Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sicario a sueldo - Capítulo 20

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Sicario a sueldo
  4. Capítulo 20 - 20 Plaga de ratas 44
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

20: Plaga de ratas (4/4) 20: Plaga de ratas (4/4) —Aghhh… —solté un suspiro largo y agotado mientras me dejaba caer contra la pared más cercana.

Necesitaba descansar con todo mi ser.

Todo mi cuerpo estaba manchado de sangre tanto seca como fresca en algunas partes.

El olor metálico impregnaba la habitación entera, colándose en cada respiración, creando un ambiente un poco pesado.

La causa de todo este desastre yacía en la cama, envuelta en gasas y vendajes que había comprado de improviso en la tienda del sistema.

Mis ojos casi se humedecieron al recordar cómo mis pocos ahorros se evaporaron en un instante.

—Estoy destinado a la pobreza…  Al moverme un poco, un quejido salió de imprevisto.

Era un dolor punzante, el cual se sentía más incómodo que doloroso.

Cuando bajé la vista hasta mi estomago vi el gran moreton violeta el cual me adornaba.

Ese último golpe me dejó una marca difícil de tapar.

—Espero que no empeore.

Por suerte no parecía que tuviera ningún órgano afectado… o eso creía.

Me palpé el lado con cuidado, haciendo una mueca al tocar la zona hinchada.

Cuando dejé de pensar en mi problemita, un bostezo se me escapó por el cansancio que me empezaba a pesar como plomo en los párpados.

Mejor no dejar posponer mi descanso, después de todo no creo que descanse bien desde mañana.

Llamé a Luna con un silbido bajo, al escucharlo la osa vino trotando, lamiendome la cara con su lengua áspera y cálida.

Le di un pequeño golpe en el hocico para que parara y le acaricié la cabeza, sintiendo el poco pelaje bajo mis dedos ensangrentados.

Luna no parecía tan incómoda sin tanto pelo corporal.

Aunque se veía bastante rara.

Otro bostezo profundo rompió mis pensamientos, con lo cual le indica a Luna que se acurrucara junto a mi y usando su cuerpo como almohada cerré los ojos.

… A primera hora con la luz del sol filtrándose por las grietas de la iglesia, empecé a pensar en cómo sacar información a mi nueva inquilina.

Todo se resolvería con un interrogatorio, pero repasando sus acciones hasta ahora, dudaba que colaborara.

Pero bueno, lo resolvería mientras cambiaba sus vendajes.

Mis manos se movieron con una mezcla de delicadeza y rapidez mientras sacaba las gases sucias, y aplicaba nuevas.

Una mueca apareció en mi cara al cambiar lentamente la gasa de la herida más grande.

Esa era la que más me había complicado suturar la noche anterior y con la cual tuve que comprar una aguja quirúrgica, después de todo seria un demente si intentara suturar tremenda abertura con una aguja que uso más para tela, no tenia el grosor ni el tamaño necesario.

Pero después de todo eso, aún no estaba seguro de si aguantaría.

No soy un médico experto, así que me preocupaba que de la nada se abriera.

Y no tenía ningún método para reponer su sangre perdida.

Mi mirada recorrió su cuerpo medio pálido por la pérdida de sangre.

He de admitir que la chica era bella, incluso en ese estado su piel color cobre era algo hipnótica.

Además que contrastaba y le daba una buena apariencia junto a su cuerpo tonificado que no tendría nada que envidiar de atletas profesionales.

—Pero he visto mejores… —murmuré con un chasquido de lengua.

Con el trabajo terminado, empecé a retroceder para limpiarme las manos.

Pero fue ahí donde sentí un jalón agresivo desde la cama.

Esa acción me tomó por sorpresa, pero reaccioné rápido.

Con la otra mano agarré firme mi [Arcano Fulminante] y usando una pierna como apoyo neutralice el tirón con un giro seco.

Mi cuerpo se había arqueado para evitar caer a la cama por el jalón, pero por este mismo arco el moretón me empezó a doler como el carajo.

