Sicario a sueldo - Capítulo 21
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21: Emisarios del hambre 21: Emisarios del hambre Un click familiar resonó cuando Aria volvió a inspeccionar su arma.
No la había investigado a fondo por la falta de tiempo, pero ahora que la veía de cerca era curiosa, tenia la forma y la apariencia de una Ranger RA9, pero el diseño del cañon era un poco mas grueso y ancho, ademas que este mismo parecía hecho de un metal negro mate desconocido, con vetas rojizas que brillaban débilmente, como venas bajo la piel.
Mi mirada no pasó desapercibida de Aria, la cual soltó una risa corta y seca.
—¿Curioso?
—preguntó, apoyando el arma en su regazo sin dejar de poner esa sonrisa que me incomodaba un poco.
—Algo —respondí devolviéndole la sonrisa débil, sin dejar de trabajar en su ropa.
—¿No vas a preguntar por ella o algo así?
—¿Por qué?
—dije medio desinteresado, fingiendo concentración en el nudo que estaba atando.
Aria solo se me quedó viendo con la boca abierta mientras un tic nervioso pasaba por su cara.
—Es una simple arma, no?
Intente desprestigiarlo a ver si soltaba algo interesante y su reacción no me decepciono para nada.
Con esfuerzo se inclinó hacia adelante apuntándome con el dedo como si la hubiera ofendido personalmente.
—¿UNA SIMPLE ARMA?
—casi gritó sorprendida— ¿Sabes cuánto cuesta una de estas?
Cualquier decerebrado la desearía.
¡Es una maldita arma encantada!
¿Sabes lo difícil que es encantar un arma de fuego?
Sonreí mentalmente mientras me encogía de hombros, fingiendo un poco de susto.
—Disculpa, no sé mucho sobre armas.
—Pfff —resopló cruzando los brazos con una mezcla de indignación y orgullo.
El gesto duró poco pues el dolor la hizo bajar los brazos con una mueca— Solo por esta vez te dejo pasar.
—¿En serio?
¿Qué tiene de especial?
Cuando esas palabras salieron de mi boca vi cómo sus ojos se iluminaban, esa chispa de arrogancia y emoción que aparece cuando alguien habla de algo que ama.
—Los detalles exactos no los sé —admitió— pero fue forjada por la Iglesia de la Luna de Sangre y bendecida por uno de sus sacerdotes.
No necesita munición física como las armas comunes.
Lo único que consume es mi sangre.
Hizo una pausa, mirando el arma con algo parecido al cariño.
—Claro, llenar el cargador seguido me deja hecha mierda por una o dos horas, pero vale la pena, veinte rondas garantizadas de esta belleza.
Bien, otro fragmento de información del mundo.
—Veo —asentí, terminando de unir las últimas piezas.
Deje de prestarle atención mientras admiraba mi obra terminada, el resultado era feo.
Era de imaginar pues tuve que usar lo que tenía a mano en tan poco tiempo.
A falta de tela e hilo resistentes para cocer estas pieles tuve que usar lo último de mi cuerda para poder unir las piezas, además de que use algunas vendas de las que compre para darle un poco más de aislamiento.
Cuando la observe a detalle, la ¨ropa¨ me recordaba bastante a una gelatina de mosaicos, pero era práctico, cubría todo, protegía del frío y no se destruiría con el primer movimiento brusco.
—Listo —dije, retrocediendo un paso.
La ayudé a ponérselo con cuidado, ajustando los nudos para que no apretaran las heridas.
Ella se miró el atuendo nuevo, tocando las pieles unidas con los dedos todavía temblorosos.
—Está horrible —murmuró.
—Es eso o que andes desnuda —repliqué, encogiéndome de hombros— En las dos formas yo no me quejaría.
Un chasquido de lengua se le escapó mientras me sacaba el dedo medio.
Al verlo solo solté una risita mientras terminaba de empacar.
—Bueno, señorita Aria, ¿ahora me permitiría cargarla?
—dije en un tono caballeroso, viéndola sonreír con burla.
Ya había confirmado que ella sabía de mi mentira, y ella parecía haber notado que yo también lo sabía.
Así que simplemente ambos hicimos de la vista gorda entre los dos.
