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Sicario a sueldo - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Plaga de ratas 14
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17: Plaga de ratas (1/4) 17: Plaga de ratas (1/4) No podía ser el único ser vivo en este maldito lugar.

Era imposible.

Si las entidades que me trajeron de vuelta solo querían entretenimiento, no iban a conformarse con verme pescar y pelear con animales eternamente.

El sistema lo dejó claro, esto es mero entretenimiento.

Así que tiene que haber nativos… o al menos rastros de alguien para que sea un mejor espectáculo.

Si existe un punto donde la gente se reúne o se reunían, tiene que ser aquí, las mismas ruinas están protegidas por la barrera, era el lugar más seguro.

Por eso nos dirigimos al centro.

Pero buscar por este enorme lugar me tomaría meses, aunque puedo acortar todo ese tiempo con el Mapa del Deseo.

Después de todo, ya probé su efectividad al llegar hasta aquí.

Eso sí, el mapa no era omnipotente, existían limitantes, pedir “encontrar personas” no funcionaria o bueno no funcionó cuando lo intenté hace unos días, ese deseo era demasiado directo.

Así que pensé cambiar la oración de mi deseo a: “rastros humanos recientes”, lo más seguro es que el propio mapa muestre mis rastros, eso lo tenía claro, pero sí podíamos ver aunque sea un pequeño rastro extraño, saldría ganando.

Tras varias horas caminando entre el piso derruido y vegetación salvaje, llegamos a lo que creía que era el centro o bueno, algún lugar importante de este lugar.

Una plaza inmensa se abrió ante nosotros, completamente devorada por la naturaleza.

Enredaderas gruesas trepaban por columnas rotas, el suelo estaba cubierto de musgo y hojas secas que crujían bajo mis botas.

Una vista magnífica de lo que alguna vez fue gran arquitectura.

En el centro se alzaban cinco estatuas colosales: las mismas estatuas que había visto repetidas ocasiones.

Y aunque el tiempo las había desgastado hasta convertirlas en bloques de piedra erosionados, apenas reconocibles como figuras humanoides, cada una conservaba letras en un idioma desconocido grabadas en su base y acompañadas de un simbolo.

Fue el símbolo el que me dio ideas de lo que podían significar.

La primera me era ya conocida, nadie más encajaba con ese patrón: cadenas entrelazadas formando un círculo perfecto y en su centro, rodeado de incontables cadenas se encontraba el símbolo del infinito.

La segunda parecía una máscara trial de bufón: tres partes idénticas, con el mismo rostro sonriente.

La tercera era un octograma perfecto, con las fases de la luna dibujadas en cada una de sus ocho puntas.

La cuarta estaba tan desgastada que era casi ininteligible, pero alcancé a distinguir el contorno de un ojo cerrado.

La quinta tenía la figura de un ave majestuosa envuelta en llamas furiosas, con una espada clavada profundamente en su pecho.

Les di un último vistazo mientras sacaba el Mapa del deseo y concentrándome en el deseo que tenía en mente ¨Rastros humanos recientes¨ empecé el sufrimiento.

Las voces regresaron al instante, envolviéndome como un enjambre.

Pero la diferencia de ahora era que empezaron como gritos ensordecedores que retumbaban en mi cráneo.

El dolor de cabeza me golpeó como un martillo, obligándome a arrodillarme.

Me mordí los labios con fuerza para mantenerme enfocado, ignorando cómo la sangre caliente empezaba a gotear.

Los gritos me aturdían y nublaban mi visión por segundos enteros, pero apreté los dientes y reforcé el deseo en mi mente.

Poco a poco, las voces flaquearon, debilitándose como ecos lejanos.

El mapa comenzó a dibujarse frente a mis ojos.

Cuando por fin se dibujó por completo, caí de rodillas, jadeando, buscando aire como si hubiera corrido kilómetros.

Cada activación de este objeto era peor que el anterior, pero valía la pena.

Al recuperar el aliento, extendí el mapa de una.

Como siempre, este marcaba mi posición actual y seguido de esta habían cientos de puntos luminosos, estos siendo mi ruta por las ruinas.

Pero aparte de los cientos de mis propios puntos de luz había algo más.

Cinco puntos brillantes, alejados en una dirección completamente distinta.

Estos estaban bastante lejos y era imposible que fueran míos.

—Bingo —murmuré, sonriendo pese a la sangre que aún brotaba de mis labios partidos.

—Vamos, gorda —llamé a Luna, que se acercó con un resoplido suave.

Le di una palmada en el lomo mientras consultaba el mapa una vez más.

… La noche ya reinaba por completo, con un cielo estrellado que apenas filtraba luz entre las grietas de las estructuras derruidas.

Teníamos suerte de que las ruinas parecieran seguras por las noches; de lo contrario, no habríamos podido avanzar tan tranquilos.

Montado en Luna como si fuera un caballo improvisado, seguíamos la dirección marcada.

Los cinco puntos se acercaban con cada paso; pronto solo quedaban unos metros.

Reduje el ritmo, bajándome de ella para continuar a pie.

—Tiene que ser por aquí —susurré, escudriñando la oscuridad.

De vez en cuando me detenía, girando sobre mí mismo para observar los alrededores, pero la noche era densa y no veía más allá de unos pasos.

Silbé bajito hacia Luna para que se mantuviera alerta; ella gruñó en respuesta, olfateando el aire.

Me arrodillé y empecé a buscar a ciegas, palpando el suelo con las manos.

Tierra fría, fragmentos de piedra, maleza seca… nada fuera de lo común.

Pasaron minutos que se sintieron eternos, con el corazón latiendo fuerte por la expectativa.

Hasta que, finalmente, mis dedos rozaron algo distinto.

No era tierra ni pavimento roto.

Era más fino, polvoriento.

Acerqué la mano a la escasa luz de las estrellas y lo examiné: cenizas frías de una fogata, dispersas pero inconfundibles.

—Pasaron por aquí —dije en voz baja, mientras una sonrisa genuina se dibujaba en mi rostro.

Había señales de vida aparte de nosotros.

Rastros humanos recientes, tal como pedí.

Pero…

¿de cuánto tiempo atrás?

Esa duda pasó por mi cabeza.

Al seguir buscando según el mapa, al final localizamos los cinco puntos.

En total: algo de ceniza dispersa, una pieza pequeña de tela rasgada y tres fragmentos de cristales rotos.

Por suerte, estaban cerca unos de otros, formando prácticamente un camino lineal.

Ahora, aunque estos objetos confirmaban que no estábamos solos, no sabía dónde estaban esos desconocidos ni hacia dónde se dirigían.

Pero una cosa era clara: este lugar parecía una ruta que solían usar, o al menos que conocían bien.

Con eso en mente, decidí volver a la iglesia.

Necesitaba prepararme: no podía mover todo mi campamento improvisado, y tampoco quería dejar señales de mi presencia a extraños potencialmente peligrosos.

Si quería encontrar gente, mejor que yo diera el primer paso; así, si algo salía mal, aún tendría espacio para escapar.

Sin más, memoricé el lugar exacto y volvimos a la iglesia con pasos apresurados.

… Varias horas después de que nos fuimos, desde algunas grietas de los edificios derruidos aparecieron unas cuantas criaturas.

Tan pequeñas como hormigas, pero con forma de ratones deformes.

No era una sola, sino cientos.

Rápidamente empezaron a roer todo a su alrededor: piedras, maleza, fragmentos de vidrio…

nada se salvó.

Pronto, el lugar quedó limpio por completo, mientras decenas de esas criaturas se dispersaban en varias direcciones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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