Apreté los dientes mientras intentaba no moverme tanto, apuntando principalmente a la chica la cual ya se encontraba totalmente despierta.

Al mirarla, vi su cara extremadamente pálida.

Jadeaba pesadamente, la mano con la que me había agarrado temblaba visiblemente.

Por la agitación, Luna levantó la cabeza, gruñendo amenazante.

La chica nos miró con duda cuando finalmente me soltó la mano.

Retrocedí lo necesario y terminé revisando mi pobre mano, la cual ahora tenía sus lindos dedos marcados en mi muñeca.

Aún con todo lo que había pasado, seguía teniendo una fuerza brutal… Pero sin perder la concentración simplemente me solte la mano y deje de agarrar mi arma.

—Bien, como estás despierta, eso me pone las cosas más fáciles.

Dije mientras llamaba a Luna para usarla de silla.

Al sentarme dejé de apuntar mientras tenía una sonrisa en mi rostro.

—Disculpa por eso, me tomaste por sorpresa.

Mi voz era suficientemente lenta pero agradable para que no se asustara o creyera que estuviera siendo sarcástico, la razón es por lo que dije al empezar.

Necesitaba información, eso lo sabía perfectamente.

Necesitaba saber sobre este mundo, su estructura, cómo se separan, si existen más tipos de razas, quiénes son los dominantes, etc.

La mejor arma que necesitaba no era uno de fuego o alguna habilidad mágica, lo que necesitaba era información.

Sin ella no podría pensar en mi próximo movimiento.

Pero por suerte pude pensar en una buena forma tanto de conseguir una guía como conocimientos básicos del mundo.

Era ella.

No podía sacarsela así sin más a punta de amenazas o golpes, porque podía ser falsa o quedar con un rencor bastante grande que preferiría morir antes de darme algo, esto lo tenía en mente puesto que pasaba seguido.

Necesitaba ser más suave.

Por eso el camino que decidió acercarme a ella fue el más básico: la amabilidad y confianza.

—¿Cómo te sientes?

Le hablaba con mi mejor sonrisa, pero al mismo tiempo no dejaba de verla por si intentaba cualquier movimiento.

Pensé que intentaría algo o me gritaría, pero contrario a lo que creía ella no hizo nada.

Ni respondió.

—¿Estás bien?

… ¿Se me pasó por alto algo?

¿Puede ser el lenguaje?

Si… Sería raro si habláramos la misma lengua.

Estaba por intentar otras formas, pero ella rompió su silencio.

—¿Quién eres?

Mentalmente suspiré aliviado.

Parece que el sistema se había encargado del problema de lenguaje.

—Soy el que casi matas ayer y el que te salvó de desangrarte.

No hay que agradecer.

Ella miró confundida mientras con dolor marcado en el rostro miraba alrededor de la habitación.

Mientras ella continuaba distraída me acerqué con un saco con algo de comida.

No tenía una gran variedad de comida ni platos así que solo se tendría que conformar con esto.

Al acercarme ella intentó retroceder, pero por sus heridas no logró mucho.

Al verla solo se los dejó al lado y volvi a retroceder con las manos alzadas.

—Perdiste mucha sangre, es mejor que te alimentos para recuperar algo de energía.

Ella solo vio lo que le entregué y con algo de dificultad empezó a comer.

Comió tan desesperadamente que se lo terminó a los minutos, casi ahogándose con la comida.

Al ver que ya no quedaba nada entre en duda si no quería más, pero ella solo intentó desviar la mirada, así que no me quedó de otra que traer más.

En total tuve que dar tres vueltas completas para que por fin se llenará.

Solo me quedé en silencio mientras intentaba mantener mi sonrisa cordial, aunque los músculos de la cara ya empezaban a arrugarse.

Come tanto como Luna… Pensé, conteniendo una risa amarga que casi se me escapa.

Al menos eso significaba que estaba recuperando fuerzas.