Con sumo cuidado la puse arriba de Luna, explicándole a la osa que solo caminara o trotara suave para no abrir las heridas de nuestra pasajera.
Y ya sin nada más que hacer, me tomé unos últimos minutos para ver si teníamos todo listo por última vez, la comida estaba dentro comida, el agua y mi papel también, lamentablemente tendría que dejar el balde que compre pero era una pequeña pérdida que tendría que soportar.
Fue bueno mientras duró, pensé mirando la iglesia en ruinas.
Si no fuera por el tiempo, me hubiera gustado llevar el colchón.
—No estamos tan lejos, si no fuera porque perdí la batalla con algo de descanso hubiera llegado ayer a mi punto de encuentro.— Soltó con algo de decepción.
Solo me limite a sonreír por sus quejas.
—Entonces cuando estemos por llegar.
—Si, cuando estemos cerca te diré la dirección y no nos volveremos a ver.
Con un asentimiento mutuo empezó este encargo.
Ya eran más del mediodía, cuando empecé el viaje con Aria.
El viaje empezó tranquilo.
No parecía haber peligro inmediato, lo mismo de todos los días, las ruinas estaban bastante silenciosas solo roto por el eco de nuestros pasos en la piedra fría.
Aria al principio se sentía energética, casi como una niña entrando por primera vez a un parque de diversiones.
Aunque ella parecía energética, su cuerpo no mentía.
Tuvimos que hacer varias paradas cada pocas horas porque se cansaba rápido aun sin hacer nada físico, su respiración se volvía más rápida, más superficial.
Era de suponer esa debilidad por tanta sangre perdida.
Pensé que podría soportarlo pero su cuerpo estaba empeorando.
Aun dándole parte de mi ropa para abrigarla, su piel se sentía cada vez más fría al tacto.
Su cara se ponía más pálida con cada hora que pasaba; el color cobrizo se iba apagando, como si la sangre que había perdido siguiera escapándose poco a poco.
Aun así, tuvo algo de energía para charlar entre nosotros durante los ratos que parábamos a descansar.
Mentiría si dijera que no estaba algo preocupado.
Por esa razón me uní agresivamente e intenté entablar charlas superficiales.
Hablábamos de tonterías como el frío, lo incómodo que era el abrigo improvisado, alguna que otra queja de Aria sobre el dolor que volvía cada vez que Luna daba un paso más fuerte.
Era principalmente para que no se durmiera.
Ella se aferraba al pelaje escaso de Luna con las manos temblorosas, respirando hondo cada tanto para no quejarse demasiado.
Tuve que parar de vigilar tanto los alrededores porque sus mareos eran peores, ahora caminaba prácticamente a su lado, vigilando que no se cayera de cabeza.
Pero Aria lo sabía.
Sabía mejor que nadie cómo estaba su cuerpo, y apretaba los dientes aun después de que casi se deslizara de lado.
Necesitábamos llegar rápido.
Si moría, yo estaría jodido.
Cuando oscureció, ella parecía que había llegado a su límite.
Mis ojos se crisparon cuando la agarré justo antes de que se cayera.
Su cuerpo estaba mortalmente frío.
El pulso era tan débil que parecía inexistente.
Solo pude ver cómo su pecho subía y bajaba lentamente.
—Es… esto se siente como la mierda… —soltó casi como un suspiro.
—Solo… solo sigue adelante —murmuró entre temblores— Solo déjame cuando veas la estatua de un… fénix… ah… si no sabes, es un pájaro de fuego… Sus palabras salían entrecortadas, cortadas por el frío y el agotamiento.
Faltaba poco, creo… Sin más, y sin que Aria tuviera fuerzas para sostenerse en Luna, me tocó llevarla a mí.
La cargué en brazos sin mucha dificultad mientras mis pasos se apresuraban siguiendo las pequeñas indicaciones que ella soltaba de vez en cuando.
Joder.
—¿Es una noche hermosa, no crees?
—Intenté mantener una conversación para que no se desconectara pero ya casi no tenía fuerzas para responder.
Joder.
Joder.
Joder.
Mi boleto de salida.
Mi cabeza estaba acelerando mientras pensaba en cualquier solución.
