTA!

¡¡SI QUIERES ASESINARME, TENDRÁS QUE ENFRENTARME CARA A CARA, LILI!!

Madam Lili comentó con tono cruel: —Entonces ya asesinaste a alguien amado… Lo lamento, Samael.

Él, conteniendo su ira, se cubrió el rostro e intentó mantener la compostura: —Fui manipulado por mi hermano… Pensé que había cambiado, pero solo quería verme sufrir.

Me hizo asesinarla… Yo no quería.

Desde ese día no logro perdonarlo, ni su sed de sangre psicópata.

Disculpe, Señorita Lili, pero no puedo responder esa pregunta.

Ella lo miró fijamente.

—No puedes responderla… porque te has vuelto a enamorar de una humana, ¿verdad?

De la jovencita Fedora.

Samael, contemplando la oscuridad, guardó silencio.

Lili continuó: —Sabes que eso es una violación de las reglas.

Una humana podría manipularte, desatar un caos universal con tu poder.

Incluso podría lle— Samael la interrumpió con firmeza: —La señorita Fedora no tiene un corazón sucio.

Solo desea lograr cosas por sus propios méritos.

Su pasión por lo que ama es incluso mayor que la que yo tenía como mortal.

Es cierto que he estado al borde de la muerte más de una vez por protegerla, pero ahora también es mi deber.

Algún día quiero corresponder lo que ella llegue a sentir por mí.

Los vampiros hemos sido odiados y repudiados, pero quiero demostrar —por mí y por mi maestra— que aún poseemos la elegancia de la humanidad… y sus virtudes.

Eso fue lo que ella me enseñó.

Y jamás olvidaré sus enseñanzas.

Madam Lili se levantó de su asiento con una mirada satisfecha.

Sacudiéndose el polvo, dijo: —No esperaba menos del aprendiz favorito de mi intrépida hermana.

Has pasado el juicio, Samael.

Pero ten cuidado con tus próximas decisiones.

Muchos vampiros ya saben que estás activo y conocen tu territorio.

No será un camino fácil, y deberás mejorar tu linaje.

Mientras se retiraba, añadió en voz alta: —Ah, y no te preocupes por la mesa.

Mañana enviaré unos regalos de compensación para ti y esa humana.

Es lo mínimo que puedo hacer por el joven cocinero, ¿no?

Samael, notando su sonrisa, se inclinó con respeto: —Muchas gracias, Señorita Lili.

Y disculpe las molestias.

Ella rió agitando la mano.

—Jajaja, no, no.

Discúlpame tú.

Al parecer, el jovencito que conocí ahora es todo un hombre.

Diría que si mi hermana siguiera con vida… estaría orgullosa del hombre en que te has convertido, Samael, Segador de las Sombras… o mejor dicho, Samael “Segador de los Sabores”.

Al oír ese título, al joven vampiro se le llenaron los ojos de lágrimas.

Sonriendo, se inclinó de nuevo y gritó: —¡Por favor, vuelva a visitarnos!

¡Le volveré a cocinar algo de su agrado!

Ella asintió, cerró la puerta y todo volvió a encenderse.

Al darse vuelta, Samael escuchó pasos corriendo.

Se deslizó como una sombra… y descubrió a Fedora espiando.

Ella, riendo nerviosa, saludó: —Jeje… ¿Hola?

Juro por mi dedito que no escuché nada.

Él la miró con sospecha, sonriendo.

—¿Escuchó todo, verdad, señorita Fedora?

Ella asintió con miedo.

El vampiro suspiró.

—Mañana conversaremos de eso.

Le prometo que le explicaré, pero por ahora vaya a descansar.

Mientras ella se levantaba, intentó hacerle un puchero dulce y tímido: —Bueno… ¿Podría dormir contigo esta noche?

Es que… contigo me siento más segura… Samael, impactado, asintió sin palabras.

Ambos entraron a la habitación, y todas las luces se apagaron.

Así terminó un día marcado por un juicio… y el comienzo de algo nuevo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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