Era bueno.

Muy bueno, de hecho.

Me acerqué con la cantimplora, el agua fresca que había recolectado esa mañana la cual aún se mantenia fría al tacto.

Ella la miró por unos segundos antes de quitarmelo de las manos.

El agua se le derramó un poco por la barbilla cuando lo tomó todo de un gran trago.

Al menos no cree que la quiero envenenar, eso o es inmune a los venenos.

Su respiración se había calmado lo suficiente.

Aproveche el momento para sentarme de nuevo en el borde de la cama, manteniendo una distancia prudente.

Ella fue la que rompió el silencio primero, con la voz ronca y baja.

— ¿Cuánto tiempo estuve durmiendo?

La pregunta era práctica, parece que ya sabe que la necesito viva así que fue de una por el tiempo perdido, esas solas palabras me dieron una impresión sólida, más su fuerza, experiencia en combate y puntería con su arma, esta chica fue entrenada por alguna agencia u organización.

Esto complica un poco las cosas.

—Casi un día entero, tal vez más, tal vez menos —respondí con calma, encogiéndome de hombros— Ya estabas hecho pedazos cuando peleamos, hice lo mejor que pude con lo que tenía, pero perdiste mucha sangre antes de encontrarnos.

Ella parpadeó lento, procesando.

Sus ojos marrones se posaron en mí de nuevo.

No había gratitud visible, solo algo de asco y cautela fría.

— ¿Qué te pasó?

—pregunté, bajando un poco la voz para que sonara una curiosidad genuina—.

¿Quién o qué te dejó en ese estado?

Esa herida no fue un rasguño cualquiera.

Ella desvió la mirada hacia una de las grietas en la pared, donde entraba un rayo de sol polvoriento.

Sus dedos se crisparon sobre los vendajes, esa pequeña acción no pasó desapercibida para mi.

Hmmm, la atacaron, por sus heridas creo que es alguna criatura de este mundo, el pequeño temblor parece miedo encarnado, así que una criatura que le puede dar miedo hasta a una chica tan fuerte y entrenada como esta, en definitiva esperaba no encontrarmela.

—No es asunto tuyo —cortó secamente.

Luego, antes de que pudiera insistir, giró la cabeza hacia mí con una rapidez que me puso en alerta— ¿Cómo te llamas?

¿Y qué demonios haces aquí?

Mi mente corrió en segundos, me había preparado para este momento.

Tenía que sonar lógico en este mundo, algo que justificara mi presencia, mi equipo y por qué la ¨salvé¨.

Por suerte tenía conmigo dos objetos que me dieron la información suficiente para armar mi mentira, mi [Fragmento de alma – Sueños] y mi [Arcano fulminante].

—Lucas, solo Lucas— Hice una pausa mientras sacaba el [Fragmento de alma] de una bolsa junto a Luna— Me contrataron desde el continente mágico para cazar bestias y recolectar resonancias.

Por supuesto yo no conocía su valor real ni si se usaban para otra cosa, pero creo que al menos valían algo y parecen ser apreciadas.

Y la mirada de la chica me indicó que eso era así.

—Lamentablemente en medio de mi cacería perdí el camino y terminé como un vagabundo, creo que medio mes hasta llegar aquí.

Tuve que sobrevivir a punta de puros milagros para que me veas en este lugar.

Solté una risa falsa, corta, para vender la historia.

La chica me miró fijamente.

Sus ojos dudaron un instante… y luego apareció una matiz de sorpresa tan rápido que casi no lo noté.

¿Dije algo mal?

¿Metí la pata antes de empezar?

Por un segundo pensé que había cometido un error grave.

¿Y si las resonancias eran algo ultra secreto aquí?

Aunque lo dudaba: la descripción del sistema las llamaba “el último vestigio de un alma”, así que debían ser comunes… pero no tan comunes como para soltarlas a la ligera sin que alguien alzara una ceja.

Tenía que ser otra cosa.