Necesitaba apurarme, pero la noche era bastante oscura, mi visión era sumamente limitada y aunque podía caminar sin problemas, correr era otra cosa.
Y aun con toda la ayuda de Luna la cual estaba adelante, de vez en cuando tropezaba al correr.
Mis pasos se aceleraron por la frialdad del cuerpo, los tropiezos aumentaron mientras intentaba de todas formas mantener a Aria caliente y despierta.
Pero por eso mismo no me había percatado que no solo mis pasos sonaban en esta noche.
Pronto sentí un dolor punzante, como si mis piernas hubieran sido pinchadas con un tenedor oxidado.
Este dolor me tomó por sorpresa, pero sin perder tiempo sacudí la pierna con fuerza mientras seguía corriendo.
No fue hasta que sentí algo en mi piel desgarrarse que bajé la mirada.
—¿Pero qué caraj…?
Mis ojos se abrieron por sorpresa cuando vi cientos de puntos diminutos subiendo por mi pierna hasta una herida abierta, un desgarro que ellas provocaron.
El dolor punzante se intensificó mientras sentía que estas criaturas excavaban en mi carne.
Por momentos casi me caigo con Aria en brazos.
Pero yo no era el único en problemas, Luna también empezó a gruñir de dolor mientras intentaba pisar las criaturas.
Seguí su ejemplo y sin dificultad varias decenas murieron solo con dos pisotones.
[Has matado a un Emisario del hambre] [Has ganado 1 de experiencia y 1 de PR] [Has matado a un Emisario del hambre] [Has ganado 1 de experiencia y 1 de PR] [Has matado a un Emisario del hambre] [Has ganado 1 de experiencia y 1 de PR] … Decenas de notificaciones bombardearon mi vista cuando empecé el frenético baile de pisadas.
Gracias a eso pude evitar que más de ellas treparan por mi cuerpo, lo malo… Ya habían cientos encima mio, escarbando mi piel, sentía como me comían vivo.
Sin más, usé un [Dash] para subirme encima de Luna mientras con una sola mano sujetaba a Aria.
Con mi mano libre empecé a apretarlas hasta matarlas mientras aparecían más notificaciones, pero aun así las criaturas seguían firmemente escalando el cuerpo de Luna.
Por suerte, aunque sus mordidas dolían, no quitaban casi nada de mi vitalidad.
Pero eso no evitaba que perdiera sangre.
—Luna, deja de jugar.
Avanza —ordené con voz contundente.
La osa dejó de matar criaturas y empezó a correr mientras sacudía su cuerpo soltando cientos de esas cosas desde su escaso pelaje.
Yo ya me había liberado casi por completo de estas criaturas en mi pierna, pero habían varias dentro de la herida.
Sin mas me senté con cuidado en la espalda de Luna y con solo una mano saque mi [Cuchillo mágico barato].
Me concentré en los lugares donde sentía movimiento y de un rápido corte me perforé la pierna, matando a casi una docena.
Perdí en total 15 de vitalidad pero era mejor que ser devorado vivo.
—¿Estas mierdecitas te dejaron en ese estado?
—pregunté al casi cadáver que llevaba en brazos.
Aria solo soltó una risa… o tal vez una tos, como respuesta.
Apreté los dientes cuando sentí el movimiento de Luna volverse bastante ajetreado, aun con la herida abierta me sujeté con las piernas mientras con una sola mano agarraba a Aria.
Necesitaba otra mano libre para defenderme.
Después de todo el viaje se había vuelto un caos en solo segundos.
Con mi cuchilla en mano mataba a tantos Emisarios del hambre que me empezaba a sentir mareado de tantas notificaciones.
Mientras me concentraba en matar a cualquiera que intentara acercarse, la noche dejó de verse tan oscura, la luz de la luna empezó a avanzar.
Cuando me percaté de esto, di un vistazo a mi alrededor y un sudor frío me corrió por toda la espalda.
—Im… Imposible.
Mis ojos se abrieron como platos cuando vi todo lo que nos rodeaba.
Cientos, no, miles o tal vez millones de estos Emisarios del hambre.
Todas se dirigían lentamente a nuestra dirección.