¿Pero qué?

Ahhh, esto es tan complicado.

Leonard me había dicho que en las novelas isekai la gente se tragaba cualquier excusa absurda si no gritabas “soy de otro mundo”.

Pero esto era real.

Las reglas de las novelas no se aplican aquí.

Estaba por abrir la boca para expandir mi mentira con más matices cuando ella simplemente parecía despacio.

Su expresión se volvió a esa mezcla de cansancio y cautela fría, como si la sorpresa hubiera sido solo un parpadeo fugaz.

—Un cazador independiente… Tenía que imaginarlo.

Sentí un alivio que casi me hizo soltar el aire que tenía atrapado en el pecho.

Mi mentira había funcionado… o al menos ella no había visto las grietas obvias.

Por ahora, la tenía engañada, pero no duraría si empezaba a indagar más.

Pero algo se sintió mal en su voz, no sonó sarcástica ni acusadora.

¿Había un matiz de emoción en su voz?

¿O solo me lo estaba imaginando?

—Supongo que sí —respondí encogiéndome de hombros, forzando una media sonrisa—La suerte es lo único que me queda después de perderme tanto tiempo.

Y bueno… te encontré a ti.

No todos los días uno salva a alguien en medio de la nada.

Todo parecía normal en la superficie, pero algo en su mirada me incomodaba.

Ese sentimiento en sus ojos me recordaba a como Katia me miraba.

Solo recuerdalo me dio un pequeño escalofrío.

Por el amor de… ¿Los dioses?, ¿Dios?

¿Sistema?

Bueno como sea, solo espero que no sea eso.

—¿Y tú?

—pregunté, intentando sonar casual— Ya te dije mi nombre.

¿Cómo te llamas?

Por un segundo pensé que no respondería.

Pero entonces soltó un suspiro largo, como si se rindiera a algo.

—Aria —dijo con voz más calmada, casi suave— Aria Stormveil.

—Bonito nombre —comenté sin sarcasmo— Y tú, ¿porqué estás sola en este lugar?

Ella soltó una risa corta y seca.

—No estoy sola.

Solo… temporalmente sin compañía.

—Sus hombros se relajaron un poco más, la tensión de su cuerpo se fue disipando.

Me daba un poco de incomodidad el cómo se relajo tan rápido, pero no me quejaré de ningún otro dato obtenido.

Tiene compañeros o los tenía, más sus heridas ya con esto me puedo dar una imagen mental de lo que pasó.

Bingo.

Ahora lo único que me falta es convencer… —Dijiste que estás perdido, ¿no?

—Eh… sí —respondí, tomado por sorpresa.

Lo que me dejó más descolocado fue verla levantarse con un esfuerzo titánico.

Su rostro se contrajo de dolor, pero no se detuvo ni un segundo.

Retrocedí un par de pasos por instinto, con la mano rozando el mango del [Arcano Fulminante].

Ella solo esbozó una sonrisa cansada, casi irónica, y continuó como si nada.

—Ya notaste que este lugar es bastante peligroso, ¿verdad?

Si nos quedamos más tiempo, podemos medirnos en problemas serios.

No me gustaba nada por dónde iba esto.

En teoría, yo mentía bien, siempre que tenga los datos suficientes puedo crear una mentira sostenible, ya había vendido cuentos mucho peores en mi vida anterior, pero no lo suficiente como para que pareciera una verdad divina.

Algo se sintió raro.

Demasiado fácil para una mentira que se destruiría con solo una pregunta.

Tan fácil que parecía un teatro barato y absurdo.

¿Opciones?

O la chica era extremadamente estúpida… o la opción más probable, había visto las grietas en mi mentira desde el principio.

No entendía cómo lo había pillado tan rápido, pero si lo hizo y no actuó de inmediato, significaba una cosa clara, me necesitaba.

En su estado, no llegaría ni a la puerta sin colapsar.

Necesitaba piernas, alguien que cargara peso, que cubriera su espalda.

Sumando lo poco que había sacado hasta ahora, estaba clara.

Estaba acorralada, no lo suficiente para suplicar, pero sí lo suficiente para hacer la vista gorda con mi cuento de cazador perdido.

El problema: ¿me convenía ir con ella?

La respuesta era un rotundo sí.

Este sitio era una tumba en potencia.

Quedarme era suicidio lento, tanto por la falta de infraestructura como por los peligros potenciales al cazar.

Pero antes de decidirme al 100%, tenía que confirmar una última cosa.

—¿En serio?

Eso es… repentino, jajaja —dije, forzando una risa ligera que sonó falsa hasta para mí— Te lo agradezco mucho, de verdad.

Lo aprecio, pero… ¿no crees que vas muy apurada?

Tu cuerpo no va a aguantar si sigues moviéndosete tanto tiempo.

Lo sabes perfectamente.

Pero para tener tanta prisa, tiene que haber un motivo fuerte, ¿no?

La vi dudar unos segundos, los ojos fijos en el suelo polvoriento como si pesara cada palabra.

Luego soltó un suspiro largo, resignado.

—Bien, dejemos los juegos.

Se acomodó un mechón de cabello con la mano temblorosa.

Sus ojos seguían con ese brillo de anhelo.

—Viste mi cuerpo, ¿verdad?

No tienes nada real para que me recupere bien.

Ni pociones decentes, ni buen equipo médico, ni un sanador.

Solo vendas baratas y buena voluntad.

Hizo una pausa, mirando hacia la entrada derruida de la iglesia.

Las sombras se alargaban con la luz del atardecer que se colaba por las grietas.

—Además… si en verdad eres un cazador, sabes lo peligrosos que pueden ser las criaturas del vacío.

Una sonrisa incómoda se me dibujó en la cara.

Mierda.

Mejor pensar en otra mentira rápida.

—Claro… lo entiendo perfectamente.

—Entonces debes entender perfectamente quiénes somos y para qué trabajamos, ¿cierto?

—Sí… —Bien, entonces sabes que es bastante raro que este lugar esté tan vacío, ¿no?

¿Si?

Mi sonrisa se fue apagando poco a poco.

—Ve al grano… —murmuré, cruzando los brazos para disimular confianza.

—Puede que lo que me atacó me siga buscando por el olor a mi sangre.

Necesitamos irnos de aquí ya.

Y como no puedo caminar…

necesito que alguien me lleve.

Pensaste lo mismo, ¿no?

Estás perdido, yo sé la salida, pero no puedo moverme.

Tú sí.

¿Qué te parece, cazador?

Esa última palabra sonó un poco burlona, ​​como si me estuviera probando.

Ella sabía que mentía… lo sentía en los huesos.

— ¿Qué me garantiza mi seguridad?

¿No sería mejor que me digas la dirección correcta antes de que te ayude?

—No soy idiota —replicó con una media sonrisa cansada— En el momento que te lo diga, puede que me canses aquí mientras te larga.

Bien.

Astuta.

—Pero si no confías, podríamos hacer un pacto de sangre.

Si me mantengo sano y salvo hasta cerca de mi punto de reunión, te diré la ciudad más cercana.

Si miento, mi sangre se secará.

Si me dejas botada… la tuya se cristalizará.

¿Te parece?

Otra palabra que no entiendo, pacto de sangre, no sentía mucha mentira en esa simple oración, pero tampoco confiaba tanto.

Agh qué cosas, ya no puedo echarme atrás después de todo que me queda.

—Bien.

¿Qué hago?

—pregunté, encogiéndome de hombros como si no fuera gran cosa.

—No mucho.

Solo préstame tu cuchilla y pon tus condiciones cuando sea tu turno.

No dude, si dudaba puede que ella actuara aunque no lo creía posible.

Tampoco me asustaba tanto darle mi cuchilla, tenía un arma de largo alcance a mano ya Luna del otro lado, en su estado dudaba que pudiera hacer algo que nos afectara a los dos al mismo tiempo.