Entre sus filas no solo había de estas pequeñas criaturas casi como pulgas, sino también cientos un poco más grandes y decenas que parecían ya pequeñas ratas.
Pero eso no era lo peor, todos los cadáveres que dejamos de estas criaturas empezaron a ser devorados por su misma especie mientras sus devoradores empezaban a crecer en tamaño.
No en un tamaño tan exagerado pero perfectamente las vi crecer algunos centímetros.
—¡Luna, Manto Nocturno!— Al ver la situación, le grité a Luna inmediatamente.
Mi chica activó [Manto Nocturno] sin perder más tiempo.
Cuando la habilidad se completó, las más pequeñas dejaron de moverse y empezaron a olfatear su alrededor.
No me relaje para nada cuando eso ocurrió por una sola razón, las de mayor tamaño, las que ya tenían el tamaño completo de una rata, estas aún nos veían directamente.
Cuando vieron que las más pequeñas se dejaron de mover, empezaron a correr sin importarles sus compatriotas, aplastándolas mientras nos perseguían.
Su velocidad era bastante mayor comparada a las pequeñas, y su movimiento era fluido y casi coordinado.
Pero por suerte, en el estado actual de Luna, aun con ese aumento no pudieron seguirnos el ritmo.
Aun así sentía algo de inquietud.
Pronto esa inquietud se materializó cuando las ratas, al ver que no nos alcanzaban, empezaron a devorarse entre sí.
Su batalla fue rápida y sangrienta, no duró ni cinco segundos antes de terminar.
Y de las decenas sólo quedaron tres sobrevivientes, manchados de sangre pero con el tamaño suficiente como para parecer un gato completamente desarrollado.
Guardé rápidamente mi [Cuchillo mágico barato] y mi mano libre agarró el [Arcano Fulminante].
Aun sujetándome del cuerpo de Luna con mis piernas, me recosté de lado, manteniendo lo suficientemente segura a Aria mientras apuntaba a las tres ratas.
Cuando se movieron fue mi señal.
Las ratas eran veloces, tan veloces que tuve que usar toda mi concentración para calcular el momento perfecto.
—Bingo.
Un disparo certero impactó directamente en una de las ratas, la cual empezó a rodar por el suelo, muerta.
[Has matado a un Emisario del hambre] [Has ganado 1 de experiencia y 1 de PR] Se me escapó un chasquido al ver que no aumentaban su recompensa, pero sin distraerme más esperé hasta que la siguiente bala cargara y, cuando ya estaba, apreté de nuevo el gatillo.
La piedra alrededor de una de las ratas se fragmentó por el disparo.
Había fallado.
Pero no me desespere o moleste.
Cuando vi que las dos restantes se abalanzaron sobre nosotros dejé de agarrar mi arma y empecé a buscar entre el cuerpo frío de Aria su arma.
No demore mucho en encontrarla puesto que estaba casi en sus manos.
Ya con otra arma en mano espere pacientemente mientras las veía correr hacia nosotros, solo cuando una de las rata saltó sobre nosotros, disparé tres veces hasta que la criatura murió por completo.
Segundo emisario muerto.
Cuando apareció la notificación, me moví ligeramente para apuntar mejor a la última rata.
Cuando nuestros ojos se encontraron, disparé otra vez.
Un pequeño dolor de cabeza empezó a punzar mi cerebro mientras veía los cuerpos muertos alejarse.
Sacudí levemente la cabeza para controlar el dolor mientras guardaba el arma de Aria.
No creía poder disparar de tan lejos con un arma como la suya.
Cuando la puse de nuevo donde estaba, volví a agarrar el [Arcano Fulminante].
Si no me equivocaba, volverían a crecer.
No serían las mismas, pero volverían otra vez.
Ahora ya veía por qué Aria estaba en ese estado.
Era imposible derrotar tal cantidad de criaturas, aún más si cada muerte aumentaba el poder de sus filas.
La única manera que veía era quemarlas hasta que no quedaran ni cenizas, pero tenía dudas.
Mi vista no se movió de los cadáveres mientras los veía ser devorados por todos los emisarios.
El tiempo me dio la razón, cuando ya los cadáveres eran como puntos en el horizonte, los emisarios más pequeños terminaron de comer y volvieron a nacer otros tres del mismo tamaño.
Con un chasquido de lengua puse más cerca de mí a Aria mientras activaba [Tiro Certero].
Pronto dos de las nuevas ratas cayeron muertas por un solo disparo, tuve suerte de que esas dos estuvieran en fila.
La tercera fue más complicada, pero como la anterior vez la pude matar sin que se acercara.
Cuando cayó la notificación, empecé a tocar seguidamente el gatillo sin activarlo.
No teníamos mucho tiempo.
El ciclo se volvería a repetir y nacerían otras tres nuevas ratas.
Si esto seguía así, me cansaría antes de siquiera menguar todos sus números.
Necesitábamos ganar tiempo.
Dejé de tocar el gatillo mientras agarraba algunas de mis cosas y las lanzaba en todas direcciones.
No las necesitaría muerto, así que mejor usarlas ahora.
Sólo paré cuando quedaba algo de carne ahumada, mi mapa del deseo, unas cuantas vendas, mis agujas, la resonancia y por supuesto mi precioso cuchillo.
Eso nos daría algo más de ligereza y tiempo… o eso esperaba.
Me tomé un respiro mientras me acomodaba bien, franqueando los lados por si había pasado algo por alto.
Entre esas acciones, escuché un gruñido fuerte y de dolor que salió directamente de Luna.
La osa cayó directo al suelo, mandándonos a volar unos cuantos metros.
Cuando estaba por impactar en el suelo, me moví lo suficiente para que Aria estuviera sobre mí, protegiendo su cabeza y partes vulnerables.
—¿Luna?
—pregunté mientras me levantaba consternado.
Al acercarme vi un bulto crecer en una de sus patas.
Ese bulto se movía dentro de su piel mientras Luna intentaba morderlo.
Mis ojos se ensancharon mientras otro disparo salía de mi arma directamente ante el ser dentro de Luna.
Un chillido de dolor salió tanto de ella como desde dentro de ella y pronto la notificación de siempre sonó.
Mis dientes se apretaron mientras veía cómo Luna intentaba levantarse con dificultad.
Ya no podía usarla como montura, no por hoy.
Mi mirada se movió rápidamente entre ella y las criaturas que ya habían terminado de devorar gran parte de mis objetos.
Si por mí fuera, soltaría a Aria e intentaría usarla como distracción, pero no pude.
El contrato me lo impedía.
La salida que veía era dejar a Luna como distracción… Vacilé unos segundos mientras la veía cojear intentando seguir mis pasos.
… Carajo, me arrepentiré de esto.
Dejé recostada a Aria sobre Luna mientras la aseguraba con lo último que me quedaba, mis pantalones.
El frío me chocó, pero haciéndole caso omiso corrí ante los emisarios más pequeños.
Sentí cómo cada una de ellas intentaba entrar en mí mientras pasaba encima de ellos.
Cientos de estas subían por todo mi cuerpo mientras miraba cómo Luna se alejaba lo suficiente.
Empecé a pisarlas mientras más y más llegaban, hasta que vi a tres emisarios gigantes.
Volví a disparar una bala con [Tiro Certero] mientras corría en dirección opuesta hacia donde iba Luna.
Mi bala falló y los tres emisarios empezaron a perseguirme.
Cada que una bala estaba lista disparaba.
Por suerte mis próximos disparos lograron asesinar a dos, pero solo quedaba una, la cual se abalanzó sobre mí, tacleándome.
Usé mis manos para anular un poco el retroceso mientras dejaba mi [Arcano Fulminante] y empezaba a empuñar mi [Cuchillo mágico barato].
Me puse en posición de combate mientras retrocedía aprovechando para asesinar emisarios que intentaban subirse sobre mí.
La rata chilló cuando volvió a correr.
Pronto movilicé mi cuchilla y di un corte en diagonal.
Pero el emisario la esquivó por poco, dejando un corte poco profundo en su pelaje.
Sin quedarme quieto usé mi [Dash] y la apuñalé en su estómago.
Empujando lo más que podía mi cuchilla.
[Has matado a un Emisario del hambre] [Has ganado 1 de experiencia y 1 de PR] Necesitaba ganar tiempo, uno o dos minutos serían suficientes.
Cuando ese tiempo pasara iría tras de ellos.
Aprovechando que las tres estaban muertas empecé a quitarme las que se me subieron, pero era difícil quitarme todas, después de todo ya estaban dentro de mí.
Sentía sus pequeños dientes comer mi carne desde dentro.
Si quería deshacerme de ellas necesitaría unos segundos para apuñalarme.
Segundos que no tenía.
Salté hacia un costado mientras pateaba al nuevo emisario.
Moviendo mi cuchilla rápidamente le corté su cuello y usándola como escudo evité la tacleada del segundo emisario.
Algo de sudor se acumuló en mi frente mientras mis piernas temblaban.
Pero solo necesitaba aguantar un minuto más como máximo.
Cada asesinato de los emisarios que daba me daba unos segundos de respiro, los cuales usaba para apuñalarme, evitando que los que se me subieron pudieran crecer por completo dentro de mí.
Pero esta táctica no duraría mucho, no tenía mucha vitalidad.
Cuando mi vitalidad cayó al 50% sentí los efectos de [Inyección de adrenalina].
El dolor de ser comido vivo se volvió algo lejano mientras con mis nuevos puntos de agilidad empezaba a asesinar cada nuevo emisario gigante nacido.
Los segundos se sentían eternos hasta que mi contador mental llegó a 120.
Es hora de irse.
Dando una última puñalada al nuevo emisario di un [Dash] y empecé a correr todo lo que podía.
Mi vitalidad seguía bajando cada vez más mientras me alejaba.
Detrás de mí me seguían otra ronda de nuevos emisarios.
Los cuales esquivé.
Pronto vi una estatua gigantesca de un fénix, tan majestuosa que casi me dejó embobado y si no fuera por mi situación actual tal vez le hubiera dado otro vistazo.
Aceleré con la estamina que me quedaba mientras sentía un dolor horrible en las piernas.
Cuando por fin llegué a la estatua la escalé rápidamente y cuando estuve casi encima de esta me di un pequeño descanso para apuñalarme.
También aproveché para ver todos los alrededores en esta nueva altura buscando dónde diablos estaban Luna y Aria, aunque no las veía por ninguna parte.
Cuando asesiné al último emisario dentro de mí, mi vitalidad ya estaba lo suficientemente baja, no podría soportar otra ronda más.
Tal vez apuñalarme no fue la mejor decisión… Me sequé el sudor de la frente con la mirada fija en los emisarios.
Cientos subían por la estatua, buscándome.
Con algo de dificultad me levanté, preparándome para dar un salto y correr, cuando escuché un silbido bajo.
Era bastante rítmico, casi como el preámbulo de una canción.
Pronto le siguió el eco de ese mismo silbido, mientras ambos aumentaban en ritmo y volumen.
Fue tanto el aumento que quise taparme los oídos para simplemente no escucharlo.
Escucharlo hacía que mi corazón se acelerara y mi respiración se volviera irregular.
Una ansiedad enorme me envolvió el pecho mientras varios puntos en mis piernas empezaban a moverse y a escapar por mis decenas de heridas.
Las vi correr desesperadamente mientras se sacudían.
Me agarre la cabeza cuando el silbido entró en frenesí.
Pero aun así mantuve los ojos abiertos mirando como todas y cada una de ellas empezaba a convulsionar.
Pronto el silbido pareció entrar en su etapa final mientras cientos y miles de emisarios simplemente se partieron a la mitad con un sonido seco y hueco.
Era como si alguien hubiera cortado miles de cuerdas al mismo tiempo.
Sus cuerpos se abrieron en dos mitades perfectas y cayeron inertes, rodando por la estatual en un caos sangriento.
El silencio que siguió fue ensordecedor.
Solo quedaba el viento frío y mi respiración agitada.
Me quedé paralizado, con el [Arcano Fulminante] en la mano, mirando cómo los cadáveres se acumulaban abajo.
Una sonrisa apareció en mi rostro mientras sentía un pequeño viento golpear mi espalda.
—Me rindo Levanté mis manos en señal de rendición, mientras lentamente volteaba mi cuerpo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Patatavoladora Estos dias no me ando sintiendo bien, tanto fisicamente como emocionalmente.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com