Sin perder más tiempo, tiré mi cuchilla a su lado.

Con dificultad, ella la agarró, poniendo el filo cerca de las venas de su mano izquierda.

—Invoco por mi nombre… —empezó con voz baja pero firme.

Aria sin vacilación cortó levemente la palma.

Una línea fina de sangre brotó, chorreando despacio sobre su piel bronce pálida.

Cuando la sangre se acumuló soltó la daga, la cual tintineó contra el suelo de piedra, seguido embarró sus dedos en la herida fresca.

El olor metálico se intensifica mezclándose con el polvo húmedo del lugar.

—El poder que domina el cuerpo… —continuó, alzando la voz— Señora de la carne y la tejedora sangre, pido que observe este pacto.

Pido que bendigas este lazo.

Pido que castigues al que lo rompa con la negación de tu reino.

Me hizo una señal para acercarme.

Ya sin vacilación me acerqué y en cuanto estuve a su alcance, me agarró el brazo entero con esa fuerza sobrehumana.

Seguido usando sus dedos embarrados en sangre empezó a dibujar en mi piel, la piel tocada por su sangre empezaba a brillar con un rojo vivo, el cual sentía arder y clavarse en mi propia piel y venas.

El ardor agudo subió por el brazo hasta mi pecho, apretandome el corazón como si una mano invisible lo estrujara.

Jadeé por la sorpresa de esta extraña sensación.

—Yo, de nombre Aria Stormveil, hija de Matheo Stormveil —dijo con voz temblorosa pero clara— Me comprometo a decirle a la ciudad más cercana a cambio de protección hasta llegar a mi destino pactado.

Si miento con gusto aceptare su castigo.

Me miró expectante, esperando mis términos.

El dolor aún latía en mi pecho, pero tragué saliva y hablé.

—Yo, de nombre Lucas… —Hice una pausa breve, pensando bastante bien mis siguientes palabras para que no existan tantas lagunas— me comprometo a cuidarla tanto como pueda y ser su transporte hasta la llegada a su destino a cambio de la información sobre el poblado o ciudad más cercana.

Si fallo con gusto aceptare su castigo.

Cuando terminé esas palabras, ella soltó mi brazo y empezó a dibujar el mismo símbolo en su propio antebrazo.

Al terminar su propio símbolo, mi mano se movió sola, como si tuviera vida propia y de un movimiento rápido se estrechó con la de ella en un presionado firme.

—Por la Luna que así sea —gritó voz ronca.

El eco rebotó en las paredes derruidas.

Entonces tosió violentamente, salpicando sangre oscura en el suelo.

Su cuerpo se dobló hacia adelante, jadeando, con una mano en el pecho.

Yo me quedé quieto, mirando la marca roja que ahora brillaba tenue en mi palma.

El ardor se desvanecía lento pero aún persistía.

[Se detectó un contrato.

Tipo: sangre Tiempo hasta su vencimiento: 3 días Detalles: Mantén a Aria sana y salva hasta su destino a cambio de información.

Castigo si se falla o se incumple el contrato: Tu sangre ya no te pertenecerá] —Mierda…  Lo bueno es que el contrato no era mentira, lo malo es que si sonaba bastante mal el castigo.

—Espero que valga la pena.

—Ahhh, esto bastará por ahora, no soy muy buena con los contratos así que tuve que hacer uno bastante burdo.

No durará mucho, máximo dos o tres días.

Asentí ante sus palabras mientras la veía extender sus brazos esperando algo.

-¿Si?

—…— Ella no dijo nada mientras seguía con los brazos extendidos.

—Bien… Dije mientras me acercaba y con cuidado la levantaba, intentando que sus heridas no se abrieran.

—Ahora, mi querida pasajera, ¿a dónde quieres que te lleve?

—Primero, necesito que me des algo que vestir, estoy empezando a sentir frío mi querido cazador.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo